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lunes, 11 de noviembre de 2019

Negocios vaticanos: las secretas inversiones de la Iglesia con millones de euros para los pobres (Actualidad y Noticias)




Negocios vaticanos: las secretas inversiones de la Iglesia con millones de euros para los pobres


La Santa Sede posee a escondidas inmuebles de valores multimillonarios en Londres, y acciones y sociedades en paraísos fiscales.

Informe
Julio Algañaraz
01/11/2019 - 9:01
Clarín.com Mundo


Entrando al Vaticano​ por la puerta de Santa Ana, un anciano monseñor del Este Europeo que caminaba del brazo con Clarín, vieja costumbre romana, se detuvo y explicó: “Aquí tendría que haber un gran cartel que atravesara la calle y dijera: 'Con el dinero para los pobres es pecado mortal y un crimen hacer especulaciones financieras'. El nuevo escándalo, quizás el peor, que estalló a principios de octubre, ha llevado al paroxismo la indignación y el desaliento de muchos porque las investigaciones ordenadas por el Papa están descubriendo una cadena de delitos que hacen más sísmico el terremoto que sacude a la Santa Sede.

Al centro, el enésimo caso de manejos “non sanctos” en operaciones inmobiliarias, especialmente en la ciudad de Londres, riquísima plaza mundial en la que el Vaticano posee a escondidas inmuebles de precio multimillonario.

Después de tantos anuncios de operaciones de transparencia intentadas por Francisco, los resultados son desalentadores y han terminado por elevar a las cumbres del Vaticano choques entre los más poderosos colaboradores de Jorge Bergoglio. Como los que acaban de enfrentar al “primer ministro” de Su Santidad, el secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, con el “ministro” (muy cercano al pontífice), cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

El centro del último escándalo ha sido la Secretaría de Estado, el principal órgano de gobierno del Vaticano, después que se descubrió que maneja un reservado fondo “extrabalance” de 650 millones de euros, reunidos en su mayor parte con las donaciones de los fieles que aportan al Obolo de San Pedro, instrumento de caridad del Papa, destinados a los más pobres.

La escandalosa operación inmobiliaria en Londres se hizo con dinero proveniente de este fondo. “Una operación opaca sobre la cual se hará luz”, comentó el cardenal Parolin sabiendo la que se iba a armar. El Papa vive proclamando lo contrario, la necesidad de una absoluta transparencia.


Un elemento clave de ocultamiento y corrupción es que la Santa Sede se esconde, al hacer inversiones en el exterior

El disparo apuntaba directamente a Becciu, que cuando se hizo la operación, en 2014, era el “Ministro del Interior” de la Secretaría de Estado y estaba a cargo de movilizar los fondos reservados para hacerles dar ganancias. “¿Por qué opaca?”, respondió fastidiado el cardenal. Recordó que desde la época de Pio XII la Iglesia compra edificios en Londres. “La Santa Sede invierte en ladrillos en varias ciudades del mundo”. “Nos ofrecieron este “palazzo” y la operación fue regular”. Aclaró que “nunca he tocado el dinero de los pobres”.

Guerra sorda declarada. El escándalo se expande y se complica. Hasta ha salpicado de lleno al primer ministro Giuseppe Conte​, que está dando explicaciones continuas por haber cobrado un jugoso honorario tras haber dado su opinión legal el año pasado, era candidato a premier, en uno de los tantos incidentes de la operación inmobiliaria en Londres.

Desde principios de mes, cuando estalló el escándalo, todo el aparato judicial del Vaticano, azuzado por el Papa, está investigando el caso.


La Santa Sede quería invertir 200 millones de dólares comprando una participación en una plataforma petrolífera en Angola.

Los fiscales de Francisco, llamados Promotores de Justicia, Gian Piero Milano y Alessandro Diddi ya han encontrado “graves indicios de peculado, estafa, abusos de oficio, reciclaje y autoreciclaje”, con “gravísimo delitos como la apropiación indebida, la corrupción y el encubrimiento”.

Estas acusaciones contra los responsables están siendo procesadas y son secretas, pero fueron reveladas por el semanario “L’Espreso” al que manos anónimas le entregaron el “dossier” de los fiscales.

En el comienzo y final de esta historia está el nombre de un llamado “financiero de asalto”, el italiano Raffaele Mincione, que ha ganado al menos 138 millones con la operación que él mismo inventó para que los inversores vaticanos compraran un edificio que había sido un viejo depósito de Harrod’s en pleno barrio rico de Chelsea, Sloane Avenue 60.

El “palazzo” era ya propiedad de Mincione, que había sido contactado en 2012 por el Crédit Swiss, el banco en que el Vaticano tenía depositados 500 millones de euros, que debían ser movilizados para producir réditos. Los de la Santa Sede querían invertir 200 millones de dólares comprando una participación en una plataforma petrolífera en Angola. Mincione los convenció que era un mal negocio y propuso el edificio de Sloane Avenue 60.

Un elemento clave de ocultamiento y corrupción es que la Santa Sede se esconde, al hacer inversiones en el exterior, en sociedades multiplicadas en paraísos fiscales como las islas Jersey del Canal de la Mancha, para que no se descubran sus actividades “reservadas”, que echan un gran mal olor.

El dinero destinado a los pobres se convirtió en acciones por 147 millones de libras esterlinas de un fondo luxemburgués del empresario Mincione, que se considera un audaz con buena fortuna. Un ejemplo: su yate, fruto de un negocio veloz, fue bautizado por su dueño “Bottadiculo” (Golpedeculo).


Departamentos de lujo

El objetivo fue convertir el depósito de 17 mil metros cuadrados de Harrod’s en cincuenta departamentos de lujo en Chelsea. Con el pasar de los meses el Vaticano comenzó a quejarse. Los costos de gestión del fondo luxemburgués de Mincione eran muy altos y el Credit Swiss cobraba comisiones del 8%. El edificio no rendía y la gestión de Mincione era muy costosa.

Cuando Angelo Becciu fue promovido a “ministro” del Papa y luego a cardenal, estalló el pánico entre los que quedaron con los carbones ardientes del negocio en Vaticano, hasta que llegó el sustituto de Becciu, el arzobispo venezolano Edgar Peña Parra.

El venezolano decidió que para salir del desastre que se avecinaba había que irse rápido del fondo luxemburgués de Mincione, el Athenas Capital Global. Peña Parra tomó una decisión heroica: comprar todo el edificio. Mincione vendió el 55% de su propiedad y salió del negocio en el que había ganado 138 millones de libras esterlinas. Dejó además como clavo un préstamo de 130 millones, que debió pagar el Vaticano cuando adquirió totalmente la propiedad.

La Santa Sede había quedado hundida en el pantano financiero. Se calcula que hasta hoy ha puesto 400 millones en el edificio de Sloane Avenue, que tiene un valor de 320 millones de esterlinas pero carece de administradores que hagan rendir la inversión.

Peña Parra acudió al IOR, el banco del Papa, para pedir 150 millones adicionales, alegando razones institucionales. El director del IOR negó el préstamo “a menos que lo ordene el Santo Padre”.


Pasan cosas muy raras

El Papa fue informado en junio pasado de que pasaban cosas muy raras en el negocio inmobiliario más empeñativo del Vaticano en los últimos años, con resultados financieros ruinosos. Francisco ordenó una investigación a fondo.

Lo peor es que por motivos misteriosos pero seguramente más que oscuros, una ves que el financista Mincione salió de escena, el Vaticano se hizo cargo del edificio pero como siempre escondiéndose detrás de otro financiero de asalto, Giovaluigi Torzi, ya acusado de malversaciones y estafas.

El nuevo propietario era la sociedad “Gutt”, luxemburguesa, representada por Torzi. El Vaticano debió pagar comisiones millonarias para recuperar la propiedad de “Gutt” y quitar a Torzi del escenario.

Los investigadores han descubierto corrupciones y delitos, junto con una montaña de pérdidas adjuntas en la última aventura del “palazzo” de Sloane Avenue, que hasta ahora solo ha rendido pérdidas y una pésima imagen a la Santa Sede.

Vaticano, corresponsal


Fuente:
https://www.clarin.com/mundo/negocios-vaticanos-secretas-inversiones-iglesia-millones-euros-pobres_0_9MxdupY2.html


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Ver Articulo: Países con más Ateos

Ver Sección: Actualidad y Noticias



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"Un mito es una religión en la que ya nadie cree"

James Feibleman 






lunes, 4 de noviembre de 2019

Ateos - Teos (Colaboración)




Nota Inicial:
La presente publicación fue escrita y elaborada por un colaborador y amable lector de este Blog. Este artículo NO fue escrito por el habitual escritor y responsable de este sitio Noé Molina. (*)


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Ateos - Teos


Son llamados ateos todas aquellas personas que no creen en un solo Dios (monoteísta), en los dioses (politeísta) y por consiguiente en los denominados dogmas que cada clero haya podido inventar o estén inventados para así poder perpetuarse ante el avance de las ciencias. Como sabemos, aunque no todos como así deberían, la etimología “tehos” del griego y cuyo significado es “Dios”, anexándole el prefijo “a” indica ausencia o negación, por lo tanto, el término “ateo” es “sin Dios”. En el mundo moderno en que vivimos, en el que impera la razón, la lógica y el conocimiento científico (aunque no en todo su esplendor como debería ser), ya no nos es posible establecer diferencias esenciales entre ateos o creyentes.   

Aquellos que creen en un Dios materializado (aunque nunca lo han visto), arrodillándose y orándoles delante de sus altares, en templos, procesiones, etc., son también verdaderos ateos. A pesar de esta realidad, ellos no se dan cuenta o no les interesan. Más adelante intentaremos explicar nuestros puntos de vista. 

Todo comenzó con el hombre primitivo. Él, (ellos) sintiéndose indefenso delante del mundo hostil que le rodeaba y desconocía, a todo temían. Le asustaba los fenómenos de la Naturaleza, tales como las tempestades, rayos, el frío, calor y tantos otros los cuales juzgaba ser las manifestaciones dignas de un Ser Superior, muy poderoso y desconocido. 

Entonces, dentro de su impotencia por no poder entender y controlar esa Naturaleza y no encontrando explicaciones razonables en la aún corta experiencia para esos acontecimientos se volvió el hombre hacia ellos. Hacia unos seres superiores que imaginaban y comandaban el mundo. Con eso suponía aplacar la ira de los dioses y ganar sus confianzas y con el tiempo las bendiciones para el día a día y los venideros. 

Estaba ahí y así lanzada la semilla de las futuras religiones que con el correr, primeramente de los milenios y posteriores siglos, irían ganando nuevas formas y al mismo tiempo modificaciones, de acuerdo con los propios propósitos de los hombres sus necesidades y aspiraciones. 

Es obvio preguntar: ¿delante de quien o de quienes se arrodillan los hombres? ¿Delante de Dios? Indudablemente ¡NO! Por increíble que parezca, los hombres se han arrodillados, hasta el día de hoy, delante de altares rústicos o cargados de oros (como los famosos retablos del catolicismo), levantados por el temor de aquellos pretéritos hombres primitivos “castigados” por las fuerzas adversas de la Naturaleza e impotentes para comprenderla y controlarla. 

No, no es lógico ni de razón que el hombre que evolucionó consiguiendo maravillas, obteniendo los medios necesarios para definirse a sí y a un tiempo frenar la furia de la Naturaleza cada vez que le es posible, paradójicamente continúe practicando los cultos de desagravios creados por aquellos ignorante y amedrentados hombres, nuestros parientes del pasado.  

Insistimos en lo que se ha dicho más arriba, que los religiosos de cualquier especie de religión que representen son ateos, por lo que de acuerdo con la propia etimología de la palabra ateo, continúan sin ese Dios que tanto insisten en hacerlo realidad. Esto es verdad, porque no le es posible a nadie tener algo inexistente, como ocurre con ese Ser Todopoderoso, Dios, dioses, o como lo prefieran llamar. A la medida en que el hombre fue evolucionando, promovió su organización social, inclusive el lastre religioso. 

A pesar de todo el hombre ha permanecido arrepintiéndose delante de ese supuesto Dios y de sus “bienaventurados” sacerdotes. Poco a poco aquellas religiones (y actuales) se fueron adaptándose en óptimos y cómodos medios de vida para esa minoría privilegiada compuestas por las castas sacerdotales, verdaderos comerciantes con lo cual los pueblos han sido expoliados a través de los tiempos. 

Durante centurias han ido surgiendo dioses y religiones idealizadas por los más listos, con el fin de satisfacer todos los gustos y tendencias hasta llegar a las inmensas riquezas y lujurias. En el siglo IX, los estudiosos del asunto ya habían catalogado unos 60 mil dioses de las más variopintas formas, desde la forma misma de animal, semi-animal, hasta llegar a los aspectos integrantes del cuerpo humano. Crearon dioses como Baco, el dios del vino, homenajeado con tremendas bacanales y borracheras. Venus, la diosa del amor. Para regir cada acto de la vida, fueron creando dioses especiales, inclusive para cada fenómeno de la propia Naturaleza. 

A pesar del fervor y mismo que ellos fueron creados a través de los siglos, jamás de los jamases se ha conseguido probar que la fe a ellos atribuidas haya mejorado la suerte de los hombres de todo el mundo…, o sea, la imbecilidad esa de mover montañas… Por eso hemos llevados a con-firmar rotundamente que todos aquellos creyentes que han estado (están) adorando a algún dios, han perdido su precioso tiempo y dinero. Por supuesto, nunca los diferentes cleros. 




El hombre, infelizmente no en toda la extensión de la palabra, con el poder de su inteligencia e imaginación fue poco a poco adquiriendo y sistematizando sus conocimientos volviéndolos cultura y ciencia. Gradualmente ha ido levantando la venda (fe) de las mentiras que les cubrieron el cerebro, cúspide de la razón humana. Las explicaciones de los hechos descubiertos y fundamentales en las ciencias los libertaron de sus seculares temores e ignorancias.  

Este conocimiento científico hizo que se desembarazase de las tinieblas de las seculares ignorancias, llevándolos a comprender que los millares de dioses de los cuales hemos tenido conocimientos son productos de mentes fértiles y pretenciosas como es la de los cleros y otros interesados en lucrarse de los aborregados fieles. La total ausencia de una intervención directa del supuesto Dios en los destinos de los hombres y el mundo es la prueba contundente, cumbre de que los cleros han conducido y conducen a los hombres por caminos absurdos de las imbecilidades. Ellos, valiéndose de la buena fe de los incautos pueblos en todos los tiempos han desenvuelto sus actividades partidarias y robándoles en todo lo posible y hasta en lo imposible sus economías humanas. De esta manera han podido disfrutar de la buena vida, lujos y palacios, prácticamente sin trabajar (sin el sudor de la frente…). Así pues, con los poderes y dineros puestos en sus ágiles manos los perpetuos ignorantes pueblos creyeron comprar su entrada en los reinos celestiales para después de la muerte…, con el agravante que aún continúan. 

Los sacerdotes, de cualesquiera sectas, son siempre categóricos en sus afirmaciones delante de los creyentes, pero se muestran reticentes y cautelosos en las fases de los conocimientos científicos de los hombres al haber éstos adquiridos perfeccionamientos. El clero les hablará de todo, pero evitará abordar lo referente a ese u otros dioses, religión, teología, etc. Habiéndose ya ultrapasado las épocas del miedo y terror, la raza humana no se ha libertado totalmente de los sentimientos religiosos, por lo que existen aquellos que se valen del nombre de Dios y de las religiones para vivir ociosamente, disfrutando de la buena posición y respeto, sin que por eso den a los hombres cuales-quiera contribuciones que les aprovechen para sus felicidades y bien estar. Apenas las promesas de “una vida futura”, eso sí, después de la muerte, por lo que conviene insistir. Pero aún hay algo más, ésta le será garantizada con la condición de soportar, pacientemente, muchos sufrimientos en su pasaje por la tierra, sin olvidar el sustentar los lujos del clero. Es obvio, son promesas vanas y engañosas. Pero ¿por qué los creyentes no se preguntan cosas sencillas como estas?: ¿Será que los cleros de cualquier religión les darían a los hombres los “Reinos de los Cielos” si de ellos dependieran? Todo nos lleva a creer en un rotundo ¡NO!

No creemos que las religiones puedan desaparecer tan fácilmente de la faz de la Tierra, a pesar de los perfeccionamientos siempre en expansión de los conocimientos científicos. Las religiones no mueren, ellas se reciclan y adaptan. Desde los comienzos de la Humanidad y el aparecer siempre unos nuevos dioses y modalidades de cultos justifican tal afirmación. Dentro de tantas modificaciones es que se ha llegado a la era del supuesto Jesucristo y su repercusión en el cristianismo, religión esta abrazada por gran parte de la población del mundo actual, dentro de sus múltiples ramificaciones que no por tener el mismo “fundador” han vivido en paz. 




¿Y cuales fueron los fundamentos sobre el que fue creada la religión cristiana? Nada tiene de positivo, palpable o verdadero. Es apenas una leyenda el nacimiento del sujeto Jesús, como toda la vida y los actos que a él le imputan. Aquellos que crearon el cristianismo ni siquiera primaron por la originalidad, pues la leyenda que envuelve la personalidad de ese personaje es apenas copias de otras tantas que relatan el nacimiento y todo cuanto se refiere a los dioses creados por los antiguos, tales como Ísis, Osiris, Hórus, Apolo, Mitra y un largo etc. 

El hombre en el avance de nuestro y aún poco estrenado siglo XXI forzosamente tiene que ser práctico. Por lo que no podrá fundamentar los actos de su vida en leyendas y mitos. Las leyendas poseen, evidentemente un gran valor, son parte del folklore de los pueblos influyendo en la formación de sus caracteres y culturas. Entretanto, sus valores de ilustración e instrucción no deben ultrapasar los límites lógicos y aceptables. 

En todos los tiempos, la meta principal de las iglesias que representan el catolicismo y protestantismo (por ser estas con las que tenemos que convivir y las más conocidas a fondo), ha sido y continúan haciendo del hombre el más desgraciado posible, de ahí la idea del pecado y la culpabilidad, para así crear una raza de esclavos y de castrados de pensamientos. Así, paralizadas sus libertades de pensamientos se vuelven presas fáciles y manejables en las manos de los supremos representantes de esas iglesias. El temor de los castigos eternos, promovidos para los que se sublevan contra las enseñanzas, absurdos y abusos de las muy santas iglesias, por lo que impide al hombre creyente de dudar de aquello que ellas mismas le inculcan como eternas verdades. 

Solo el hombre que consigue vencer las barreras del temor y de la ignorancia goza verdaderamente de una libertad plena y que le podrá hacer feliz dentro del sistema a que de una manera u otra también está sometido por las religiones…                

A pesar de haber una acentuada libertad en nuestros días, aún es pequeño el número de los que se sacuden el yugo opresor librándose así de la tutela hostil e interesada de la iglesia católica, de sus absurdos dogmas y vanas promesas. Infelizmente tampoco es un número importante los de aquellos que tienen el coraje de proclamar en voz alta sus pensamientos, librándose de cualesquiera preconceptos religiosos que juzgan a los hombres. Como se dice vulgarmente hoy, salir del armario, y no nos estamos refiriendo a ese que a pesar de que se parece a denominado “confesionario”. Es obvio, es ahí y en muchos momentos de la vida de los creyentes donde radica el súper poder de la religión católica, esa misma que nos ha costado sufrir en nuestras propias carnes, directa o indirectamente en aquellos no tan lejanos tiempos.  


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(*) Nota Final:

El autor de esta publicación es "Zerimar Ilosit", fiel seguidor y colaborador de este Blog; quien amablemente me solicitó el compartir este artículo con el resto de los lectores; y al no estar en contra de la filosofía del Blog, es un honor para mí el poder publicarlo.


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"Yo no creo en nada. Para mí la fe es algo tan odioso como lo es pecado para los creyentes. El que sabe, no puede creer. El que cree, no puede saber. El término "fe ciega" es una redundancia, pues la fe es siempre ciega"

Ernest Bornemann







lunes, 28 de octubre de 2019

5 Mitos sobre el Ateísmo




Nota:
Esta traducción está basada en una página Cristiana donde nos ilustra los mitos que rodean al Ateísmo vistos desde una perspectiva teísta. Creo que es muy interesante y educativo analizar este punto de vista, con sus irregularidades y aciertos.

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Mito #1: 
No hay buenos argumentos para el ateísmo

Debemos admitir desde el principio que hay algunas razones decentes que una persona puede tener para ser ateo, y debemos ser cuidadosos de no descartar esas razones. Sin duda, no todos los ateos tienen estas razones en mente en realidad, pero tales razones existen, y debemos tomarlas seriamente. De hecho, no tomarlas seriamente puede ser considerablemente dañino. Por supuesto, tomarlas demasiado en serio puede ser un problema también.  

Ten en mente, también, que pueden ser buenos argumentos para conclusiones falsas. Cuando consideres las razones para alguna posición, piensa en la situación en términos de una balanza, del viejo tipo, con dos bandejas. Cada lado de la balanza representa un lado del argumento. Y el peso en las bandejas son las razones que fundamentan ese respectivo lado del argumento. Ambos lados pueden contener relativamente pesos grandes, los cuales podrían representar el lado con los argumentos más fuertes. Pero de todas formas, un lado pesara más al final. En otras palabras, una buena razón para una creencia no es una razón definitiva para creer en ella. 

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 Mito #2: 
El ateísmo está basado solo en la razón

Dicho esto, creo que el equilibrio se inclina bastante a favor del teísmo cuando se trata de argumentos racionales. Entonces ¿Por qué hay ateos inteligentes e informados? Bueno, los argumentos no son lo único que importa cuando se evalúa el ateísmo. Otras consideraciones siempre están presentes. Nadie es neutral. Nuestra experiencia individual, un conjunto de creencias, el entrenamiento, la personalidad, los valores, y los deseos hacen importantes diferencias en como evaluamos creencias potenciales. Y entonces todo esto influye en la plausibilidad de los argumentos para el ateísmo (y para el teísmo). Thomas Nagel—uno de mis filósofos favoritos, y también un ateo—admite abiertamente que él simplemente no quiere que el teísmo sea verdadero. Por supuesto, esto no es la única razón por la que él es un ateo, pero su preferencia sin duda influirá en como él evalúa los argumentos a favor y en contra de Dios. Algo similar puede ser dicho acerca de mi deseo para que el cristianismo sea verdadero. 

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Mito #3: 
Una “tierra vieja” implica ateísmo

Y hablando de argumentos para el ateísmo, los creyentes y no creyentes suponen a menudo por igual que un universo de 13.8 billones de años, o una tierra de 4.5 billones de años (las estimaciones actuales) mostrarían, o por lo menos proporcionarían una buena evidencia contra la existencia de Dios. Pero seguramente la edad del universo, por ejemplo, no rige la existencia de Dios. Se ve muy plausible que Dios pueda crear un universo y una tierra tan vieja como le plazca. 

Por supuesto, si tu principal (o única) razón para creer en Dios es que el universo no tiene la edad de 13.8 billones de años, entonces tienes un problema serio si el universo resultara ser tan antiguo. Pero es aquí donde la distinción entre el teísmo y el cristianismo es importante, una distinción que he estado haciendo implícitamente. Un universo de 13.8 billones de años contradice ciertas interpretaciones plausibles de la Escritura—y esto es algo que los cristianos deben abordar. Pero una “tierra vieja” (la frase típicamente usada para referirse a ambos, el viejo universo y a la tierra vieja) no implica que no hay un Dios. Esta distinción puede ser particularmente importante si estas lidiando con dudas acerca de otros aspectos de tu fe. 

Recordar que hay buenos argumentos para el teísmo en general (y cómo los argumentos para el ateísmo pueden fallar) puede ser útil en tiempos de duda acerca del cristianismo en particular. 

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 Mito #4: 
La evolución implica ateísmo

Podrías confundir este mito con el anterior, pero la diferencia entre los dos es importante. La evidencia específica para un universo de 13.8 billones de años o una tierra de 4.5 billones de años es a menudo diferente de la evidencia para la evolución de los organismos y, por lo tanto, necesita ser evaluada. Para ponerlo diferente, la perspectiva de la “tierra vieja” no implica la verdad de la evolución. 

Pero para nuestros propósitos, supongamos que la evolución es verdadera, en el sentido de que la vida fue originada de la materia muerta y luego evoluciona a formas más complejas completamente de acuerdo con las leyes naturales. ¿Esto significaría que no existe Dios? Obviamente no. Después de todo, podríamos preguntar inmediatamente acerca de las leyes mismas— y ¿porque existen precisamente estas (biológicamente amistosas) leyes? Si la respuesta es “porque el multiverso”—lo cual se está convirtiendo extremadamente popular en estos días—entonces podríamos preguntar acerca de las meta-leyes generales que gobiernan el multiverso, o incluso por qué hay un multiverso en lugar de nada. Estas son, al menos, preguntas que necesitan ser abordadas antes de poder sugerir que la evolución ciega y no guiada implica la verdad del ateísmo. 

Una vez más, como en el caso de la “tierra vieja”, ciertos tipos de evolución pueden estar en contra de lecturas específicas (y plausibles) de la Escritura, y los cristianos tendrán que lidiar con eso también. Inclusive la evolución ni siquiera sugiere— y mucho menos implica—que “Dios casi ciertamente no existe”, para usar las palabras de Dawkins. 

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Mito #5: 
El ateísmo implica inmoralidad

Muchos cristianos argumentan que Dios es necesario para respaldar un estándar moral objetivo, que una ley moral absoluta requiere un legislador divino. Esto se llama “argumento moral” para la existencia de Dios. Supón que es correcto (y pienso que lo es). Si es, y si el ateísmo es verdadero, entonces los actos como mentir, engañar, y robar no son objetivamente incorrectos. 

Pero muchos cristianos han afirmado que los ateos racionalmente consistentes deberían seguir adelante y mentir, engañar y robar. Es decir, según el razonamiento, buscar el número uno tiene todo tipo de ventajas obvias—incluyendo las ventajas de supervivencia—y si nada es realmente malo, entonces es razonable tomar dichas ventajas, si uno puede salirse con la suya. 

Pero nada en el ateísmo mismo—o en el argumento moral—implica que los ateos deberían comportarse inmoralmente. Por supuesto, tampoco implica que los ateos deberían comportarse moralmente. Y esto es porque el ateísmo no implica ningún “deber” en lo absoluto. Para decirlo de otra manera, si el ateísmo es verdadero, no hay valores objetivos en lo absoluto, no hay correcto o incorrecto por encima de nuestros valores personales. Entonces, los ateos no necesariamente son inconsistentes al comportarse bien. Por otro lado, no pueden afirmar constantemente que el comportamiento de otras personas sea objetivamente incorrecto (u objetivamente correcto). Si el ateísmo es verdadero, no hay ningún comportamiento correcto. 


Traducido del original:
https://www.crossway.org/articles/5-myths-about-atheism/



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Anónimo