9) El Apóstol Santiago, la Virgen del Pilar y la peregrinación a Compostela
10) El infierno, el purgatorio, el limbo y el cielo.
Las Santas reliquias
y los Santos lugares
Amadísimos hermanos: un silencio revelador se hace en torno a las reliquias de la Pasión. ¿Quién se ha enterado de su existencia o ha recibido la sugestión de visitarlas y venerarlas con piadoso amor? La cristiandad cuenta con decenas de ellas, testimonios ciertos de la veracidad histórica de los Evangelios, y obligan -forzosamente- a darles aceptación.
Padre Ignacio Acuña Duarte
Revista "Cristiandad"
(www.mercaba.org/FICHAS/JESUS/PASION/RELIQUIAS.htm)
Debo reconocer, ante todo, que este es el tema que más me divirtió, que más asombro me dio investigar sobre él. En principio lo tomé como un irrisorio absurdo colectivo, más que una argumentación seria sobre los mitos de las iglesias cristianas, en aras de abogar por y defender la seriedad de mis textos. Confieso que me reí, pero también me entristecí pensando en como se puede manipular la mente de individuos de una especie que se dice inteligente. Algunas cosas me parecieron tan descabelladas, tan impropias del intelecto del Homo sapiens, que en un principio no las creí. Me dije, esto es imposible que sea cierto, es un invento de fanáticos que yo no puedo reproducir aquí, o de creadores de "fake news" que se divierten en internet burlándose de quienes buscamos referencias serias. Por eso profundicé al máximo mi investigación de los hechos y por favor les pido, creyentes o no creyentes, que si encuentran evidencia de que algo de lo que presento a continuación es un invento, me lo hagan saber y seré el primero en aceptar vuestros desmentidos. Les repito, soy el primero en reconocer que, tan absurdo es lo que voy a presentar, que no dudaré en aceptar cualquier refutación, por supuesto seria y sobre todo fundada, de que estas cosas no son ciertas.
La locura y el fanatismo por las reliquias comienzan en las cruzadas. En esa época la cristiandad estaba obsesionada con encontrar y adorar reliquias sagradas, presuntas evidencias de las historias bíblicas. Los sacerdotes-cronistas de las cruzadas autentificaban cualquier objeto recuperado en las campañas contra los musulmanes: fragmentos de la "verdadera cruz", partes de cuerpos de los santos y sus raídas vestimentas, la tierra de sus sepulcros, lágrimas todavía húmedas derramadas por Jesús, púas de la corona de espinas, ropa interior de María, todo se atesoraba en cajas enjoyadas en cada iglesia mayor. Un gobernante de Sajonia poseía con orgullo 17.000 reliquias, que incluían una rama de la zarza ardiente de Moisés y una pluma de un ala del ángel Gabriel. En la Catedral de Canterbury se mostraba parte de la arcilla que sobró después que Dios formó a Adán. El historiador Charles MacKay cuenta que en las iglesias españolas había seis o siete huesos del muslo de la Virgen María (no se había aprobado todavía el dogma de su ascensión a los cielos en cuerpo y alma) y en otras se podía llenar una bolsa con uñas de los pies de San Pedro. Voltaire narra que seis prepucios sagrados fueron recuperados de la circuncisión de Jesús (investigadores posteriores contaron diecisiete(1)). Dos argumentos se empleaban para demostrar la autenticidad de estos objetos: la autoridad de la Iglesia y el poder obrar milagros.
Con el pasar de los siglos y con el avance del cristianismo en nuevos pueblos de Europa, la difusión de las reliquias se hizo casi general. Nació un comercio de ellas cuyos clientes fueron papas, obispos y monarcas que vislumbraron su poder mágico, necesario para reforzar en el pueblo una fe que impidiera cuestionar su poder. No faltaron quienes, mediante engaño y fraude, aprovecharon la buena fe de cristianos ingenuos para hacer pasar por reliquias lo que eran objetos comunes, no relacionados con mártires o santos. Otras veces, el entusiasmo general llegaba a declarar como reliquias de mártires huesos encontrados cerca de alguna iglesia, sin que hubiese un mayor discernimiento crítico al respecto. En algunos lugares hubo una especie de “tráfico” de reliquias motivado por el deseo de venerar restos mortales de los campeones de la fe. En este contexto se va desarrollando y completando, a lo largo de muchos siglos, el uso y la veneración de esos objetos. Las iglesias que tuvieran una reliquia particularmente importante podrían atraer un gran número de peregrinos, y con ello mejorar sus ingresos monetarios. Las reliquias más efectivas en este sentido eran, obviamente, las vinculadas a Jesús. El Concilio de Trento (entre 1545 y 1563) decretó lícito y conveniente venerar las reliquias "auténticas". En el mundo hay varias decenas de miles de reliquias que la cristiandad supone auténticas, ya que la Iglesia nunca se pronunció en sentido contrario(2).
Acerca de ellas, como partes del cuerpo de santos u objetos que han estado en contacto con ellos, siempre se ha planteado si hay una realidad histórica y una base científica que pueda demostrar, como mínimo, su antigüedad o si, simplemente, son fruto de la devoción desmedida y de vendedores de humo que quisieron sacar algún provecho. Pero ninguna es capaz de superar el escrutinio científico. Cito en primer lugar algunas que podrían considerarse como "creíbles" o con cierta base histórica o fama (no menciono aquí ni el Santo Sudario ni la sangre de San Genaro, ya que son objeto de sendos textos en este libro).
La corona de espinas de Jesucristo
Se lee en Wikipedia: La corona de espinas es un símbolo cristiano que recuerda la Pasión de Jesús. Se menciona en los Evangelios de Juan (19:2, 5), de Marcos (15:17) y de Mateo (27:29). Según estos Evangelios, los soldados romanos se la colocaron a Jesús durante su pasión. Tenía una doble función: humillarlo (coronándolo como rey de los judíos, en tono de burla) y provocarle daño y dolor. La corona se convirtió en una reliquia muy preciada. Existen referencias de su presencia en Jerusalén desde el siglo V (con las cartas de Paulino de Nola). Se describe su ubicación en la Basílica de Sión en el 570. En el siglo VII fue trasladada a Constantinopla debido a las invasiones persas. En el siglo X, con motivo de una crisis económica en el Imperio, pasó a manos de prestamistas venecianos, hasta que fue adquirida por la monarquía francesa. Luis IX de Francia construyó en el siglo XIII la Sainte Chapelle como lugar de veneración de la reliquia. Durante la Revolución Francesa pasó a la Biblioteca Nacional de Francia. En 1801, el Concordato con la Iglesia católica determinó que la corona era propiedad de la Iglesia, pasando a la Catedral de Notre Dame, donde se encuentra actualmente. La corona es una circunferencia de espino trenzado de veintiún centímetros de diámetro conservada en un tubo de cristal. Carece de espinas, pues las mismas fueron repartiéndose a lo largo de los siglos: se encuentran dispersas por todo el mundo y una suma de todas ellas daría lugar a unas setecientas, de las cuales ciento sesenta se encuentran en Italia. En Roma son cerca de veinte las que reciben veneración pública, incluyendo dos en la Basílica de San Pedro en Vaticano, dos en Santa Croce in Gerusalemme y una en San Giovanni in Laterano. Se estima que el número máximo de espinas que podría tener la corona sería de unas setenta y, si bien algunas han sido fragmentadas, no todas las existentes pueden proceder de la misma corona. En España se veneran once espinas en el Monasterio de El Escorial, dos en la Catedral de Barcelona, cuatro en la de Sevilla, cinco en la de Oviedo, una en el Monasterio de la Santa Espina en Valladolid y varias más en otras Catedrales.
La más conocida reliquia de la corona de espinas estaba alojada en el Tesoro de la Catedral de Notre Dame de París (donde se mostraba además un fragmento de la cruz y uno de los clavos). Desde el incendio de Notre Dame, en abril del 2019, esas reliquias fueron llevadas al Museo del Louvre. El primer viernes de cada mes, la corona se saca a la veneración de los fieles. Y también todos los viernes de cuaresma, además del viernes santo. Las espinas distribuidas por todo el mundo han sido protagonistas de muchos milagros, algunos de los cuales cito más adelante.
Según la historiografía cristiana, cuando muere Jesús lo sepultan en un sepulcro nuevo, con todo lo que había sido instrumento de su pasión, cruz, corona de espinas, lanza, etc., en un pozo que estaba preparado. Es la actual capilla de Santa Elena en la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén. Cuando Elena, Emperatriz madre de Constantino, decide peregrinar a Tierra Santa en el año 326, va a hablar con los ancianos. Les pregunta dónde, según la tradición oral transmitida por generaciones, están los instrumentos de la Pasión. Ellos le señalan el lugar, ya que pocos años después de Cristo, para contrarrestar el culto cristiano, el Emperador Adriano había hecho colocar sobre el lugar del Calvario una estatua en honor de Venus y sobre el Sepulcro una de Júpiter. Eso fue lo que permitió localizar "con precisión" el lugar de la Pasión, del Santo Sepulcro y el lugar donde estaban enterrados los instrumentos de la Pasión. Entonces Santa Elena encuentra lo que ya sabemos: la cruz, la corona de espinas, los clavos y demás. Pero todo esto no deja de ser una piadosa leyenda. Tan solo un siglo después de la supuesta muerte de Jesús, Jerusalén estaba totalmente alterada, tras la destrucción del Templo en el año 70 y la sublevación de los zelotes en los años 132-135. Es a partir del fervor religioso de Elena que comenzó el muy lucrativo negocio de la adoración, fabricación y venta de reliquias y numerosos artículos religiosos y que perdura con muy buena salud hasta el día de hoy.
Inmediatamente esas supuestas reliquias comenzaron a ser objeto de devoción. Primero fueron trasladados a Constantinopla y luego a Europa. Al cabo de un tiempo San Luis, Rey de Francia, le compra al Emperador de Constantinopla la Sagrada Corona, que es llevada triunfalmente por los venecianos a Venecia. Y de allí a la ciudad de Villeneuve, donde era esperada por el mismo Rey, por su madre, Blanca de Castilla, y por todo el séquito real, para ser llevada a París. Era el 10 de agosto de 1239. En París el rey San Luis hace levantar una Iglesia impresionante, la Sainte-Chapelle, para que fuera un inmenso y digno relicario de la corona de espinas de Nuestro Señor. Ahí la reliquia permaneció hasta la Revolución. Y luego, después de encontrar un hogar temporario en la Biblioteca Nacional, fue finalmente restituida a la Iglesia y se depositó en la Catedral de Notre-Dame en 1806.
En muchos lados se relatan milagros atribuidos a las espinas de la corona, como librar de plagas y pestes, proteger de tempestades o de enemigos, entre otros. Pero hay otros fenómenos milagrosos que se observan en las propias espinas, que pueden agruparse en tres categorías:
1. Reviviscencia: la espina tiene alguna gota de sangre seca que revive en determinadas circunstancias y se torna rojo vivo. De este tipo hay contabilizados 24 casos en Italia.
2. Florescencia: las espinas florecen.
3. Reverdecimiento: se vuelven flexibles y frescas, como si fueran de una planta viva.
El primer relato del evento prodigioso de manchas de sangre coagulada sobre la espina, se remonta al 1633. En los siglos XVII y XVIII los milagros tuvieron lugar en 1644, 1701, 1712, 1785 y 1796, y han sido acompañados de una documentación cada vez más rica y particularizada. Un caso muy conocido fue el Milagro de Bérgamo: floreció la sacra espina en la Semana Santa del 2016. Para verificar la floración, el Obispo de Bérgamo Francesco Beschi nombró una comisión compuesta por algunos sacerdotes, el alcalde, el párroco, el director del departamento de hematología y oncología del hospital Juan XXIII de Bérgamo, un notario y otros especialistas. La pequeña iglesia permaneció esos días llena de gente que había viajado para visitar la reliquia y hacer vigilia en oración día y noche esperando el milagro. La comisión estudió la reliquia durante viernes y sábado santo, sin ponerse de acuerdo sobre si había cambios dramáticos importantes. Pero al final de la tarde del día de Pascua la comisión constató cambios evidentes a la 19:30, a las 20:30 y a las 21:30, cuando hicieron las observaciones en conjunto.
La ciencia ha datado esta reliquia en el siglo XVI. Los comentarios huelgan.
Los clavos y la madera de la cruz
En 1911 un jesuita erudito en liturgia llamado Herbert Thurston, contó todos los clavos que hasta entonces eran considerados como de la cruz de Cristo. Encontró que solo en Europa se veneraban ¡30 clavos!, pese a que se supone que sólo 3 ó 4 habrían sido usados. Para explicar esto, Thurston argumentó que seguramente se trataba de facsímiles que habían tocado o que contenían fragmentos de otros clavos más antiguos, lo que facilitó tanto su duplicación como la creencia en su autenticidad. De igual forma, como apuntaba el famoso teólogo del siglo XVI Juan Calvino, existen tantos fragmentos de la Santa Cruz (lignum crucis) esparcidos por toda Europa, que bien podrían proporcionar suficiente madera como para construir un barco. Incluso existen relicarios portátiles y medallas para el cuello con presuntas astillas de la cruz. Entre las muchas iglesias en las que se conservan madera y clavos, las más significativas son Santa Croce in Gerusalemme y Santa María Maggiore, ambas en Roma, y el monasterio de Santo Toribio de Liébana en España.
El Santo Grial o cáliz sagrado
Se supone que fue usado por Jesús en su última cena y ha dado origen a innumerables leyendas, que incluso se pueden encontrar entre los mitos celtas. Según la tradición cristiana, José de Arimatea, discípulo de Jesús, guardó el vaso en el que había bebido su maestro. Pero al igual que sucede con otras reliquias del cristianismo no existe sólo uno, podemos encontrar griales en Génova, Valencia, Dublín, Viena, Murcia y otros lugares de Europa, y hasta en América en el Museo Metropolitano de Nueva York. Todos ellos han sido datados en fechas muy posteriores a la época de Jesús. Sin embargo en España, en la Catedral de Valencia, se encuentra uno que parece que puede ser del siglo I, según el arqueólogo Antonio Beltrán. En 2008, un congreso mundial de "griálogos" reunidos en Valencia declaró, tras sesudas elucubraciones, que éste es el único verdadero, todos los demás son falsos. Se trata de una copa de ágata de 7 cm de altura y 9,5 de diámetro, adornada con un pie y unas asas añadidas posteriormente. Si bien es la única de las reliquias que parece superar la prueba de la antigüedad, no nos podemos basar sólo en este dato para considerar que en efecto estuviese en contacto con Jesús. No obstante, Benedicto XVI consagró una eucaristía con él durante su visita a Valencia en 2006.
Los restos de San Pedro
Aceptemos en primer lugar que el discípulo Pedro existió, cosa con la que no todos los eruditos están de acuerdo. También deberíamos aceptar que Pedro estuvo en Roma, cosa que tampoco logra la unanimidad entre los expertos. Entonces, si existió, ¿dónde está su cuerpo? La Iglesia católica asegura que está enterrado en la cripta bajo el altar mayor de San Pedro en Vaticano, basándose en registros históricos que sugieren que los apóstoles Pedro y Pablo viajaron a Antioquía y luego a Roma para predicar la palabra de Dios. Según Jürgen Zangenberg, Profesor de Historia y Cultura del Judaísmo Antiguo y Cristianismo Primitivo de la Universidad de Leiden, se trató de una idea del siglo II que ganó popularidad luego de la época de Constantino, creándose historias de Pedro y Pablo en Roma con el propósito de elevar la primacía de Roma por encima de los demás obispados en el Este. Para la Santa Sede actual sigue siendo capital la creencia que el apóstol Pedro estuvo en Roma, fundó la iglesia en esa ciudad y luego fue martirizado y sepultado allí, de modo de asegurar indiscutiblemente la primacía de Roma y de la Iglesia Católica Apostólica Romana para toda la cristiandad. Pero esto ha sido cuestionado desde tiempos medievales dentro del propio cristianismo. Y en la década de 1950, arqueólogos católico-romanos descubrieron en el Monte de los Olivos, cerca de Jerusalén, un osario —una caja de huesos empleada en los entierros judíos del siglo primero— que llevaba grabado el nombre "Shimon bar Jonah" ("Simón hijo de Jonás", nombre con el cual se conoce al apóstol Pedro en los Evangelios). Para no quedarse atrás, el Vaticano pronto produjo su propia evidencia arqueológica de que la tumba y los restos de Pedro habían sido sepultados debajo del altar mayor en la Basílica de San Pedro en Roma. La prueba de su argumento es un sarcófago descubierto en la primera mitad del siglo pasado, que las autoridades comenzaron a examinar más de cerca en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Desafortunadamente, no hay manera de demostrar si el sarcófago o el osario contienen los verdaderos restos de Pedro.
Pero sea como sea el cuerpo no está completo. Algunas de las partes que faltan están conservadas en otras iglesias. No se sabe en qué momento el cadáver fue desmembrado. Por ejemplo, en el Tesoro de la misma Basílica de San Pedro, se conserva un relicario con un dedo del apóstol. Una parte del brazo y un diente están en Santa Croce in Gerusalemme, en Roma, otros dientes y otras partes en otras iglesias. La cabeza, junto con la de San Pablo, se encuentra en la Basílica de San Giovanni in Laterano. Es probable que la separación de las cabezas de los cuerpos se hiciera cuando los restos de ambos fueron llevados desde las catacumbas a sus antiguas tumbas. Fueron custodiadas en el Sancta Sanctorum(3) hasta que Urbano V en 1369 las trasladó a la cercana basílica lateranense.
Una sandalia de San Pedro se venera en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo (España). Cuando el cuerpo de san Pedro fue llevado al sepulcro, en la colina del Vaticano, un cristiano anónimo tomó sus gastadas sandalias de cuero. De aquí en más, la pormenorizada historia del periplo seguido por una de ellas hasta llegar a Oviedo en el año 812 se puede leer en... Catholic.net!
El desprecio de la Iglesia por el intelecto humano
Paralelamente a estas reliquias existen otras que, por su cantidad o inverosimilitud, son más propias de quien intenta aprovecharse de la buena fe del creyente. A continuación dejo una lista de las más increíbles que se han venerado a lo largo de la historia. Las considero extremadamente agresivas contra el intelecto de nuestra especie y, si bien la Iglesia no se manifiesta sobre su autenticidad (cf. infra), el solo hecho de permitir su adoración como algo sagrado, desnuda claramente los métodos usados por esta institución para mantener fiel a su rebaño. La simple y divertida lectura de las mismas desacredita y destruye por sí sola la pretendida autenticidad de las reliquias más "serias" enumeradas arriba. Difícil encontrar tantos disparates juntos.
El prepucio de Jesús (y otros recuerdos de su nacimiento). Según la tradición judía, Jesús tuvo que ser circuncidado, y un texto árabe apócrifo sobre su infancia cuenta que su prepucio fue conservado en una caja de alabastro. Su historia es larga. Su primer propietaria habría sido María Magdalena. Luego desapareció hasta que en el siglo IX lo tenía la Emperatriz Irene de Bizancio, quien lo regaló a Carlomagno, quien a su vez lo donó al Papa León III, cuando éste lo coronaba como Emperador del Sacro Imperio Romano, en la Basílica de San Pedro en Roma. Otras versiones dicen que el prepucio fue transferido inicialmente por Carlomagno a los monjes de Charroux, Francia, o tal vez fuera un segundo prepucio(4). El hecho es que en el siglo XIII se mostraba en el Sancta Sanctorum de la Basílica de San Giovanni in Laterano, adosado a una cruz de oro con piedras preciosas. Pero la reliquia se multiplicó. Además de Charroux y Roma, no menos de 20 santuarios de la cristiandad, a lo largo de la historia, han pretendido estar en posesión del genuino sanctum præputium. Y podría ser posible, ¿por qué no? Si el dueño del cuerito podía multiplicar los panes y los peces, ¿por qué no sus prepucios? La Catedral de Le Puy-en-Velay en Francia, la de Santiago de Compostela y los santuarios de Amberes (donde ayudó a Enrique V de Inglaterra a superar su infertilidad), París, Brujas, Besançon, Bolonia, Metz, Burgos, Hildesheim, Nancy, Conques, Calcata, entre varios otros, han afirmado en algún momento poseerlo, muchos de ellos ¡con reconocimiento de autenticidad por parte de la Iglesia! Por supuesto, esto presupone (y presuponía) una interesante fuente de ingresos gracias a los píos peregrinos. Incluso se fundó en su honor en 1426, la orden de los “Hermanos Caballeros del Santo Prepucio”, para proteger tan valioso resto que, según sus custodios, sangraba cada viernes santo.
Se cuenta que Santa Catalina de Siena, patrona de Italia, se casó místicamente con Jesús. En una visión, la Virgen Maria la presentó a su hijo Jesús, que le entrega el anillo de casamiento confeccionado con piel de su prepucio diciéndole: "recibe este anillo como testimonio que eres mía y serás mía para siempre". La Santa afirmaba que llevaba en el dedo el prepucio del Señor, visible para ella pero, lamentablemente, invisible para los demás. Y cuando su dedo también se convirtió en reliquia (venerada en la iglesia de Santo Domingo de Siena, junto con su cabeza), muchas beatas que lo adoraban llegaron a afirmar que allí veían el anillo de carne. Pero sin duda la más controversial historia relacionada con esta reliquia es la que protagoniza Agnes Blannbekin, religiosa de la Tercera Orden de San Francisco en Viena, actualmente venerada como santa (aunque no ha sido canonizada por la Iglesia), quien en uno de sus estados de éxtasis afirmó que pudo sentir en su lengua el santo prepucio, que llegó a tragar, describiendo el dulce sabor que tenía. Pero no fue la única. Otras varias religiosas vivieron éxtasis parecidos, y el asunto alcanzó tal trascendencia que se escribieron algunos tratados, como el célebre de A. V. Müller El sagrado prepucio de Cristo, publicado en 1907.
Pero por considerarla como una reliquia irrespetuosa, en diciembre de 1900, durante el papado de León XIII, la Congregación para la Doctrina de la Fe declaró que todo aquel que se atreviera siquiera a hablar del Santo Prepucio sería considerado despreciable, e incluso podía ser excomulgado. La amenaza de excomunión se mantuvo hasta 1954, cuando un Cónclave deliberó sobre la recuperación del culto con resultado negativo, no sin acaloradas discusiones, aunque se levantó la pena mencionada. Además había quienes cuestionaban que, si "Jesús ascendió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre", cómo pudo su prepucio haberse quedado en la Tierra. Pese a ello en Calcata, un minúsculo pueblo medieval de Italia, era sacado en procesión cada 1° de enero, día de la "Festividad de la Circuncisión" (ocho días después del nacimiento, abolido del calendario litúrgico por el Concilio Vaticano II), hasta que en 1983 fue robado, posiblemente debido a las joyas con las que estaba decorado, o simplemente la misma la misma Iglesia lo había hecho desaparecer, dado que esta peculiar reliquia solo le había causado problemas. Desde esa fecha, aparentemente los Santos Prepucios no se encuentran más en ningún lado.
Y ya que hablamos del prepucio, también el cuchillo usado en la circuncisión es objeto de veneración (Museo de Prehistoria Contemporánea, en Roma, aunque hay más de uno en la misma ciudad). Y para rematar, un poco más arriba del prepucio, el santo ombligo o cordón umbilical de Jesús se conservaría en la iglesia de Santamaría de Popolo en Roma, en San Martino (Italia) y en Chalons (Francia) (https://elhistoricon. blogspot.com/2016/09/las-reliquias-mas-extranas-de-la.html). Hoy no está a la vista.
Prosiguiendo con la infancia de Jesús, briznas de la paja y fragmentos de madera de la cuna del niño se veneran en la Basílica de Santa María Maggiore. Las reliquias, aunque están en territorio de la Ciudad del Vaticano (las Basílicas mayores de Roma son territorio vaticano), son propiedad de la Corona Española (http://www. elmundo.es/cronica/2016/01/04/568835d6e2704ed82f8b456c.html). Los Santos Pañales que empleó la Virgen María para contener la Santa Caca del Niño Jesús se encuentran custodiados por los servitas (Orden de los Siervos de María, fundada en 1233 en Florencia, ahora en la Iglesia de San Marcello al Corso, en Roma) (https://diocesisdecela
ya.wordpress.com/2018/09/26/diocesisdecelaya-diocesis_celaya-la-catedral-que-custodia -el-panal-del-nino-jesus/#respond). También hay algunos en un gran cofre en la Catedral de Aquisgrán, en Alemania. Un diente de leche de Jesús alguna vez estuvo en la Abadía de Saint Médard en Soissons, Francia. Durante mucho tiempo este santo era invocado por los que sufrían dolor de muelas. Los sepulcros que guardan supuestas reliquias de los tres Reyes Magos se veneran en la Catedral de Colonia, en Alemania.
Las reliquias de la Virgen María sobrepasan toda imaginación, por más fe que se tenga. Gotas de la leche de la madre de Jesús se conservan (o se conservaban) en decenas de lugares, la mayoría en España, Italia y Francia. En España algunas se veneran en las Catedrales de Oviedo, Mallorca, Ávila y Coria. Las que se custodian en el museo de la Catedral de Murcia, según cuentan se licuan cada 15 de agosto, día de la festividad de la Asunción de María (¡cómo corresponde!): se conservan en una redoma de cristal, adornada por una estrella de oro y protegida en una custodia de plata y diamantes. En Italia las hay en Santa María de Popolo, en Roma, en Nápoles (donde también se licua, como la sangre de San Genaro, ¡faltaba más!), en Venecia, en Génova. En la Colegiata de San Lorenzo de Montevarchi (Arezzo) se venera un vial con una ligera incrustación blanca en el fondo y en las paredes (nadie sabe qué material es porque no se permite examinarlo). En Francia hay santas gotas en París, en Reims, en la Catedral de Chartres y varios lugares más. En la Abadía de Nuestra Señora d’Evron, la reliquia está contenida en un tubito/relicario de estaño de 4 cm de alto y nadie vio nunca su contenido. En todos los casos se dice que las gotas proceden de la Gruta de la Leche en Jerusalén donde, según una leyenda pergeñada en el siglo VI, la virgen amamantó a su hijo, escondida de la matanza ordenada por Herodes. Con las prisas y el susto, a la madre se le cayeron unas gotas de leche al suelo y la roca, que era rojiza, se puso blanca. No es de extrañar, entonces, que a partir del siglo VI empezasen a circular reliquias conocidas como "leche de la virgen", bajo forma de unos trocitos de roca calcárea (carbonato cálcico) pulverizada. Al diluir el polvo en agua se pone blanco como la leche y toma su misma consistencia, pudiendo beberse. Durante siglos el comercio de estos polvillos fue muy próspero. Se decía que ayudaban a mujeres con problemas de lactancia o de fertilidad. Esta devoción aún existe. Los franciscanos, que custodian la Gruta de la Leche (hoy convertida en un santuario), distribuyen este polvo con instrucciones adjuntas en las que se explica cómo hay que tomarlo y las oraciones que deben hacerse. Si hay embarazo, se pide que manden una foto del niño. Y hoy se ve una pared llena de fotos enviadas por los felices padres que han visto cumplirse su deseo (extractado de https://reliquiosamente.com/2018/01/30/la-leche-de-la-virgen-maria/).
Pero además hay muchos restos de la Virgen María. Ella nos dejó un brazo, el corazón, el hígado y la lengua que se guardan en las habitaciones de San José de Calasanz en San Pablo Pantaleone, Roma. Un mechón de sus cabellos se venera en Sangüesa (Navarra) y otro en Santa Maria Maggiore en Roma. Cabe recordar que el mismísimo dogma católico dice que la virgen ascendió en cuerpo y alma al cielo, de ser así todo esto contradice abiertamente a la propia Iglesia. Pero, probablemente por la angustia de ver a su hijo crucificado, olvidó estas menudencias en la tierra durante su ascensión, no seamos tan mal pensados.
Fragmentos de las sandalias de Jesús. Después de justificar mediante citas bíblicas el uso de sandalias por parte de Jesús, la web ultracatólica Aleteia nos dice (https://es.aleteia.org/2018/08/09/donde-estan-las-sandalias-que-uso-jesus/): "Muy pocos católicos saben que algunas partes de las sandalias de Jesús se conservan dignamente veneradas en la Basílica Pontificia del Santísimo Salvador, en la ciudad alemana de Prüm. Llegaron allí en el año 752. Según el historiador Michael Hesemann fueron una donación del Papa Zacarías (741-752), que favoreció mucho la evangelización de Alemania a través de San Bonifacio. Pero quien mira las sandalias con mirada científica, duda inmediatamente: lo que hay en el relicario es una especie de suela ricamente decorada con un árbol de la vida con hojas de oro. Sin embargo, el "documento que garantiza su origen" (?) dice “Particulae Sandaliis SS. Salvatoris” (“Partes de las sandalias del Santísimo Salvador”). Así, queda claro que sólo algunas partes de las sandalias de Cristo están allí, incorporadas en el interior de las pantuflas riquísimas en arte y oro en la época carolingia, siglos VIII-IX. Se pidió al Profesor de genética molecular Gérard Lucotte que hiciera un análisis químico sobre estos fragmentos de cuero. Él presentó por primera vez sus resultados en una conferencia científica realizada en abril de 2011 en Argenteuil. Comunicó que había presencia de minerales de silicato, característicos del desierto. La presencia de óxido de hierro indica su procedencia de una región árida. También se han encontrado trazas de titanio, elemento relativamente raro y presente en ambientes ricos en hierro, conocido como Tierra Roja, principalmente presente en la región de Jerusalén. Prof. Gérard Lucotte: “La Sandale du Christ”, cf. ACTES (de COSTA/UNEC) p. 48ss ".
Por si hay dudas acerca del "entorno científico" de esta comunicación, ella fue hecha en el "Coloquio La Santa Túnica y las otras Reliquias de Cristo", el 9 de abril del 2011. COSTA quiere decir Cercle Oecuménique et Scientifique de la Sainte Tunique d'Argenteuil. El trabajo no aparece publicado en ninguna revista científica internacional con comité de lectura independiente, a pesar que los resultados parecerían ser muy relevantes. Pero... aceptemos. Que esta reliquia sea un fragmento de antiguas sandalias utilizadas en Judea no es imposible. Pero ¿demostraría esto que éstas son las sandalias de Cristo? Sin embargo, Aleteia (y otras páginas católicas) concluye alegremente: De esta manera, recurriendo por primera vez a estudios científicos, se puede fundamentar el legado de la Tradición sobre las reliquias de Prüm. Los intentos de negar la autenticidad de los descubrimientos deberán proceder con gran cautela. Las Sandalias del Cristo de Prüm, con sus partes de cuero, procedentes de Jerusalén en el siglo I, nos hablan del Hijo de Dios caminando con sus pies sobre esta Tierra hacia el Calvario, sembrando el bien, recogiendo entusiasmos transitorios, indiferencias y hasta el odio más injusto.
Los restos de San Juan Bautista. Sin duda debió ser un hombre extraordinario ya que se conservan 63 de sus dedos y más de 4 cabezas. En San Silvestro in Capite, Roma ("capite" significa "cabeza"), se guarda el cráneo del santo, que se considera el auténtico, pero sin la mandíbula original (le pusieron una prótesis dorada). Otras cabezas se exponen en la Catedral de Notre-Dame de Amiens y en la Gran Mezquita de Damasco, en un santuario venerado por cristianos y musulmanes. En cuanto a la mandíbula, una veintena de iglesias y monasterios dicen tener la verdadera.
Los restos de Santa Teresa de Jesús (o de Ávila). Fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas, murió en octubre de 1582 en Alba de Tormes, cerca de Ávila, España. Fue enterrada en la iglesia de la Anunciación del convento de su Orden en esa misma ciudad, en cuyo retablo mayor se expone su cuerpo incorrupto... o lo que queda de él. Pues parece que este cuerpo incorrupto no tuvo un descanso muy tranquilo, muchas partes de él están desperdigadas por iglesias, santuarios y conventos en todo el mundo. Según el inventario, tomado de https://www.entreeltormesybutarque.es/2021/04/ las-reliquias-de-santa-teresa.html, tendríamos:
- Tráquea, en Nápoles
- Mano derecha, en el convento de las Carmelitas Descalzas de Lisboa
- Ojo izquierdo y mano izquierda, en el convento de las Carmelitas Descalzas en Ronda, Málaga
- Pie derecho, en el convento de Santa María della Scala, en Roma
- Parte de la mandíbula superior y del cráneo y algunos dientes, en San Pancracio en Roma
- Clavícula derecha y uno de sus dedos, en Bruselas
- Clavícula izquierda, en el convento de San José de Ávila
- Dedo meñique de la mano izquierda, en la Iglesia-convento de la Santa, en Ávila
- Una costilla, en el Desierto de Sant Angelo, en Lombardía
- Dedos, en Nuestra Señora de Loreto en París, Sanlúcar de Barrameda en Andalucía, Convento de Medinaceli en Castilla y León, Roma, Sevilla, Gante, Amberes.
- Muelas, dientes y uñas, en Toledo, Santiago de Compostela, Puebla (México), Malagón en Castilla-La Mancha, Milán, Nápoles
- Trozos de carne, en la Basílica de Santa María Maggiore en Roma, en la Catedral de Nápoles, en Beas de Segura (Jaén), en Villanueva de la Jara en Cuenca y en las Carmelitas Descalzas de Madrid, Valladolid, Malagón, Salamanca y Segovia
- Trozos de huesos, en los Conventos de Carmelitas Descalzas de Palencia y Sevilla.
- Finalmente, en el Monasterio de la Anunciación de las Carmelitas Descalzas en Alba de Tormes, su brazo izquierdo, el corazón y lo que queda de su cuerpo desmembrado.
Impresionante ¿no? Difícil que un cuerpo santo pueda ser más aprovechado por la Iglesia.
Un pecho y otras reliquias del cuerpo de la mártir Santa Águeda se conservan actualmente en nueve relicarios en la Catedral de Catania (Sicilia): además de un seno, se encuentran su cráneo, huesos de la caja torácica, manos, brazos, vísceras, fémures, pies y piernas. La veneración de sus pechos (que ha dado lugar a numerosas especialidades de repostería) se debe a que, alrededor del 230 d.C., el procónsul de Sicilia, Quintianus, mandó cortarle los senos en venganza por no haber podido conseguir sus favores, ya que ella se había consagrado a Dios. Como no podía ser de otra manera, Santa Águeda es la protectora de las mujeres que padecen cáncer de mama y patrona de las enfermeras. Otras partes de su cuerpo se veneran en muchas ciudades italianas y del mundo.
El velo de Verónica. Fue la mujer que en el camino al calvario, tendió a Jesús un velo o paño para que se enjugara el sudor y la sangre. En la tela habría quedado milagrosamente impreso el Santo Rostro. Se lo describe por primera vez en 1137. En la Basílica de San Pedro en Vaticano se mantiene la tradición de que el velo original se encuentra en uno de los pilares que sostienen la cúpula, sobre una estatua colosal de la Santa. Por supuesto hay varias copias distribuidas por el mundo y en España hay uno en el Santuario de Jaén y otro en el de Alicante, a cual más verdadero. También se dice que se conserva en el Santuario del Rostro Santo en el minúsculo pueblo de Manoppello, Italia (https://forosde lavirgen.org/69839/hechos-sobrenaturales-del-padre-pio-en-sus-ultimos-di as-de-vida-14-09-18/).
La mano de María Magdalena. Se dice que se conserva incorrupta y con un agradable perfume en el Monasterio de Simonos Petra, en el Monte Athos en Grecia. (https://www.lagaceta.com.ar/nota/465607/espiritualidad/mano-incorruptible-maria-magda lena-misterio-fe.html).
La Santa Escalera (Scala Santa). Es una escalera de mármol de 28 peldaños ubicada en el Santuario Pontificio de la Escalera Santa, cerca de la Basílica de San Giovanni in Laterano en Roma. Permite acceder al Sancta Sanctorum. Es la mayor reliquia palestina trasladada a Europa. Según la tradición, fue traída en el 326 del Palacio de Pilatos (Pretorio de Jerusalén) por Elena, la madre de Constantino. Esta escalera fue la que subió Jesús para ser presentado al pueblo y juzgado. Cubierta de madera para evitar el desgaste, es subida de rodillas por los fieles, que ascienden mientras rezan y besan las zonas donde placas de cristal dejan al descubierto manchas de la sangre del flagelado Jesús (http://queaprendemoshoy.com/la-veneracion-de-las-reliquias-en-roma/).
La columna donde Jesús fue flagelado (y sus ligaduras y el látigo!) y la piedra-puerta de su sepulcro. En la humilde iglesia de Santa Prassede en Roma, encontramos la columna donde presuntamente fue atado Jesús para ser flagelado (mármol negro con vetas blancas). Es una de las reliquias más antiguas, ya que fue inventada en el siglo III. Su tamaño hace pensar que sea solo un fragmento (https://es.aleteia.org/ 2018/03/24/donde-se-encuentra-la-columna-de-la-flagelacion/). En la época de las Cruzadas se veneraba en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, donde aún queda otro fragmento. También en un altar de Santa Prassede se ve la piedra que cerraba la entrada del sepulcro de Jesús. Y en la iglesia de Santa Maria in Via Lata, se venera el látigo con el que lo azotaron (no es único porque se conocen al menos dos látigos más). Partes de las ligaduras que ataron a Jesús se conservan en El Escorial y en la Catedral de Anaghi, en Italia. Un pelo de la barba de Cristo se encuentra en la Catedral de Murcia.
La columna sobre la que cantó el gallo de las negaciones de San Pedro. Se venera en la iglesia de San Marcello al Corso en Roma, dedicada al Papa Marcello, donde se conservan también otras reliquias de santos.
Y siguiendo con las columnas, en San Pedro en Vaticano, en la cámara inferior de la capilla della Pietà (donde está la bellísima Pietà de Michelangelo Buonarroti), se puede ver la columna en que se apoyó Jesús cuando tenía doce añitos, mientras discutía con los doctores de la Ley.
Las cadenas que ataron a San Pedro se veneran en San Pietro in Vincoli, también en Roma. Pero para no ser menos, faltaba más, un conjunto de cadenas de prisiones de San Pablo se encuentran (junto a su tumba) en la Basílica San Paolo Fuori le Mura.
En el Sancta Sanctorum se dice que se guardan dos botellas de cristal. Una contiene un suspiro de San José, padre de Jesús, que quedó atrapado en la botella de agua en la que acababa de beber y que posteriormente fue recogida por un ángel que la guardó por varios siglos, hasta que la encontraron unos monjes que peregrinaban a Nazareth. Y en la otra, nada menos que un estornudo del Espíritu Santo, que se veneraba en San Frontino, un pueblecito italiano, hasta que se la trasladó a su emplazamiento actual. No me explico cómo pudieron obtenerlo… También aquí se muestra uno de los pelos del asno que llevó en su lomo a Jesús. Ni siquiera este dichoso animal se salva de ser objeto de veneración.
Otras reliquias de la Vida y la Pasión. En la Catedral de Valencia está la toalla con la que Jesús secó los pies de los apóstoles. La Santa Túnica (o manto) de Jesús, que la piadosa tradición supone tejida por su madre, se venera en España, una en Valencia y otra (podía tener dos ¿no?) en la iglesia de Santa María de Arriaga en Valladolid. Pero hay varias más distribuidas por el mundo (todo un guardarropa): una se conserva en la Catedral de Tréveris en Alemania y otra en la Basílica de Saint-Denis d'Argenteuil en Francia. Y ¡no podía faltar!, la Santa Sangre de Cristo se guarda en un frasco de cristal de roca, en la bonita Basílica de la Santa Sangre en la ciudad de Brujas, donde se expone al público todos los sábados y es sacada en procesión cuarenta días después del domingo de resurrección, conocido como el “día más bonito de Brujas” y declarado por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. El origen de esta brillante solemnidad se remonta al siglo XIII, cuando Teodorico de Alsacia, Conde de Flandes, volvió de la segunda cruzada trayendo una reliquia de la sangre de Jesucristo (https:// ich.unesco.org/es/RL/la-procesion-de-la-santa-sangre-de-brujas-00263) Otra gota traída también de las cruzadas, está en la Iglesia de Santiago en Rothenburg, Alemania. Dio lugar a un célebre retablo que allí se admira. La Abadía de Hailes, en Inglaterra, exhibía su muestra en 1270, y los peregrinos bendecían sus rosarios con su contacto. Tan famosa fue que se habla de ella en "Los cuentos de Canterbury". Es una lástima que tiempo después se demostrara que tan preciado elemento no era más que sangre de pato. Pero todas esas sangre son las de la pasión. La que Jesús "sudó" en Getsemaní, cuando fue capturado por los romanos, se conserva en distintos santuarios como paños manchados o tierra impregnada, y en el Monasterio de Sant Pere de Roda (Gerona) se dice que habría una ampolla entera. Y más adelante en la historia, también aparece sangre de Jesús ¡con milagro incluido!: el 22 de diciembre de 1272, en la Catedral de Burgo de Osma (Soria, España), un sacristán intentando espantar un gallo que se había posado en la cabeza de un Cristo de madera, le lanzó una piedra que golpeó al Cristo en la sien abriendo una herida de la que brotó sangre (se conserva el vaso que recogió la sangre y algún eritrocito pegado debe tener).
Siguiendo con la Pasión, en la Basílica de las Naciones o Basílica de Getsemaní, situada en el Monte de los Olivos (Jerusalén) junto al huerto de Getsemaní, se encuentra la roca sobre la que Jesús rezaba cuando lo capturaron, luego de la Última Cena. Varias iglesias en Roma afirman poseer otras piezas de la pasión de Cristo, la vara con la que se le golpeó, la esponja en la que se le dio de beber vinagre (en el Sancta Sanctorum, pero también pretende tenerla la Basílica de San Andrés en Mantua) y el letrero que se colgó en la cruz. Este es el Titulus Crucis (INRI) que está en Santa Croce in Gerusalemme, así como el dedo incrédulo que el apóstol Santo Tomás introdujo en las heridas de Jesús para convencerse de su resurrección. Aunque a Tomás se le anuncia la resurrección de Jesús, se niega a admitirla: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré." Ocho días después, Tomás toca con sus propias manos las heridas y Jesús le recrimina haber necesitado ver para creer. Roma y París afirman tener la famosa lanza que atravesó el costado de Jesús (la lanza de Longino, el soldado romano que la clavó en su costado cuando estaba en la cruz). La tradición dice que José de Arimatea, un seguidor de Jesús, compró la lanza al soldado. Luego de pasamanos varios que se pierden en los vericuetos de la historia, hoy se venera en San Pedro en Vaticano sin la punta que, según afirma el Papa Benedicto XIV, estaría en la Sainte Chapelle de París. Hay otras dos lanzas, una en Cracovia (Polonia) y otra en el museo del Palacio Hofburg (Viena). Esta última, mediante la prueba del C14, fue datada en el siglo VII.
Con respecto a la Última Cena, trece lentejas están en el Sancta Sanctorum de Roma. Habría dos más en Barcelona, en el Museo de Vestigios Insólitos, bajo una campana de vidrio, con una etiqueta que las autentifica. También en el Sancta Sanctorum se guardan una pieza sobrante del pan y el asiento en forma de cama en el que se sentó Jesús durante la cena. Mantel, mesa y platos se conservan hasta hoy. El mantel está en el museo de la Catedral de Santa María de la Asunción en la ciudad de Coria (Extremadura, España) y la mesa, o parte de ella, se conserva y venera en la Basílica de San Giovanni in Laterano (Roma), puesta por encima del altar del Santísimo Sacramento (https://reliquiosamente.com/2015/03/23/la-tabula-magna-lateranensis-2/). Pero también parece que hay otro pedazo de la mesa en la Catedral de Sevilla. En Génova, en el Museo del Tesoro de la Catedral de San Lorenzo, se conserva el plato ("Sacro Catino") que utilizó Jesús para consumir el cordero pascual (https://sites.google.com/site/ricardocob/citas-e-imagenes/-cual-es-el-verdadero/el-sacro-catino-de-genova).
Las treinta monedas de Judas, que se han convertido en unas doscientas (una de ellas está fundida en la campana de la Catedral de Velilla del Ebro), carbón del martirio de San Lorenzo, quemado en una parrilla, una piedra con la que fue lapidado San Esteban, varias decenas de dientes de Santa Apolonia, que fue martirizada arrancándoselos y más de 64 dientes del niño Jesús, son otras tantas reliquias que se veneran en toda Europa. Centenares de otras reliquias son enumeradas en https://fosacomun.wordpress.com/2014/05/07/las-sagradas-reliquias-del-vaticano/. Saber como todo esto ha podido llegar hasta nuestros días es algo que es preferible dejar a las ilustradas palabras de algún experto teólogo.
NOTA: Pido disculpas a los lectores que quieran profundizar en estas búsquedas porque las referencias de la localización de algunas reliquias pueden no ser unívocas. Sucede que me he encontrado que, por ser tantas las iglesias que se disputan su posesión, en la web pueden aparecer en más de un lugar.
En el colmo de la credulidad y la desfachatez, se pide a los creyentes que adoren reliquias que no pueden ver. Tal es el caso de la Catedral Basílica Metropolitana de San Salvador en Oviedo, España. Dentro del conjunto de la Catedral se halla la Cámara Santa, ubicada en la capilla inferior, llamada Cripta de Santa Leocadia, uno de los mayores conjuntos de reliquias de Europa y generador de importantes peregrinajes. Allí se encuentra el Arca Santa, un cofre cerrado, con láminas de plata y bajorrelieves ornamentales que ilustran pasajes bíblicos, que Alfonso VI ordenó construir en 1075 como sustituto a uno anterior fabricado en madera de cedro. Leemos en https://www.elmundo.es/cultura/2023/08/16/64db5ca2fc6c839d228b457a.html:
El Arca Santa, cerrada a cal y canto, llegó a Oviedo tras la invasión persa de Jerusalén del año 614, huyendo de las profanaciones. Según su inscripción, ella atesora reliquias tan valiosas como varias espinas de la corona de Cristo, gotas de su sangre, fragmentos de piedras del sepulcro, una rama de olivo que Jesús portaba en su entrada a la ciudad de Jerusalén el Domingo de Ramos y el paño con el que se cubrió la cara de Cristo tras la crucifixión (considerado por la Iglesia como la segunda reliquia más valiosa de Europa tras la Sábana Santa de Turín). En su interior también se encontrarían -importante el uso del condicional, porque el Arca nunca se ha exhibido abierta- un pedazo de pan de la última cena (además del que está en el Sancta Sanctorum), un jirón de tela de unos 20 centímetros de la túnica de Cristo y un fragmento de madera de la Santa Cruz. También guardaría restos de maná que Yahvé hizo llover en el desierto durante 40 años para salvar del hambre a su pueblo elegido.
Fuera del Arca se conserva una sandalia de San Pedro datada del siglo I (cf. supra), una bolsa de cuero y un segmento de cadena de su presidio. Otro relicario con incrustaciones de coral del siglo XVII, guarda reliquias de la Virgen María: leche de su pecho, mechones de su cabello, parte de sus ropajes y tierra del lugar donde nació. En una de las paredes laterales de la catedral hay un nicho-armario donde se conserva una hidria o tinaja usada para el milagro (agua transformada en vino) en las bodas de Caná. Se abre cada 21 de septiembre, formándose largas filas para beber el agua que contiene. A pesar que el Evangelio de Juan dice que las tinajas de la boda son seis, de piedra y todas iguales, en Europa hay como 20 de diferentes colores, materiales y capacidades, distribuidas en iglesias y monasterios en muchas ciudades: Pisa, Piacenza, Ravena, Nápoles, Venecia, Brindisi, Bolonia, Colonia, Moscú, Angers, Cluny, París, Orléans y varias más.
Además del Sancta Sanctorum y de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, hay otros lugares de la cristiandad donde se acumulan centenas de reliquias, amontonadas por coleccionistas entusiastas. Tal el caso del Monasterio de El Escorial, según nos cuenta Eslava Galán (cf. (2)) y también varias páginas de la web fáciles de encontrar. Allí, el rey Felipe II reunió 7432 reliquias, provenientes sobre todo de Alemania pero también del resto de Europa, guardadas en 507 cajas o relicarios, que adoptan diferentes formas según su contenido, y que se abren varios días al año para su contemplación y devoción (aunque muy pocos son los privilegiados que pueden ver una de las mayores colecciones de reliquias del mundo, como los alumnos del curso Liturgia y monarquía en el Monasterio de El Escorial). Son en su mayoría huesos y vestimentas de 678 santos, catalogados y distribuidos según su importancia: 460 insignes (cráneo, cabeza, corazón, extremidades completas), 255 notables (extremidad incompleta), 1006 menores (falanges), 4168 pequeñas (huesitos del tamaño de una nuez), 12 cuerpos enteros, 144 cabezas enteras, 678 con constancia del nombre. Todas con certificados de origen y documentos que relatan los testimonios sobre cómo y dónde se hallaron. Otro lugar de acumulación es Valencia, donde hay tres armarios en la Catedral, uno en la Capilla de las Reliquias en la Iglesia del Patriarca y uno en el Real Monasterio de la Trinidad, conteniendo centenares de reliquias. Entre ellas (además de las ya nombradas más arriba): el Santo Grial (uno de ellos, cf. supra), un fragmento de la columna donde Cristo fue azotado, una espina de su corona, tierra del Santo Sepulcro, briznas del pesebre donde nació, un pañal y una camisita del Niño Jesús bordada hace dos mil años por la Virgen María, piedras del monte Sinaí chamuscadas por la zarza ardiente, el "verdadero" velo de la Virgen, flechas que mataron a San Sebastián, dos cráneos y otros restos óseos de los Santos Inocentes (los que mandó degollar Herodes) y fragmentos de madera de la Santa Cruz. Y en el ábside de la Catedral, a la vista de todo el mundo, está el antebrazo izquierdo momificado de San Vicente Mártir (cuya túnica se venera en la Abadía de Saint-Germain-des-Prés, en París). Todo parece indicar que la abrumadora cantidad hace olvidar la falsedad, en la misión de enfervorizar la fe de los creyentes.
Algunas reliquias fueron "bajadas de cartel" porque era imposible creer en ellas. Hasta el siglo pasado, un Arzobispo de Mainz presumía de tener en su Catedral dos plumas y un huevo del mismísimo Espíritu Santo cuando se convirtió en paloma, y quien dejara un donativo después de visitar la reliquia tendría perdonados todos sus pecados (ah! bueno!). Otra reliquia desacreditada fue una pluma del Arcángel Gabriel, que supuestamente se le cayó mientras luchaba contra el diablo, que se exhibía en el Monasterio del Escorial hasta principios del siglo XX, cuando desapareció. Pero no fue la única, varias iglesias en Alemania e Italia también han exhibido plumas de este Arcángel y de su compañero Miguel, así como pedazos de sus túnicas. Sin embargo, las dos o tres reliquias más absurdas (el suspiro, el estornudo, el pelo del asno, cf. supra) todavía se mantienen para ser veneradas. Si quieren ver un video divertido e ilustrativo sobre la falsedad de las reliquias, les recomiendo el elaborado por Historias de la Historia que se encuentra en https://www.youtube.com/ watch?v=2abWuZJGddI.
El libro Reliquias de Cristo (en su edición británica "Las reliquias de Jesús: del Santo Grial a la Sábana Santa de Turín", publicado en 2007 por Joe Nickell, investigador principal del Comité de Investigación Escéptica, CSI, (USA) https://www.csicop.org/ author/joenickell), se centra en la tradición cristiana de las reliquias. Allí Nickell reconoce que la veneración de las reliquias se ha convertido en una nueva idolatría, es decir, en la adoración de una deidad transformada en reliquias que mueven sus ojos, lloran y sangran. Explicó que ningún icono de este tipo en la historia ha sido probado como auténtico. En 2008, Prometheus Books publicó el Tratado de las Reliquias de Juan Calvino (1509-1564), uno de los padres de la reforma protestante, con una introducción de Nickell que incluía referencias a su propio libro Reliquias de Cristo y una breve biografía de Calvino. Este reformador fue muy duro con quienes creían en las reliquias, escribiendo: "... las personas que buscan reliquias, ya sea de Jesucristo o de los santos, se volvieron tan ciegos que cualquier origen que se diera a cualquier basura que se les presentara, lo recibieron sin ningún examen o juicio; así, los huesos de un asno o perro, que un vendedor ambulante reconoció como huesos de un mártir, son recibidos con devoción sin ninguna dificultad ... ¡Qué sacrilegio hacer uso del nombre de Jesucristo para inventar tales fábulas absurdas! ! ... ¿Cómo puede alguien creer tales cosas? ... Se puede preguntar, ¿cómo sucedió que estos fabricantes de reliquias, después de haber recolectado y forjado sin ninguna razón todo lo que su imaginación pudiera concebir, pudiesen haber omitido los temas relacionados con el Antiguo Testamento? La única respuesta que puedo dar a esta pregunta es que miraron con desprecio a esos temas, de los cuales no anticiparon ninguna ganancia considerable... Ahora, aquellos que caen en este error deben hacerlo voluntariamente... y de aquí en adelante alegarán ignorancia sobre el tema como excusa".
Hay muchos sitios web donde existen catálogos de reliquias. En varios libros sobre las iglesias de Roma también se encuentran menciones a las reliquias que guardan. Si visitan Roma les recomiendo hacer un "Circuito de las Reliquias" (supongo que en el Vaticano se puede conseguir algún guía en español). Para un pormenorizado recorrido de las reliquias recomiendo ver: http://reliquiasiglesia.blogspot.com/ o también https://es.thehessjourney.com/9600-relics-in-rome. Pero atención, estos circuitos sólo les proponen la décima parte de las reliquias que hay (la lista es interminable, hay más de cien). En la Edad Media, la veneración de las reliquias se había hecho obligatoria y cada iglesia en la cristiandad debía tener una reliquia sagrada. Y muchas las mantienen hasta hoy, aunque pudorosamente escondidas, incluso en el propio Vaticano. Pero otras las exponen a la vista de los incautos creyentes. Es de justicia reconocer que, desde el Concilio Vaticano II, el énfasis en las reliquias ha disminuido notablemente, y muchas fueron relegadas a la categoría de "leyenda pía". Para la historia y detalles de muchas reliquias recomiendo la página web https://reliquiosamente.com/.
Por último los Santos lugares
Pionera en este tema, ya desde el siglo III, fue nuestra conocida Santa Elena. Los resumo en este texto, pero darían para un libro entero. No se pueden considerar reliquias, porque no son objetos, pero también fueron creados para consolidar la fe de los innumerables turistas religiosos que hoy invaden Palestina, en un muy lucrativo negocio de las agencias turísticas y las órdenes religiosas que los regentean. Antes de enumerarlos es preciso recordar que el Jerusalén de la época de Jesús fue totalmente arrasado por los romanos a fines del siglo I, no quedando ni su relieve primitivo, construyéndose sobre los escombros una ciudad nueva. Creo que este hecho desacredita de un plumazo todos los Santos Lugares de Jerusalén, son pura invención. Y es imposible que la madre de Constantino encontrara allí maderas y clavos de la cruz y la corona de espinas. No obstante, la Iglesia ha hecho denodados esfuerzos por reencontrar todo, y hoy ni un solo pasaje evangélico ha quedado sin su venerado escenario. Se lee en la revista Actual (abril-mayo 1998, pp.25-28, Caracas): "Negocio infame montado sobre la credulidad de gentes sencillas por una cuadrilla de mercaderes embusteros que trafican con la ignorancia de la gente simple".
El itinerario del turismo pío es muy completo:
- Nazareth, donde Jesús pasó su infancia según los Evangelios (pero, lamentable detalle, no hay testimonios históricos de la existencia de esta ciudad en la época del niño); la casa-gruta donde se crió Jesús; la casa de María (o lo que queda de ella, porque el resto voló a Loreto(5)), en la que nació y vivio con sus padres, en el nivel inferior de la Basílica de la Anunciación, donde el arcángel Gabriel se le apareció; cerca de ella la Iglesia de San José, donde el carpintero tenía su taller.
- Belén (ciudad de intensísimo turismo pío), donde está la Basílica de la Natividad, construida alrededor del año 324 por Elena, la madre de Constantino. En ella, obviamente, está la gruta de la Natividad donde hoy se venera un Santo Pesebre de mármol. No lejos de la Basílica hay cuatro grutas más: la de la Leche (donde hay leche de la virgen convertida en piedritas blancas, cf.supra), la del Sueño de San José (donde el ángel le aconsejó huir a Egipto), la de los Santos Inocentes (donde los soldados de Herodes degollaron a los niños) y la de la Fuente de la Virgen (donde María bebió antes de salir para Egipto). Cerca de estas grutas, en las afueras de Belén, se veneran los campos donde los pastores apacentaban sus rebaños cuando vieron la estrella, en los que se encuentra la Capilla de los Pastores.
- Sobre el río Jordán los ómnibus repletos de turistas se detienen en dos lugares donde fue bautizado Jesús. ¿Por qué dos? Un lugar está del lado israelí del río y el otro del lado jordano, indicando que el verdadero lugar del bautismo está de este lado.
- Cerca de Jericó está el Monte de las Tentaciones, donde el diablo tentó a Jesús a su salida de los 40 días en el desierto. Allí, al borde del acantilado, en recuerdo de esta estadía de Jesús, los ortodoxos levantaron el Monasterio de la Tentación, uno de los principales destinos del turismo pío de Jericó.
- En Cafarnaum están la sinagoga donde predicó Jesús, las ruinas de la casa del apóstol Pedro y el monte de las bienaventuranzas.
- En Betania se venera el santuario de Lázaro, con su tumba en una iglesia construida en 1953. Cerca de Betania, en Betfagé (Israel), se construyó en 1883 una iglesia sobre la piedra donde se subió Jesús para montar al burro que lo llevó a Jerusalén.
-En Jerusalén está la Iglesia o Basílica del Santo Sepulcro (¡nada menos!), en cuyo interior está la tumba donde Jesús fue enterrado y resucitó, además del Calvario o Gólgota donde fue crucificado. En esta ciudad están también el Cenáculo o Sala de la Ultima Cena, la losa donde las mujeres ungieron con aceite el cadáver de Jesús, el huerto de Getsemaní, una roca sobre la que rezó Jesús, la prisión y el lugar de la flagelación de Jesús, el pilar de Judas (lugar donde el traidor le entregó), el Campo de Sangre donde Judas se habría ahorcado y la Via Dolorosa (pavimento por el que caminó Jesús con la cruz a cuestas hasta el calvario).
- En la zona de Tiberíades, el tour turístico se detiene en los santuarios de la Tempestad Calmada, de la Multiplicación de los Panes y el del nombramiento de Pedro como Primado de la Iglesia (¡con la roca sagrada sobre la que ésta se edificará!).
- Por último, en la localidad de Caná, cerca de Nazareth, se puede visitar el santuario, custodiado por los franciscanos, donde habría estado la casa donde se celebraron las bodas de Caná y Jesús transformó el agua en vino. En el centro de la iglesia se conservan los vestigios de una antigua bodega, con los restos de una vieja tinaja en recuerdo del milagro. Si los visitantes son parejas casadas, pueden participar en una ceremonia preparada expresamente para ellos, en la que renuevan su promesa matrimonial que queda sellada en un pergamino.
Por más referencias y argumentación que les haya presentado, me repito no, esto no puede ser cierto. ¿Hay gente que todavía cree en estas cosas, que las acepta, que las venera, que peregrina, que encuentra en ellas pruebas de la existencia de Jesucristo, de la realidad de Dios? Y bueno, parece que sí. La subestimación del intelecto humano, el aprovechamiento de la credulidad de congéneres lamentablemente incultos (sin ningún ánimo peyorativo), en función de intereses espurios (y económicos!) de las iglesias cristianas, fue siempre el arma poderosa de una oligarquía religiosa aferrada al poder y es aún hoy en día una triste realidad, como lo fue a lo largo de más de 2000 años de mentiras, atrocidades, inventos e hipocresía.
La condenable realidad...
Como vimos, es inconmensurable la cantidad de reliquias que están esparcidas por el mundo. Confieso que al empezar la investigación para este texto yo creía que habría unas quince o veinte reliquias, no esperaba encontrarme con esta profusión. Aquí solo he presentado una muy pequeña parte de ellas. No me cabe duda que las autoridades de la Iglesia católica (Obispos, Arzobispos, Cardenales y hasta el Papa de turno) consideran que gran cantidad de ellas son falsas. No las han autentificado ni lo van a hacer. No encontré ningún texto oficial del Vaticano, reciente, que diga explícitamente que las reliquias son auténticas o, por lo menos, cuales lo son y cuales no. En el caso que la iglesia crea en su autenticidad, sería lastimoso pensar que seres humanos pensantes y, en principio, inteligentes, aceptaran sinceramente y de buena fe que estos disparates son ciertos. Sin embargo, personajes no medievales sino de nuestro tiempo, han creído en el supuesto poder de las reliquias. Así, Adolf Hitler gastó enormes recursos en la búsqueda del santo grial o la lanza sagrada, que tuvo en su poder algún tiempo, y el Generalísimo Franco guardaba el brazo incorrupto de Santa Teresa en la habitación donde dormía.
Pero mucho más condenable, por hipocresía, mentira, desprecio y manipulación de mentes crédulas es que, sabiendo que son falsas, se permita, autorice y hasta fomente la adoración de vulgares maderas, clavos, espinas, piedras, leches, pelos, columnas, suspiros, trapos, prepucios, ombligos, dientes... con el fin de mantener y reforzar la devoción popular y, por supuesto, lograr importantes ingresos en las arcas del Vaticano y de las iglesias locales provenientes de peregrinaciones, donaciones y venta de santerías. El Catecismo de la Iglesia católica del año 1993 dice:
“Además de la liturgia sacramental y de los sacramentales, la catequesis debe tener en cuenta las formas de piedad de los fieles y de religiosidad popular. El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo, su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el vía crucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc.”
Luego resalta aspectos positivos de esta religiosidad popular, adjudicándole gran valor para promover la relación entre lo humano y lo divino. Se lee en Catholic.net: "Sin dejar de avisar sobre peligros, deformaciones o usos indebidos de las reliquias, la doctrina católica considera las partes de los cuerpos de los santos u otros objetos relacionados directamente con ellos, como una ayuda para entrar en contacto con Dios, a través de hombres y mujeres que se dejaron transformar por la gracia y alcanzaron así el don de la salvación en Cristo". Debemos leer entre líneas. Nótese que en ningún momento se dice que esas reliquias son verdaderas. La Iglesia actual se cuida muy bien de ello, prefiere echar un piadoso manto de silencio sobre la gran mayoría de ellas, el conocimiento y la credulidad del Homo sapiens actual ya no son los mismos que durante el medioevo.
NOTA: Al igual que propuse para mi texto El Santo Sudario, recomiendo la lectura de "El fraude de la Sábana Santa y las reliquias de Cristo", Ed. Planeta, 2010, de Juan Eslava Galán, Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, España. Allí encontrarán la descripción de muchas otras reliquias, anécdotas relativas a ellas, y una lista detallada de los Santos lugares venerados hoy.
(1) Basado en el libro Holy Horrors de James A. Haught (Prometheus Books, 2002).
(2) Una muy divertida clasificación y descripción de las reliquias hace Juan Eslava Galán en su libro La madre del cordero (Ed. Planeta, Barcelona, 2017): Las reliquias se dividen en tres categorías según su grado de santidad: 1, porciones de cadáver santo o el santo entero momificados; 2, parte de su ropa u objetos que tuvieron contacto con él, incluso los instrumentos que lo torturaron y 3, objetos que tocaron una reliquia de primer grado o la tumba de un santo. Las reliquias orgánicas se clasifican en divinas y terrenales. Las divinas pueden ser hematológicas (ej. sangre de la Pasión), odontológicas (ej. dientes saltados durante la tortura), capilares y cárnicas (ej. el prepucio de Jesús). Las terrenales son de cuatro grandes tipos: animales (la esponja en que Jesús bebió hiel y vinagre), vegetales (maderas de la cruz, espinas de la corona, el asta de la lanza de Longinos, sábanas santas, sudarios, vendas), metálicas (clavos de la cruz, hierros de lanzas, grilletes) y pétreas (piedras pisadas por Jesús, el Santo Sepulcro y muchísimas otras).
(3) El Sancta Sanctorum ("Lugares Santos de los Santos") ocupa una especie de capilla en la parte superior de la Scala Santa, en el Santuario Pontificio de la Escalera Santa, cerca de la Basílica de San Giovanni in Laterano en Roma, pero bajo plena y exclusiva jurisdicción del Vaticano. La denominación se acuñó a partir del siglo XII, en referencia a la desmesurada cantidad e importancia de las reliquias conservadas en ese lugar. El concepto se basa en un texto bíblico que lo describe como el santuario interior más privado del Tabernáculo y, posteriormente, como el recinto más reservado del Templo de Jerusalén, donde era preservada el Arca de la Alianza que contenía los Diez Mandamientos dictados a Moisés.
(4) Como en muchos otros casos, es muy difícil saber, con la documentación disponible hoy, cual fue realmente la sucesión de hechos históricos en el devenir de esta y otras reliquias. En las distintas fuentes de información consultadas (libros y por supuesto la web), se encuentran versiones diferentes y algunas casi contradictorias, por lo que aquí describo no pretende ser una verdad incuestionable.
(5) La casa donde nació la Virgen María, según la tradición, llegó a Italia volando desde Nazareth, pero haciendo antes algunas etapas. En mayo de 1291, los cruzados fueron expulsados de Palestina. Por miedo que fuera destruida, la casa fue levantada y llevada por los ángeles volando hasta Tersato, en la actual Croacia. Pero era un sitio peligroso y los ángeles consideraron que ese no era el lugar más idóneo para la casa. La volvieron a levantar y, atravesando el Mar Adriático, la depositaron cerca de la costa en la región italiana de Las Marcas. Luego de un tiempo, los ángeles se dieron cuenta que tampoco estaba bien allí: demasiado cerca del mar, muy expuesta a las invasiones turcas. Entonces, la casa fue de nuevo desplazada y depositada en un terreno también impropio por un tema de codicia humana (los ángeles deberían inspeccionar mejor los lugares antes de hacer semejantes traslados). El siguiente y definitivo traslado se realizó en diciembre de 1294: la casa fue llevada hasta un cerro cubierto de laureles, un lauredal (en italiano ‘laureto’). Un viaje de 3 años y 7 meses y por vía aérea. En ese lugar se levantó uno de los santuarios más famosos de la cristiandad, el de la Virgen de Loreto (patrona de los aviadores, por razones obvias). En su interior está la pequeña casita, con sólo tres paredes, porque la cuarta era parte de una roca (una gruta) a la que estaba presumiblemente adosada y que es visible en la Iglesia de la Anunciación en Nazareth (resumido de https://reliquiosamente.com/2014/03/07/una-casa-que-vuela/).
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Ver: "Niños sin Dios"
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"Los seres humanos nunca hacen el mal de manera tan completa y feliz como cuando lo hacen por una convicción religiosa"
Blaise Pascal










