Veamos otra serie de razones que nos llevan a pensar en la falsedad que rodea al Apóstol Pablo y que por razones de espacio no fue nombrado en los artículos anteriores.
Ver: Parte 1, Pablo de Tarso, Más Errores, Mentiras y Contradicciones.
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El “Proyecto Paulino”
Hemos visto cual era el sueño de Pablo. Como ya se ha señalado varias veces en este blog, Pablo ha cortado con la dinastía herodiana, ha sido rechazado por los judíos a causa de su pasado, tanto en su calidad de aristócrata bandido como por ser miembro de una familia odiada y despreciada; desde su circuncisión y sus relaciones, quizás interesadas, pero aun así reales, con los sectas rebeldes (posiblemente los zelotes), se ha vuelto sospechoso a los ojos de los romanos. Sólo le queda un campo, el de una religión nueva, que no sea sospechosa desde el punto de vista de la legalidad romana, que sea fácil de difundir entre los gentiles, por ser sincretista, y que le abra un imperio espiritual análogo al del pontífice de Israel.
Rápidamente supo adquirir una autoridad indudable en el seno de una secta judeocristiana, la de los nazarenos, rama mística de las más antiguas (si no la más antigua) en el cristianismo naciente. Los miembros de la secta se reclutaban únicamente entre los judíos de raza, querían que se observara la ley de Moisés, honraban a Jesús como un hombre justo y santo, nacido de padre desconocido según los unos, de donde la leyenda de que el que lo engendró fue el Espíritu Santo, y de un padre y una madre perfectamente carnales según los otros. Sobre el hecho de que Pablo fue durante un tiempo el jefe de la secta tenemos como prueba que el evangelio de ésta, llamado Evangelio de los Doce Apóstoles, o Evangelio de los Hebreos, se considera también que fue posiblemente el que Pablo denomina “mi evangelio” (Ya veremos esto)
Por otra parte, los Hechos de los Apóstoles confirman que fue durante un tiempo el jefe de dicha secta:
Hechos 24,5
5 Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos.
Esta es la acusación de Tértulo, abogado del Sanedrín, cuando compareció ante el procurador Félix, en Cesárea, una delegación de sanedritas que había acudido a él para denunciar a Pablo.
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“El Evangelio de Pablo”
Podemos notar que Pablo tenía su propio “Evangelio”.
Veamos:
Romanos 2,16
16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.
Romanos 16,25
25 Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos
2 Corintios 4,3
3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto
2 Corintios 11,4
4 Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis
Gálatas 1,6
6 Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
Gálatas 1,8
8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
2 Tesalonicenses 2,14
14 a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
2 Timoteo 2,8
8 Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio,
Como se ve, el Pablo del Nuevo Testamento no cita ningún otro evangelio canónico más que el suyo, sólo presenta éste, y censura a quienquiera que predique otro. ¿O es que acaso si existió un “evangelio” escrito por Pablo y que está sospechosamente “desaparecido”?
Recordemos amigos lectores que los 4 evangelios canónicos son posteriores a las cartas y escritos de Pablo. Por lo tanto si existió un evangelio paulino, este fue más antiguo que los que conocemos del Nuevo Testamento. ¿Acaso los evangelios del nuevo testamento son copias del desaparecido evangelio de Pablo?
Si se fijan en los versículos anteriores, Pablo condena a cualquiera que ose seguir a cualquier otro evangelio que no sea el suyo… por lo tanto amigo lector Cristiano, usted estaría “Pecando” al leer esos 4 evangelios que no son de Pablo.
¿Quién está mintiendo, Pablo o los evangelios Canónicos? Es probable que los dos.
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Pablo y los Ebionitas.
Una fuente de información sobre Pablo que nunca se ha tomado suficientemente en serio es la de un grupo llamado “los Ebionitas”. Sus escritos fueron suprimidos por la Iglesia, pero algunos de sus puntos de vista y tradiciones se han conservado en los escritos de sus opositores, en particular en el amplio tratado sobre las herejías de Epifanio. De esto se desprende que la filosofía Ebionita estaba muy presente en los antecedentes de Pablo y en el Antiguo Testamento que es fomentada por el propio Pablo en el Nuevo Testamento. Los Ebionitas declararon que Pablo no tenía antecedentes o formación farisaica; él era el hijo de gentiles, se convirtió al judaísmo en Tarso, llegó a Jerusalén, cuando un adulto, y se adhirió al Sumo Sacerdote como un hombre de su confianza. Decepcionado en sus esperanzas de progreso, rompió con el Sumo Sacerdote y buscó la fama con la fundación de una nueva religión. Esta sospecha, aunque no es fiable en todos sus detalles, es sustancialmente correcta. Tiene mucho más sentido que todas las características desconcertantes y contradictorias de la historia de Pablo según nos cuentan los documentos oficiales de la Iglesia.
Los Ebionitas eran estigmatizados por la Iglesia como herejes que no entendieron que Jesús era una persona divina, y afirmaban en cambio que él era un ser humano que vino a inaugurar una nueva era terrenal, tal y como fue anunciado por los profetas judíos de la Biblia. Por otra parte, los Ebionitas se negaron a aceptar la doctrina de la Iglesia, derivada de Pablo, que Jesús abolió o invalidó la Torah, la ley judía. En cambio, los Ebionitas observan la ley judía y se considera a sí mismos como Judíos. Los Ebionitas no eran herejes, como la Iglesia afirma, ni “re-judaizantes”, como los eruditos modernos los llaman; pero los auténticos sucesores de los discípulos y seguidores inmediatos de Jesús, cuyas opiniones y doctrinas se transmitieron fielmente, creían que los Ebionitas estaban correctamente derivados del mismo Jesús. Eran el mismo grupo que anteriormente había sido llamado “los Nazarenos”, que fueron dirigidos por Santiago y Pedro, que habían conocido a Jesús durante su vida, y se encontraban en una posición mucho mejor para conocer sus objetivos de Pablo, que conoció a Jesús sólo en sueños y visiones. Así, la opinión sostenida por los Ebionitas sobre Pablo es de extraordinario interés y merece una reflexión respetuosa, en lugar de desecharla como “propaganda difamatoria”, que ha sido la reacción de los eruditos cristianos desde la antigüedad hasta los tiempos modernos.
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El error de Ananías
En el episodio de la curación de Saulo, en Damasco, a través de Ananías (Hechos de los Apóstoles 9,10-19), ¿cómo podía saber el citado Ananías lo de la aparición de Jesús a Saulo, si en su comunicación mediúmnica con el mismo Ananías, Jesús no le dice nada al respecto? Basta con releer y comparar los versículos 10 al 16 del capítulo 9, así como los versículos 17 y 18 del mismo, para convencerse. Tenemos, pues, una incoherencia más.
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Pablo sin “Poderes Apostólicos”
Pablo lo único que hacía era enseñar, él no bautizaba, y él mismo lo quiso subrayar:
1 Corintios 1,17
17 Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.
Cosa que, recordémoslo, es una prueba más de que no había recibido los famosos “poderes apostólicos”.
Y ese escrúpulo, esa vacilación, hacen que se cierna una duda sobre la realidad de la misión que Jesús supuestamente le confió. Si no, ¿por qué Jesús, tras resucitar en carne y hueso, cuerpo glorioso, en tres dimensiones, que comía y bebía como ustedes amigos lectores y como yo, iba a verse en la imposibilidad de infundir con las palabras y los gestos clásicos, ese Espíritu Santo necesario para la fundación de toda Iglesia? Porque ese Espíritu Santo jamás lo recibió en las formas sacramentales acostumbradas en los tiempos apostólicos. Jamás obtuvo sino un simple acuerdo, concretado por un simbólico apretón de manos, que ya estaba en uso en las sociedades secretas de los “misterios”:
Gálatas 2,9
9 y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión.
Así pues (cosa a la que nadie parece haber prestado atención) ningún obispo puede vanagloriarse de tener una filiación apostólica que se remonta hasta san Pablo. Lo que, teniendo en cuenta el hecho de que muy probablemente Pedro jamás estuvo en Roma convierte en un misterio la identidad del verdadero fundador apostólico de ese obispado.
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Pablo Pro-Romano
Pablo nunca tuvo en sus epístolas alguna palabra de reproche o condena en contra del Imperio Romano (es lógico, tenia muy buenos amigos allí); para él el Imperio romano es una potencia positiva, que ha proporcionado la fortuna a su familia; y también, cuando al esclavo hebreo tenían que dejarle obligatoriamente en libertad al cabo de siete años de servicios (Éxodo 21, 2), ya que el séptimo le aportaba la libertad, Saulo-Pablo no tuvo una sola palabra de condena para ese azote social que es la esclavitud. Es más, plantea como principio que toda autoridad, sea la que fuere, ha sido decidida por Dios (Romanos 13,1-7). Todo cuanto constituye función de las autoridades, magistrados, todo eso es voluntad de Dios, y “¡para eso pagáis impuestos!”. Uno se imagina sin dificultad las reacciones de los desgraciados judíos, explotados y exprimidos por Roma, ante tan cínicas afirmaciones.
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Pablo muere en España
Clemente de Roma hace morir a Pablo en España:
“Después de haber enseñado la justicia al mundo entero, y tras alcanzar los confines del Occidente, sufrió su martirio ante aquellos que gobiernan...”
Clemente de Roma, Epístola a los Corintios.
Esto a fin de ocultar la muerte en Roma, y los motivos reales de ella.
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Como ya lo hemos visto en el transcurso de los artículos dedicados a Pablo, se se concluye con una certeza casi total de que tuvo la intención de construir, mediante una serie de artilugios y manipulaciones una religión nueva cuyo fundador sería él, un imperio espiritual que abarcaría la cuenca mediterránea oriental y central. Esta ambición germinó en él cuando frecuentaba a Gamaliel, el doctor supremo de Israel. Había podido constatar que la autoridad del cohén-ha-gado I, el sumo sacerdote, se extendía por todo el Imperio romano, en el seno de todas las comunidades judías de la Diáspora, tanto en el campo fiscal como en el de la legalidad penal. Y la propia Roma no se había atrevido a restringirla, exceptuando el jus gladii apenas llegaron los procuradores, en lo que concernía a los actos de sedición política y de bandolerismo por parte de grupos armados. Pero en lo que concernía al ámbito religioso, según un estudio minucioso llevado a cabo por Jean Juster en su libro Les Juifs dans 1'Empire romain tanto sobre obras talmúdicas como sobre los textos neotestamentarios, parece que se puede afirmar con certeza que el Sanedrín utilizaba libremente el derecho al castigo supremo contra los judíos en materia de crímenes religiosos. Sin duda, después del año 70, con la destrucción de Jerusalén, y la dispersión del consejo sanedrita y su jefe, este poder se le dejó al sumo sacerdote por tolerancia de los romanos. Luego desapareció, tras la gran revolución final del año 135.
Y Pablo vio en todo este poder casi inmaculado la posibilidad de hacerse una lucrativa carrera exponiendo su particular teología.
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Ver: Pablo de Tarso, Más Errores, Mentiras y Contradicciones. (Parte 1)
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Fuentes:
- New Bible Dictionary; Howard Marshall, A.R. Millard, J.I. Packer, D.J. Wiseman;Third Edition 1996;
- Hyam Maccoby, The Mythmaker: Paul & the Invention of Christianity.
- Hermann Detering, The Falsified Paul, Early Christianity in the Twilight (Journal of Higher Criticism, 2003)
- E. Doherty, The Jesus Puzzle, 1999; G. A. Wells,
- A. N. Wilson, Paul, The Mind of the Apostle (Sinclair-Stevenson, 1997)
- John Ziesler, Pauline Christianity (Oxford, 1990)
- R. Ambelain, La Vie secrète de Saint Paul, (París, Robert Laffont, « Les Énigmes de l'univers », 1972)
- Edward Stourton, In the Footsteps of Saint Paul (Hodder & Stoughton, 2004)
- J. Murphy-O'Connor, Paul, A Critical Life (Clarendon, 1996)
- J. Murphy-O'Connor, Paul, His Story (Oxford, 2005)
Ver: Pablo; Conclusiones desde el Ateismo
Ver Artículos sobre: Pablo de Tarso
Ver: Jesús no Existió. Introducción.
Ver Sección: Análisis Bíblico.
"Hay personas tan vacías de conocimiento que necesitan llenarse con la idea de Dios." Anónimo