El Derecho a “Cagarse en Dios”.
Richard Malka. El abogado de la revista Charlie
Hebdo y su alegato en favor de la libertad de expresión.
22/05/2023
Por German A. Serain
Richard Malka es abogado. Esto no dice demasiado.
Digamos, entonces, que es abogado de la revista satírica francesa Charlie
Hebdo, la misma que el 7 de enero de 2015 sufrió un ataque por parte del
terrorismo de Al-Qaeda que le costó la vida a doce personas, en su mayor parte
dibujantes y periodistas. ¿El motivo del atentado? La revista se había atrevido
a publicar unas caricaturas alusivas al Islam. Amenazado de muerte por los
mismos fundamentalismos que ocasionaron aquella masacre, Malka participó del
juicio por aquella matanza, que finalmente condenó, a fines del 2020, a catorce personas
responsables de haber colaborado de
diferentes maneras con el ataque homicida. El derecho a cagarse en Dios,
publicado en español por la editorial argentina Libros del Zorzal, es el título
del libro en el cual Malka expone sus ideas
relacionadas con la libertad de expresión, a partir de la transcripción
de su alegato durante el juicio.
“Lo nuestro
es pelear para seguir siendo libres. Nosotros y los que nos sucederán. (…) Y
seguir siendo libres implica poder continuar hablando libremente sin ser
amenazados de muerte, asesinados por Kalashnikov o decapitados”.
Es cierto que la traducción del título del libro al
español tiene un énfasis que quizás excede el sentido original de la palabra
emmerder, que en francés también podría significar ofender, blasfemar o
injuriar. Pero finalmente la expresión es usual en nuestro idioma, muy a pesar
de que en España el actor Willy Toledo fue procesado por usar en público
palabras semejantes. Por cierto, la demanda en su contra no prosperó.
“La libertad de expresión solo tiene sentido si te
permite decir a los demás lo que no quieren oír” asegura Malka con una lógica
irrefutable que, sin embargo, muchos todavía parecen no querer aceptar. Y más
allá de su título provocativo, este libro es una defensa indispensable de la
libertad de expresión, entendida más allá de la retórica vacía que insiste en
condicionarla con diversos peros y reparos. Porque el peligro es que cualquier
expresión que alguien no desee escuchar se torne objeto de un acto de censura
por ser considerada una inaceptable blasfemia.
Richard Malka encara una recapitulación histórica
de la blasfemia, particularmente en Francia. En una abierta defensa de los
derechos conquistados, señala que en 1789 la libertad de expresión es
proclamada como uno de los más preciados derechos del hombre. Que dos años más
tarde se elimina la blasfemia como figura en el código penal francés. Y que en
1881 se vota la ley de libertad de prensa. Malka refiere los acalorados debates
que se suscitaron en aquel momento y trae a colación la respuesta de Clemenceau
al obispo de Angers, representante de los entonces ofendidos católicos: “¡Dios
sabrá defenderse solo, no necesita para ello de la Cámara de diputados!”.
“Comprendamos
entonces que no tenemos elección. Renunciar a la crítica libre de las religiones,
renunciar a las caricaturas de Mahoma, sería renunciar a nuestra historia, a la Enciclopedia, a las
grandes leyes de la
República. Renunciar a enseñar que el hombre desciende del
mono, y no de un sueño. Renunciar a la igualdad de las mujeres, renunciar a la
igualdad de los homosexuales para los que, curiosamente, en 72 países del mundo
-más o menos los mismos que tienen todavía una legislación contra la blasfemia-
la homosexualidad es una abominación”.
Malka apunta sus dardos contra quienes, escudándose
en una supuesta islamofobia, ponen en tela de juicio el derecho a la libertad
de expresión, pero también señala los riesgos de apegarse a la ideología
anglosajona según la cual no se debería ofender a nadie. “La libertad de
expresión no consiste en elogiar lo que
nadie denigra, sino en cuestionar —sea en serio o en broma— lo que muchos
consideran digno de respeto”.
Las declaraciones del abogado francés no son solo
una reacción a los atentados de los fundamentalistas, que constituyen
claramente un extremo, sino a toda una corriente de corrección política que
viene ganando terreno en Occidente. “Cuando los activistas necesitan un
pretexto para justificar su violencia, siempre encuentran uno”, señala Malka,
quien también advierte: “Si la libertad de expresión sigue menguando, podéis
estar seguros de que todas las demás libertades también desaparecerán”.
Alguna vez Stephane Charbonnier, editor de Charlie
Hebdo y una de las víctimas mortales del atentado, dijo algo premonitorio:
“Quizás suene algo pretencioso, pero prefiero morir de pie que vivir de
rodillas”. Entonces, tal vez sea cierto lo que dice Richard Malka, en el
sentido de que la libertad de expresión es lo que nos protege del monstruo del
totalitarismo. También señala algo interesante: que en el terreno de los
idealismos, hemos sustituido las viejas luchas sociales por nuevas luchas
identitarias. Por eso la ofensa se ha convertido en algo cada vez más
corriente: nos sentimos ofendidos cada vez con mayor facilidad. De ahí que hoy
se hable de la generación de cristal. Pero Malka no está dispuesto a ceder.
“Para mi Mahoma no es sagrado”, reconoce. Y luego aclara que sus burlas no son
contra Mahoma, sino contra el fundamentalismo.
“Se nos
reprocha hacer caricaturas de las religiones. Pero la realidad es que no las
hemos hecho nunca. Todas las caricaturas de las que hablamos aquí no son
caricaturas de la religión, son caricaturas del fanatismo religioso, de la
irrupción de la religión en el mundo político”.
La lectura de El derecho a cagarse en Dios nos dice
mucho acerca de la evolución de nuestra cultura y de nuestras libertades. Algo
que nos parece fundamental es comprender lo que debería ser obvio: defender la
libertad de expresión no significa que se defienda lo expresado. La revista
Charlie Hebdo puede parecernos grotesca e infantilmente reaccionaria. No se
trata de eso, sino de si sostenemos o negamos su derecho a serlo.
Otra cuestión, que también debería ser evidente: no
tenemos idea de si Dios existe o no. Cualquiera sea el caso, de lo que estamos
hablando es del derecho a cagarse en los discursos del hombre en torno de ese
eventual dios. Sobre todo porque vivimos en una época en que la cultura europea
se enfrenta a un nuevo oscurantismo, atravesado por la infiltración musulmana.
Un oscurantismo que en América tiene su reflejo en el avance de un evangelismo
de derecha dispuesto a operar cada vez más desde los medios de comunicación y
la política.
Por añadidura, en las sociedades totémicas uno
podía creer en el poder del oso blanco, y otro en el del águila, y no había
contradicciones. Pero los monoteísmos son, por definición, peligrosos: si tu
dios es el verdadero pero también el
único, eso quiere decir que mi dios, o el de mi vecino, son inválidos. ¿No
podría acaso también eso ser considerado
una blasfemia? Mientras haya libertad para que unos afirmen, debe garantizarse
también el derecho de que otros nieguen. De eso se trata la democracia. Germán
A. Serain
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Richard Malka nació en París en 1968. Es abogado y
representa, entre otros, al semanario satírico Charlie Hebdo. Intervino en
numerosos juicios y debates emblemáticos ligados a la libertad de expresión y
el laicismo. Es autor de ensayos como Elogio de la irreverencia junto a Georges
Kiejman (Grasset, 2019 – Libros del Zorzal, 2022) y El derecho a cagarse en
Dios (Grasset, 2021 – Libros del Zorzal, 2022); y de las novelas Tyrannie
(Grasset, 2018) y Le Voleur d’amour (Grasset, 2021). También ha escrito
numerosos guiones de historietas.
Fuente:
http://martinwullich.com/el-derecho-a-cagarse-en-dios-richard-malka/
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“El derecho a cagarse en Dios”:el libro detrás de
la condena a los terroristas que atentaron contra Charlie Hebdo
El abogado
Richard Malka estuvo al frente de la condena a los asesinos de 12 integrantes
del semanario satírico francés. Publicó su alegato y explica qué pasa cuando
“se hace un juicio a las ideas”.
20 May, 2023
“La libertad de expresión es de la que dependen
todas las demás”, asegura Richard Malka, abogado del semanario Charlie Hebdo y
autor de El derecho a cagarse en Dios, su segundo libro, en el que recoge el
alegato final que expuso en el juicio contra los terroristas que atentaron
contra la publicación satírica francesa en 2006.
En una entrevista publicada en la web de la Asociación de Medios de
Información (AMI), Malka reivindica la libertad de expresión frente a la
presión de la amenaza del tipo que sea: terrorista, religiosa o de
culpabilidad.
El alegato final que expuso como letrado en el
juicio por el atentado contra Charlie Hebdo, en el que murieron 12 personas del
medio, y que el semanario ganó en 2020, va, a su modo de ver, “mucho más allá de la acusación en el juicio
contra los terroristas y sus cómplices por el atentado”.
“No hubo un
juicio, sino dos juicios en uno: el de los acusados, por un lado, y el de las
ideas y los valores republicanos, que se han querido asesinar y enterrar. Estos
crímenes no son crímenes como cualquier otro y este juicio no pudo ser un
juicio como otro cualquiera”, señala Malka.
En El derecho a cagarse en Dios, el abogado francés
insta a no renunciar nunca a los derechos adquiridos “con tanto esfuerzo” por
quienes nos precedieron: “Nunca ganamos
nada renunciando a derechos, incluido el derecho a la caricatura, es decir, a
reírnos de todos los dogmas, con el pretexto de que queremos estar tranquilos y
en paz y no lastimar a nadie. Solo así estamos alimentando al monstruo de las
ideologías totalitarias, cuyo apetito sólo crece en nuestras constantes
renuncias”, insiste.
Malka entiende que “tenemos que aceptar ser escandalizados
de vez en cuando o ser heridos en nuestra sensibilidad”: “No es algo tan grave, incluso resulta útil, porque es el precio a
pagar para vivir juntos, con nuestra diversidad de opiniones”.
Su segundo libro es un homenaje a la “irreverencia, al libre debate, al
pensamiento crítico, a los librepensadores” y a sus amigos dibujantes de
Charlie Hebdo “que fueron asesinados por unos trazos de lápiz aun siendo los
hombres más pacifistas y humanistas”.
Te puede interesar: Los sobrevivientes del ataque a
Charlie Hebdo: recuerdos de esa mañana trágica y las terribles secuelas que
dejó
“Soy el
abogado del medio de comunicación que me parece más valiente del mundo”, un
medio que “se ha convertido en un símbolo de resistencia al espíritu de los
tiempos (...), un soplo de aire fresco en lo política y religiosamente
correcto”.
Frente al orgullo de ser el letrado del semanario
satírico francés, Malka se muestra preocupado por el futuro de los medios y
periódicos. “Si la emoción sigue ganando
a la razón, si la intolerancia a las ideas que nos molestan sigue su cruzada
victoriosa, si la descontextualización de los dibujos o las palabras se
convierte en regla, entonces no soy optimista sobre la supervivencia de los
medios. Luchar desde los medios también es mantener la esperanza”, asegura.
Y recuerda la frase de George Orwell: “La libertad de expresión sólo tiene sentido
si te permite decir a los demás lo que no quieren oír”. “Debemos respetar a las
personas por sus creencias”, concluye.
Fuente: EFE
Fuente:
https://www.infobae.com/leamos/2023/05/20/el-derecho-a-cagarse-en-dios-el-libro-detras-de-la-condena-a-los-terroristas-que-atentaron-contra-charlie-hebdo/
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El derecho a cagarse en Dios
València
| 02·11·22 | 07:01
El derecho a cagarse en Dios (Editorial Libros del
Zorzal) es el título de la obra que acaba de editarse en español por el abogado
Richard Malka y recoge sobre todo el notable alegato final que hizo como
letrado de la revista satírica Charlie Hebdo durante el proceso por el salvaje
atentado criminal que la publicación sufrió en 2015, por parte de terroristas
islámicos, mientras sigue hoy amenazada por la horda medieval.
Un servidor se encontraba en plena duda entre
dedicar este texto al tema de la vivienda, colisionando obviamente por las
izquierdas, con La Moncloa
y con el Palau de la
Generalitat, o sobre el maridaje pertinaz de la presidenta de
la Comunidad
de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con el lanzamiento como presidenciable del nuevo
líder popular, Alberto Núñez Feijoo, sin duda para enfado de las derechas.
En cualquier caso, en tiempos de neo elecciones es
mejor no meterse en política, como dicen que decía aconsejar el dictador
generalísimo Franco, y uno recuerda haber oído la frasecita desde la infancia.
Esa falta de libertad, por obligación o autocensura, es lo que vienen
denunciando últimamente muchos, que los hay, intelectuales de respeto, en la
piel de toro y en otros países ajardinados, parafraseando a nuestro ministro
europeo de exteriores Josep Borrell.
Es ineludible nombrar los fenómenos para poder
medirlos y cabe reconocer sin goce alguno que vivimos el tiempo de la
cancelación, pues al fin se afina el término cancelar para las muy viejunas
artes de la censura y el linchamiento. De los asesinatos impunes de periodistas
en todo el orbe nos dan cuenta los medios de comunicación de masas, pues la
muerte de periodistas y políticos o activistas se vende bien, como el
apuñalamiento a Salman Rushdie en EEUU, televisado.
Hasta un decano maestro del periodismo y el
columnismo libérrimo como es Raúl del Pozo escribió el pasado 24 de octubre un
texto titulado El peligro de escribir (diario El Mundo), pues, aunque no lo
mencionase, está sufriendo una campaña de acoso feraz, debida a sus críticas
precisamente a los albañales de Internet, al peligroso retroceso de la Libertad, a los crímenes
y a lo que ya se titula incluso como cultura de la cancelación, mezclando dos
términos indeclinables en latín juntos.
En nuestros días, lo único que debiéramos cancelar
es la ignorancia, ya que lo de la idiocia resulta más complejo, elaborando un
plan de choque contra el analfabetismo funcional persistente. Ergo es falaz que
exista una nueva batalla cultural entre derecha e izquierda, la hubo y la hay,
y lo que presenciamos ahora es una guerra transversal contra la cultura y la
educación, de muerte a la inteligencia, frente a lo que solamente cabe volver a
las misiones pedagógicas emprendidas por el republicanismo español en 1931.
Desde cualquier sector u oficio hay gentes y
empresas que actúan sin rigor alguno y producen basura, a semejanza de la
comida que denominamos como tal, luego la prensa y los medios de comunicación,
ese cuarto poder, debe dejar de lamentarse porque la ciudadanía les incluya hoy
en las encuestas en el mismo saco que a la política, bajo acusación de
falsaria. Conviene escribir llorado y, como las asociaciones de magistrados,
antes tercer poder (Guerra), solicitar una independencia y financiación acordes
al papel clave, de ambos, para el pueblo en este reino.
Eso sí, nada de aparcar a los dioses, reyes y
tribunos recogidos en la letra de La Internacional, pues vienen tiempos que quieren
abrir nuevamente el Meloni de Dios, patria y familia, que conduce a lo peor del
nacionalismo, inventar una identidad superior a las demás, y al abismo de las
guerras del siglo XX, llamadas mundiales pero celebradas sobre todo en Europa.
En fin, con perdón, como antes gritaba el día de la fiesta el más bruto del
lugar: «Cagüen Dios. Viva el Cristo». De «La Mahoma» mejor ni hablamos.
Fuente:
https://www.levante-emv.com/opinion/2022/11/02/derecho-cagarse-dios-78001778.html
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