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lunes, 16 de septiembre de 2019

Ateísmo Positivo (Colaboración)




Nota Inicial:
La presente publicación fue escrita y elaborada por un colaborador y amable lector de este Blog. Este artículo NO fue escrito por el habitual escritor y responsable de este sitio Noé Molina. (*)

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Ateísmo Positivo 


Las religiones confirman cosas categóricamente; es decir, atienden más a sus doctrinas, teorías y dogmas abstractos que a la propia realidad como el elemento indispensable para poder vivir en ella. El ateísmo en general niega todas esas cosas. Algunos llegan a decir que las religiones son positivas y el ateísmo negativo. Sin embargo, él no se define por valores propios pero sí mas por las negaciones de “esos valores religiosos”. Para que el ateísmo sea positivo, afirmativo, es necesario demostrar que hay ventajas contundentes en no tener unos dioses o determinadas creencias religiosas que no sirven para nada, pues la lógica es que si hubiese un determinado Dios, el mundo no podría ser tal como lo conocemos. A modo general, la escogida cierta sería aquella que nos hiciera feliz, o por lo menos nos ayudaría a enfrentar a la vida. Una determinada religión puede no tener ninguna base sólida, pero al adoptarla se justifica si sus efectos en nuestras vidas son positivos. Según los conceptos predicados por las religiones dentro de sus dogmas, ellas dicen traernos esperanzas, nos quieren convences de que hay justicia en este mundo y en el universo, por lo que un día, vas a saber cuándo, pero seguro después de la muerte, seremos recompensados por el bien que hagamos o punidos por el mal que hicimos. La muerte no es por cierto el fin, apenas el paso para una vida eterna y mejor... 

Por otro lado, las religiones nos traen el miedo de la punición, lo desconocido, la culpa por haber hecho o dejado de hacer alguna cosa que en verdad no perjudica ni beneficia a nadie. Con eso ellas nos llevan a ser humillados y nos auto desvalorizan delante de un determinado y supuesto Dios. Exigen que paguemos por supuestos pecados con penitencias que en nada enriquecen a las propias personas o comunidades en que se habiten. Generan intolerancias y rechazan a aquellos otros que poseen otra fe; condenando las actitudes de aquellos otros solamente porque contradicen lo que está en los denominados “libros sagrados”, etc. Cabe preguntar: ¿hasta qué punto sería necesario atenernos a lo que está escrito en esos libros sin llegar a ser un fundamentalista? 

En todas religiones los doctrinales suelen ser confusos y hay muchas maneras de interpretaciones, si no fuese así, entonces no habría sacerdotes ni acólitos para practicarlos y enseñarlos. ¿Es loable y misterioso ser virtuoso de una religión simplemente por miedo al infierno, pecados y culpas que en el fondo no lo son? Entre tantísimas religiones cual sería la verdadera, obviamente si hubiese un Dios...? La fe se propone llevar a los creyentes a actuar sin que éstos puedan hacer el normal uso supremo del pensamiento; ellos están pro-gramados solamente para seguir los dogmas establecidos sin discutir su sí o no cualidades. Es pues una ley natural de que tengamos la necesidad del concepto RAZÓN y de DUDAS constantes para eliminar nuestros propios errores, para cuestionarnos constantemente nuestras propias decisiones. 

Aunque digan de nosotros todo lo contrario, los ateos no siguen ningún dogma. Procuran pensar con los propios cinco sentidos y dentro de una lógica y hacer lo que pudiera parecer mas acertado. Eso porque es cierto y no porque “esté escrito” en los “sagrados libros”; ni tampoco porque se espere una gran recompensa en la supuesta otra vida o se le tenga miedo al denominado infierno. Es cierto, los libres pensadores tienen defectos como todos los seres humanos, pero son libres para ser mas tolerantes en relación sobre lo que los otros puedan pensar, pues creen que la opinión propia es el derecho de cada uno. Ellos no tienen una determinada religión que les digan o obliguen, a priori, ser justificativos de lo que deben aceptar o no. No tienen ningún motivo, además de posibles razonamientos personales, para discriminar mujeres, homosexuales, negros y otros conceptos racistas o xenófobos, que sí pudieran tener alguna de las sectas o religiones oficiales. Pueden dedicarse más y mejor a mejorar este mundo, aunque sea con el don de la palabra escrita, pues es el único que ellos conocen, en lugar de estar a la espera de que llegue la hora de ir para los etéreos cielos, cosa que por otro lado ningún creyente quiere morirse... Es habitual que por algún motivo o circunstancia de que hubiesen salido de algún percance decir “gracias a Dios”. El ateo, al contrario del teísta, tampoco tiene el conformismo de aceptar que “las cosas son así mismas”, normalmente “por ser la voluntad de Dios”. No desperdician la vida con oraciones y toda clase de manifiestos impositivos e improductivos desde la cuna, mu-chos de ellos encerrados en conventos o los habituales engañando al prójimo directo o indirectamente. Y no entramos en la cuestión riquezas que vienen acumulando desde que la religión pudiera ser inventada allá, posiblemente por la edad de las cavernas y su expansionismo en la edad del cobre. 


En concreto, los ateos no se ven como unos juguetes en la eterna lucha entre ese imaginario Dios y su homologo el Diablo, por “salvar sus almas”; ellos son los únicos responsables de sus actos. De esta manera tienen todas las culpas por sus hechos erróneos y todos los méritos por los aciertos.

Las religiones ofrecen respuestas a todas las dudas y reglas de conductas para cualquier ocasión, pero no dan soluciones. Los ateos tienen que pensar con la propia cabeza y sacar sus propias conclusiones; es lo que les ayuda a reflexionar mejor y más profundamente antes de decidir. Respuestas simplistas llenan las mentes simplistas; pero aquí es obvio, muchos prefieren la seguridad de un dogma a lo incierto de una busca por respuesta. Por esto no se debe tentar “desconvertir” a las personas creyentes. Cuando, y si ellas estuviesen preparadas, entonces irán a buscar las respuestas fuera de su religión. 

Cabría destacar que personas muy devotamente religiosas que prefieren ignorar los mandamientos de sus “sagrados libros”, pues les parecen excesivos o crueles, están actuando como ateos. Eso y precisamente pensando con sus propias cabezas, y no lo que les digan sus sacerdotes, siguiendo sus propios razonamientos, aún así muchas veces ni llegan a darse cuenta de esos hechos. 

Mientras tanto los ateos deben ser como “policías”, para no repetir los errores de esas mismas religiones. Deben respetar las opiniones de todos los creyentes, por más absurdas y obstinadas que puedan parecerles. Ellos, los ateístas, interesados en exponer y defender sus posiciones, destacaran los aspectos positivos del libre pensador, como la libertad de poder escoger y la racionalidad, evitando atacar los aspectos negativos de esta o aquella otra religión, o el de dudar de la inteligencia del interlocutor. 

Sí, es posible ser un ateo militante. Puede hasta ser necesario, como forma de defender su libertad de expresión en un mundo amenazado por el fundamentalismo que predomina en la actualidad, como en el pasado dominaron otros. Pero es necesario tener en cuenta que una postura agresiva solo reforzará los estereotipos de aquel “ateo revoltoso y provocativo”, o del “ateo sin moral y sin limites”. Exponer los motivos simples y comprensibles de la razón, no siempre hacen los efectos deseados. Conviene comenzar confundiendo a los creyentes, siendo lo opuesto a aquello que ellos esperan de nosotros. Seamos honestos, prestativos y respetuosos con sus leyes y dogmas.       
   
Poco a poco, y con cuidado para evitar el rechazo; procuremos despertar en los propios religiosos, aunque eso será un imposible, pues va en contra de sus muchos intereses a perder, lo mejor es ir directamente a sus creyentes, inculcando en sus conciencias de que sus “verdades” no son las únicas. Que es posible ser felices, íntegros y decentes sin un determinado Dios. Que las creencias en los dioses no hacen de la Humanidad un lugar mejor, todo lo contrario. Aún más, como no es un negocio, sin el indirecto o directo diezmo, ese que llevan a todas las religiones a ser unas sucursales de banqueros y capitalistas.

No es nada fácil, pero tampoco imposible el desconvertir a una persona de fuera para dentro, aunque sí podemos hacer que ella sea mas tolerante. Hacerle entender que hay otros modos de pensar igualmente aceptables. Que las creencias de ellos no son un concepto obvio y que nadie se vuelve un pervertido condenado a los infiernos por no adoptar una determinada religión o secta. Hacerles entender que no es posible “renegar” de un Dios en el que no se ve ni se cree por no haber existido jamás.     
    


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(*) Nota Final:

El autor de esta publicación es "Zerimar Ilosit", fiel seguidor y colaborador de este Blog; quien amablemente me solicitó el compartir este artículo con el resto de los lectores; y al no estar en contra de la filosofía del Blog, es un honor para mí el poder publicarlo.



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"Yo no creo en nada. Para mí la fe es algo tan odioso como lo es pecado para los creyentes. El que sabe, no puede creer. El que cree, no puede saber. El término "fe ciega" es una redundancia, pues la fe es siempre ciega"

Ernest Bornemann






jueves, 12 de septiembre de 2019

Jerarcas homosexuales en el Vaticano (Actualidad y Noticias)





Jerarcas homosexuales en el Vaticano 


El libro Sodoma poder y escándalo en el Vaticano, explica cómo viven los obispos y sacerdotes que no son heterosexuales.

Lunes, 26 de agosto de 2019 | Edición impresa
Por Frank Bruni - New York Times. 2019

Asombrado ante el misterioso santuario que explora su nuevo libro, el periodista francés Frédéric Martel escribe que “ni el distrito Castro de San Francisco tiene tantos homosexuales”.

Se refiere al Vaticano. Y así deja caer una bomba.

El libro se publicó con el título Sodoma, poder y escándalo en el Vaticano, en Europa occidental, y como In the Closet of the Vatican en Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá.

En él se afirma que aproximadamente el 80 por ciento de los miembros del clero católico romano que trabaja en el Vaticano, cerca del papa, son homosexuales. El libro sostiene que a mayor homofobia explícita de un funcionario del Vaticano, hay mayores probabilidades de que pertenezca a ese grupo y que, mientras más se escale en la cadena de mando, más homosexuales se encontrarán. Y que no todos son célibes. Ni por asomo.

Se supone que debería celebrarlo, ¿cierto? Yo soy un hombre abiertamente homosexual. Y en ocasiones soy crítico de la Iglesia. Albricias por la exposición de la hipocresía en puestos importantes y la afirmación de que algunos de nuestros verdugos tuvieron razones retorcidas. Gracias al cielo por el desafío a su autoridad moral. Que venga la luz. Que salga a relucir la verdad.

No obstante, me siento intranquilo e incluso un tanto asustado. Cualquiera que haya sido la intención de Martel, In the Closet of the Vatican podría no ser un juicio constructivo, sino una acumulación de municiones para los católicos de la derecha militante que están ansiosos de iniciar una cacería de brujas de sacerdotes homosexuales, muchos de los cuales son servidores ejemplares (y castos) de la Iglesia. Esos mismos católicos se oponen a hacer las reformas necesarias y citan las revelaciones del libro como prueba de que la Iglesia ya es demasiado permisiva y ha perdido tanto el camino como la dignidad.

Aunque él mismo es abiertamente homosexual, Martel sensacionaliza la homosexualidad al dedicar su investigación a los funcionarios católicos que han sostenido relaciones sexuales con hombres, no a quienes las han tenido con mujeres. La promesa del celibato que hacen los sacerdotes incluye parejas de cualquier sexo y la norma de las enseñanzas católicas que esta práctica quebranta no es solo la del sexo homosexual, sino la del sexo fuera del matrimonio. En ese contexto, el enfoque de Martel en la homosexualidad se concentra en la idea de que es especialmente inquietante y que despierta morbo.


Su tono no ayuda. Escribe: “El mundo que estoy descubriendo, con sus cincuenta sombras de homosexualidad, va más allá del entendimiento”. Para algunos lectores podría parecer “un cuento de hadas”. Desafía el conocimiento popular de que el papa Francisco, quien tiene detractores a su entorno, está “en la boca del lobo”; aclara: “No es del todo cierto: está entre las locas”. Tal vez se escuche mejor en la versión francesa, pero este lenguaje es profundamente bobo y sumamente ofensivo.

Las fuentes de la mayoría de la información de In the Closet of the Vatican son vagas y otros expertos en el Vaticano me dijeron que la cifra del 80 por ciento no es fidedigna ni creíble.


“No se trata de una acusación basada en la ciencia, sino en la ideología”, comentó el reverendo Thomas Reese, columnista de The National Catholic Reporter, quien visita el Vaticano con frecuencia y ha escrito muchos libros acerca de la jerarquía católica romana. “Uno de los problemas es que los obispos católicos nunca han permitido que haya ninguna clase se investigación sobre el tema. No quieren saber cuántos sacerdotes homosexuales hay”. Estudios independientes consideran que el porcentaje de homosexuales entre los sacerdotes católicos en Estados Unidos está entre el 15 y el 60 por ciento.

En una entrevista telefónica, Martel señaló que el 80 por ciento no es un cálculo suyo, sino de un exsacerdote del Vaticano cuyo nombre cita en el libro. Sin embargo, presenta esa cita sin el escepticismo suficiente y escribe, con sus propias palabras: “Es una gran mayoría”.


El autor asegura que In the Closet of the Vatican recoge la información de aproximadamente 1.500 entrevistas realizadas a lo largo de cuatro años y las colaboraciones de los registros de investigadores y otros asistentes. Yo cubrí los acontecimientos del Vaticano para el Times durante casi dos años y el libro tiene tal cantidad de detalles que resulta persuasivo. Sin duda se hablará mucho al respecto y se discutirá acaloradamente.

El libro retrata distintas subculturas sexuales, incluyendo encuentros clandestinos entre funcionarios del Vaticano y jóvenes musulmanes heterosexuales que trabajan prostituyéndose. Cita nombres y, aunque muchos pertenecen a funcionarios del Vaticano y otros sacerdotes que ya fallecieron o cuya identidad sexual ya ha estado bajo el escrutinio público, Martel también dedica su energía a la sugerencia de que el predecesor de Francisco, el papa Benedicto XVI, es homosexual.


Quizá la descripción más gráfica de la doble vida que muestra la mirada de Martel es la del cardenal Alfonso López Trujillo, de Colombia, quien falleció hace poco más de una década. De acuerdo con el libro, acechó las filas de los seminaristas y sacerdotes jóvenes en busca de hombres a quienes seducir y contrataba, de forma rutinaria, hombres dedicados a la prostitución, a quienes con frecuencia golpeaba después de sostener relaciones sexuales. Al mismo tiempo promovía las enseñanzas de la Iglesia que afirman que todos los hombres homosexuales están “trastornados” y aceptaba la expulsión de los sacerdotes que se creía que tenían “marcadas tendencias homosexuales”, ya fuera que las ejercieran o no.

El libro no equipara a la homosexualidad con la pedofilia y de hecho afirma, de manera distinta y relevante, que la cultura de sigilo de la Iglesia (una cultura creada en parte por la necesidad de los sacerdotes homosexuales de ocultar su identidad) trabaja en contra de la exposición de los acosadores sexuales que son culpables de cometer un delito.


Como me lo dijo David Clohessy, quien desde hace tiempo es defensor de los sobrevivientes de abusos sexuales llevados a cabo por sacerdotes: “Muchos de ellos tienen un gran elemento disuasorio para reportar los delitos sexuales de sus colegas. Saben que son vulnerables a que se les excluya. Es el celibato y la jerarquía secreta, rígida y antiquísima de puros hombres lo que contribuye al encubrimiento”. El abuso no tiene orientación sexual, un hecho que ha sido evidente en muchos casos de sacerdotes que han tenido relaciones sexuales con niñas y mujeres adultas, incluyendo monjas, cuya victimización ha sido reconocida públicamente por el papa Francisco por primera vez este mes.

No obstante, se trata de una sutileza fundamental que se pierde muy fácilmente en la densidad de los signos de exclamación del libro de Martel. Y habrá mucha más gente que lea los encabezados atrevidos acerca del libro que el libro en sí. Es probable que se queden con la siguiente idea: los sacerdotes católicos están trastornados y los homosexuales son agentes del engaño, reunidos en sociedades excéntricas con rituales extraños.


Le pregunté a Martel cuál era su objetivo. Respondió: “Soy periodista. Mi objetivo es escribir historias. No soy católico. No tengo sed de venganza. No me preocupa que la Iglesia sea mejor o peor”.

Le pregunté si le preocupaba que los homófobos usaran el libro como un arma. Si hacen la lectura correcta, respondió, se darán cuenta de que erradicar a los homosexuales significaría deshacerse de algunos de los héroes de la Iglesia, quienes vituperan en contra de la homosexualidad como una forma de negar o camuflar su verdadera identidad. Los cardenales que aceptan a los homosexuales, dijo, son aquellos que probablemente son heterosexuales.


Haciendo a un lado todo lo demás, el libro es evidencia de la enorme tensión entre una Iglesia que con frecuencia denigra y margina a los homosexuales y un sacerdocio lleno de ellos. “Este hecho se mantiene presente como una gran paradoja insostenible”, escribió Andrew Sullivan, quien es católico y homosexual, en un extraordinario relato para New York Magazine el mes pasado. En él explica por qué hubo tantos homosexuales en el sacerdocio, en especial hace unas décadas: no se sentían a salvo en una sociedad que los relegaba. El sentirse marginados los hizo inclinarse hacia la espiritualidad y hacia el deseo de ayudar a otros necesitados.

No estaban ideando una estratagema elaborada ni buscando el equivalente clerical de un sauna. Buscaban sobrevivir psicológica y emocionalmente. Muchos de ellos siguen intentándolo y me temo que In the Closet of the Vatican no será de mucha ayuda.



Fuente:
https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=jerarcas-homosexuales-en-el-vaticano

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  Ver: “Spotlight”: La Película que denuncia pederastia Católica (Análisis y Noticia)


Ver:"Spotlight" (que acusa a Sacerdotes Pedófilos) gana Oscar a mejor Película

Ver:
Frases Célebres Católicas en apoyo a la Pedofilia y al abuso sexual de Niños




Ver: 
Ver Articulo: Países con más Ateos


Ver Sección: Actualidad y Noticias

Ver: La Farsa del Juicio Final.

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“En los 70, la pedofilia se entendía como algo completamente en conformidad con el hombre e incluso con los niños”

Joseph Ratzinger, 

aka Benedicto XVI





lunes, 9 de septiembre de 2019

Baja de fieles histórica: Iglesia católica en el suelo con un 76% de rechazo (Actualidad y Noticias)




Baja de fieles histórica: Iglesia católica en el suelo con un 76% de rechazo


Los resultados de la última encuesta de Plaza Pública demostraron además que hay sólo un 46% de creyentes.

Por Fresia Ramírez
 Lunes 06 de agosto de 2018, a las 09:02

La última encuesta Plaza Pública Cadem mostró que la iglesia católica tiene un rechazo del 76%, mientras que la aprobación llega sólo al 19%. Es la peor percepción que registra desde que comenzó esta serie, en septiembre de 2105.

A lo anterior, se suma el hecho de que la semana pasada, período de la encuesta, sólo el 46% de los chilenos declaró que pertenece o profesa la religión católica, su registro histórico más bajo.



MÁS ATEOS

Según Plaza Pública Cadem, este cambio significativo entre los católicos provocó un aumento significativo entre los “ateos/ninguna” que alcanza un 33%, 8 puntos más que en enero de este año cuando el Papa Francisco visitaba Chile.

En línea con lo anterior, todos los atributos vinculados a la Iglesia tienen una mayor evaluación negativa que positiva. Así, un 83% considera que la Iglesia no es honesta ni transparente, un 73% que no es humilde, un 67% que es poco cercana, un 66% que no se adapta a los nuevos tiempos, un 60% que trabaja poco en terreno, un 58% que no conoce ni se preocupa por las necesidades de las personas, y un 53% que no es solidaria.



PROTECCIÓN A CURAS PEDERASTAS

Asimismo, un 96% cree que la iglesia oculta o protege a los sacerdotes acusados y un 39% considera que los casos de abusos sexuales afectan a la mayoría de los curas.

En relación al Papa Francisco, un 56% tiene una imagen muy positiva o positiva de él, 4 puntos menos que en enero. Respecto a los representantes de la iglesia en el país, el mejor evaluado es el enviado papal Charles Scicluna, con un 56% de conocimiento y un 71% de imagen positiva. Le siguen Jordi Bertomeu (69%) y Felipe Berrios (64%).

El resto de los actores tiene una imagen mucho más negativa que positiva y en general presentan caídas significativas en sus evaluaciones en comparación a las que presentaban en el 2015.

Así, un 37% tiene una imagen positiva del nuncio Ivo Scapolo mientras que un 45% tiene una imagen negativa. Le siguen, Santiago Silva (28% vs. 53%), Fernando Chomali (25% y -20pts), Francisco Javier Errázuriz (24% y -18pts), Alejandro Goic (19% y -26pts), Ricardo Ezzati (14% y -20pts) y Juan Barros (5% y -15pts).


Fuente:
https://www.publimetro.cl/cl/noticias/2018/08/06/iglesia-catolica-baja-historica.html

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Ver: 
Ver Articulo: Países con más Ateos

Ver Sección: Actualidad y Noticias



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"Un mito es una religión en la que ya nadie cree"

James Feibleman