Buscar este blog

lunes, 19 de agosto de 2019

España, cada vez menos religiosa: ya hay más Ateos que Católicos (Actualidad y Noticias)




España, cada vez menos religiosa: ya hay más Ateos que Católicos


La población española es cada vez menos católica, y el CIS lo confirma: un 29% de los españoles ya no creen

Redacción CN
SOCIEDAD 02 agosto, 2019

Que España está en retroceso en cuanto a su religiosidad no sorprende a nadie. Las iglesias, que hace dos generaciones estaban llenas cada domingo, ahora solo son meros escaparates turísticos o fetiches para los amantes de la arquitectura. Los jóvenes ya nunca van a los templos de Cristo, solo en bautizos, comuniones o bodas. Pero, incluso, hace apenas 20 años era muy difícil conocer a alguien no bautizado: ahora es muy, muy normal.

Quizá pensabas que la pérdida de religiosidad era solo tu impresión. Pero no, los datos del CIS lo confirman, ya hay más personas ateas o no creyentes que católicos practicantes. En concreto, un 22,7% de la población es cristiana y va a misa, mientras que un 29% es agnóstico, ateo o no creyente. Sin embargo, el grueso poblacional todavía sigue siendo católico (aunque no practicante, vamos que no pisa una iglesia en años), con un 44,7%.


España, además, es el país europeo con una mayor caída en número de feligreses, según los datos del centro de estudios Pew Research Center. Según El País, esta caída se debe a que, como Franco asimiló nacionalismo a identidad religiosa en España, todos sentían la religión como algo propio e inherente, nadie lo ponía en duda. Sin embargo, con la secularización que vino en la transición, la gente empezó a replantearse esta imposición y a identificarse con otras corrientes no-creyentes.

Un proceso inversamente proporcional a los países comunistas, en los que estaba perseguido el catolicismo y que, tras la caída del telón de acero y la Unión Soviética, empezó a subir como la espuma el número de personas que públicamente manifestaban su religión y la compartían con sus allegados (en Ucrania, Bielorrusia y Letonia, por ejemplo, la cristiandad subió un 10%, al contrario en España que desde los 80 ha bajado más de un 30%).

Aunque España haya perdido religiosidad, “todavía es mayor que en otros países del occidente europeo, como Suecia, Dinamarca, Bélgica, Países Bajos, Reino Unido, Francia o Alemania”, añade El País.


El CIS, además, añade que solo el 2,3% se considera de otra religión diferente a la católica. Un dato que demuestra que los argumentos de la ultraderecha y los partidos xenófobos que hablan en tonos alarmistas de “invasiones musulmanas”, “conquistas culturales” o “pérdida de la identidad española y católica” por la inmigración no son más que bulos sin fundamento estadístico. En resumen, “casi tres de cada diez ciudadanos no quieren saber nada de la Iglesia católica”, asegura eldiario.es.

Esto, según el medio digital, debería despertar un debate: la relación del Estado con la Iglesia. “Se da una situación de privilegio para la estructura católica, consagrada en los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979 que aseguran, entre otras cosas, un flujo económico ininterrumpido desde las arcas públicas a la Conferencia Episcopal Española. De hecho, la Iglesia católica utiliza la mayoría de los casi 270 millones de euros que le llegan por el IRPF a mantener su estructura eclesial: sueldos de sacerdotes y obispos además de cuotas a la Seguridad Social (una pequeña parte va a Cáritas y al canal de televisión Trece)”.

Es decir, ¿debería seguir recibiendo tanto dinero del Estado un ente con el que una parte importante de la sociedad no se siente para nada identificada y representada? El artículo apunta a que toca revivir este debate, ya que la posición actual de la Iglesia solo se puede describir como privilegiada.

Por último, los datos aportan algunas curiosidades: Cataluña es la comunidad menos católica. Tiene solo un 10% de católicos practicantes (por lo tanto, el 90% de personas no va a misa) y un 43% de agnósticos, ateos o no creyentes. Si a los católicos se suman los no-practicantes superarían por poco la cifra, con un 51%. Es decir, en Cataluña solo la mitad de personas se consideran cristianas, a pesar de que todas pagan dinero a la Iglesia.

Por detrás de Cataluña está Euskadi, que le sigue los talones en nivel de ateísmo y agnosticismo. Por detrás, la Comunidad Valenciana y Madrid. En definitiva, las comunidades con algunos de los mayores núcleos urbanos del país son las menos creyentes.


Por el lado contrario, la comunidad más católica es La Rioja, con el 90% que aseguran profesar la fe. Le siguen de cerca Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura y Andalucía, que junto a La Rioja son las más creyentes.

Finalmente, destaca el caso de Ceuta y Melilla, las ciudades autónomas del norte de África que tienen un porcentaje de adhesión a otra religión casi tan alto como el de la cristiana. Por ejemplo, Melilla tiene el mismo porcentaje de “otras religiones” como de católicos no practicantes. Unos números que reflejan el peso demográfico de las comunidades musulmanas en la ciudad.



Fuente:
https://www.codigonuevo.com/sociedad/espana-diez-misa-numero-ateos

_________________


Ver: 
Ver Articulo: Países con más Ateos

Ver Sección: Actualidad y Noticias



                                 ARTICULOS RELACIONADOS

.


"Un mito es una religión en la que ya nadie cree"

James Feibleman 





lunes, 12 de agosto de 2019

¿Qué tienen en común los nueve primeros viernes de mes, las indulgencias y el sacramento de la extremaunción? (Colaboración)




Nota Inicial:
La presente publicación fue escrita y elaborada por un colaborador y amable lector de este Blog. Este artículo NO fue escrito por el habitual escritor y responsable de este sitio Noé Molina. (*)

___________________


¿Qué tienen en común los nueve primeros viernes de mes, las indulgencias y el sacramento de la extremaunción?


Analicemos primero cada uno de estos actos por separado. El lector se dará cuenta de la similitud en sus objetivos y de lo que tienen en común.


Los nueve primeros viernes de mes, o cómo ganar el cielo en 9 meses

Esta cláusula de la doctrina católica consiste en comulgar el primer viernes de cada mes durante nueve meses seguidos. Si por alguna causa no se pudo comulgar un primer viernes, se debe empezar otra vez la serie. Y además, si uno comulgase en "pecado mortal" haría una injuria al sagrado Corazón de Jesús, cometería un grave sacrilegio y no alcanzaría la gracia prometida por Dios. En mi juventud de creyente católico lo hice, pero me llevó casi tres años.

La devoción está dedicada al Sagrado Corazón de Jesús. Mientras algunos santos hacen referencia al Corazón de Jesús en sus escritos ya en siglos anteriores, en 1675 una monja francesa visitadina (de la Visitación) llamada Margarita María Alacoque tuvo visiones de Jesús, quien le pidió que la Iglesia honrara Su Sagrado Corazón. Le dijo algo así (Catecismo: puntos 478 y 2669):

"Por el exceso de misericordia que hay en mi corazón, te prometo que todo mi poderoso amor concederá a todos aquellos que reciban la comunión en los Primeros Viernes, por nueve meses consecutivos, la gracia del arrepentimiento final: no morirán en mi disgusto, tampoco morirán sin recibir los sacramentos; y mi corazón será su seguro refugio en la última hora".

Después de la muerte de Margarita María, la práctica de los primeros viernes se esparció continuamente - endosada por papas y promovida por los santos – pero su popularidad se incrementó grandemente cuando Margarita María fue canonizada como santa en 1920 por el Papa Benedicto XV. Esta forma de devoción fue reconocida por el Papa Pío XI en su " Miserentissimus Redemptor": "la piadosa devoción hacia el Sagrado Corazón de Jesús y  la costumbre de recibir la Sagrada Comunión en el primer Viernes de cada mes, tal como lo desea nuestro Señor Jesucristo, es una costumbre que ahora prevalece en todos los lugares de la tierra".


¿Qué promete Jesús a los que comulguen los nueve primeros viernes? Les promete que morirán en gracia y no en pecado, que no morirán sin recibir los Sacramentos, que no se condenarán sino que se salvarán. El detalle de las doce promesas del Sagrado Corazón es el siguiente:

1. Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.
2. Les daré paz a sus familias.
3. Las consolaré en todas sus penas.
4. Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte.
5. Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.
6. Los pecadores encontrarán en mi Corazón un océano de misericordia.
7. Las almas tibias se volverán fervorosas.
8. Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección.
9. Bendeciré las casas donde mi imagen sea expuesta y venerada.
10. Otorgaré a aquellos que se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos.
11. Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.
12. Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: no morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento.

¿Cuales son las condiciones para ganar estas gracias? 1. Recibir la Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción (obviamente, sin estar en pecado mortal, por ejemplo, por faltar a la misa dominical). Se sugiere confesión con intención de reparar las ofensas al Sagrado Corazón. 2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final. 3. Ofrecer cada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.


Las indulgencias parciales y plenarias

El concepto de indulgencia se define como la actitud o tendencia de una persona para perdonar las ofensas, o castigarlas con benevolencia, y para juzgar sin severidad los errores de los demás. En el caso de las indulgencias concedidas por la Iglesia católica, significan el perdón y la supresión de la pena temporal debida por los pecados, a los fieles que cumplan ciertas condiciones. En la teología cristiana ellas están relacionadas con los conceptos de pecado, penitencia, remisión y purgatorio. De acuerdo con el Catecismo una indulgencia es “la remisión ante Dios de la pena temporal correspondiente a pecados que han sido perdonados. Un miembro de la fe cristiana propiamente dispuesto, puede obtener una indulgencia bajo condiciones prescritas por la Iglesia. Una indulgencia es parcial, si quita parte del castigo temporal por el pecado, o plenaria, si quita todo el castigo”. Así, la indulgencia plenaria borra todo resto de pecado dejando el alma dispuesta para entrar inmediatamente en el cielo. También en el actual Catecismo católico se lee: "Todo fiel puede lucrar para sí mismo, o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias".

Obviamente, las indulgencias están estrecha y únicamente ligadas con el purgatorio, inventado por la Iglesia en el Siglo XIII: no valen para el infierno, castigo eterno, ni para el cielo, premio eterno. Antiguamente las indulgencias se obtenían pagando: para que la espera para entrar al cielo no fuera tan larga ni dolorosa, los Papas comenzaron a vender “amnistías”, indultos de 100 días, de 500 días, de mil días. Se  compraban para rebajar las penas del purgatorio, al tiempo que la Iglesia se enriquecía con dinero, donaciones, tierras, títulos... Un negocio redondo. El Papa León X comisionó al monje alemán Johan Tetzel para recolectar grandes sumas de dinero vendiendo indulgencias, aterrorizando a la gente en las aldeas con la idea de las llamas del infierno y del purgatorio. Durante su papado (1513-1521), León X organizó mejor el negocio y le puso precio a cada pecado. Cualquier delito podía perdonarse pagándole al Vaticano: violación de niños y niñas, incestos, asesinatos, hasta matar a la propia madre... No había pecado que no se perdonara a cambio de dinero (Taxa Camarae, ver nota final). Por supuesto, esto generó ingresos incalculables, contribuyendo significativamente a la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma y de los palacios vaticanos que hoy visitan deslumbrados los turistas. Esta compraventa de indulgencias fue la gota que colmó la copa de la corrupción en la Iglesia durante siglos y generó el protestantismo del fraile agustino Martín Lutero (1483-1546), al constatar que el "perdón de Dios" se había convertido en un negocio. Cuando Tetzel iba a llegar a Wittenberg, Lutero clavó en la puerta de la iglesia sus 95 tesis, entre las que argumentaba la falsedad de la doctrina del purgatorio y rechazaba el poder de las indulgencias.


Actualmente las indulgencias no se consiguen con dinero sino practicando devociones, pero siguen vigentes ya que la Iglesia católica sigue promoviendo la existencia del purgatorio. La obtención de indulgencias requiere de ciertas condiciones:

- realizar la acción que la Iglesia premia con la indulgencia,
- estar en gracia de Dios (confesión y comunión) antes de acabar la obra premiada y
- orar por las intenciones del Papa en una indulgencia en particular.

Muchas indulgencias "clásicas" se pueden obtener en los Años Jubilares o Años Santos. Estos consisten en períodos (alrededor de un año) durante los cuales la Iglesia concede gracias espirituales singulares (las indulgencias) a los fieles que cumplen determinadas condiciones y requisitos,  en el lugar para el que el año fue instituido por la Santa Sede. El jubileo católico puede ser de dos clases: ordinario (perpetuo) o extraordinario. El Año Santo perpetuo es el celebrado a intervalos regulares preestablecidos por la Iglesia, mientras que el extraordinario es el proclamado por el Papa como celebración de un hecho destacado, por única vez. En aquellos lugares en que los jubileos se han consolidado con fuerza suficiente, la Santa Sede puede conceder la autorización para esa celebración con carácter periódico, lo que se conoce como jubileo in perpetuum. Hasta hoy sólo se ha concedido autorización para poder celebrar jubileos in perpetuum a siete lugares: Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela, el Monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria, España), Caravaca de la Cruz (Murcia, España), Urda (Toledo, España) y Valencia (nótese que cinco de los siete jubileos tienen lugar en España). 


Los actos concretos que generan indulgencias plenarias fueron descritos en el decreto vaticano Enchiridion Indulgentiarum (Manual de Indulgencias), que regula hasta el día de hoy todo lo referente a este tema. Este texto es un documento publicado por la Penitenciaría apostólica del Vaticano, y detalla las concesiones de indulgencias vigentes, tanto parciales como plenarias, además de las normas que regulan la concesión y usufructo de estas indulgencias. El último Enchiridion publicado corresponde a la cuarta edición, de julio de 1999, habiendo sido editado por primera vez en 1968. Las indulgencias extraordinarias que el Papa concede regularmente no aparecen en este documento. Son dignas de especial mención las concesiones de este texto que se refieren a algunos actos, con los que el fiel cristiano puede ganar indulgencias plenarias todos los días del año (pero no se entusiasmen, sólo puede ganarse una indulgencia al día): la adoración del Santísimo Sacramento (Tantum Ergo) durante al menos media hora (concesión 7 § 1, 1.), el piadoso ejercicio del Via Crucis (concesión 13, 2.), el rezo del Rosario mariano o del himno Akhátistos en una iglesia o un oratorio, o en familia, en una comunidad religiosa, en una asociación piadosa y, en general, siempre que varios fieles se reúnan para un buen fin (concesión 17 § 1, 1. y concesión 23 § 1), la lectura piadosa de la Sagrada Escritura durante al menos media hora (concesión 30). Algunas otras maneras de obtener indulgencias plenarias son:

- la bendición papal: se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que reciba piadosa y devotamente, aunque sea sólo a través de la radio o la televisión, la bendición impartida por el Sumo Pontífice (Urbi et Orbi), o por el Obispo a los fieles encomendados a su cura pastoral, según la norma 7, 2 del Manual de Indulgencias.
- se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que trabaje en enseñar o aprender la doctrina cristiana.
- se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que: (24) el Viernes santo de la Pasión y Muerte del Señor asista piadosamente a la adoración de la cruz en la solemne Acción litúrgica; (25) practique el piadoso ejercicio del Via Crucis o se una piadosamente al que practica el Sumo Pontífice (en el Coliseo Romano) y que es retransmitido por la radio o la televisión.

Aparte de este texto, la autoridad eclesiástica puede acordar indulgencias a eventos puntuales, por fuera de los jubileos. Existen muchísimos. Un ejemplo es el Decreto dictado por Juan Pablo II en el año 2002, del cual vean aquí un extracto:


DECRETO:  Se enriquecen con indulgencias actos de culto realizados en honor de la Misericordia divina

Juan Pablo II ... impulsado por la dulce consideración del Padre de las misericordias, ha querido que el segundo domingo de Pascua se dedique a recordar con especial devoción estos dones de la gracia, atribuyendo a ese domingo la denominación de "Domingo de la Misericordia divina" ... El mismo Sumo Pontífice ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice), otorgada al fiel que, en cualquier iglesia u oratorio ... participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía ... el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso ...  Si esto no se pudiera hacer, en ese mismo día podrán obtener la indulgencia plenaria los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida ... Se concede la indulgencia parcial al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas. Este decreto tiene vigor perpetuo (Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría apostólica, el 29 de junio de 2002, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles).


El más reciente año jubilar extraordinario fue anunciado por el Papa Francisco el viernes 13 de marzo de 2015 en la Basílica de San Pedro, durante la Jornada penitencial: el Jubileo de la Misericordia, un Año Santo extraordinario que se extendió desde el 8 de diciembre del 2015 al 20 de noviembre del 2016. La bula por la que se convocó este año jubilar, la Misericordiae Vultus, fue publicada el 11 de abril de 2015. Pero con el cierre de este año jubilar no desaparece la posibilidad de ganar indulgencias plenarias (opción siempre disponible en la vida de la Iglesia). Según el Semanario Católico de Información Alfa y Omega, existe una lista de 27 actos concretos con los que un fiel puede ganar indulgencias plenarias, una vez finalizado el año jubilar de la Misericordia. Algunos de ellos son:

• Rezar la oración Te Deum el 1 de enero o en la solemnidad de Pentecostés.
• Rezar la oración Tantum ergo el Jueves Santo después de la Misa In Coena Domini o en la acción litúrgica del Corpus Christi.
• Rezar públicamente la oración de acto de desagravio del Papa Pío el día del Sagrado Corazón.
• Rezar la oración «Oh mi amado y buen Jesús…» los viernes de Cuaresma ante Jesucristo Crucificado.
• Reza la oración Veni Creator el 1 de enero o en la Solemnidad de Pentecostés.
• Realizar el Vía Crucis 
• Rezar del Santo Rosario en una iglesia, en un oratorio, en familia, o en comunidad.
• Adorar al Santísimo durante media hora o más.
• Adorar la Cruz en la acción litúrgica del Viernes Santo.
• Realizar Ejercicios espirituales al menos de tres días de duración.
• Recibir la bendición papal Urbi et Orbi de modo presencial, por radio o por televisión.
• Lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora.
• Visitar la iglesia parroquial en la fiesta titular y el 2 de agosto (indulgencia de la Porciúncula).
• Visitar una iglesia u oratorio el día de su fundador, rezando un padrenuestro y un credo.
• Visitar una iglesia u oratorio el día de Todos los Difuntos. 
• Visitar una iglesia o altar en el día de su dedicación, rezando un padrenuestro y un credo.
• Usar el día de los Santos Pedro y Pablo (29 de junio) algún objeto piadoso (crucifijo, medalla, escapulario) bendecido por el Papa o un obispo, rezando un credo.
• Al nuevo sacerdote en su primera Misa solemne y a quienes asistan a ella.
• Renovación de las promesas del bautismo en la vigilia pascual o en el aniversario del bautismo.
• A quien hace la Primera Comunión y a quienes le acompañan.
• Visita al cementerio en los primeros ocho días del mes de noviembre, orando por los fieles difuntos.

(http://www.alfayomega.es/80985/los-27-actos-con-los-que-ganar-indulgencia-plenaria-una-vez-finalizado-el-ano-de-la-misericordia).


Muy fácil obtenerlas ¿no? Parece que dijeran: "si no las obtenés es solo porque no querés". Es evidente que a la Iglesia le interesa ofrecer las mayores facilidades para que sus fieles consigan la supresión del castigo por sus "pecados", banalizando y ridiculizando los actos exigidos al punto que puedes obtener ese "magnánimo perdón celestial" mirando la televisión sentado en tu sillón favorito en el living de tu casa (y tal vez saboreando un rico whisky). Puedes pecar tranquilo, las oportunidades de perdón no faltan.


La extremaunción

Es un sacramento de las iglesias cristianas (católica, ortodoxa, anglicana) que consiste en ungir con aceite bendito (santos óleos) a una persona cristiana que está próxima a la muerte. Hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965), a este acto litúrgico se lo conocía con el nombre de extremaunción, puesto que sólo se lo administraba in extremis, es decir, ante la inminencia de la muerte. Actualmente el sacramento se denomina "Unción de los Enfermos" y se puede administrar más de una vez, siempre que el enfermo se encuentre grave, pero también por edad avanzada. El cambio de sentido impuesto al sacramento por el Concilio responde a la finalidad de asistir a los enfermos y ancianos, para que el Espíritu Santo los acompañe y reconforte, preparándolos para el encuentro con Dios, de conformidad con el mandato de Jesucristo. Al igual que los demás sacramentos, la Iglesia católica considera que la unción de los enfermos fue instituida por Jesucristo quien, según los textos neotestamentarios, hizo participar a sus discípulos de su ministerio de compasión y de curación. El fundamento bíblico para este sacramento viene de Santiago, quien enseña claramente que la extremaunción perdona los pecados, refiriéndose a «los delitos» o pecados mortales, no sólo los veniales:

 “¿Alguno de vosotros enferma? Haga llamar a los presbíteros de la Iglesia y oren sobre él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor, y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor le hará levantarse, y los pecados que hubiere cometido le serán perdonados”. (Santiago 5, 14-15)

En el rito central del sacramento, el presbítero traza con el aceite bendecido la señal de la cruz en la frente y en cada una de las manos del enfermo, al tiempo que pronuncia las siguientes palabras: "Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén" (cf. Codex Iuris Canonici, can. 847, 1). El sujeto –como en todos los sacramentos- debe estar bautizado y tener uso de razón, pues hasta entonces no es capaz de cometer pecados personales, razón por la cual no se le administra a niños menores de siete años. Según declaración emitida por la Santa Sede, sólo los sacerdotes (obispos y presbíteros) pueden administrar este sacramento: esta doctrina es definitive tenenda, o sea que ni diáconos ni laicos pueden hacerlo.

¿Cuales son los efectos o beneficios de este sacramento? El Concilio Tridentino (de Trento, 1545 a 1563) determinó el 25 de noviembre de 1551, los "auxilios especiales" que otorga el sacramento de la unción, para que el enfermo pueda alcanzar la vida eterna. Su resolución dice:

«La unción hace desaparecer los pecados, si todavía hubiere que expiar algunos, y hace desaparecer también los restos de los pecados, y restablece el alma del enfermo, y le da fuerza, avivando en el enfermo una gran confianza en la misericordia divina, con la cual se le ayuda a éste y le son más llevaderas las molestias y las penas de la enfermedad, y resiste más fácilmente a las tentaciones del demonio que le acecha con su aguijón»


Además del perdón de los pecados, actualmente se da un poco más de detalle (que más que aclarar oscurece) sobre los efectos de la unción: 

- consuelo, paz y ánimo para vencer las dificultades de la enfermedad o de la vejez, don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, como el desaliento y la desesperación;
- unión a la Pasión de Cristo, recibiendo la fuerza para unirse con Cristo en su Pasión y alcanzar los frutos redentores del Salvador;
- una preparación para el paso a la vida eterna: este sacramento acaba por conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo, como el bautismo había comenzado a hacerlo; 
- una gracia (donación) para la Iglesia: quienes reciben este sacramento, uniéndose libremente a la Pasión y Muerte de Jesús, contribuyen al bien del Pueblo de Dios y a su santificación.

[Hago un aparte aquí que no se corresponde totalmente con la temática de este texto. En su concepción teológica este sacramento es gratuito. Pero la gestión y la administración de los sacramentos implican una compensación, una ofrenda que evidentemente se propone a los que los solicitan, aunque si alguien o alguna familia no pueden dar su ofrenda, no se le niega el sacramento. Pero "los cristianos deben asumir todas las consecuencias de profesar la fe, incluyendo el aspecto económico". O sea, la Iglesia sugiere fuertemente que los sacramentos "deberían" pagarse].

Sobre el valor teológico de este acto la Iglesia dice: Es de fe definida que la Extremaunción hace desaparecer los restos de los pecados, alivia al enfermo y concede la salud condicionada del cuerpo. Que el perdón de los pecados mortales es un efecto «per se» de la Extremaunción es doctrina cierta y común. Más allá de la semántica, los juegos de palabras y los finos matices conceptuales, la realidad teológica pura y dura es que la unción de los enfermos o la extremaunción perdona todos los pecados y, por las dudas, todo aquello que, de algún modo, pudiese impedir que el enfermo o el moribundo se una plenamente con Dios. Como detalle moderno, La Archidiócesis de Madrid ha puesto en marcha el Servicio de Asistencia Religiosa Católica Urgente, un teléfono habilitado de diez de la noche a siete de la mañana, para pedir una extremaunción de madrugada o una confesión a deshora. Esos sacerdotes son "curas de guardia", médicos de urgencia del alma.


Estimado lector, ¿descubrió la respuesta a la interrogante del título?

Los tres postulados teológicos que les he descrito son procedimientos inventados por la Iglesia católica para que sigas prendido a la religión sin importarte lo que puedas "pecar" en tu vida terrenal cotidiana. Algún criollo de estas tierras diría "podés hacer lo que se te cante porque con las indulgencias se borra todo". Es una excelente forma para que el fiel siga creyendo y "aferrado a mi religión, que después de todo no es tan mala, ¿no?". Yo te perdono cualquier macana que hiciste, pero seguí participando y dándome poder para que mi empresa pueda dominar al mundo. 

Inventos descarados de la ICAR (Iglesia Católica Apostólica Romana, con todas las letras para que no haya dudas) para mantener subyugados a los fieles creyentes y ensalzar la "bondad, misericordia y perdón" del dios déspota, malvado y asesino que venera. Pero para los creyentes son como un boleto para una vida no tan santa, más terrenal, menos "ortodoxa", como seres humanos que son.... Con los 9 viernes no voy al infierno, con las indulgencias a cada rato se me perdona todo y con la extremaunción, por si me olvidé de algo, me salvo al morir.


Alberto Cirio



NOTA 1: La Taxa Camarae, adjudicada al Papa León X en 1517, es una lista de los precios que debían pagarse a la Iglesia católica para obtener del Papa el perdón por cualquier clase de pecados (venta de indulgencias), detallados en 35 artículos. Una de las fuentes para su conocimiento es el Diccionario de Controversia, escrito por Teófilo Gay a fines del siglo XIX, traducido del italiano por Blas A. Maradei, y publicado en Buenos Aires en 1944 (Ediciones Junta Bautista de Publicaciones) y en Barcelona en 1994 (Ediciones Clie). El texto completo de la Taxa se reproduce también en el Anexo del libro de Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia católica (Ediciones B, Barcelona, 1997), págs. 397 a 400.


NOTA 2: Dejo de lado ex profeso el sacramento de la Confesión, más cotidiano y banal, que también perdona los pecados mediante ridículas penitencias. La filosofía detrás de este sacramento daría para desarrollar un texto entero.


_______________

(*) Nota Final:

El autor de esta publicación es "Alberto Cirio", fiel seguidor y colaborador de este Blog; quien amablemente me solicitó el compartir este artículo con el resto de los lectores; y al no estar en contra de la filosofía del Blog, es un honor para mí el poder publicarlo. El mismo "Alberto" se encargará de responder las dudas de los lectores a través de los comentarios.




Ver: 
Ver Articulo: Países con más Ateos

Ver Sección: Actualidad y Noticias


                                 ARTICULOS RELACIONADOS

.



"Los seres humanos nunca hacen el mal de manera tan completa y feliz como cuando lo hacen por una convicción religiosa"

Blaise Pascal