jueves, 21 de abril de 2011

Pablo de Tarso, Más Falsedades, Manipulaciones e Incoherencias. Parte 2 (Jesús no Existió)

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Veamos otra serie de razones que nos llevan a pensar en la falsedad que rodea al Apóstol Pablo y que por razones de espacio no fue nombrado en los artículos anteriores.

Ver: Parte 1, Pablo de Tarso, Más Errores, Mentiras y Contradicciones.

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El “Proyecto Paulino”

Hemos visto cual era el sueño de Pablo. Como ya se ha señalado varias veces en este blog, Pablo ha cortado con la dinastía herodiana, ha sido rechazado por los judíos a causa de su pasado, tanto en su calidad de aristócrata bandido como por ser miembro de una familia odiada y despreciada; desde su circuncisión y sus relaciones, quizás interesadas, pero aun así reales, con los sectas rebeldes (posiblemente los zelotes), se ha vuelto sospechoso a los ojos de los romanos. Sólo le queda un campo, el de una religión nueva, que no sea sospechosa desde el punto de vista de la legalidad romana, que sea fácil de difundir entre los gentiles, por ser sincretista, y que le abra un imperio espiritual análogo al del pontífice de Israel.

Rápidamente supo adquirir una autoridad indudable en el seno de una secta judeocristiana, la de los nazarenos, rama mística de las más antiguas (si no la más antigua) en el cristianismo naciente. Los miem­bros de la secta se reclutaban únicamente entre los judíos de raza, querían que se observara la ley de Moisés, honraban a Jesús como un hombre justo y santo, nacido de padre desconocido según los unos, de donde la leyenda de que el que lo engendró fue el Espíritu Santo, y de un padre y una madre perfectamente carnales según los otros. Sobre el hecho de que Pablo fue durante un tiempo el jefe de la secta tenemos como prueba que el evangelio de ésta, llamado Evangelio de los Doce Apóstoles, o Evangelio de los Hebreos, se considera también que fue posiblemente el que Pablo denomina “mi evangelio” (Ya veremos esto)

Por otra parte, los Hechos de los Apóstoles confirman que fue durante un tiempo el jefe de dicha secta:

Hechos 24,5

5 Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos.

Esta es la acusación de Tértulo, abogado del Sanedrín, cuando compareció ante el procurador Félix, en Cesárea, una delegación de sanedritas que había acudido a él para denunciar a Pablo.

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“El Evangelio de Pablo”

Podemos notar que Pablo tenía su propio “Evangelio”.

Veamos:

Romanos 2,16

16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.

Romanos 16,25

25 Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos

2 Corintios 4,3

3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto

2 Corintios 11,4

4 Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis

Gálatas 1,6

6 Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.

Gálatas 1,8

8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

2 Tesalonicenses 2,14

14 a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

2 Timoteo 2,8

8 Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio,

Como se ve, el Pablo del Nuevo Testamento no cita ningún otro evangelio canónico más que el suyo, sólo presenta éste, y censura a quienquiera que predique otro. ¿O es que acaso si existió un “evangelio” escrito por Pablo y que está sospechosamente “desaparecido”?

Recordemos amigos lectores que los 4 evangelios canónicos son posteriores a las cartas y escritos de Pablo. Por lo tanto si existió un evangelio paulino, este fue más antiguo que los que conocemos del Nuevo Testamento. ¿Acaso los evangelios del nuevo testamento son copias del desaparecido evangelio de Pablo?

Si se fijan en los versículos anteriores, Pablo condena a cualquiera que ose seguir a cualquier otro evangelio que no sea el suyo… por lo tanto amigo lector Cristiano, usted estaría “Pecando” al leer esos 4 evangelios que no son de Pablo.

¿Quién está mintiendo, Pablo o los evangelios Canónicos? Es probable que los dos.

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Pablo y los Ebionitas.

Una fuente de información sobre Pablo que nunca se ha tomado suficientemente en serio es la de un grupo llamado “los Ebionitas”. Sus escritos fueron suprimidos por la Iglesia, pero algunos de sus puntos de vista y tradiciones se han conservado en los escritos de sus opositores, en particular en el amplio tratado sobre las herejías de Epifanio. De esto se desprende que la filosofía Ebionita estaba muy presente en los antecedentes de Pablo y en el Antiguo Testamento que es fomentada por el propio Pablo en el Nuevo Testamento. Los Ebionitas declararon que Pablo no tenía antecedentes o formación farisaica; él era el hijo de gentiles, se convirtió al judaísmo en Tarso, llegó a Jerusalén, cuando un adulto, y se adhirió al Sumo Sacerdote como un hombre de su confianza. Decepcionado en sus esperanzas de progreso, rompió con el Sumo Sacerdote y buscó la fama con la fundación de una nueva religión. Esta sospecha, aunque no es fiable en todos sus detalles, es sustancialmente correcta. Tiene mucho más sentido que todas las características desconcertantes y contradictorias de la historia de Pablo según nos cuentan los documentos oficiales de la Iglesia.

Los Ebionitas eran estigmatizados por la Iglesia como herejes que no entendieron que Jesús era una persona divina, y afirmaban en cambio que él era un ser humano que vino a inaugurar una nueva era terrenal, tal y como fue anunciado por los profetas judíos de la Biblia. Por otra parte, los Ebionitas se negaron a aceptar la doctrina de la Iglesia, derivada de Pablo, que Jesús abolió o invalidó la Torah, la ley judía. En cambio, los Ebionitas observan la ley judía y se considera a sí mismos como Judíos. Los Ebionitas no eran herejes, como la Iglesia afirma, ni “re-judaizantes”, como los eruditos modernos los llaman; pero los auténticos sucesores de los discípulos y seguidores inmediatos de Jesús, cuyas opiniones y doctrinas se transmitieron fielmente, creían que los Ebionitas estaban correctamente derivados del mismo Jesús. Eran el mismo grupo que anteriormente había sido llamado “los Nazarenos”, que fueron dirigidos por Santiago y Pedro, que habían conocido a Jesús durante su vida, y se encontraban en una posición mucho mejor para conocer sus objetivos de Pablo, que conoció a Jesús sólo en sueños y visiones. Así, la opinión sostenida por los Ebionitas sobre Pablo es de extraordinario interés y merece una reflexión respetuosa, en lugar de desecharla como “propaganda difamatoria”, que ha sido la reacción de los eruditos cristianos desde la antigüedad hasta los tiempos modernos.

PABLO ateismo

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El error de Ananías

En el episodio de la curación de Saulo, en Damasco, a través de Ananías (Hechos de los Apóstoles 9,10-19), ¿cómo podía saber el citado Ananías lo de la aparición de Jesús a Saulo, si en su comunicación mediúmnica con el mismo Ananías, Jesús no le dice nada al respecto? Basta con releer y comparar los versículos 10 al 16 del capítulo 9, así como los versículos 17 y 18 del mismo, para convencerse. Tenemos, pues, una incoherencia más.

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Pablo sin “Poderes Apostólicos”

Pablo lo único que hacía era enseñar, él no bautizaba, y él mismo lo quiso subrayar:

1 Corintios 1,17

17 Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.

Cosa que, recordémoslo, es una prueba más de que no había reci­bido los famosos “poderes apostólicos”.

Y ese escrúpulo, esa vacilación, hacen que se cierna una duda sobre la realidad de la misión que Jesús supuestamente le confió. Si no, ¿por qué Jesús, tras resucitar en carne y hueso, cuerpo glorioso, en tres dimensiones, que comía y bebía como ustedes amigos lectores y como yo, iba a verse en la imposibilidad de infundir con las palabras y los gestos clásicos, ese Espíritu Santo necesario para la fundación de toda Iglesia? Porque ese Espíritu Santo jamás lo recibió en las formas sacramentales acostum­bradas en los tiempos apostólicos. Jamás obtuvo sino un simple acuer­do, concretado por un simbólico apretón de manos, que ya estaba en uso en las sociedades secretas de los “misterios”:

Gálatas 2,9

9 y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión.

Así pues (cosa a la que nadie parece haber prestado atención) ningún obispo puede vanagloriarse de tener una filiación apostólica que se remonta hasta san Pablo. Lo que, teniendo en cuenta el hecho de que muy probablemente Pedro jamás estuvo en Roma convierte en un misterio la identidad del verdadero fundador apostólico de ese obispado.

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Pablo Pro-Romano

Pablo nunca tuvo en sus epístolas alguna palabra de reproche o condena en contra del Imperio Romano (es lógico, tenia muy buenos amigos allí); para él el Imperio romano es una potencia positiva, que ha proporcionado la fortuna a su familia; y también, cuando al esclavo hebreo tenían que dejarle obliga­toriamente en libertad al cabo de siete años de servicios (Éxodo 21, 2), ya que el séptimo le aportaba la libertad, Saulo-Pablo no tuvo una sola palabra de condena para ese azote social que es la esclavitud. Es más, plantea como principio que toda autoridad, sea la que fuere, ha sido decidida por Dios (Romanos 13,1-7). Todo cuanto cons­tituye función de las autoridades, magistrados, todo eso es voluntad de Dios, y “¡para eso pagáis impuestos!”. Uno se imagina sin dificultad las reacciones de los desgraciados judíos, explotados y exprimidos por Roma, ante tan cínicas afirmaciones.

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Pablo muere en España

Clemente de Roma hace morir a Pablo en España:

“Después de haber enseñado la justicia al mundo entero, y tras alcanzar los confines del Occidente, sufrió su martirio ante aquellos que gobiernan...”

Clemente de Roma, Epístola a los Corintios.

Esto a fin de ocultar la muerte en Roma, y los motivos reales de ella.

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Como ya lo hemos visto en el transcurso de los artículos dedicados a Pablo, se se concluye con una certeza casi total de que tuvo la intención de construir, mediante una serie de artilugios y manipulaciones una religión nueva cuyo fundador sería él, un imperio espiritual que abarcaría la cuenca mediterránea oriental y central. Esta ambición germinó en él cuando frecuentaba a Gamaliel, el doctor supremo de Israel. Había podido constatar que la autoridad del cohén-ha-gado I, el sumo sacerdote, se extendía por todo el Imperio romano, en el seno de todas las comuni­dades judías de la Diáspora, tanto en el campo fiscal como en el de la legalidad penal. Y la propia Roma no se había atrevido a restringirla, exceptuando el jus gladii apenas llegaron los procuradores, en lo que concernía a los actos de sedición política y de bandolerismo por parte de grupos armados. Pero en lo que concernía al ámbito religioso, según un estudio minucioso llevado a cabo por Jean Juster en su libro Les Juifs dans 1'Empire romain tanto sobre obras talmúdicas como sobre los textos neotestamentarios, parece que se puede afirmar con certeza que el Sanedrín utilizaba libremente el derecho al castigo supremo contra los judíos en materia de crímenes religiosos. Sin duda, después del año 70, con la destrucción de Jerusalén, y la dispersión del consejo sanedrita y su jefe, este poder se le dejó al sumo sacerdote por toleran­cia de los romanos. Luego desapareció, tras la gran revolución final del año 135.

Y Pablo vio en todo este poder casi inmaculado la posibilidad de hacerse una lucrativa carrera exponiendo su particular teología.

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Ver: Pablo de Tarso, Más Errores, Mentiras y Contradicciones. (Parte 1)

contradiccion pablo ateismo.   

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Fuentes:
- New Bible Dictionary; Howard Marshall, A.R. Millard, J.I. Packer, D.J. Wiseman;Third Edition 1996;
- Hyam Maccoby, The Mythmaker: Paul & the Invention of Christianity.
- Hermann Detering, The Falsified Paul, Early Christianity in the Twilight (Journal of Higher Criticism, 2003)
- E. Doherty, The Jesus Puzzle, 1999; G. A. Wells,
- A. N. Wilson, Paul, The Mind of the Apostle (Sinclair-Stevenson, 1997)
- John Ziesler, Pauline Christianity (Oxford, 1990)
- R. Ambelain, La Vie secrète de Saint Paul, (París, Robert Laffont, « Les Énigmes de l'univers », 1972)
- Edward Stourton, In the Footsteps of Saint Paul (Hodder & Stoughton, 2004)
- J. Murphy-O'Connor, Paul, A Critical Life (Clarendon, 1996)
- J. Murphy-O'Connor, Paul, His Story (Oxford, 2005)

               Ver: Pablo; Conclusiones desde el Ateismo

                     Ver Artículos sobre: Pablo de Tarso 

                            Ver: Pablo, El Falso Apóstol 

                       Ver: Jesús no Existió. Introducción.               

                            Ver Sección: Análisis Bíblico.

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martes, 19 de abril de 2011

Pablo de Tarso: Más Errores, Mentiras y Contradicciones. Parte 1.(Jesús no Existió)

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Hay tanto material e información sobre Pablo de Tarso que es difícil abarcarlos todos en solo algunos artículos.

Veamos ahora algunos puntos interesantes, aislados y muy precisos que simplemente nos confirman que lo que los cristianos piensan y creen de su “Gran Apóstol” está lleno de falsedades y mentiras en ocasiones bastante descaradas y cínicas:

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Los planes de Pablo.

Recordemos que Pablo nació (supuestamente) en el seno de una familia nabatea de alto rango, con posibles orígenes principescos; su calidad de ciudadano romano, sus anteriores actividades de rapiña feudal, bandido cuando se presentaba la ocasión, sus antiguas funciones de jefe de una policía supletoria, le hacen despreciar al pueblo judío, dispuesto a rebelarse contra el ocupante romano. Además recordemos que no era de un aspecto físico nada agraciado y posiblemente sufría de alguna vergonzosa enfermedad. Como se sentía secretamente odiado y des­preciado por las masas judías, sus simpatías se inclinaban hacia los gentiles.

De todo esto se resentirá la doctrina que poco a poco irá formu­lando, de cara a la realización de un plan que acaricia profundamente y que ya hemos tratado en este blog en los artículos dedicados a Pablo. Además, su formación religiosa es inicial­mente pagana en su infancia. Aunque la Idumea estuviera integrada en la provincia de Judea desde los reyes asmoneos, sólo es judía en la imaginación de aquéllos. Allí abundan los templos paganos, y es testi­monio el de Ascalón, en el que era sacerdote uno de sus antepasados directos. De manera que para Saulo-Pablo esa doctrina que comienza a formular en sí mismo reflejará, inconscientemente, sus pasadas creen­cias. No puede asimilar el estricto monoteísmo de Israel. Y así, tam­bién inconscientemente, transpondrá el trinitarismo pagano de los vie­jos cultos de la Nabatea contemporánea, todavía latente en Idumea, en un trinitarismo bien propio.

Pablo vio el resultado de las mezclas político-religiosas con los múltiples levantamientos guerrilleros de la época, especialmente el movimiento zelote. No se ganaba nada atacando a Roma en el plano ma­terial. Y tampoco tenía ningún interés, más bien al contrario. En cam­bio, con una doctrina seductora, que recogiera los temas que hasta entonces habían atraído siempre a los paganos cultos, predicando una doctrina que recordara la de los “misterios” a los que estaban acostum­brados los gentiles, descartando todo aquello que pudiera hacer levan­tarse en contra los poderes temporales, obligando a los fieles a vivir como individuos sometidos y dóciles, se tenía la posibilidad de reunir a muchísima gente. Haciéndolo así, podía crearse un verdadero imperio “espiritual”, con una capital, provincias regidas por gobernadores tam­bién “espirituales”, y que vigilaran unos missi domini perfectamente serios. Dicho imperio existía ya, y era el de la Diáspora judía, sobre el que reinaba el sumo sacerdote de Israel, quien no solamente disponía de poder de jurisdicción, sino también de extradición, y que recibía desde muy lejos los impuestos y los diezmos. Y para Pablo ése era el único refugio. En efecto, al hacerse circuncidar y al convertirse oficialmente al judaísmo, cortó con sus orígenes árabes. Roma no admitía la circuncisión para los gentiles que abrazaban el judaísmo. A continuación, y en virtud de la Lex Cornelia, emperadores como Adriano y Antonino el Piadoso, prohibieron formalmente dicho rito mediante la publicación de edictos. A los hombres libres que se hicieran circuncidar les esperaban penas diversas, como expulsión, confiscación de los bienes o pena capital. En los tiempos de Saulo-Pablo todavía no regía tanta severi­dad, pero los romanos ya mostraban un rechazo formal hacia todo latino o griego que se hubiera pasado al judaísmo. De manera que nos encontramos a nuestro hombre no sólo separado del mundo idumeo y nabateo, sino también del romano y del griego. ¿Qué podía hacer?

¿Integrarse en los zelotes, entre los mesianistas, dirigidos por los “hijos de David”? Ni hablar. ¡No tenía ningún porvenir! Los primeros puestos estarían siempre reservados a los verdaderos “hijos de la Alianza”, a los elegidos de Yavé. De modo que Pablo sólo hará que le admitan momentáneamente. De esta decisión nacerán contactos episódicos, que sólo durarán algún tiempo, con Simón-Pedro y Jacobo-Santiago, tal como nos lo cuentan los Hechos de los Apóstoles. Luego, cuando los jefes mesianistas hayan sido progresivamente eliminados por las legiones romanas de la manera que ahora sabemos, nuestro hombre podrá al fin volar con sus propias alas. En el período prepara­torio habrá tenido tiempo de introducirse, de familiarizarse con los principios y las tradiciones de la nueva corriente “cristiana”.

Queda el problema de una doctrina que le permita presentarse como portador de un mensaje de salvación. Ya hemos dicho antes que tuvo conocimiento de la obra de Filón de Alejandría, un extenso tra­bajo en el que el autor presenta una interpretación alegórica del Penta­teuco, especialmente en su Nomon hieron allegoriai. Sobre todo tiene la originalidad, siendo judío de nacimiento, de atreverse a afirmar que Dios no establece ninguna diferencia entre los hombres, que no es el nacimiento lo que confiere la nobleza, sino la sabiduría y la virtud. Todos los que se apartan de la idolatría para acudir al verdadero Dios son miembros del auténtico Israel, que no es el de la carne y el naci­miento. Y para Filón, que expresaba por primera vez esta enseñanza secreta de los doctores de la Ley, esta especie de cosmopolitismo del judaísmo es la garantía de que constituye la verdadera y la mejor de las religiones.

Y esto colmará de gozo a nuestro Pablo. Su concepción de Jesús-Mesías, que extraña en especial a los zelotes, como a Simón-Pedro, quien en las Homilías Clementinas le replica que Jesús jamás se había pretendido Dios, podrá elevarse, gracias a Filón, al nivel del Logos platónico, del Verbo divino, y le permitirá relegar el Metatrón-saar-ha-Panim de los cabalistas a segundo plano. Porque Pablo no inventó nada en este terreno; cuando predica el Verbo es Filón quien habla.

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Ocultando su lugar de nacimiento

Se desprende de los Hechos que Pablo era en un principio llamado "Saulo", y que su lugar de nacimiento fue Tarso, una ciudad de Asia Menor (Hechos 9,11 y 21,39 y 22,3). Sin embargo, curiosamente el mismo Pablo en sus cartas, nunca menciona que él vino de Tarso, incluso cuando describe parte de su biografía. En su lugar, da la siguiente información sobre sus orígenes:

Romanos 11,1

1 Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.

Filipenses 3,5

5 circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;

Parece que Pablo no estaba ansioso por difundir a los destinatarios de sus cartas que vino de algún lugar tan remoto como Tarso, el motor de fariseísmo.

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Pablo, un “joven”de 57 años’.

San Jerónimo, en su Comentarios sobre la Epístola a los Filipenses, (XXIII - M. L. XXVI, 617-643.) dice que los padres del apóstol Pablo eran de Giscala, en Judea, y cuando la provincia fue devastada enteramente por el ejército romano, y los judíos se dispersaron por todo el universo, fueron transferidos a Tarso, en Cilicia. Pablo, entonces todavía “un joven (adolescentem), siguió la suerte de sus padres”.

La deportación de los habitantes de Giscala tuvo lugar durante la represión llevada a cabo por Varus (quien crucificó a dos mil prisioneros judíos en las colinas de los alrededores de Jerusalén), es decir en los años 6 al 4 antes de nuestra era. Ahora bien, se nos dice que en aquella época Pablo era todavía un joven (adolescentem). Así pues, habría nacido hacia el año 21 antes de nuestra era, y contaría alrededor de quince años cuando se produjeron esos acontecimientos. Esto parece difícilmente compatible con la cronología clásica, ya que en este caso habría contado 57 años cuando se produjo la lapidación de Esteban, en el año 36 de nuestra era.

¿Qué dice Hechos?

Hechos 7,58

58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.

Y entonces, ¿Cómo pueden decir los Hechos de los Apóstoles: “un joven que se llamaba Saulo” si ese “joven” tenía 57 años? Además, en este caso habría muerto a los 88 años (en el 67 de nuestra era), cosa difícilmente compatible con su actividad y sus numerosos viajes.

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Pablo, Maestro del disfraz

Pablo después de separarse de Bernabé, cambió también de identidad. A partir de la expedición a Pafos, tomará el nombre de Pablo (en griego Paulos), en lugar de Saulo. Cosa fácil.

¿Qué debía ser entonces un salvoconducto proporcionado por las autoridades romanas, para pasar de una provincia del Imperio a otra? Probablemente un título de formato reducido, sobre papiro o perga­mino. Debió de resultar fácil transformar el nombre primitivamente inscrito: SAVL, en PAVLVS. Y así, ¿quién podría identificar a ese hombre de nombre latino, que hablaba griego, a partir de ahora origi­nario de Tarso, en Cilicia, con un judío (que su desafortunada circunci­sión le obligó a ser) al que busca la policía romana en Chipre?

Mejor aún, más tarde, a su regreso a Jerusalén, y para escapar a toda identificación, se rapará los cabellos, bajo el falaz pretexto de un voto, y se mezclará con otros cuatro peregrinos que se hallan en el mismo caso. Y para mayor seguridad, cargará en su nombre y por ellos con los gastos de la ceremonia (Hechos de los Apóstoles 21,24). Cosa que, de hecho, representa el pago de su complicidad, como re­sulta de ese mismo pasaje de los Hechos:

Hechos 21,21-24

21 Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres.

22 ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido.

23 Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto.

24 Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley.

Es evidente que las acusaciones imputadas a Saulo-Pablo son verí­dicas, combate la circuncisión y las costumbres judaicas. Y también es evidente que esas precauciones que le aconsejan tomar sus discípulos locales no son otra cosa que una estrategia de guerra. Todo ese parágrafo destila doble discurso. Para Pablo se trata de poder raparse la cabeza, es decir, de cambiar de fisonomía, haciendo uso de un motivo altamente válido a los ojos de los judíos de Jerusalén. Después, lejos de la ciudad, en las otras provincias, esto le permitirá cambiar más completamente todavía de fisonomía, afeitándose a continuación la barba y el bigote.

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Pablo contra las fieras…

Pablo tuvo que sufrir muchas supuestas duras pruebas físicas en el curso de sus campañas de propaganda. Lo menos que puede decirse es que se adjudica un bonito papel, y que, en la realidad, seguro que fue muy diferente. ¿Qué nos dice? “batallé en Efeso contra fieras...” (1 Corintios 15,32.)

Si tomamos los Hechos de los Apóstoles en los pasajes que relatan la permanencia de Pablo en esta ciudad, constataremos que no hay nada de eso. Basta con releer los Hechos (19, 1-40), y se ve a nuestro hombre acusado de unas tentativas de arruinar el tráfico local (la fabricación y la venta de efigies de la Diana de Éfeso), y librarse de ello gracias a la discreta protección (una más) de los asiarcas de la ciudad. También aquí su título de ciudadano romano lo protegió ofi­cialmente; los asiarcas, en efecto, eran elegidos cada año por las ciuda­des de la provincia de Asia. Estaban encargados de presidir el culto de Roma y del emperador, así como los juegos celebrados en dicha oca­sión; cuando expiraba su cargo, conservaban el título. Como la función acarreaba grandes gastos de representación, exigía de los candidatos una situación social muy elevada. Los magistrados y sacerdotes de Roma no podían lanzar a las fieras, con los condenados a muerte del origen más bajo, a un ciudadano del Imperio. Eso habría constituido un escándalo que les habría costado muy caro, si se tenían en cuenta las leyes romanas.

Por otra parte, la frase antes mencionada parece insinuar que Saulo-Pablo combatió “victoriosamente contra las fieras”. Ahora bien, tales combates no eran los de los condenados a muerte, que eran lanzados delante de las fieras desarmados; entonces se trataba de espe­cialistas llamados venatores que, aunque menos considerados que los gladiadores clásicos, ejercían un oficio con toda regla, que requería una técnica de combate, según la fiera a la que se enfrentaban, y esos venatores llevaban entonces unos nombres de guerra, justificados por su reputación a los ojos del público. Prestar a Pablo esta posibili­dad es absolutamente descabellado.

Lo mismo sucede, pues, con la afirmación en la que nos dice con aplomo: “Fui librado de la boca del león” (2 Timoteo 4,17) Cuando escribe esta carta a su lugarteniente, que entonces estaba en Efeso, se halla por segunda vez en Roma, trasladado de Troas en el año 66. Está encerrado en la custodia pública, esperando el final de su proceso. Ha comparecido ya ante los magistrados romanos por todos los hechos que se le reprochan. Pero no ha corrido el peligro de que le echaran a los leones, dado que todavía ignora la sentencia que será pronunciada contra él. Por otra parte, no corría tampoco dicho riesgo de ejecución durante su primer proceso ante el tribunal del César a consecuencia de su “apelación”, ya que era ciudadano romano, y el suplicio de las fieras no se aplicaba jamás a esa aristocra­cia del Imperio.

No eran “fieras” o “leones” reales… creo que esto es obvio, aunque muchos Creyentes Cristianos siguen utilizando el argumento del “Pablo circense” domador de animales salvajes.

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Ver: Parte 2. Pablo de Tarso, Más Falsedades, Manipulaciones e Incoherencias.

paul of tarsus atheist

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Fuentes:
- New Bible Dictionary; Howard Marshall, A.R. Millard, J.I. Packer, D.J. Wiseman;Third Edition 1996;
- Hyam Maccoby, The Mythmaker: Paul & the Invention of Christianity.
- Hermann Detering, The Falsified Paul, Early Christianity in the Twilight (Journal of Higher Criticism, 2003)
- E. Doherty, The Jesus Puzzle, 1999; G. A. Wells,
- A. N. Wilson, Paul, The Mind of the Apostle (Sinclair-Stevenson, 1997)
- John Ziesler, Pauline Christianity (Oxford, 1990)
- R. Ambelain, La Vie secrète de Saint Paul, (París, Robert Laffont, « Les Énigmes de l'univers », 1972)
- Edward Stourton, In the Footsteps of Saint Paul (Hodder & Stoughton, 2004)
- J. Murphy-O'Connor, Paul, A Critical Life (Clarendon, 1996)
- J. Murphy-O'Connor, Paul, His Story (Oxford, 2005)

              Ver: Pablo; Conclusiones desde el Ateismo

                   Ver Artículos sobre: Pablo de Tarso 

                            Ver: Pablo, El Falso Apóstol 

                       Ver: Jesús no Existió. Introducción.               

                            Ver Sección: Análisis Bíblico.

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viernes, 15 de abril de 2011

Pablo de Tarso y Orfeo. Entre Sacrificios y Misterios. (Jesús no Existió)

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St. Paul Icon atheism    orfeo ateismo 

Pablo tuvo muchas fuentes para “diseñar” su religión particular la cual posteriormente creció hasta tal punto que ha influenciado al mundo de forma decisiva (casi siempre para mal). Una religión (llamada Cristianismo) que no es de ninguna manera parecida a la que nos parece mostrar Jesús en los evangelios.

Pablo, inteligente y astutamente tomó de otras culturas las bases para su teología personal y la adaptó de forma magistral a la época y acontecimientos del momento.

Una de esas influencias definitivas que Pablo yuxtapon­drá como una teoría salvación fue el Orfismo… basado en la vida del ficticio Orfeo.

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Antes de pasar a un breve estudio de éste, conviene precisar que nuestro apóstol ocasional causará escándalo, un escándalo enorme entre los judíos, el que enuncia con la glorificación de la cruz patibular en la que murió Jesús-bar-Juda.

Como el amable lector cristiano sabe, jamás se había hecho alusión alguna en el Antiguo Testamento, a un salvador espiritual diferente del propio Dios, más bien al contrario, pues seme­jante creencia era ya formalmente desmentida de antemano. Y afirmar que ese salvador, que plagiaba la obra de Yavé, había descendido a los más bajos límites de la última degradación, constituía para los judíos ortodoxos una auténtica blasfemia. Porque en el Deuteronomio lee­mos lo siguiente:

Deuteronomio 21,22-23

22 Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero,

23 no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.

Hay que recordar que el ahorcado con frecuencia libera su semen. Y los brujos y brujas iban a recoger esas mandrágoras preciosas que crecían al pie de los patíbulos, ya que estaban impregnadas del esperma de los colgados. Y luego se servían de él para sus maleficios. Por otra parte, los crucifi­cados, tanto si estaban atados como si estaban clavados a su cruz, manchaban el bosque, sus miembros inferiores y el suelo, con sus excrementos sólidos y líquidos. Por consiguiente, imaginar que un “libe­rador” terminara así su vida era algo impensable.

Y ahora podemos volver al orfismo.

Para Saulo-Pablo, Jesús, hijo de David, muerto en la cruz por sentencia romana como condena a diversos actos considerados delicti­vos en grado sumo por las leyes romanas, se ofreció él mismo como sacrificio para calmar la cólera de su Padre Celestial Yavé. Esto debió de asombrar considerablemente a los medios apostólicos iniciales, y a los hermanos de Jesús en particular. Porque jamás en el curso de los evangelios, jamás dicho Jesús declaró que su muerte (que él sabía que era inevitable y dolorosa, y que debía tener lugar en Jerusalén) tuviera por objetivo liberar a la humanidad de una deuda hacia su Padre celes­tial y calmar su cólera.

Y esto Pablo lo saca de los misterios órficos. Ya que si hu­biera sido realmente judío, educado “a los pies de Gamaliel”, no ha­bría ignorado esta condena pronunciada de antemano contra los sacri­ficios humanos por los profetas y en nombre del Eterno, aun cuando dichos sacrificios se realizaran en su honor:

Jeremías 7,31

31 Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón.

Ezequiel 20, 28;31

28 …y allí presentaron ofrendas que me irritan…

31 Porque ofreciendo vuestras ofrendas, haciendo pasar vuestros hijos por el fuego, os habéis contaminado…

Ezequiel 20,39

… no profanéis más mi santo nombre con vuestras ofrendas y con vuestros ídolos.

Jeremías 6,20

20 …Vuestros holocaustos no son aceptables, ni vuestros sacrificios me agradan.

Isaías 1,11;16

11 ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

16 Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo;

Oseas 6,6

6 Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.

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Jesus_hand atheism

¿De donde saca Pablo entonces la idea de un sacrificio humano como el de Jesús?

Se objetará que, no obstante, según el ritual judaico se perpetraban en el Templo sacrificios sangrientos de animales. Es cierto. Pero uno olvida recordar que esa fue una de las causas de la fundación de la secta esenia, que los condenaba. Por otra parte, la casta sacerdotal estaba en gran parte en manos de los saduceos, fracción rica de la población, materialista como es natural (rechazaba la creencia en un destino post mortem para el alma), y semejantes sacrificios representaban para los sacerdotes salidos de ella un bonito margen de provechos.

Paralelamente, dichos sacrificios sangrientos no molestaban en ab­soluto a Pablo. Eran normales en la mayoría de los cultos paga­nos. Y en la Arabia nabatea, vecina inmediata de su patria, Idumea, la trinidad divina adorada por los árabes nabateos los incluía, especial­mente su Dusares, idéntico a Dionisos, durante los Actia Dusaria, esas grandes fiestas en el curso de las cuales cautivos y esclavos veían regu­larmente y en fechas fijas impregnar con su sangre los altares de dicha trinidad: Dusares, entre sus dos compañeras diosas, Ouzza, desdobla­miento de Atenea y Afrodita. Por encima de ellos reinaba Beel-Samin, el padre celestial, el señor de los cielos. Según testimonio de Epífano (cf. Panarion), Dusares nacía el 25 de diciembre de una virgen madre llamada Kaabou.

Todo esto, es decir, el füonismo, el dusarismo y el orfismo constitu­yeron una abundante corriente sincretista en el espíritu de Pablo. Y vamos ahora a estudiar un poco este último…

Las afinidades del orfismo con el cristianismo paulino son, en efecto, bastante numerosas y bastante sorprendentes. Es una religión revelada, que tiene sus profetas, sus libros sagrados. El dios a cuyo alrededor gira la enseñanza esotérica sufre, muere y resucita, glorioso, junto al Dios Supremo, su padre. Garantiza a sus fíeles la redención de una mancha original, y una unión perfecta, en total comunión neumatológica, con la divinidad salvadora. Los no iniciados son amenazados, en función de los pecados que no han purgado, con interminables suplicios en el otro mundo.

El orfismo predica una vida de pureza y de ascetismo, y considera la existencia terrestre como una prueba dolorosa, que el alma debe atravesar purificándose mediante la observación de una moral rigurosa y de ritos a la vez culturales y catárticos. Como siempre en tales cam­pos, el orfismo posee una esoteriología. Veamos aquí un resumen, que exponía mucho más largamente a los mystes órficos el tradicional hieros logos, o discurso sagrado, de todas las religiones con misterios del mundo antiguo.

La hija de Deméter y de Zeus, Perséfone, fue raptada por Hades. Liberada en parte por su padre Zeus, tuvo con él, en una unión sa­grada (hierogamia), un hijo, un joven dios llamado Dionisos-Zagreus.

A este hijo divino se le prometió el gobierno del Universo. Pero unos dioses inferiores, los Titanes, consiguieron apoderarse de Zagreus niño, y se repartieron su carne a fin de divinizarse aún más. Como castigo a semejante crimen, Zeus fulminó a los Titanes, pero de sus cenizas, en las que subsistía un último germen divino, nacieron los primeros hombres. Esos hombres participan, pues, de la naturaleza divina, por la chispa que duerme en ellos, y de la naturaleza demoníaca, por lo que les venía de los Titanes fulminados. Esta naturaleza titánica, según el término utilizado por Platón, es la que incita a los hombres hacia el mal, mientras la chispa divina los impulsa al bien. Ese crimen de los Titanes, pues, mancilla a todo el conjunto de la humanidad.

No obstante, en el Hieros logos se dice que el corazón de Zagreus había escapado a los asesinos del divino niño. De ese corazón sacó Zeus el principio de resurrección del joven dios asesinado, y luego, siempre según la doctrina órfica, le confió el gobierno del mundo:

“Zeus lo colocó sobre el trono real, le puso el cetro en la mano, y lo hizo soberano de todos los dioses del universo”.

Precios, Sobre el Cratilo de Platón.

Compárese con lo que dice Saulo-Pablo:

Efesios 1,20-21

20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales,

21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero;

Indudablemente el comentario sobre el Cratilo de Platón, por parte de Proclos, es un texto pitagórico, posterior a la Epístola a los Efesios; pero el texto de Platón así comentado es anterior en varios siglos a la epístola paulina. Y la leyenda iniciática de Zagreus no es lo único que sostiene tal mito esotérico. Ya en este Blog hemos visto muchos mitos anteriores a Jesús: 10 personajes para crear a Jesús

Hans-Leu-Orpheus-atheism

Por último, Pablo se dio un papel idéntico al de Orfeo en la nueva religión que se esfuerza por divulgar por el viejo mundo. Orfeo recibió esas enseñanzas, evidentemente, de Perséfone, la diosa inicia­dora, durante su descenso a los Infiernos, donde ella reina seis meses al año, al lado de Hades, su esposo. Este descenso él lo hace por amor. Pero, al ser fiel a Eurídice, las mujeres de Tracia lo despedazarán por despecho, al verle rechazar toda participación en su orgía ritual. Pues bien, Saulo-Pablo no fue a buscar su propia revelación a los Infiernos, sino que pretende haberla recibido, cuando subió al tercer cielo, del propio Jesús. (2 Corintios 12,2) Esto, evidente­mente, va a parar a lo mismo. Un hombre es elegido por la divinidad para llegar hasta ella, recibir una enseñanza iniciática y difundirla entre los hombres. Como consecuencia de su misión, aquellos a quienes aporta el mensaje le dan muerte. El tema es siempre el mismo, aparece sin cesar en las religiones de “misterios”. Y la de Pablo consti­tuye una más.

Si revisamos los itinerarios de los viajes de Pablo, se constatará, éstos se desarrollaron siempre en regiones del Imperio romano en que florecían los cultos a misterios con sacrificios, las religiones en que el dios muere para renacer gloriosamente. Pablo tenía allí un terreno favorable para sus temas favoritos.

El hecho de que el orfismo y el filonismo impregnaran a su vez a Saulo-Pablo (ya que su cultura metafísica y teológica era a sus inicios bastante floja) se demuestra por las huellas que se encuentran de ellos en sus expresiones favoritas.

En el orfismo, el cabrito era el símbolo del iniciado en los misterios. En esta religión, el misterio se identificaba a Zagreus, y una de las apelaciones rituales era justamente Erifos, en griego “cabrito”, que se aplicaba al dios. En el ritual constituía una palabra de pase, que se debía pronunciar ante las divinidades del mundo subterráneo (Campos Elíseos e Infiernos) para poder tener libertad de paso. Este rito es común a la gnosis, a la cabala, a la francmasonería esotérica. La frase clave es: “Cabrito, he caído dentro de leche...”.

Y la leche es el primer alimento del recién nacido. En las religiones de “misterios” puede escribirse “recién Nacido”... Porque la iniciación es un renacimiento a un mundo nuevo, un cambio de “plano”, el ac­ceso a otro nivel de “conciencia”. Y esta expresión la utilizará Saulo-Pablo varias veces:

1 Corintios 3,2

Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía,

Hebreos 5,12

Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.

Como se ve por todo lo que antecede, y como concluyó V. Macchiero en su libro Orfismo e Paolinismo, el paso del cristianismo ju­daico al cristianismo helénico, del hecho histórico de Jesús al hecho místico del Cristo, de un personaje real que vivió en Judea a un perso­naje mítico, especie de arquetipo detectado o imaginado, se operó gracias al orfismo, al no ser la cristología de Saulo-Pablo otra cosa que “una transposición del orfismo” (op. cit., p. 18).

Aquí, de hecho, el mito helénico no es sino la representación imagi­nada de un estado real de conciencia, es decir, una experiencia. Por consiguiente, establecer que los elementos míticos del Cristo de Saulo-Pablo derivan del orfismo equivale a buscar hasta qué punto la resu­rrección mística en el cristianismo deriva de la del orfismo. Según el lenguaje contemporáneo, se trata de la repetición adaptada de un psicodrama.

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¡Hemos descubierto el truco de Pablo!...

Él encontró la manera de blindar y recubrir su “cristianismo” con una coraza impenetrable que nadie puede someter…

Envolver toda su nueva religión con una palabra: Misterio.

Esto lo vemos en muchas referencias en sus epístolas:

1 Corintios 15,51

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

1 Corintios 4.1.

Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.

1 Corintios 2,6-7

6Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.

7Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,

Efesios 3,8-9

8 A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo,

9 y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas;

.  

¿Cómo puede el cristiano sincero aprender y reflexionar sobre sus creencias? cuando de entrada es aleccionado con una frase que evita cualquier tipo de cuestionamiento y cierra las puertas a todo tipo de preguntas comprometedoras:

“Nunca entenderás eso… recuerda que es un misterio.”

¡Bien hecho Pablo… aprendiste muy bien!

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mysteryofjesus atheism

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Fuentes:
- Epífano (cf. Panarion),
- Charles Guignebert,  Le Probléme de Jesús
- A. Boulanger,  Orphée
- R. Ambelain, La Vie secrète de Saint Paul.
- Clemente de Roma, Homilías Clementinas, (Op. cit., Homilía VI.)
- Precios, Sobre el Cratilo de Platón
- V. Macchiero Orfismo e Paulinismo

              Ver: Pablo; Conclusiones desde el Ateismo

                    Ver Artículos sobre: Pablo de Tarso 

                            Ver: Pablo, El Falso Apóstol 

                       Ver: Jesús no Existió. Introducción.               

                            Ver Sección: Análisis Bíblico.

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"He comenzado a adorar el sol por algunas razones. Primero que nada, a diferencia de algunos otros dioses que podría mencionar, puedo ver el sol. Está allí para mí cada día. Y las cosas que me provee son bastante aparentes todo el tiempo: calor, luz, comida, un día hermoso. NO HAY MISTERIO, nadie pide dinero, no tengo que vestirme bien, y no hay una despliegue de ostentación aburrido. Y además es interesante lo que he encontrado, que las plegarias que le ofrezco al sol y las que antes ofrecía a 'Dios' son todas respondidas en la misma proporción aproximada del 50 por ciento."        George Carlin

                                Ver todos los Artículos 

miércoles, 13 de abril de 2011

Pablo de Tarso; su Ejecución y Muerte. Parte 2. (Jesús no Existió)

pablo decapitado ateismo

“Cabeza de San Pablo Decapitado” Sebastián de Llanos Valdéz (1670)

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Huir no le sirvió de nada a Pablo; poco más de un par de años después del gran incendio de Roma es capturado y esta vez si se las verá con la justicia romana; sus crímenes lo justificaban. Sus cómplices han muerto y su cuello espera por el pago de sus faltas… o al menos es lo que nos han hecho creer las tradiciones cristianas.

En el artículo anterior vimos como es muy difícil creer que fuese romano de nacimiento o que ya como liberto obtuviese ese pleno beneficio de morir de forma rápida e indolora.

Ver: Pablo de Tarso y su Muerte. Parte 1

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Poco tiempo después del gran incendio de Roma comenzó la persecución de Pablo (¿casualidad?)… su implicación directa en el mismo, así como en las alteraciones del orden público romano lo hacen objeto de una incesante búsqueda. La persecución que se desencadenó en el año 64 sobre la comunidad cristiana de Roma (muy pequeña entonces) no se extendió fuera de la capital del imperio, y menos aún por sus provincias. Duraría muy poco. Pero si a Pablo le apresaron muy lejos y si fue llevado de nuevo a Roma para ser objeto de un proceso, eso significa que no fue en el curso de una persecución local, porque en ese caso habría sido ejecutado allí mismo. En cambio fue conducido a Roma porque era en la propia Roma donde tenía que rendir cuentas.

Con bastante embarazo, monseñor Ricciotti dice:

“De improviso. Pablo reaparece prisionero en Roma, de donde enviará su último escrito: la Segunda Epístola a Timoteo (1,17). Las circunstan­cias que rodean su segundo apresamiento son muy oscuras; por lo demás, es casi seguro que no tuvo lugar en Roma, sino en algún lugar lejano, donde a Pablo le dio alcance la policía imperial, que lo buscaba desde su desaparición en Roma.

Giuseppe Ricciotti, Saint Paúl, apotre, p. 470.

Y probablemente fue en la calle donde le detuvieron de improviso los auxiliarii, los policías romanos, pues en la Segunda Epístola a Ti­moteo, al final, se queja de haber dejado en Troas, en casa de Carpo, donde él se alojaba, su capa, sus libros y sus pergaminos (II Timoteo 4,13). Y en Roma disponen de la acusación de Alejandro, el herrero, a quien él había “encomendado a Satanás” con Himeneo (I Timoteo 1 20). Y eso constituye un elemento de acusación más, a cargo de la Ley de las Doce Tablas, acusación que se refiere a la magia maléfica.

Ni siquiera los propios términos de su carta se libran de despertar las sospechas de los magistrados romanos.

En efecto, Saulo-Pablo reclama con insistencia que antes del in­vierno Timoteo vaya a Troas, a casa de Carpo, y traiga a Roma el manto de Pablo, sus libros y sus pergaminos. ¿Qué pretende decir con esto? Si tiene necesidad de un manto, en Roma hay todo lo que uno pueda necesitar, nuevo o de ocasión, y sus discípulos podrían proporcionarle uno. No hay ninguna necesidad de imponerle a Timoteo el viaje de Éfeso, donde se encuentra, hasta Troas, y luego de Troas a Roma. Porque Pablo no se halla abandonado de todos en su prisión, y todos los cristianos de Roma no han perecido en la persecución posterior al incendio del 64: “Sólo Lucas queda conmigo [...] Te saludan Eubulo, Pudente, Lino, Claudia, y todos los hermanos”. (II Timoteo 4,10;21.) Estos últimos están, pues, libres.

Entonces es evidente que ese manto no es como los demás. Es un manto revestido, por una sacralización particular, de un carácter oculto indiscutible, será una “protección” en su defensa frente a los magistrados de Roma. Ese tipo de manto “mágico” lo encontramos en todas partes: en el chal de oración del judaísmo, en el manto ritual del martinismo, en los mantos “de orden” de las grandes hermandades caballerescas, y en los rituales ocultistas, donde multiplica la protección de las ropas rituales del mago. La dalmática sacerdotal del rito latino o de la ortodoxia constituye un último ejemplo.

Pero, especialmente, es un rito de magia cabalística.

Pablo, prisionero de honor, libre, pudo servirse de él durante su primer proceso, que acabó en una absolución. En el segundo, al ser un prisionero ordinario, no pudo utilizarlo, ya que los acusados, según disponía la ley romana, debían comparecer vestidos de sórdidos harapos proporcionados por la prisión, con el fin de rebajar la arrogancia de algunos y al mismo tiempo para incitar a la piedad de los jueces.

Y los hermanos de Roma que están libres, ya que únicamente Lucas se halla en prisión con Pablo, ¿no tenían la posibilidad de proporcionarle uno, nuevo o usado? Eso significa, implícitamente, confesar que Pablo hacía uso de la magia, que los libros y pergaminos no eran evangelios corrientes (porque los discípulos de la comunidad de Roma también los poseían, es evidente), sino que tratan de materias que Saulo-Pablo es el único que conoce.

Es muy factible que ese imprudente final de la carta pudo ser discreta­mente leído por los magistrados, que lo habrían tenido en cuenta en sus acusaciones. Porque es poco probable que Pablo hubiera podido mantener libremente correspondencia desde su prisión con alguno de sus lugartenientes inmediatos, que entonces se hallaban en Éfeso.

cabeza de san pablo ateismo

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Custodia y Cárcel

Sobre el cautiverio de Pablo durante su segundo proceso, existen datos concretos sobre su naturaleza. Ya no se trataba de la custodia militaris honorífica, en que el prisionero se halla casi libre en la ciudad, alojándose y viviendo a su gusto, con la única vigilancia de un legionario pegado a sus pasos. Ahora de lo que se trataba era de la custodia pública. Saulo-Pablo, como conspirador, agitador, jefe de incendiarios, mago, asesino, esta vez es encarcelado en la prisión Mamertina.

La Carcer Mamertinus estaba cerca del Foro y del templo de la Concordia, y se componía de tres plantas. En la planta baja se hallaba la prisión pública común. En el primer sótano estaba la Carcer Mamertinus propiamente dicha, una amplia sala en el centro de la cual se hallaba un agujero circular que daba a un segundo sótano. Allí se situaba la Carcer Tullianum, otra sala abovedada, de donde uno no podía escaparse si no era por el techo. Era una mazmorra especial, destinada exclusivamente a los malhechores más temibles y a los enemigos de Roma antes de su ejecución. Por ejemplo Yugurta, el cruel y astuto jefe númida, después de haber sido capturado por Mario, fue introducido allí, donde se le dejó morir de hambre. También Vercingetórix pasó en ese lugar seis años, antes de ser estrangulado, después de haber figurado entre los “triunfos” de Julio César en su desfile, con otros prisioneros ilustres: Arsinoé de Alejandría, y Juba de Mauritania. Catilina también murió en el siniestro Tullianum, así como Simón-bar-Ghiora, después de la toma de Jerusalén por Tito. Éste, después de haber sido sacado de allí y de haber figurado en el desfile triunfal de Vespasiano y de su hijo Tito, azotado a lo largo de todo el recorrido con varas, fue estrangulado cerca del mercado principal.

¿Conoció Saulo-Pablo ese calabozo, esa cloaca que era el Tullianum? Seguro que no. Su rango se lo evitó, así como la perpetua misericordia de Nerón. Además, en su II Epístola a Timoteo, Pablo se nos muestra como un preso con derecho a mantener correspondencia, a recibir visitas, y que esperaba ayuda, libros y pergaminos. Esa es otra prueba de que gozaba de medidas privilegiadas. NO se puede poner como excusa lo de su ciudadanía romana, ya que Vercingetórix también era civis romanus, y también lo era Catilina, patricio de vieja estirpe.

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Condena y Εjecución

Lo que sigue es bien conocido: fue condenado a muerte, pero no obstante se benefició de su condición de civis romanus en lo que se refería al modo de ejecución. Legalmente, Pablo debería haber sido quemado vivo, como incendiario y mago, autor de di­versos maleficios sobre hombres. Al haberse convertido en judío podía también haber sido crucificado, en su condición de vasallo de César que había participado en una rebelión, y con la cabeza abajo, según la costumbre romana. También pudo haber sido con­denado a las fieras, como criminal de derecho común. Sus orígenes principescos, su carácter de miembro de una familia que siempre había servido lealmente a Roma, la probable intervención de Epafrodito, discípulo de Pablo, relator del Consejo de Estado de Nerón, la repugnancia de éste por los suplicios, todo eso concurrió para proporcionarle una ejecución sin dolor, y Pablo fue simplemente decapitado.

Ahora bien, la pena de muerte repudiaba de la comunidad ro­mana al condenado. Y eso significaba para él, al igual que para todo condenado a la pena capital, la obligación de pasar previa­mente por los flagella, látigos de fibras con plomo. También en este caso Pablo pudo muy bien, como incendiario, haber sido so­metido a los terribles flagra, látigos metálicos, hechos de cadenitas de bolas de bronce, previamente calentadas hasta el rojo vivo en un brasero. Y de eso no hubo nada.

Fue sacado de la prisión, conducido por el camino de Árdea, a la izquierda y no lejos del camino de Ostia, a unas tres millas ro­manas, lo que da unos cuatro kilómetros y medio, ya que la milla romana vale mil pasos (1.472 mts).

El lugar, cuya autenticidad fue atestiguada ya a partir del siglo II, recibe el nombre de Aquas Salvias, pues cuando la espada justi­ciera hubo cortado, rápida como un rayo, la cabeza de Saulo-Pablo, ésta, al caer, rebotó tres veces, y en cada una de ellas se produjo, evidentemente, un milagro. Pero todavía se discuten algu­nos puntos de detalle: unos dicen que en cada uno de los puntos en que la cabeza tocó el suelo brotaron tres fuentes nuevas, otros ase­guran que del cuello, cortado en seco por el acero, brotó leche en lugar de sangre. ¡Milagro!

A ese lugar se le conoce como Tres Fuentes.

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Iglesia de “Las Tres Fuentes” Sitio donde supuestamente fue decapitado Pablo

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La ejecución tuvo lugar probablemente entre el mes de abril del año 67 y junio del 68. Eusebio de Cesárea, en su Chronicon, libro II, Olympiad, 211 (Migne, Patrologie grecque, XIX, 544), nos dice que Pablo murió en el curso del año catorce del reinado de Nerón, entre junio del 67 y junio del 68. Jerónimo, en su De viris illustribus (V), indica asimismo este año 14. El mismo Jerónimo, en la misma obra, precisa además que Pablo murió dos años después que Séneca (ibid., XII). Como Séneca murió en abril del año 65, podemos considerar confirmada la fecha del 67 para la ejecución de Pablo, y la primavera.

Algunos historiadores pertenecientes a la crítica liberal se inclinan por el año 64, inmediatamente después del incendio de Roma. Pero se trata de aquellos que, precisamente, consideran que la II Epístola a Timoteo no es de Pablo, sino que fue redactada con fines apologéticos mucho después de él. Lo que, evidente­mente, suprime el episodio de la detención en Troas relatada por él mismo.

Es probable que si Pablo hubiera sido apresado en el año 64, inme­diatamente después del incendio de la capital del Imperio, el nú­mero de víctimas y la destrucción de los edificios más sagrados de la religión y de la historia romana no le hubiesen evitado el castigo reservado a los incendiarios, es decir, la hoguera. El odio contra los cristianos era entonces demasiado grande, en ese ambiente de catástrofe inaudita, para que un simple idumeo, y para colmo cir­cuncidado, se beneficiara del privilegio reservado a un civis romanus.

No obstante, esa ejecución, por su severidad, implica la certeza por parte de los magistrados en lo que se refiere a la grave culpabi­lidad de Pablo. Una simple “supresión” como medida de prudencia no implicaba la terrible flagelación previa. En efecto, en Tácito leemos el relato sobre la ejecución de Calpurnio Galeriano, hijo de Pisón:

“Por orden de Muciano, Calpurnio Galeriano fue rodeado de soldados, y por miedo a que su muerte, si se producía en Roma, causara sensación, la guardia lo condujo a cuarenta millas de Roma, por la vía Apia, donde perdió la vida con la sangre de sus venas”.

Tácito, Historias, IV, XI, 7.

Por consiguiente, ese joven no fue ni flagelado “en número ili­mitado de golpes”, ni decapitado. Simplemente le abrieron las ve­nas unos médicos legales. El caso de Pablo fue muy distinto.

Y éste fue el fin de aquel extraordinario aventurero de la mís­tica

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Aquí se plantea un problema, cuidadosamente evitado por los historiadores oficiales, y es el de la autenticidad de las “reliquias” de Saulo-Pablo, y, sobre todo, el de la tradición relativa al lugar de su ejecución.

En Tácito leemos, por ejemplo, lo siguiente:

“Como los conde­nados a muerte, además de la confiscación de sus bienes, eran pri­vados de sepultura, mientras que los que se ejecutaban a sí mismos recibían las honras fúnebres y sabían que sus testamentos serían respetados, valía la pena precipitar la muerte”.

Tácito, Ana­les, VI, XXXV

Nuestro autor da esta precisión refiriéndose al suicidio de Pomponio Labeón, antiguo gobernador de la Mesía, y de su esposa Paxea. Así pues, si ambos no se hubiesen abierto las venas, hubieran sido ejecutados, y, por ese mismo hecho, privados de sepultura, es decir, arrojados a la fossa infamia, que en Roma consistía en los puticulae del cementerio del monte Esquilmo, al este de la ciudad

En cambio, monseñor Ricciotti, en su libro Saint Paúl, apotre, inter­pretando libremente los textos de Eusebio de Cesárea y de otros padres, en soporte de la tradición paulina, declara audazmente lo que sigue:

“Inmediatamente después del martirio, el cuerpo fue transpor­tado a un lugar más próximo a Roma, a algo más de una milla de distancia de la ciudad, a lo largo de la Visa Ostiensis, y allí fue en­terrado en un cementerio al aire libre, recientemente descubierto, que ofrecía unos columbario bien conservados. Esta tumba se con­virtió en seguida, para los cristianos romanos y extranjeros, en un objeto de particular veneración. Lo mismo sucedía con el apóstol Pedro.

Hasta el siglo IV ninguna construcción particular recubrió las dos tumbas. Los cristianos las reconocían por otros medios; no sa­bemos cuáles, pero es evidente que se trataba de signos visibles, y no exentos de una cierta solemnidad”

Giuseppe Ricciotti, Saint Paúl, apotre, 672.

Formularemos a este autor unas cuantas preguntas embara­zosas:

1) ¿Cómo se sabe que Pablo fue inhumado en ese cementerio, próximo a la Via Ostiensis, si este último, a cielo abierto, “no fue descubierto hasta hace poco”

2) ¿Cómo imaginar que hasta el siglo IV, es decir, durante cerca de trescientos años, cuando ninguna construcción particular abrigaba sus restos, en una fosa común sin medios de identificación (cf. G. Ricciotti, op. cit.), los cristianos hubieran podido conservar un medio de identificación del cuadrado anónimo de tierra?

3) ¿Cómo tuvieron la posibilidad los cristianos, en medio de las batidas que siguieron al incendio de Roma, de conservar el cadáver de Simón-Pedro durante tres años, para luego, y después de la eje­cución de Pablo, transferirlo e inhumarlo al lado de éste?

4) ¿Por qué inhabitual violación de las costumbres legales ha­bría sido decapitado Pablo en la carretera de Ostia, a cuatro kiló­metros y medio de Roma, si las ejecuciones tenían lugar o bien en el Circo, o en el cementerio del monte Esquilino? El hecho de que Calpurnio Galerano fuera conducido fuera de Roma para abrirle las venas. Tácito lo relata precisamente debido a su carácter inha­bitual, y da los motivos: evitar alborotos populares. En cambio, no se temía nada de eso en el caso de Pablo.

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Iglesia “San Pablo Extramuros”, sitio donde supuestamente fue enterrado Pablo

De todas esas contradicciones y anomalías, y que un historiador serio jamás admitiría sin pruebas válidas, nos queda una triple hi­pótesis:

a) Si Saulo-Pablo fue ejecutado judicialmente en la carretera de Ostia, y si tuvo derecho a una tumba honorable, es que se había abierto libremente las venas, o, de algún otro modo, había dado fin él mismo a sus días, según la costumbre judicial romana recor­dada por Tácito en Anales, VI, XXXV.

b) Si, por el contrario, nuestro personaje fue decapitado por un verdugo, la cabeza y el cadáver fueron entonces arrojados en la fossa infamia del monte Esquilino, y no hubo, pues, la posibilidad de transferirlo a una tumba honorable, pues eso habría constituido una violación de la ley romana. Y fue en el cementerio Esquilino donde debió de morir.

c) Si Pablo fue ejecutado en el Circo (cosa muy improbable, dada su calidad de ciudadano romano) los restos fueron entonces arrojados a las fieras, como se hacía con los condenados a muerte destinados a perecer en dicho Circo.

La lógica indica, por lo tanto, a la segunda hipótesis, porque hay pocas posibilidades de que este hombre, que era un be­duino, recordémoslo una vez más, se suicidara a la manera ro­mana.

Curiosamente, treinta años separan la muerte de Jesús y la de Pablo. Dos de las ciudades más prestigiosas del mundo antiguo les sirvieron de marco fúnebre: Jerusalén y Roma, ambas signos antí­podas de un mundo a punto de extinguirse.

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Pablo terminó sus días pagando por sus crímenes contra el pueblo romano: sedición, magia, hechicería, revueltas, incendios, engaños, conspiración, y tantos más fueron castigados separando la cabeza de su cuerpo. La vida de Pablo terminó, pero su legado, para bien o para mal (más probablemente para mal) se mantiene hasta nuestros días: inventó el solito una nueva religión, muy diferente a la de quien él decía que era su guía: el mismo Jesús.

Lamentablemente todos los crímenes que se cometerían después en nombre de ese “Cristianismo Paulino”… aun no han sido castigados.

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Ver: Pablo de Tarso y su Muerte. Parte 1

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paul beheading atheism 2 

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Fuentes:
- N. H. Sitwell, Roman Roads of Europe 
- Jerónimo, Comentarios sobre la Epístola a los Filipenses, XXIII - M. L. XXVI,
- Jerónimo, De viris illustribus, M. L. XXIII
- Giuseppe Ricciotti, Saint Paúl, apotre
- Suetonio, Vida de los doce Césares: Augusto, XL
- Flavio Josefo, La Guerra de los judíos, III, V
- Tácito, Anales, XIII, XXVII y XXXII
- Robert Ambelain, La Vie secrète de Saint Paul.
- Tertuliano, Apologeticon
- J. Finegan, Light from the Ancient Past 
- Eusebio de Cesárea, Chronicon, libro II
- Migne, Patrologie grecque, XIX,

                Ver: Pablo; Conclusiones desde el Ateismo

                    Ver Artículos sobre: Pablo de Tarso 

                            Ver: Pablo, El Falso Apóstol 

                       Ver: Jesús no Existió. Introducción.               

                              Ver Sección: Análisis Bíblico.

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