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lunes, 15 de julio de 2019

Mitos pre-cristianos que originaron la doctrina cristiana (Colaboración)





Nota Inicial:
La presente publicación fue escrita y elaborada por un colaborador y amable lector de este Blog. Este artículo NO fue escrito por el habitual escritor y responsable de este sitio Noé Molina. (*)

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Mitos pre-cristianos que originaron
la doctrina cristiana


En la mitología de los aborígenes Anangu (Australia central), en el comienzo de los tiempos estaba Tjukurpa "el tiempo onírico". La Tierra era chata y vacía, sin luz ni tinieblas, y la naturaleza esperaba la llegada de los héroes divinos que debían darle forma y vida. Ellos crearon el Uluru (macizo rojizo del centro de Australia), el "Centro rojo", la montaña sagrada testigo de todos los eventos, desde donde se formó todo lo que existe.


Tomado de "Les plus beaux sites du patrimoine mondial de l'UNESCO", M. Cattaneo & J. Trifoni, Ed. Gründ, Paris, 2009.
Por miles de años en el mundo Mediterráneo convivieron muchos credos y rituales, con asombrosas similitudes entre todos ellos mas allá de sus lugares de origen. Los autores de los Evangelios cristianos escribieron sus textos muchos años después de muerto Jesús, a partir de la tradición oral o de pequeñas composiciones más antiguas. No hay consenso sobre las fechas exactas, pero según la mayoría de los expertos las fechas más aceptadas son: Marcos, 65-75; Mateo, 70-100; Lucas, 80-100 y Juan, 90-110 d.C.. Su finalidad era la de sustanciar la verdad del cristianismo mitificando la figura del Jesús histórico a instancias de Pablo de Tarso. Los evangelistas se vieron obligados a encajar sus narraciones dentro de dos moldes muy disímiles entre sí: el de los mitos paganos y el del contexto judío que había acrisolado antiguas profecías bíblicas acerca de la futura llegada de un Mesías salvador de Israel.

La teoría del "mito de Cristo" enuncia que es muy improbable que Jesús de Nazaret existiera o que, si lo hizo, no tuvo nada que ver con la fundación del cristianismo. Sin embargo la noción de que nunca existió un Jesús histórico no hace la unanimidad entre los expertos, a pesar que el mundo no cristiano del siglo I lo ignoró y ningún historiador habló de él, ni en Grecia, ni en Roma, ni en Palestina. El sacerdote católico alemán Romano Guardini (1885-1968), uno de los teólogos más acreditados del siglo XX, admite y reconoce que "el Nuevo Testamento es la única fuente que da información de Jesús". Los orígenes de la teoría del mito de Cristo se remontan a la Francia de finales del siglo XVIII, con el trabajo de Charles Dupuis (1742-1809) y Constantin Volney (1757-1820), quienes fueron los primeros autores modernos en presentar una analogía entre Jesús y otras deidades solares anteriores. Este análisis comparativo fue abordado también por pensadores como Jean Meslier (1664-1769), Hermann Samuel Reimarus (1694-1768), Voltaire (1694-1778), Paul Henri barón de Holbach (1723-1789),  David Friedrich Strauss (1808-1874) y Bruno Bauer (1809-1882), entre otros muchos eruditos posteriores que llegan hasta comienzos del siglo actual. Joseph Campbell, en su libro «The Hero with a Thousand Faces» (El héroe con mil caras) de 1949, avanzó la idea de que solo había un único mito tras las historias de Krishna, Buda, Jesús y otros dioses o mesías. Posteriormente, en «The Masks of God: Occidental Mythology» (Las máscaras de Dios: Mitología occidental), Campbell afirma que "está claro que, sea exacta o no en los detalles biográficos, la conmovedora leyenda del Cristo crucificado y revivido estaba ideada para añadir nueva calidez, inmediatez y humanidad a los viejos relatos sobre los adorados Tammuz, Adonis y Osiris". Así, la vida de Jesús y la doctrina y el dogma cristianos, no serían el resultado de una revelación divina sino el producto de un sincretismo religioso. El drama histórico cristiano es una mezcla de relatos mistéricos anteriores, todo estaba ya preestablecido paso a paso y se aplicó integralmente a la figura de Jesús, sea él histórico o no.

La gran mayoría de los dioses antiguos nacieron muy próximos al 25 de diciembre, de una madre virgen en pesebres o en lugares pobres, murieron violentamente, descendieron a los Infiernos o a las Tinieblas, resucitaron de entre los muertos para conducir a los hombres al  Mundo Divino, fundaron Comuniones de Santos o Iglesias en las cuales los discípulos recibían el Bautismo, fueron conmemorados por Comidas Eucarísticas, entre otras varias leyendas.  


Extractamos de "El anticatecismo" de Karlheinz Deschner:

"La Iglesia católica considera que la verdad de la doctrina cristiana quedó probada por medio de profecías y milagros, pero nada, empezando por el dogma central y siguiendo hasta los ritos periféricos, es realmente innovador u original. Milagros y profecías las tomaron de otros. «Hombres divinos» que padecen, mueren y resucitan, eran bien conocidos en la mitología y en la historia antes que los cristianos los hicieran suyos. La idea del Mesías salvador, la predicación del inminente reino de Dios, la filiación divina, la santísima trinidad, la maternidad divina, la concepción virginal, la tentación por Satanás, la pasión y muerte crucificado, nada de eso es nuevo. ¿El bautismo, la eucaristía? Todo cuanto en el cristianismo pasa por sublime sacramento, existía en el mundo mucho antes que apareciese Jesucristo: su resurrección, su aparición corporal ante testigos, su descenso a los infiernos, su ascensión a los cielos, la doctrina del pecado original, la existencia de siete sacramentos y doce apóstoles, los acontecimientos milagrosos como el caminar sobre las aguas, el apaciguamiento de la tempestad, la multiplicación de los panes y los peces, la resurrección de muertos… ¿para qué seguir enumerando? Nada de todo esto es nuevo. Los historiadores de la religión han demostrado ya hace tiempo que en la literatura antigua había abundantes y prodigiosos ejemplos en los que se inspiró Pablo de Tarso y en él los evangelistas. Sin embargo, tanto San Agustín como otros padres de la iglesia no han tenido reparo en burlarse de los mitos paganos, presentándolos como historias desatinadas o inventos del diablo.

La lejana impronta de los dioses egipcios

La Tríada mitológica de Osiris, Isis y Horus es la leyenda más importante de toda la mitología egipcia. El mito tomó su forma esencial en torno al siglo XXV a.C. (según los Textos de las Pirámides, los primeros textos funerarios egipcios de fines de la Dinastía V, que aparecieron en las paredes de las cámaras funerarias de las pirámides). Al inicio de la historia, Osiris es el rey de Egipto por haber heredado el trono de sus antepasados, el dios de la tierra Geb y la diosa del cielo Nut, en un linaje que se remonta al creador del mundo, Ra o Atum. Su reina es su hermana y esposa Isis. Cuando Osiris se ausenta buscando otras dimensiones y conocimientos dejando el reino en manos de Isis, Seth, otro hermano de Osiris, la oscura fuerza del mal, quiere apoderarse del reino, de la mente del hombre y de Isis, de quien se ha enamorado. Cuando Osiris regresa, Seth lo manda matar y luego descuartizar. Isis busca los pedazos y lo "rearma", insufla aliento y vida en su cuerpo y copula con él quedando embarazada de Horus. Así, mucho antes del cristianismo, Isis llevaba el título de "madre de dios". Horus (simbolizado como un halcón dorado), nacido como un salvador venido a remediar la tribulación de los humanos, se convierte en el rival de Seth, encarnación del mal (o Typhon, que acabaría identificándose con Satán) por el trono. El conflicto a menudo violento termina con el triunfo de Horus (previa muerte a manos de Seth y resurrección), que completaría el proceso de la resurrección de Osiris. Depositado en su tumba, Horus resucitó y ascendió a los cielos al cabo de tres días (o cuarenta, según otras versiones).

La relación entre Cristo y los mitos egipcios es reivindicada por muchos historiadores. En Egipto se forjó el mito de la resurrección, a través de la muerte y resurrección de Horus (según los expertos en mitología egipcia también habría sido considerada como resurrección la muerte de Osiris y su vuelta a la vida como Horus, gracias a Isis). La religión egipcia contemplaba un más allá donde había un juicio al que Annubis llevaba el alma del difunto para determinar su destino. Incluso en la iconografía, los expertos dicen que hay dos imágenes cristianas extraídas directamente de Egipto. Una, la virgen María con el niño Jesús, a menudo tallada en piedra negra, sería una adaptación de Isis con el niño Horus. La otra, San Miguel o San Jorge –santos populares que no existieron- matando al dragón con una lanza, estaría tomada de Horus lanceando a su tío, el malvado Seth, que había asesinado a Osiris. 

El teólogo e investigador catalán Llogari Pujol (ex sacerdote, autor de los libros "Jesús, 3000 años antes de Cristo" y  “Érase una vez…Jesús, el egipcio”), analiza las fuentes mitológicas egipcias y su vínculo con el cristianismo, concluyendo que “los evangelistas construyeron la vida de Jesús utilizando textos egipcios”. En sus libros sostiene que los Evangelios fueron escritos por eruditos sacerdotes judeo-egipcios que tradujeron palabra por palabra textos egipcios. En uno de estos del año 1000 a.C., conocido como "Oración del Cielo", se encuentran los antecedentes de la oración "Padre Nuestro" y de las Bienaventuranzas que aparecen en los Evangelios. El 70% del contenido de los Evangelios proviene de textos egipcios.



La influencia fundamental del mitraísmo

Alrededor del año 1.000 antes de Cristo, nace en Bakctriana, ciudad de Persia (actual Irán), un hombre llamado Zaratustra.  El recibió una “revelación” proclamando al verdadero dios, creador del Universo, al que llamó Ahura Mazda que significa “señor sabio”. En oposición a este dios, estaba Angra Mainyu que significa “demonio de la mentira”. Ambos personificaban el Bien y el Mal. El "mazdeísmo", nombre dado a esta revelación, fue la primera gran religión monoteísta y la primera en tener un libro sagrado, el Avesta, que significa “La Palabra”, cuya antigüedad es mucho mayor que la de la Biblia, que tomó de este libro algunos de sus pasajes más conocidos. Historiadores y filósofos confirman que el mazdeísmo fue el precursor de las grandes religiones monoteístas basadas en libros sagrados, como el Judaísmo, el Cristianismo y el Islamismo, las cuales adoptan de Zaratustra muchos de sus dogmas y enseñanzas. Es muy significativo que Zaratustra haya tenido doce discípulos, la tradición persa le otorga la autoría de muchísimos milagros y curaciones e incluso la resurrección de varios cadáveres. El mazdeísmo habla de la primera pareja humana, del Paraíso, del Cielo y del Infierno, del juicio tras la muerte, de la resurrección de los muertos y del juicio final. También el Avesta anuncia la aparición en la tierra de un salvador, un redentor de la humanidad, que vendrá a enseñar a los hombres su misión en la vida y a vencer al mal. Este redentor es Mitra, Dios del Sol Invencible de los persas, hijo de Ahura Mazda y nombrado por éste como intermediario entre él y los hombres. Se entroniza una Santísima Trinidad compuesta por los dioses Ahura Mazda, Mitra y la diosa Anahita, esposa de Ahura Mazda y madre de Mitra.

La religión de Mitra se extendió por todo el Imperio Romano llevada por las legiones que la adoptaron en masa cuando llegaron a Asia Menor. Fue una de las religiones más populares de esa época. Plutarco habla de los misterios de Mitra en el año 87 antes de Cristo. Su culto y devoción compitió con el cristianismo, con el que tiene "asombrosas" semejanzas. Pero el mitraísmo es muchos siglos anterior. La historia de Jesucristo tiene tantas cosas en común con la de Mitra, que se llegó a sospechar que el cristianismo era un derivado de la fe persa. Según el Avesta, Mitra nació como un adulto desde una roca el 25 de diciembre en una gruta (M. Clauss, ‘The Roman Cult of Mithra: The God and His Mysteries’). Precisamente el nacimiento de Cristo, que la devoción popular sitúa en un “portal” en occidente, en oriente se suele presentar en una cueva. Mitra ayunó en el desierto durante cuarenta días y sufrió una “pasión” que se celebraba en la semana del 23 de marzo, con la llegada de la primavera (fecha aproximada en que se celebra la Pasión de Jesucristo). Más tarde lo adoptó también el cristianismo como día del Señor. El mitraísmo tenía en su liturgia siete sacramentos, entre ellos el bautismo mediante agua, la confirmación y la comunión, misa diaria y en la del domingo el sacerdote pronunciaba las fórmulas sagradas sobre el pan y el agua, que en determinado momento fue vino, y hostias con un signo de cruz se repartían entre los asistentes como si fueran la carne y la sangre de Mitra. El emperador Trajano declaró el domingo día del sol dedicado a Mitra (en inglés sunday), como día festivo en todo el Imperio. En la entrada de los mitreos o templos, estaba situada una pila con agua bendecida por los sacerdotes en la cual se mojaba la mano y luego la frente para entrar purificados. Sorprende la frase pronunciada por Mitra: "Quien no coma de mi cuerpo y beba de mi sangre, haciéndose uno conmigo y yo con él, no se salvará". La "teofagia" era una idea muy común en las antiguas doctrinas mistéricas. El clero mitraico estaba estructurado en Padres, o sacerdotes comunes, y Amtistides u obispos. Sobre todos ellos gobernaba el Padre de los Padres, título equivalente al de Papa. El mitraísmo cree en el cielo y en el infierno, en la supervivencia y resurrección de la carne después de la muerte, en el castigo y la recompensa. El dios benevolente hará justicia con los justos y les concederá la salvación eterna el día del juicio final. Las fechas más señaladas en el calendario sagrado de Mitra eran: el 25 de diciembre día del nacimiento del dios, el 6 de enero día de la adoración de los magos, el 24 de marzo semana de pasión de Mitra (¿Semana Santa cristiana?) y el 16 de mayo cuando comienza el ayuno de Mitra en el desierto, días después del cual asciende a los cielos y es proclamado segunda persona de la trinidad. Estas semejanzas llamaron poderosamente la atención de los primeros Padres de la Iglesia católica, que polemizaron vivamente con los mitraístas. Precisamente la mayor parte de los detalles de estos ritos los conocemos por la descripción que hacen de ellos los Padres cristianos.

El cristianismo y el mitraísmo convivieron, con una fuerte rivalidad, hasta la llegada al poder de Constantino el Grande, quien no dudó en aprovechar la ocasión para fusionar ambas doctrinas, de las que en definitiva salió triunfante la primera. El cristianismo “adoptó” las fechas más significativas del mitraísmo, aprovechando la inercia y la fe de las masas que ya estaban acostumbradas a celebrarlas desde siglos atrás. Sólo se limitaron a cambiar el nombre del dios a honrar. También adoptó la estructura del clero mitraico. La primitiva Iglesia cristiana no tenía sacerdotes, todos los creyentes eran iguales ante dios y todos podían tomar la palabra y dirigir las asambleas en donde se recordaban las palabras de Jesús. Sólo existían unos encargados de moderar y poner orden entre los asistentes. Luego se nombraron personas entre los más ancianos y respetados, para que administrasen los bienes de la congregación y repartiesen entre los más pobres las dádivas de los más favorecidos, pero en las primeras iglesias cristianas no existía el clero como tal. Constantino convocó el Concilio de Nicea en el siglo IV y lo presidió aunque no era cristiano. Los obispos o encargados de las iglesias de aquella época, se dejaron embaucar con los regalos y donaciones imperiales, así como con las promesas de nombramientos oficiales, que les equiparaban a los magistrados del Imperio. De aquel Concilio nació el cristianismo como lo conocemos hoy (ver mi texto en este blog "Los dogmas de la Iglesia católica"). A partir de ese momento, el mitraísmo fue perseguido a muerte, sus libros quemados, sus templos derribados y su culto proscrito por edicto imperial de Teodosio. Han llegado hasta nosotros muy pocos documentos sobre esta religión, mucho de lo que se sabe se ha extraído de las pinturas sagradas encontradas en los mitreos. Por otra parte, no existe ningún original de los Evangelios cristianos canónicos anterior al siglo V (los originales escritos en el siglo I y II desaparecieron tras la persecución implacable de la jerarquía imperial y la eclesiástica judía). Todos los Evangelios fueron reescritos, modificados y adaptados a las nuevas normas eclesiásticas copiadas del mitraísmo. La figura de Jesús fue retocada para hacerla más parecida a Mitra y otros dioses “redentores” de la humanidad. Por conceptos más detallados sobre esta temática ver 
https://www.metareligion.com.Religiones_del_mundo/Cristianismo/Articulos/mitra.htm. 
Es interesante saber que en el lugar donde se erigió la Basílica de San Pedro en Vaticano, antes existió un santuario al dios Mitra, absorbiendo así a un gran competidor que le duró hasta el siglo IV.

El cristianismo toma también elementos de la religión y el culto a Isis y Osiris, Tammuz, Attis, Dionisio y otros dioses. Para poder explicarnos la coexistencia de semejanzas y diferencias entre los diferentes cultos, debemos imaginarnos el ambiente espiritual y religioso de la Roma imperial, en la que coexisten todas las religiones y ritos con los que se van encontrando y adoptando las tropas en su avance imperial. Además el ambiente popular es muy proclive al desarrollo de mitos y creencias y poco favorable a las posiciones ateístas. Todas estas cuestiones históricas han sido muy estudiadas desde finales del siglo XIX y son conocidas, aunque no lleguen regularmente a los creyentes porque las autoridades y responsables religiosos no quieren reconocerlas y mucho menos transmitirlas a sus fieles. Por eso causan tanto revuelo y desazón declaraciones de la jerarquía tan simples como la realizada por el Papa Juan Pablo II el 21 de diciembre de 1993, cuando reconoció que el día de Navidad sustituyó a la fiesta pagana del Sol Invencible, que coincidía con el solsticio de Invierno. También no menos sorpresa y desazón provocó la declaración del Papa Benedicto XVI, cuando en 2012 publicó el libro La infancia de Jesús, en el que reconoce el error del calendario en fijar la fecha del nacimiento de Jesús o afirma que los elementos iconográficos del nacimiento, como el acompañamiento de la mula y el buey, son meros adornos de la tradición que nada tienen que ver con la realidad histórica. Un gran especialista en el estudio de la historia de las religiones pre-cristianas fue Alfred Loisy (1857-1940), teólogo y sacerdote francés, considerado el creador de los  modernos estudios bíblicos, que reconocía las influencias paganas. Su obra Les Mystères païens et le mystère chrétien fue publicada en 1919. Entró pronto en conflicto con el Vaticano, que le excomulgó en 1908 y sus libros fueron censurados. El Concilio Vaticano II lo rehabilitó parcialmente. 


El rol fundacional de Pablo de Tarso y sus Epístolas

Pablo (Saulo) de Tarso inventó el "Cristo divino" en sus Epístolas escritas alrededor de los años 50 d.C., y que preceden cronológicamente a los cuatro evangelios canónicos, aunque en la Biblia éstos aparezcan primero. En ellas transformó y sublimó la persona humana de Jesús el Nazareno. A pesar que Pablo fue coetáneo de Jesús, ninguna de sus Epístolas permite deducir que lo conoció personalmente. Es más, en ellas señala que andaba por las sinagogas encarcelando y azotando a los que creían en Jesús de Nazaret. En Hechos 9,1 se indica que sus intenciones eran amedrentar a los fieles con la muerte (en Hechos 22, 4 se coloca en boca de Pablo su persecución de los primitivos cristianos, hombres y mujeres, «hasta la muerte»). Se convirtió cuando, cerca de Damasco y siempre según sus Epístolas, oyó de repente una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» El respondió: «¿Quién eres, Señor?» Y la voz: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer».

Los escritos de Pablo muestran un vocabulario religioso pagano. Es sabido que el culto a Mitra tenía una sede en Tarso, la ciudad natal de Pablo, ya antes de la era cristiana. Y, por supuesto, también eran conocidos en Tarso los dioses Adonis, Attis y Osiris, que mueren y resucitan. Y Pablo creció rodeado de cultos mistéricos. Con estos antecedentes elabora el material teológico fundamental del Nuevo Testamento y de la fe de la Iglesia oficial e inspira a los evangelistas, creándose así una nueva religión mistérica de fondo pagano. Debe tenerse en cuenta que los Evangelios no fueron escritos con el propósito de documentar la historia real, sino que su objetivo era religioso, no histórico, buscando transmitir un mensaje teológico. El historiador imparcial ha de reconocer que la extendida presencia actual de Cristo y sus Iglesias no se debe a Jesús el Nazareno, sino fundamentalmente a Pablo de Tarso y su mito del "Cristo divino" que murió para redimir a la humanidad por voluntad de su Padre Dios. En esta invención se amalgaman ingredientes religiosos de origen egipcio, mesopotámico, hebreo, persa, helénico, romano y alguno más.

Analicemos en detalle algunos "hechos históricos y revelaciones" que las doctrinas cristianas dan por ciertos y toman como propios.




1. La creación del Universo

Para los egipcios las divinidades crearon el Universo por un proceso complejo. El Noun, infinita extensión líquida primordial, existe desde antes que el Universo fuera creado: es oscuro, inerte y desorganizado. El pasaje al estado estructurado se produce a partir de un área sólida en su superficie. La creación del Universo responde a la poderosa diosa Neith, la más antigua deidad, también llamada Net, Nuanet o Nit, definida como "Madre de todos los dioses", que surgió del Noun para crear todo lo que existe. Neith fue adorada desde el Egipto predinástico (6000 AC) hasta el fin del Imperio aproximadamente en el año 30 d.C. Según Plutarco, historiador, biógrafo y filósofo griego, en el templo dedicado a esta diosa en Sais, estaba escrito de ella "Soy todo lo que ha sido, lo que es y lo que será", apareciendo como la fuerza más poderosa del Universo. De acuerdo con Herodoto, historiador y geógrafo griego del siglo V a.C, Neith era la creadora y conservadora de todo. ¿En qué se diferencia del dios cristiano? Más tarde, la mitología Romana enseña que "en un principio sólo existía el Caos, posteriormente llegó el Hacedor del Universo que dio orden y creó todo lo que después existió, incluyendo a los dioses y los astros que pronto se ubicaron en el cielo" 

2. La creación del hombre y la mujer

Recorriendo la historia del hombre se observa que casi todas las culturas tienen su propio mito de la creación del ser humano y, en la mayoría de los casos, hay asombrosas similitudes con la creación de Adán y Eva. Veamos algunos casos muy anteriores al cristianismo.

Nüwa es una diosa de la mitología china. Pasó un tiempo recorriendo un mundo bello pero sombrío en cuanto a vida. Se sentía sola, triste, ávida de compañía con sentimientos y pensamientos propios, como ella misma. Un día se detuvo en un río sacando puñados de barro. Allí, a la orilla del manantial, se dispuso a dar forma a un ser dotándolo de cabeza, brazos y piernas, para que de esa forma pudiera andar. Cuando terminó de moldear estas figuras le gustó el resultado y sopló con fuerza vida dentro de ellas, haciendo que los nuevos seres despertaran y comenzaran a moverse a su alrededor llamándola madre y bailando para ella.

Ask y Embla fueron los dos primeros seres humanos creados por los dioses en la mitología nórdica. Un día, Odín y sus hermanos, Ve y Vili, andando por la orilla del mar se encontraron con dos árboles, el fresno (Ask) y el olmo (Embla), cuyas formas caprichosas parecían humanoides. Los dioses contemplaron en silencio y asombrados la madera inerte. Odín, percatándose del uso que se le podría dar, les dotó de almas, Vili les concedió el movimiento y los sentidos, y Ve contribuyó con sangre y una complexión saludable (https://mysteryplanet.com.ar/ site/la-creacion-del-hombre-y-la-mujer-segun-la-mitologia-nordica/).

Prometeo, dios de la mitología griega durante la "época de oro", era el creador de los seres humanos. Padre de la humanidad, Prometeo crea al hombre del barro (igual a lo que se lee en el Génesis). También ordenó a Hefestos crear a la mujer de similar manera y la llamó Pandora (la Eva griega). Nótese que primero se creó al hombre y después a la mujer, estableciéndose ya desde el comienzo el rol secundario de ésta, que sería retomado hasta el día de hoy por las religiones cristianas.

En la mitología romana (cf. supra), el gran Hacedor creó al hombre utilizando su semen, tierra y agua de la lluvia (o sea barro, ¿les suena?).

En la mitología azteca, Tezcatlipoca rojo, Tezcatlipoca negro, Quetzalcoatl y Huitzilopochtli, los 4 hijos de los primeros dioses, Tonacatecuhtli y Tonacacihuatl, se reunieron para poner orden en el Universo, crearon el fuego y también al primer hombre al que llamaron Oxomoco y le enviaron a labrar la tierra. Después crearon a Cipactónal, la primer mujer, a la que mandaron a hilar y tejer.

Para facilitar el reconocimiento de las obvias semejanzas de estos mitos con la visión judeo-cristiana, recordemos: "…entonces Dios formó al hombre del lodo de la tierra, e inspirándole en el rostro un soplo de vida, quedó hecho el hombre, ser con alma viviente" (Génesis 2:7; 1 Cor 15, 45, 47); "...Y de la costilla que el señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre" (Génesis 2:22).

3. La vida eterna, el cielo, el infierno... y el demonio

Los antiguos egipcios creen en la vida eterna, una sobrevida gloriosa para la que deben identificarse con el dios Osiris. Al morir el individuo, distintas "entidades" se liberan del cuerpo que las retenía (el "espíritu" de los cristianos): su vida eterna depende de la preservación del cadáver (la Iglesia católica no aprueba la incineración) y del nombre del difunto. La "cartografía" egipcia del más allá comprende ciertos lugares donde el difunto goza sin cesar de placeres y alimentos en un marco idílico, concepto que los historiadores comparan con el Paraíso. Pero también hay zonas tenebrosas, subterráneas, muchas de ellas llenas de fuego, cuidadas por terribles guardianes, comparables al Infierno. El destino del muerto está supeditado a un enjuiciamiento complejo y severo por el tribunal de Osiris, donde el difunto debe proclamarse inocente de toda acción contraria al orden social, moral y cósmico, instaurado por los propios dioses. Los cadáveres son enterrados en una tumba estructurada, sobre la que se erige una pequeña "capilla" con textos grabados en la piedra (¿como los cementerios cristianos?).

Para muchos investigadores, en el zoroastrismo se apuntan por primera vez algunos importantes conceptos para religiones posteriores como los del cielo, el infierno, el día del Juicio Final o la diferencia entre ángeles y demonios. Es decir, se introduce el dualismo en el ámbito de las religiones (https://es.wikipedia.org/wiki/Zoroastrismo). La noción del infierno cristiano es equivalente al gran foso del Tártaro (una gran prisión fortificada rodeada por un río de fuego llamado Flegetonte, que pasó a ser el calabozo de las almas condenadas), al Helheim de la mitología nórdica (mundo tenebroso morada de Hela, la diosa encargada de torturar las almas de los que no merecían la salvación eterna), al Averno de griegos y romanos (cráter que se creía era la entrada a los infiernos) y en general, al Inframundo de otras religiones (https://es.wikipedia. org/wiki/Anexo:Inframundo). La idea del diablo y sus legiones de demonios procede de la religión pagana persa y se plasmó en el Antiguo Testamento justamente en la época de dominación persa (siglos VI a IV a.C.).

La "bajada a los infiernos" de las divinidades era un tema del que el cristianismo no prescindió. Había adquirido gran importancia en la creencia antigua de la inmortalidad, tal como lo encontramos en los mitos egipcios, babilonios y helenos. Ya en el tercer milenio antes de Cristo se conocía en Babilonia una bajada a los infiernos de Ischtar. En el siglo XIV a.C. se documenta la bajada del dios Nerga l, que asalta los infiernos y vence a sus ejércitos, lo que genera un terremoto como en la bajada de Cristo. También en la bajada a los infiernos de Heracles, hay muchos elementos comunes con Cristo: como él, también Heracles quería traer la luz a los muertos desfallecidos y librarlos de la cárcel. Y el Pitágoras histórico bajó al averno (siglo III a.C.). Tras estos ejemplos, una carta falsificada a nombre de Pedro permitió a Jesús bajar también a los infiernos para salvar a los condenados. La "subida al cielo" también era muy conocida por los paganos: Heracles, Attis, Mitra, Enoc, Moisés, Elías.

4. El diluvio universal

De Prometeo nació un hijo, Deucalión. Éste gobernó las regiones de Ptia y se casó con Pirra, hija de Epimeteo y Pandora, que fue la primera mujer modelada por  los dioses. Cuando Zeus se propuso destruir la raza de bronce (los hombres de la edad de Bronce) Deucalión, por consejo de Prometeo, construyó un arca y metiendo lo necesario embarcó en ella con Pirra. Y Zeus arrojando torrentes de lluvia desde el cielo sumergió la mayor parte de la Hélade, para destruir completamente a los hombres. También en la religión mazdeísta ya se habla de un diluvio universal, de un arca en la que se salvaron una pareja de animales de cada especie y una familia.




5. La virginidad de María y la concepción divina 

Estos conceptos han hecho correr ríos de tinta. No se debe confundir:

a. de una mujer que se ha mantenido virgen (sin ningún contacto sexual con hombres) y que queda fecundada sin tener esa relación sexual, se puede decir que tuvo una concepción virginal de origen divino;

b. de una mujer casada (por tanto habiendo tenido relaciones sexuales por lo menos con su marido) y que queda fecundada sin eyaculación intravaginal de su esposo (cosa bastante difícil de determinar en aquella época), solo se puede decir que ha tenido una concepción divina.
¿En cual de las dos categorías ubicamos a María? ¿Tenía relaciones con José? Aparentemente sí, porque muchos historiadores creen que Jesús tenía hermanos (cf. infra). Si aceptamos esto, entonces no necesitamos nada más para comprender que Jesús no nació de una virgen. La discusión se centra entonces en si su nacimiento fue a consecuencia de una concepción divina o no. Esta cuestión no es baladí, ya que es preciso conocer la situación de María si queremos remontarnos a las religiones que originaron su mito. Pero esto no es fácil, ya que en el caso de muchos nacimientos de dioses paganos, no queda claro esta dualidad en su concepción. Cuando se dice "nació de una virgen", ¿a cual de las dos situaciones se está haciendo referencia? Trataremos (no sé si lo lograré) de aclarar lo más posible este punto.

En primer lugar es necesario recordar lo que determinan los dogmas cristianos. La Perpetua Virginidad de María es el segundo dogma mariano de la Iglesia católica (definido en el Concilio de Letrán, año 649), según el cual María fue virgen antes, durante y después del parto y no tuvo otros hijos. Santo Tomás de Aquino enseñó que María parió sin apertura del útero y sin perjuicio para el himen (o sea, nunca tuvo relaciones con José). Que María concibió a Jesús sin intervención de varón se afirma en los evangelios de Mateo y Lucas: “lo concebido en ella viene del Espíritu santo”, dice el ángel a José (Mt 1,20); y a María que pregunta “¿Cómo será eso pues no conozco varón?” el ángel responde: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra...” (Lucas 1,34-35). Con respecto a José, la Iglesia dice: "su amor a María era tan grande que no echaba en falta manifestaciones sexuales". El Concilio Vaticano II ha refrendado esas afirmaciones, destacando que María "no conoció varón", o sea que la Iglesia consideró siempre como “verdad de fe” la virginidad de María y la castidad total de su esposo José. A éste sólo se le invita a aceptar su papel de esposo y su misión paterna con respecto al niño (catequesis de Juan Pablo II, 10/7/1996). O sea, la Iglesia enseña que José, esposo de María, jamás la tocó. Difícil de creer, ¿no? Sin embargo, esta aseveración "oficial" de la Iglesia está muy cuestionada. La Biblia menciona a cuatro hermanos varones: Santiago (Jacobo?), José, Simón y Judas, e indica que tuvo al menos dos hermanas (Mateo 13:54-56; Marcos 6:3). Todos eran hijos biológicos de José y María (Mateo 1:25). Y lo que es más, la Biblia dice que Jesús era “el primogénito” de María, es decir, su primer hijo, expresión que indica que ella tuvo más de un hijo (Lucas 2:7). Muchos exégetas católicos creen actualmente sin problema que Jesús tuvo hermanos y hermanas de sangre y que la virginidad de María, más allá de algo físico, es su total transparencia y disponibilidad al plan de Dios. Por tanto, es muy difícil catalogar a María dentro de uno de los dos grupos mencionados.

Entre las concepciones virginales completas paganas (tipo a), se encuentra la madre de Perseo, semidiós de la mitología griega, hijo de Zeus y de la mortal Dánae, hija de Acrisio, rey de Argos. Un oráculo había anunciado a éste que moriría a manos de su propio nieto. Para evitarlo, Acrisio hizo encerrar a su hija en una cámara subterránea de bronce con una guardia permanente, para impedir que tuviera trato con ningún varón. Sin embargo Zeus se transformó en una lluvia de oro que cayó sobre Dánae desde el techo y la dejó embarazada. Perseo es un ejemplo reconocido incluso por los primeros cristianos como “nacido de una virgen”. Las "gotas de oro que caen del techo a la vagina de Dánae" es un hecho muy similar a la "sombra del Espíritu Santo" que fecundó a María.

Neith (cf.supra) se creó a sí misma a partir de su propio ser y dio a luz a Ra/Atum, sin jamás haber sido tocada por una contraparte masculina. Es la diosa eternamente virgen que no necesita de una pareja para procrear. Ra era el dios del cielo, dios del sol y del origen de la vida y responsable del ciclo de la muerte y la resurrección. También en este grupo entraría Isis, según el famoso mito de Osiris, esculpido en las mismas pirámides (asesinado y resucitado como inmortal del vientre de Isis con el nombre de Horus), que describe a dios fecundando a su madre en su noche de bodas (por tanto se presupone virginidad previa), disfrazado de su esposo, antes que llegue su verdadero marido.

Las concepciones divinas no virginales pero sin unión sexual (grupo b) son las más abundantes en la mitología pagana, por lo que el nacimiento de Jesús no fue nada nuevo en la historia de las religiones del mundo. Los nacimientos de una virgen eran tan conocidos en la antigüedad que los principales Padres de la Iglesia adoptaron el concepto para el nacimiento de Jesús. Sirvan de ejemplo los casos de Hefesto, creado directamente en el útero de Hera, de Dionisio, a quien su madre Semele concibe del dios Zeus, de Krishna, el dios hindú que no nació de la conexión sexual entre su madre Devakí y su padre Vasudeva (que era... carpintero!!), sino que fue transferido mágicamente desde el corazón de Vasudeva al útero de Devakí. Asclepio, dios griego de la medicina (Esculapio para los romanos) era hijo del dios Apolo y de la mortal Coronis o Corónide. También habría héroes y figuras históricas como Rómulo y Alejandro Magno, que se cree fueron concebidos por dioses con mujeres terrenales. El teólogo evangélico alemán Wilhelm Bousset (1865-1920), miembro de la Escuela de la Historia de las Religiones, especializado en la búsqueda del Jesús histórico, dice que esto es tan claro y evidente que no se necesita acumular citas ni referencias de los hijos de dioses nacidos milagrosamente de una mujer no fecundada.

Si nos concentramos solamente en el Antiguo Testamento la concepción por intervención divina no era ninguna novedad. Veamos lo que nos dice al respecto el periodista e investigador español Pepe Rodríguez (Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Ed. B.S.A., Barcelona, España, 1997, que aconsejo comprar en cualquier librería o leer online en
http://oceanodeteosofia.com/uploads/mentiras_ fundamentales_ de_la_iglesia_cat _lica.pdf).

En el libro de Jueces, al relatar el nacimiento de Sansón de una madre que era estéril, se lee: "Fue la mujer y dijo a su marido: Ha venido a mí un hombre de Dios. Tenía el aspecto de un ángel muy temible. Me dijo: Vas a concebir y a parir un hijo. El niño será nazareo de Dios (dedicado, separado para Jehová, algunos nazareos se ofrecían voluntariamente y otros eran nombrados por dios) desde el vientre de su madre hasta el día de su muerte". Con algunas diferencias, las circunstancias básicas de este relato se repiten también en el nacimiento de Samuel, el último juez de Israel, hijo de Ana, la esposa estéril del efraimita Elcana. Y antes Dios había intervenido también en la concepción de Isaac, hijo de Abraham. La madre de Sansón (como Ana, la madre de Samuel, e Isabel, la de Juan el Bautista) dejaron de ser estériles por la gracia de Dios, la misma que se «derramó» sobre María para fecundarla. Resulta obvio que los evangelistas se inspiraron en estos relatos —y en otros similares de origen pagano— para apoyar la grandeza que debía tener la figura de Jesús, ya que éste, como todos los personajes muy relevantes de la historia antigua, debía llevar el sello diferencial e inconfundible de un nacimiento prodigioso. Sin embargo, tal como ya observó con agudeza el erudito Alfred Loisy, especialista en estudios bíblicos e historiador de la religiones, «para descartar los relatos del nacimiento milagroso y de la concepción virginal, basta con comprobar que fueron ignorados por Marcos y Pablo, y que el de Mateo y el de Lucas no concuerdan entre sí, presentando ambos todos los caracteres de una pura invención». Nacer de una virgen fertilizada por Dios fue un mito pagano habitual en todo el mundo antiguo anterior a Jesús. Para completar la escenificación de la «señal divina» se elaboraron los episodios de la «anunciación» en los que un ser celestial, en sueños o en vivo, anunciaba la concepción milagrosa. Los relatos sobre anunciaciones a las madres de grandes personajes aparecen en todas las culturas antiguas del mundo. Así, por ejemplo, en China, son prototípicas las leyendas acerca de la anunciación a la madre del emperador Chin-Nung o a la de Siuen-Wuti; a la de Sotoktaïs en Japón; a la de Stanta (encarnación del dios Lug) en Irlanda; a la del dios Quetzalcoatl en México; a la del dios Vishnú (encarnado en el hijo de Nabhi) en India; a la de Apolonio de Tiana (encarnación del dios Proteo) en Grecia; a la de Zoroastro o Zaratustra, reformador religioso del mazdeísmo, en Persia; a la de las madres de los faraones egipcios (en el templo de Luxor aún puede verse al mensajero de los dioses Thot anunciando a la reina Maud su futura maternidad por la gracia del dios supremo Anión). La lista podría ser interminable. Por regla general, desde muy antiguo, cuando el personaje anunciado era de primer orden, la madre siempre era fecundada directamente por Dios mediante algún procedimiento milagroso. Otro ejemplo es el caso de los jeroglíficos tebanos, que relatan la concepción del faraón Amenofis III (1402-1364 a.C.): el dios Thot, como mensajero de los dioses (en un rol equivalente al que realizaba Mercurio entre los griegos o el arcángel Gabriel en los Evangelios), anuncia a la reina virgen Mutemuia —esposa del faraón Tutmés IV— que dará a luz un hijo que será el futuro faraón Amenofis III; luego, el dios Knef (una representación del dios Amón actuando como Espíritu de Dios, equivalente al Espíritu Santo cristiano) y la diosa Hator toman a la reina de las manos y depositan dentro de su boca el signo de la vida, una cruz, que animará al futuro niño; finalmente, el dios Nouf (otra representación del dios-carnero Amón, el Señor de los Cielos, en su papel de ángel que penetra en la carne de la virgen), adoptando el rostro de Tutmés IV fecundará a Mutemuia y, aún bajo el aspecto de Nouf, modelará al futuro faraón y su ka (cuerpo astral) en su torno de alfarero. Este relato mítico egipcio, como el resto de sus equivalentes paganos, es más barroco que el cristiano, pero todo lo esencial de éste ya aparece perfectamente dibujado en aquél. El exponente escrito más antiguo que se conoce de los embarazos virginales aparece en la leyenda caldea de la concepción del gran rey de Babilonia Gilgamesh (2650 a.C.), nacido de la hija virgen del rey Sakharos, encerrada por éste en una torre, para evitar el oráculo amenazador, pero fecundada por el dios supremo Shamash que llegó hasta ella en forma de rayos del sol (muy similar al rito de Perseo, los paganos también se copiaban entre sí, agregado mío). Así, casi todos los fundadores de dinastías de Asia oriental fueron presentados como nacidos de virgen que, a fin de cuentas, era la forma más gráfica de hacerse reconocer como verdaderos hijos de Dios. Según refiere la tradición del pueblo tártaro, Ulano, su primer rey, nació de una virgen; y al famoso fundador del imperio mogol Gengis Khan se le hizo descendiente de uno de los tres hijos habidos por la virgen Alankava, embarazada de trillizos por un resplandor que después de envolverla le penetró por la boca. El emperador Wang-Ting fue concebido cuando una gran luminaria celeste se detuvo sobre el vientre de su madre y dos hombres celestes se aparecieron a su lado portando sendas cazoletas de incienso. Muchos grandes personajes, ya fueran reyes o sabios como, por ejemplo, los griegos Pitágoras o Platón, o aquellos que devinieron el centro de alguna religión y que acabaron siendo adorados como «hijos de Dios», Buda, Krishna, Confucio o Lao-Tsé, fueron mitificados para la posteridad como hijos de una virgen. Jesús, aparecido mucho después que ellos, no iba a ser menos. De esta forma, budismo, confucianismo, taoísmo y cristianismo quedaron impregnados con el sello indeleble de haber sido resultado de la obra de un «hijo del Cielo», encarnado a través del acceso directo y sobrenatural de Dios al vientre de una virgen especialmente apropiada y escogida. El parecido de las leyendas entre unos y otros es tan profundo como lo resalta la anécdota referida, en el siglo XVIII, por el padre agustino Giorgi, un notable experto en orientalismo: «Cuando observé que este pueblo ya poseía un dios bajado del cielo, nacido de una virgen de familia real, y muerto para redimir el género humano, mi alma se turbó y permanecí muy confuso. Puedo añadir que los tibetanos contestaron los ofrecimientos de los misioneros, diciendo: ¿para qué nos vamos a convertir al cristianismo? Si ya tenemos unas creencias idénticas a las vuestras, y que además son mucho más antiguas». En cualquier caso, la Iglesia hacía ya muchos siglos que conocía bien el paralelismo de Cristo con Buda: San Jerónimo, por ejemplo, que identificaba a los budistas bajo la denominación de samaneos, sabía que Buda había nacido de una virgen. (Gautama Siddharta, Buda, nació en Nepal en el 560 a. C. Su madre, Maha Maya, lo habría engendrado en su vientre bajo la forma de un pequeño elefante, dándolo a luz de pie apoyada en una rama de higuera. Un dios habría recogido al niño en unos pañales). Otros puntales de la Iglesia primitiva, como Clemente de Alejandría, Crisóstomo o San Epifanio, conocían también las creencias de los budistas.

¿Hace falta decir algo más? 




6. El nacimiento y la adoración del Niño Jesús.

¡Feliz 25 de diciembre Jesús, Buda, Krishna, Horus…! ¡Les hago llegar la siguiente tarjeta para conmemorar tan trascendente acontecimiento!

Los dioses y personajes de la imagen (a los que debemos agregar el dios egipcio Osiris), nacieron el 25 de diciembre, el día en que el sol renace en el hemisferio norte (solsticio de invierno, comienzan a alargarse los días). Jesús también, no podía ser menos. Y todos ellos están identificados por los mismos temas: la verdad, la luz, la vida, la palabra o el hijo de Dios. Existen clarísimos indicios del origen pagano de las fechas de la Navidad y de la adoración de los Reyes Magos. La elección del 25 de diciembre fue hecha por la Iglesia en el siglo IV (entre los años 354 y 360), de la mano del Papa Liberio, y su finalidad fue la de adaptar y cristianizar el muy popular y extendido culto al Sol. Numerosos estudiosos cristianos han dado por buena esta teoría. Por otra parte el mitólogo Joseph Campbell, refiriéndose a las fechas de Navidad y Reyes, afirma que fueron adoptadas tardíamente "posiblemente para absorber el festival del nacimiento de Mitra" (cada primer minuto de todos los 25 de diciembre en el Templo de Mitra los sacerdotes, con atuendos blancos, encendían velas e inciensos celebrando el nacimiento del Hijo del Dios). 

El decorado habitual que rodea el nacimiento del niño-dios (pesebre, señales celestes, magos, pastores, ángeles cantores, animales amables) es de origen pagano. En la mayoría de los relatos acerca del nacimiento de dioses o de héroes se indica la aparición de estrellas u otras señales celestes que anuncian la calidad sobrenatural del recién nacido. Así, por ejemplo, en la leyenda china de Buda se habla de una milagrosa luz celeste que anunció su concepción; en el Bhâgavata-Purâna se cuenta como un meteoro luminoso anunció el nacimiento de Krishna; el historiador Justino refiere cómo la grandeza futura del rey Mitríades ya había sido anunciada por la aparición de un  cometa en el momento de su nacimiento; el día que Julio César nació apareció la estrella Ira en el firmamento. El nacimiento de Horus el 25 de diciembre fue anunciado por una estrella (Sirio, según los astrónomos) y asistido por tres hombres sabios (¿habrá mayores similitudes con el nacimiento del niño Jesús?).

La presencia de los "magos" en el relato de Mateo (no aparecen en ningún otro texto del Nuevo Testamento) aporta también una pista para buscar el contexto pagano que pervivía aún en muchas leyendas dadas por ciertas en esa época. En rituales como los efectuados en Persia, desde tiempos del rey Darío I (521-486 a.C.) y probablemente desde cientos de años antes, los magos/sacerdotes ya solían ofrecer a Ahura-Mazda (el dios solar principal del mazdeísmo) los presentes de oro, incienso y mirra. Está bien documentado que Mitra fue adorado por pastores y magos. Cuando nació Buda la tierra tembló, oleadas de lluvias perfumadas y de flores de loto cayeron de un cielo sin nubes, mientras que los devas ("divinidades resplandecientes"), equivalentes a los ángeles y arcángeles católicos, cantaban en los aires: "Hoy ha nacido Bodhisattva sobre la tierra para dar paz y alegría a los hombres, para expandir la luz por los rincones oscuros y para devolver la vista a los ciegos". En el momento del nacimiento de Krishna todos los devas dejaron sus carros en el cielo y, haciéndose invisibles, fueron hasta la casa de Mathura en la que estaba por nacer el niño divino y se pusieron a cantar alabanzas en honor de Krishna. Aunque nadie los vio, según la leyenda todo el mundo pudo oír sus cantos. Además  le regalaron oro, incienso y mirra. Durante el nacimiento de Confucio (551 a.C.) aparecieron dos dragones en el aire por encima de su casa y cinco venerables ancianos, que representaban a los cinco planetas conocidos entonces, entraron en la habitación del parto a honrar al recién nacido; una música armoniosa llenó los aires y una voz proveniente del cielo exclamó: "Éste es el hijo del cielo, el divino infante, y es por él que la tierra vibra en melodioso acorde". 

De un contexto pagano se originó la bella estampa, popularizada por los belenes navideños, del buey y el asno adorando y calentando al niño Jesús acostado en el pesebre. La tradición de los animales adoradores y/o auxiliadores de personajes extraordinarios la encontramos también en culturas anteriores al cristianismo. Se observa desde la cercana leyenda romana de Rómulo y Remo, fundadores de Roma amamantados por una loba, hasta las leyendas esparcidas por toda Asia que reproducen tradiciones antiquísimas como las de Tchu-Mong (Corea), Tong-Ming (Manchuria) o Heu-tsi (China). De este último, por ejemplo, se cuenta que "su dulce madre lo trajo al mundo en un pequeño establo al lado del camino; los bueyes y corderos lo calentaron con su aliento. Acudieron a él los habitantes de los bosques, a pesar del rigor del frío, y las aves volaron hacia el niño como para cubrirlo con sus alas".

7. La persecución de Jesús y la matanza de niños

Incluso este hecho, que podría haber sido obviado por Pablo de Tarso y los evangelistas, tiene origen pagano. De Pepe Rodríguez (cf. supra) transcribimos:

Herodes mandó matar a todos los niños que había en Belén y sus aledaños, de dos años para abajo. Esta leyenda, como el resto del mito evangélico sobre Jesús, es falsa y también está tomada de antiguas tradiciones paganas. Sirva de ejemplo la descripción de una parte de la leyenda del nacimiento de Krishna, octava encarnación de Vishnú, segunda persona de la trinidad brahamánica. Los astrólogos —o un diablo, según otra versión del mito— habían pronosticado a Kansa, el tirano de Mathurá, que un hijo de su hermana Devakí le arrebataría la corona y le quitaría la vida, por lo que el soberano ordenó la muerte de su sobrino Krishna tan pronto naciese. Pero éste, gracias a la protección de Mahádeva (el Gran Dios o Shiva), pudo ser puesto a salvo por sus padres con la colaboración de la familia de su fiel servidor Nanda, un pastor de vacas. Cuando se enteró de la desaparición del recién nacido, el rey Kansa ordenó la matanza general de cuantos niños varones habitasen en su reino, siendo asesinados todos menos el divino Krishna. El origen de la historia cristiana también pudo proceder de oriente —lugar donde fue redactado el Evangelio de Mateo hacia el año 90 d.C.—, y la encontramos en leyendas tan dispares como la de Moisés, salvado de la matanza de niños hebreos ordenada por el faraón para impedir «la llegada de un niño hebreo destinado a humillar a los egipcios y glorificar a los israelitas»; la de Abraham, muy similar a la de Moisés, o la del emperador romano Augusto (62 a.C.-14 d.C.), que se libró de la muerte a la que el Senado condenó a todos los varones nacidos en un mismo año para evitar la aparición de un monarca profetizado.

8. Los milagros

No hay ningún milagro en los Evangelios que no se hubiera realizado ya antes. Y aquí me permito citar y reproducir a Karlheinz Deschner en su obra "El credo falsificado" (211 pp, 2005), por considerarlo absolutamente demostrativo.

Buda sanó enfermos, hizo ver a ciegos, oír a sordos y andar a impedidos. Caminó sobre el Ganges, al igual que más tarde lo haría Jesús sobre el lago. E igual que los discípulos de Jesús, también los de Buda hicieron milagros. “De la misma manera que Pedro camina sobre las aguas, antes lo había hecho un discípulo de Buda. Y de igual manera que Pedro comenzó a hundirse cuando flaqueó su fe, lo mismo le sucedió al discípulo de Buda cuando dudó de Buda. Y de la misma manera que el Señor salva a Pedro, de la misma manera se salva el discípulo de Buda por el fortalecimiento de su creencia en el maestro.” E igual que Jesús en Lucas, también Pitágoras comienza su actividad misionera con un milagro de peces... Pitágoras curó a enfermos, calmó tempestades, algo que Empédocles hacía tan a menudo que lo apodaban “dominador del viento.” También Empédocles curó apestados y resucitó muertos... El milagro de la boda de Caná (donde Cristo transformó agua en vino), fue realizado antes por Dionisio. El semidios griego de la medicina Asclepio (cf. supra) realizó milagros en el siglo V antes de Cristo en Epidauro. Y para ver cómo numerosos milagros de Jesús nos retrotraen a los de Asclepio,  Carl Schneider (teólogo evangélico austríaco, 1801-1882) ha resumido sus investigaciones de manera gráfica diciendo: “Jesús, como Asclepio, sana extendiendo la mano, o colocando un dedo en el miembro del cuerpo enfermo, o simplemente rozando al enfermo. Ambos curan a paralíticos, mudos, enfermos a distancia, tullidos. Asclepio resucitó a seis muertos. (El milagro más grande atribuido a Jesús, la propia resurrección, lo trato en el punto 9).Los historiadores de la Religión han demostrado, ya desde hace tiempo, que en la literatura antigua hay numerosos equivalentes con las historias milagrosas evangélicas; que éstas concuerdan en estilo y contenido con las narraciones profanas de milagros, y que, en su mayor parte, es muy posible el origen pagano de las leyendas neotestamentarias de milagros. Según el teólogo Bousset (cf. supra) se transfirió a Jesús todo tipo de historias vigentes en el lenguaje popular. “Narradores cristiano-judíos”, escribe el teólogo Martín Dibelius (1883-1947, alemán, participante del movimiento de la búsqueda del Jesús histórico, junto con Bousset, cf. supra) “convirtieron a Jesús en el héroe de las leyendas de profetas o maestros conocidos, novelistas cristiano-paganos continuaron con historias de dioses, salvadores y taumaturgos aplicándolas al salvador cristiano.” Así aparecen, de nuevo, en el Nuevo Testamento los milagros estándar de muchas “religiones sublimes.” Curaciones inexplicables, sobre todo expulsión de demonios, caminar sobre las aguas, pacificación de tormentas, multiplicaciones maravillosas de pan y alimentos..., todo esto era conocido y habitual en el mundo antiguo. Los católicos consideran los milagros bíblicos como “hechos incuestionables” y están obligados a “creer todos los milagros contenidos en la Sagrada Escritura, porque Dios nos los ha revelado. Quien niegue uno de ellos ya no es católico”.


9. Muerte y resurrección... al tercer día

Durante el último siglo, distintos autores han señalado numerosos paralelismos entre los puntos de vista cristianos sobre Jesús y otros principios religiosos o míticos. Entre estos, la mitología del antiguo Egipto, las creencias hindúes, los misterios grecorromanos y otras fuentes mitológicas, presentan patrones culturales compartidos de dioses que mueren y resucitan. La resurrección de Jesús es el elemento determinante de la fe cristiana, elaborado por Pablo de Tarso. No solo es la resurrección en sí, por obra divina, sino también el hecho que alguien, Jesús, anuncie en vida que va a ser resucitado. El milagro de los milagros, la propia resurrección, era una proeza que los "hombres divinos", tanto los mitológicos como los históricos, superaron repetidamente con éxito. Los dioses que mueren y resucitan eran un fenómeno frecuente en esos tiempos en las religiones occidentales y del Asia Menor, pero no en otras como las de la antigua China. Tan comunes eran que el autor eclesiástico Orígenes afirma en el siglo III que "el milagro de la resurrección no aporta nada nuevo a los gentiles y no puede, por ello, resultarles escandaloso". Entre los dioses más conocidos que resucitaron están Dionisio, Heracles, el babilonio Tammuz, Adonis, Attis y, en cierta forma, Osiris. 

Algunos dioses de la antigüedad resucitados "al tercer día" fueron: Horus (Egipto, cf.supra), Mitra (Persia, cf. supra), Krishna (India), Attis (Frigia). Es notable la tradición budista (siglo VI a.C.) que dice que una fuerza misteriosa abrió la tumba de Sidharta (Buda) y éste fue ascendido al Nirvana. Según los expertos en Religiones Comparadas este mito influyó decisivamente en el Judaísmo (Cautiverio de Babilonia, 586 aC.) y, por su intermedio, en el Cristianismo y el Islamismo. Ausonius, una forma de Baco (y equivalente a Osiris), era muerto en el equinoccio de primavera (21 de marzo) y resucitaba a los tres días.

Bastante antes de Jesús de Nazaret había dioses y héroes mitológicos crucificados. La muerte de Jesús narrada por los evangelistas se rodea de no pocos detalles coincidentes con los acaecidos durante la muerte de las deidades paganas. Horus, que inició su prédica a los 30 años y fue muerto a los 33, fue crucificado entre dos ladrones. Sansón murió con los brazos en cruz para salvar a su pueblo de los filisteos. Mercurio, a quien 500 años antes de nuestra era se veneraba ya como intercesor de los hombres y que en tiempos de Jesús era honrado como salvador del mundo, encomendó su espíritu a su padre expresándose además casi en los mismos términos que, si creemos al evangelio de Lucas, se habría pronunciado Jesús. Dionisio, de adulto, muere crucificado. Sus fieles lo adoraron en la cruz sobre un altar con vasos de vino. Según el teólogo Hermann Raschke (1887-1970, pastor protestante alemán de la Comunidad Protestante Unida de Bremerhaven, ciudad del Estado de Bremen, suspendido por el comité eclesiástico de la Iglesia de Bremen), la crucifixión de Jesús es una forma desarrollada de la crucifixión de Dionisio. El castigo que recibe Prometeo por parte de Zeus se asemeja, en sus representaciones, al que se produce en el calvario y la crucifixión de Jesús. La conexión entre la pasión y el sacrificio del Nazareno por la humanidad y lo que sufre Prometeo, benefactor de la humanidad, parece inspirar a los artistas cristianos un modelo a seguir. Prometeo parece jugar un papel de vínculo entre los dioses y los hombres, entre el cielo y la tierra, similar al jugado por Jesús en el Cristianismo. Ambos conocen su destino y lo aceptan en pro de la salvación de los humanos. Ambos corren suerte similar, pasan calvario, tortura y cruz. Luciano de Samósata (125-181), escritor sirio en lengua griega, califica el castigo de Prometeo como crucifixión:

Hefesto.- Echemos un vistazo, Hermes, porque no conviene crucificarlo cerca del suelo, para que no le rescaten esas creaciones suyas, los hombres. Pero tampoco en la cima de la montaña que no lo verían los de abajo. Si te parece lo crucificamos en el medio, al borde del abismo, con los brazos sujetos a las rocas…
Prometeo.- Me parece Hermes que culpas a un inocente... Si tienes tiempo me gustaría demostrar que Zeus ha dictado una sentencia injusta contra mí y ... Hermes defiende su causa, manteniendo que su decisión de crucificarme en el Cáucaso es justa.
Hermes.- No hay más que hablar, una cruz perfecta. No te resistas, anda y sube y prepárate para que te clavemos a la montaña.

Fue en el s. IV cuando la cruz se convirtió, poco a poco, en el símbolo predilecto para representar a Cristo y su calvario de salvación. Desde el sueño del emperador Constantino hacia el 312 ("con esta señal, la cruz, vencerás"), que precedió a su victoria guerrera, y el descubrimiento de la "verdadera" cruz de Cristo en Jerusalén en el 326 por Elena, la madre del mismo emperador, la atención de los cristianos hacia la cruz fue creciendo.

Si la Pascua se correspondiese con una celebración onomástica, la de la supuesta resurrección de Jesús, que debió acontecer en un día determinado, la fiesta tendría una fecha fija, pero no es así ya que ésta varía de acuerdo con la distribución del año astronómico. Con esto se reafirma el origen pagano de este fundamental mito cristiano. La denominación de "Cordero Pascual", empleada por la Iglesia para designar al Jesús de la Pasión, no es ajena al mito pagano. En los escritos neotestamentarios, particularmente en el Apocalipsis de San Juan, se identifica repetidamente a Jesús con el Agnus Dei (cordero de dios) que "quita los pecados del mundo". Esta responsabilidad fue adjudicada a casi todos los dioses que precedieron al cristianismo. Pero si queremos remontarnos aún más en el tiempo, encontraremos también la costumbre mesopotámica de contarle los pecados del pueblo a un carnero o cordero, que luego era obligado a internarse en el desierto para que con su muerte expiara las culpas humanas.

10. La Santísima Trinidad

Dice Deschner: 

"Y como en el cristianismo nada es original, tampoco lo es la doctrina de la trinidad. Hubo trinidades en el hinduismo, en el budismo..., así como en las grandes religiones helénicas. Hubo una teoría trinitaria de Apis y Sarapis; hubo una trinidad en la religión dionisíaca: Zagreus, Fanes y Dionisio; hubo una trinidad capitolina: Júpiter, Juno y Minerva. Y: Uno es Dios: Zeus-Mitra-Helios, el dominador invencible del mundo”. "Ya en el hinduismo y el budismo, la divinidad de tres cabezas era símbolo de la trinidad, al igual que en el paganismo precristiano. Manifestaciones que, por supuesto, han sido combatidas". "Para el cristianismo primigenio las ideas trinitarias eran totalmente extrañas". 

Sobre este punto, a riesgo de repetirme y cansar al lector, me permito extractar nuevamente algunos conceptos de Pepe Rodríguez en el Cap.15 de su obra ya indicada (cf. supra).

Las doctrinas trinitarias abundan en épocas pre-cristianas. Si repasamos la historia de las religiones veremos que en casi todas ellas era corriente la idea de una trinidad divina. Los panteones trinitarios fueron una de las características de la religión del Antiguo Egipto desde unos tres mil años antes de la aparición del cristianismo (por esto cuando el cristianismo post Jesucristo llevó a Egipto su propuesta de tres formas de un Dios único, la idea cuajó con facilidad, agregado mío). El sistema cosmogónico menfita se componía de la tríada Pta (creador de dioses y hombres), Sejmet (esposa) y Nefertem (hijo); la tríada tebana era Amón, Mut (esposa, diosa del cielo) y Jonsu (hijo); la tríada osiríaca era Osiris, Isis (esposa) y Horus (hijo). Los babilonios y caldeos (2100 a.C.) veneraban los cuatro grandes dioses o Arbail, formados por tres divinidades masculinas y una femenina que era virgen, aunque reproductora. Esta primitiva trinidad masculina estaba integrada por Bel (Señor del Mundo, Padre de los dioses, Creador), Hea (forjador del Destino, Señor del Abismo, Dios de la Sabiduría y del Conocimiento) y Anu (Rey de Angeles y Espíritus, Gobernador de los cielos y la tierra). Según la Teogonia de Hesíodo (siglo VIII a.C.), la primitiva trinidad helénica estaba compuesta por Ouranos (Urano), Gaea y Eros. La Trimürti o trinidad hindú está compuesta por Brahmá, Visnú y Shiva; Una tríada más antigua, de origen persa, fue la de Varuna, Indra y Naatya. Estas trinidades tuvieron una influencia decisiva a la hora de construir un misterio central para la entonces aún joven religión cristiana.

11. El aura de Jesús y los santos

Otro resto de la simbología pagana presente en el cristianismo es la aureola que rodea la cabeza de Cristo, de sus apóstoles y de los santos cristianos más destacados. El aura aparece ya en las representaciones iconográficas de los fundadores y/o figuras relevantes de las religiones pre-cristianas: adornaba la cabeza de los dioses en Egipto (Isis, Ra, dios del sol), Persia, Grecia (Apolo), China (Tai Yang Shen, deidad solar), Tíbet, Japón, India (Buda y sus principales discípulos). Aún hoy día, en los templos rupestres de las cuevas de Ellora, en el estado indio de Maharashtra Norte, puede verse la figura de Indrani (la esposa de Indra, el principal dios de la India en la antigüedad) sosteniendo en sus brazos al niño Dios-Sol y llevando ambos alrededor de sus cabezas un halo similar al de la Virgen y el Niño cristianos. También con la cabeza aureolada se representa, en antiguas pinturas, al niño Krishna siendo amamantado por su madre Devakî. En las culturas antiguas, además de un reflejo de la gloria celeste representada por el Sol, el nimbo era un símbolo de realeza. Y así lo tomaron también los primitivos artistas cristianos, que representaron con halo áureo no sólo a Cristo y los santos sino, también, a los llamados emperadores cristianos (Trajano, Antonino Pío, Constantino, Justiniano), tal como puede verse en las monedas y medallas de la época.

12. El bautismo y la eucaristía

El culto a Mitra tenía en su liturgia el bautismo o purificación mediante el agua para ingresar a esa religión y la confirmación posterior. El bautismo cristiano, incorporado e instituido por Pablo de Tarso en su Epístola a los Romanos, es a todas luces inspirado por su predecesor mitraico. También hay antecedentes en el Antiguo Testamento: la narración bautismal más antigua proviene de Isaías. En sus libros Y de nuevo cantó el gallo (544 pp, 1998) y El credo falsificado (211 pp, 2005), Deschner hace una descripción muy detallada del bautismo en los cultos mistéricos y en la Iglesia antigua.

"Casi todos los cultos conocían la idea básica del bautismo como "renacimiento". "Renacido a la vida eterna" (in eternum renatus) se autodenominaba el creyente de Attis, "renacido" el salvado por Isis, "los nacidos de dios" en la religión de Dionisio. En el bautismo del cristianismo primitivo, al igual que en el culto de Isis, el dispensador del bautismo debía ayunar y el lugar del bautismo podía ser un río, una fuente o la playa. Y como en la religión de Mitra, se bautizaba preferentemente al inicio de primavera (en Pascua), y como en el bautismo eleusíaco o de Orfeo, muchas veces la inmersión se hacía desnudo. Más tarde se llevó a cabo en una casa bautismal, el baptisterio, que también tiene sus antecedentes en las fuentes e instalaciones de las religiones de misterios, sobre todo del culto a Mitra, levantadas para bautizar. Incluso en sus templos había una especie de pila de agua consagrada. En el siglo IV el bautismo cristiano se convierte, en una fiesta de dimensión social con cartas de felicitación"... "Tras la praxis bautismal cristiana no se esconde otra cosa que la vieja visión pagana de la fuerza misteriosamente salvadora y purificadora del agua, sobre todo del “agua fluyente” y “viva”, proveniente de la divinidad y vivificada por ella. De ahí que se atribuyera fuerza curativa a manantiales y ríos, y los cristianos aplicaron y trasladaron al bautismo casi todo lo que judíos y helenos conocían y enseñaron sobre la importancia del fluido". 

La perplejidad y la incomodidad que reflejan los testimonios evangélicos sobre el bautismo de Jesús son patentes. ¿Por qué se bautizó Jesús? ¿Quién era San Juan Bautista? ¿Primo de Jesús? Supongamos, por unos minutos, que este personaje existió. En Marcos 8, 27-28 se menciona a Elías y a Juan Bautista como posibles precursores del "Mesías", la irrupción del Cristo judío que había de liberar al pueblo de Israel. Existía una "cofradía del Bautista" que no solo incitaba a los judíos a practicar la virtud, la justicia y la piedad, sino que también los enardecía y exaltaba con su fogosa palabra. Herodes, temiendo una revuelta, lo mandó matar. 

El ritual de comerse a un dios es muy antiguo, y la creencia en la unión con él mediante su comida y bebida es muy conocida en la historia de las religiones. El evangelista Marcos toma prestado de Pablo de Tarso, su mentor, el mito de la cena eucarística y la inserta en la historia de un galileo que nada sabía de encarnaciones divinas en cuerpos humanos por ingestión de carne y sangre de dios. Pablo, no Jesús, fue quien introdujo la eucaristía cristiana, y esta no es un rito judío sino que está esencialmente inspirado en la comida ritual de las religiones paganas. En efecto, los antecesores paganos del cristianismo, los mitos y ritos del Antiguo Egipto en general, ya practicaban la eucaristía, muy especialmente la eucaristía sagrada del dios Osiris (Isis, antes de la muerte del dios, bebió su sangre en una copa de vino). Era la incorporación personal del salvador divino en el devoto, mediante la ingestión de su cuerpo (pan) y de su sangre (vino), como sucede en la misa cristiana. Este mito era perfectamente conocido en el siglo I de nuestra era y fue trasladado desde las regiones del Nilo hasta el Asia Menor. El mitraísmo celebraba la eucaristía casi idéntica a la adoptada posteriormente por el cristianismo (cf. supra), incluso se utilizaban los mismos objetos litúrgicos como cáliz y patena y los fieles se inclinaban ante ellos. Este rito era central en el culto a Mitra, con forma y fórmulas verbales iguales a las que acabaría adoptando la Iglesia cristiana. En la religión de Dionisio, el dios se introduce en el cuerpo de sus fieles, y en el Evangelio de Juan se hace decir a Jesús en la última cena una frase similar a "quien no mastica mi carne y bebe mi sangre...", utilizada por Dionisio.




13. Otros varios

Para no extender demasiado este texto, simplemente menciono otras creencias, leyendas y rituales provenientes del paganismo (con su correspondiente link para que el lector acceda directamente a la información), adoptados por las religiones hebrea, cristiana e islámica: la circuncisión (https://ancientneareast.org/2014/10/31/nip-tuck-circumcision-in-ancient-egypt/), el tabú de la carne porcina 
(https://en.wikipedia. org/wiki/Religious_restrictions_on_the_consumption_of_pork), 
el monoteísmo 
(https:// es.wikipedia.org/wiki/Monote%C3%ADsmo), 
el apocalipsis 
(https://en.wikipedia.org/ wiki/Zoroastrianism#Renovation_and_judgment). 
Como semejanza menor y curiosa, pero significativa, entre los rituales del mitraísmo y del cristianismo, figura el toque de unas campanillas en determinado momento del servicio religioso.

Antecedente bíblico

Para quienes desconfían de las influencias paganas aquí presentadas, adjunto una "curiosidad" de la propia Biblia, del Antiguo Testamento. José "el soñador" era uno de los doce hijos de Jacob (Gen. 35:22). En su artículo “Similitudes de la vida de José [El Soñador] y Jesús”, Reyna Orozco Meraz (mexicana, católica, no pude conseguir más datos) presenta las siguientes comparaciones:

- al ser vendido como esclavo José fue llevado a Egipto (Gen. 37:28), el niño Jesús fue llevado a Egipto para evitar que Herodes lo matara (Mateo 2:14)
- José fue traicionado por sus hermanos, que lo despojaron de su túnica y lo arrojaron a un pozo, Jesús lo fue por un discípulo amigo
- José fue vendido por Judá por 20 piezas de plata (Gen. 37:28) y Jesús por Judas por 30 piezas de plata (Mateo 26:15)
- Ambos fueron tentados y resistieron la prueba (Gen. 39:7-12 y Mateo 4: 1-11)
- Ambos fueron puestos en su lugar de muerte junto con otros dos criminales (Gen. 40:1-3 y Marcos 15:27)
- Uno de los criminales murió y el otro vivió (Gen. 40:21-22 y Lucas 23:3).

Algunas referencias astronómicas

Es interesante estudiar algunos datos astronómicos cuyo conocimiento parecería aportar un nuevo significado a fechas, símbolos y personajes de muchas de las creencias paganas y del cristianismo. La estrella de oriente que anunció el nacimiento de Jesús y otras deidades, se corresponde con la estrella Sirio. El 24 de diciembre esta estrella se alinea con las Tres Marías del cinturón de Orión (conocidas en la antigüedad como “Los Tres Reyes”). Esa línea apunta directamente al lugar de la salida del sol en la mañana del 25 de diciembre. Durante el solsticio de invierno, la constelación de Virgo ("Virgen" en latín) se eleva sobre el horizonte dando la sensación de que el sol (como Jesús y otros dioses solares), nace de este signo zodiacal. Esta constelación es representada en el zodiaco por la letra “M” (¿María, madre de Jesús, Maya, madre de Buda? ¿Coincidencias?). La fecha del nacimiento de Jesús y otros dioses simboliza el resurgir del sol, el principio de una nueva estación. En el hemisferio norte, a partir del solsticio de verano el sol empieza a moverse hacia el sur, los días se hacen más cortos y la luz mengua. El 22 de diciembre, el sol llega al punto más bajo en el cielo y deja de moverse hacia el sur, es el solsticio de invierno. Durante tres días, 22, 23 y 24, el sol parece que se detiene en la Constelación de la Cruz del Sur, para empezar a moverse un grado hacia el norte el día 25. Comparemos: Jesús y otros dioses mitológicos fueron crucificados, el sol muere en la Cruz del Sur; estuvieron muertos tres días, el sol se mantiene quieto tres días. El paso del sol por las diferentes estaciones del año fue ilustrado por nuestros ancestros paganos con la rueda zodiacal:  12 son los signos zodiacales o meses, 12 son los discípulos con los que Jesús, el sol, viajaba.

No pretendo consolidar esto como un argumento en favor de mis ideas. Pero sí busco despertar la curiosidad, la suspicacia y motivar la reflexión, indicando lo que los astrónomos y astrólogos saben. 


Resumen de algunos dioses y mesías pre-cristianos... y más similitudes

ATTIS
Dios griego de Frigia de 1200 años antes de nuestra era. Nació por obra de los dioses de la virgen Nana un 25 de diciembre. Poseía una doble divinidad, Padre e Hijo Divino. Bautizó a sus discípulos con su sangre, de tal modo que sus pecados fueron lavados. Crucificado en un árbol para la redención de toda la humanidad, fue enterrado pero al tercer día los sacerdotes encontraron su tumba vacía: resucitó un 25 de marzo. Sus fieles comieron pan y comida sagrada, creyendo haber recibido su cuerpo. Denominado como “Buen Pastor", “El Unigénito Hijo de Dios”, “El Salvador”. 

HORUS 
Su nacimiento un 25 de diciembre fue acompañado por una estrella brillando en oriente, que ayudó a tres reyes a ubicar y adorar al salvador recién nacido. A los 12 años era un niño prodigio, enseñaba en el Templo. No hay datos entre sus 12 y sus 30 años, igual que Jesús. A los 30 años fue bautizado por Anup el Bautista (Anup se traduce como Juan), quien fuera decapitado. Horus tenía 12 discípulos que viajaban con él, realizando milagros como curar enfermos y caminar sobre el agua. Era conocido con varios nombres como La Verdad, La Luz, El hijo elegido de Dios, el Buen Pastor, la Oveja de Dios, Dios convertido Hombre, el Verbo hecho Carne y muchos otros. Después de haber sido traicionado por Typhon, Horus fue crucificado entre dos ladrones el 17 Athyr (período del "ciclo de inundación", equivalente a noviembre en el calendario del antiguo Egipto) y sepultado en una tumba de la que al tercer día (19 Athyr) resucitó. Sus discípulos celebraban cada año su muerte y resurrección en el equinoccio invernal (Pascua).

MITRA 
          Dios persa de 1200 años antes de nuestra era, nació el 25 de diciembre, en una cueva oscura y los pastores fueron los primeros que le encontraron y le adoraron. Le trajeron regalos, oro y esencias. Era un representante del dios Ahura Mazda en la Tierra. Descendió del cielo como hombre enviado por el Padre, enseñó en la Tierra junto a doce discípulos, hizo milagros, se sacrificó por la redención del género humano y fue sepultado en una tumba. Resucitó al tercer día y ascendió a los cielos. Fue nombrado como “El Salvador", “El hijo de Dios", “El Redentor", “El Cordero de Dios". Los mitraístas creían en la resurrección, en el cielo y en el infierno. Su culto comprendía siete sacramentos, entre ellos el bautismo con agua, la confirmación y la comunión con pan y agua o pan y vino, hostias con un signo de cruz, misa diaria en la que el sacerdote pronuncia las fórmulas sagradas sobre el pan y el agua que simbolizan el cuerpo y la sangre de Mitra. El día sagrado del mitraísmo era el domingo. Los festivales Mitraicos eran dos, uno hacia el solsticio de invierno, que simboliza su nacimiento, y otro hacia el solsticio de primavera que simboliza su muerte y su resurrección. 

BUDA 
         Nacido de la virgen Maya un 25 de diciembre; anunciado por una estrella y adorado por hombres sabios con costosos regalos. A los 12 años enseñó en un Templo. Fue tentado por Mara, el espíritu del mal, durante su ayuno de 47 días. Comenzó su prédica a la misma edad que Jesús. Bautizado con agua, en nombre del Espíritu del Dios presente. Sanó a personas enfermas. Caminó sobre las aguas. Alimentó a 500 personas con una pequeña cesta de bollos. Predicó por el establecimiento del Reino de los Justos. Obligó a sus seguidores a la pobreza y a renunciar al mundo terrenal. Tuvo 12 discípulos, entre los cuales había un preferido y un traidor. Muchos de sus dichos fueron retomados por Jesús, casi literalmente. Muerto, fue sepultado y resucitado entre los muertos luego de que su tumba fuera abierta por una fuerza sobrenatural. Seguidamente ascendió hacia los cielos (Nirvana) y retornaría para juzgar a los muertos. Denominado “El Buen Pastor", “Carpintero", “Maestro", “La Luz del Mundo", “Redentor". Jerry H. Bentley (profesor americano,1949-2012, editor del Journal of World History) plantea la posibilidad de que «el budismo influenciara el primitivo desarrollo de la cristiandad» y sugiere prestar «atención a muchos paralelismos referentes a nacimientos, vidas, doctrinas y muertes de Buda y Jesús». Se ha hecho un seguimiento de las similitudes y diferencias entre el parto virginal de Maya, al dar a luz a Buda, y el de María al nacer Jesús.

DIONISIO (y su equivalente romano BACO)
En la mitología griega, Dionisio (800 años antes de nuestra, uno de los dioses más complejos dentro de la cosmovisión helénica) nació un 25 de diciembre de la mujer mortal Sémele y su padre fue Zeus, el rey de los dioses (otra versión dice que Dioniso era el hijo de Zeus y de Perséfones, la reina del Inframundo). Según el credo del orfismo (corriente religiosa de la antigua Grecia relacionada con Orfeo, maestro de los encantamientos) los antiguos Titanes matan al pequeño Dioniso, lo descuartizan y lo devoran. Entonces, Zeus los castiga y fulmina con su rayo, y como el corazón del niño no había sido devorado, de ese órgano resucita su hijo. El renacimiento es el principal motivo de la adoración de Dionisio, pues su muerte y resurrección (muere todos los inviernos y renace en primavera) eran sucesos de reverencia mística. Posteriormente fue conocido por los romanos como Baco. Dio de comer alimento sagrado a sus seguidores (comida ritual de pan y vino) que recibieron así el cuerpo del Dios. Es identificado con el símbolo del carnero y el cordero. A principios del siglo XIX Friedrich Hölderlin, en su libro Brot und Wein, ya sugería parecidos entre Cristo y este semidiós griego. Otros expertos en mitología comparada afirman que Dionisio y Jesús representan el arquetipo del dios que muere y resucita. El investigador moderno Barry Powell (Powell, Barry B., Classical Myth, 2.ª ed., Upper Saddle River, Nueva Jersey, Prentice-Hall, Inc., 1998) cree que las nociones cristianas de comer y beber la «carne» y la «sangre» de Jesús fueron influidas por el culto a Dioniso, y afirma que en el culto a este dios se aprecian precursores de la noción cristiana de la transubstanciación (doctrina católica de la Eucaristía, desconocida en los primeros siglos del cristianismo, definida por un canon del Concilio de Trento de veinticinco sesiones entre 1545 a 1563: "La consagración es el cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre"). Otra afinidad se percibe en Eurípides (el conocimiento del culto al dios Baco ha llegado hasta nuestros días de la mano de su obra Las Bacantes) cuando Dionisio, acusado de arrogarse la divinidad, comparece ante el rey Penteo, hecho comparable al interrogatorio de Poncio Pilatos a Jesús en el Nuevo Testamento. 

KRISHNA 
Dios de la India de 900 años antes de nuestra era. Es la segunda personificación de la Trinidad Hindú. Nació de la virgen Devakî en una cueva mientras una estrella especial brillaba en oriente. Las vacas adoraron su nacimiento. El Rey Kansa intentó buscarlo, ordenando asesinar a todos los niños varones nacidos esa misma noche. Krishna viajó mucho cumpliendo varios milagros, resucitó muertos y sanó leprosos, sordos y ciegos. Se retiró al desierto a ayunar. La crucifixión de Krishna es representada por medio de una cruz con sus brazos extendidos. Atravesado por una flecha colgando de la cruz, descendió a los infiernos, pero definitivamente al tercer día ascendió a los cielos. Krishna retornaría días mas tarde para juzgar a los muertos.

ZOROASTRO (o ZARATUSTRA)
Según la opinión de muchos especialistas en Historia de las Religiones, fundó por revelación divina el Mazdeísmo, la primera religión monoteísta. Nacido de una virgen, fue bautizado en un río. En su juventud asombró con su extraordinaria sabiduría a otros sabios. Cuando tenía 30 años comenzó su ministerio y era seguido por 12 discípulos. Fue tentado en el desierto por el demonio. Le devolvió la vista a un hombre. Reveló todos los misterios del Cielo, del Infierno, de la Resurrección, del Juicio Final, de la Salvación y del Apocalipsis. Sus fieles celebraban la Eucaristía por medio de una sagrada comida. Se lo denominaba “La Palabra hecha Carne". 


Conclusiones

Demasiado, es demasiado. Cuando emprendí este estudio reconozco que no creía que fuera a encontrar tantas similitudes entre los mitos paganos y la cristología cristiana. Los detractores de estas evidencias, que los hay y muchos, solo se limitan a intentar desligar algunos aspectos de su influencia sobre el mito de Jesucristo. El peso abrumador, aquí presentado, de los documentos históricos y de las conclusiones de historiadores agnósticos (y también religiosos) es tal, que no admite otra interpretación que no sea la de la invención del cristianismo a partir de un cóctel de cultos paganos y/o anteriores. No soy un historiador ni un investigador de las religiones, simplemente recopilo para los lectores lo que verdaderos historiadores e investigadores han descubierto y publicado.

Los padres más antiguos de la Iglesia estaban tan afectados por las coincidencias, que acusaban a los paganos del robo llevado a cabo contra los cristianos. Pero los misterios paganos precedieron a los cristianos y, por tanto, evidentemente no podía darse el “robo". Sin embargo, en el colmo de lo increíble, vean cómo procede Justino Mártir (vida probable 100/114-162/168), el Padre apologista griego cristiano más importante del siglo II. En sus Apologías, intenta utilizar cuanto de aprovechable encuentra en el bagaje cultural del paganismo, ¡pero haciéndolo heredero de los conceptos cristianos! Afirma, en su segunda Apología, que "cuanto de bueno está dicho en todos ellos nos pertenece a nosotros los cristianos". De ahí que pronunciara aquella grave frase: “Por tanto, nosotros no enseñamos lo mismo que los demás, sino que todos los demás repiten lo nuestro”, con lo que invierte la dependencia. Intenta así resolver uno de los problemas más graves de la teología en su época. Una vez más estaba en juego lo sobrenatural: el demonio y sus ayudantes, habían revelado a los paganos los “misterios” cristianos ya antes de Cristo. ¡La filosofía de los cristianos, los sacramentos... todo había sido robado por el demonio a los cristianos!

¿Que la creencia actual en el dios cristiano y en Jesús hijo de dios perdura, a pesar de las persecuciones iniciales, sus cismas y otros avatares, desde hace 2000 años? Es un argumento falaz a menudo esgrimido en respaldo de la veracidad de la "auténtica y única religión salvífica". Parece desconocer que otros mitos, hoy inexistentes, perduraron muchísimos más siglos y luego se extinguieron (algunos duraron bastante más de 3000 años), como fácilmente se puede deducir de cualquier libro escolar. Y de los aún persistentes, el hinduismo es mucho más longevo, el budismo lleva 500 años de ventaja y el islamismo solo tiene 500 años de desventaja. Perseo, Horus, Zaratustra, Mitra, Baco... ya nadie cree en ellos. ¿En el Jesucristo, parido por ellos, sí? Y lo que es más trascendente, ¿cuánto tiempo más creen que va a durar?

Alberto Cirio

P.D. Les recuerdo que sobre este tema pueden leer un texto que se publicó previamente en el blog, "10 personajes para crear el mito de Jesús" y cuyo link es: 



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(*) Nota Final:

El autor de esta publicación es "Alberto Cirio", fiel seguidor y colaborador de este Blog; quien amablemente me solicitó el compartir este artículo con el resto de los lectores; y al no estar en contra de la filosofía del Blog, es un honor para mí el poder publicarlo. El mismo "Alberto" se encargará de responder las dudas de los lectores a través de los comentarios.




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Ver Articulo: Países con más Ateos

Ver Sección: Actualidad y Noticias


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"Los seres humanos nunca hacen el mal de manera tan completa y feliz como cuando lo hacen por una convicción religiosa"

Blaise Pascal