lunes, 31 de agosto de 2026

El Origen de los Mitos Cristianos (Parte II)




El Origen de los Mitos Cristianos (Parte II)


¿Por qué los mitos Cristianos tienen más probabilidades de ser ciertos que los de las demás religiones, en los que también creen fervientemente otras personas?


Ver: El Origen de los Mitos Cristianos (Parte I)


El mormonismo es otro culto relativamente reciente que, a diferencia de cultos como el de John Frum o el del cargamento, o el de «Elvis ha vuelto», se ha propagado por todo el mundo y ha acumulado riqueza y poder. El fundador fue un hombre del estado de Nueva York llamado Joseph Smith. Aseguró que, en 1823, un ángel llamado Moroni le dijo que desenterrara algunas planchas de oro en las que había unas inscripciones antiguas. Smith dijo que lo hizo, y tradujo los escritos de una lengua egipcia antigua al inglés. Se ayudó de una piedra mágica que colocaba en un sombrero mágico. Cuando miraba dentro del sombrero, la piedra le revelaba el significado de las palabras. Publicó su «traducción» al inglés en 1830. Extrañamente, el inglés no era el inglés de su tiempo, sino un inglés de hacía más de dos siglos, el inglés de la Biblia del rey Jacobo. Mark Twain bromeó diciendo que, si se eliminaban todas las repeticiones de «y aconteció que» del Libro de Mormón, este se quedaría reducido a un panfleto.

¿Por qué? ¿A qué se creía Smith que estaba jugando? ¿Creyó que Dios hablaba inglés? ¿Un inglés del siglo XVI? Me recuerda a la historia (puede que falsa, pero muy fácil de propagarse, como la historia de las muñecas infladas con helio) de una exgobernadora de Texas llamada Miriam A. Ferguson. A la señora Ferguson le disgustaba la idea de que el español pudiese convertirse en lengua oficial en Texas, y se cuenta que dijo: «Si el inglés era lo bastante bueno para Jesús, también lo es para mí».

El lector podría pensar que el uso de Joseph Smith de un inglés arcaico habría bastado para levantar las sospechas entre la gente de que era un farsante. Eso además de que un tribunal le había considerado culpable de fraude con anterioridad. Sin embargo, pronto atrajo seguidores, y ahora tiene millones. No mucho después de que Smith fuese asesinado, en 1844, su culto creció hasta convertirse en una nueva religión mayoritaria, con un líder carismático llamado Brigham Young. Cual Moisés (ya ve que los mitos se inspiran en mitos anteriores), Brigham Young condujo a sus seguidores en una peregrinación errante en busca de una tierra prometida. Y esta resultó ser el estado de Utah. Se puede decir que hoy en día dirigen en gran parte un estado. Y el mormonismo se ha propagado por todo el mundo bajo el nombre de «Iglesia de los Santos de los Últimos Días», o «LDS» (por sus siglas en inglés). Hay un templo colosal mormón en Salt Lake City y al menos cien grandes templos más en Estados Unidos y el resto del mundo. El mormonismo ya no es un culto local, como el culto de John Frum en Vanuatu. Entre los mormones hay prósperos líderes de la industria estadounidense, hombres trajeados con títulos universitarios y un hombre que casi se convirtió en presidente de Estados Unidos. Los mormones tienen que dar el 10 % de sus ingresos a la Iglesia, la cual, como resultado de ello, se ha vuelto fabulosamente rica, como usted mismo podrá comprobar si observa esos increíbles templos.

Estos prósperos caballeros mormones creen cosas que se sabe, basándose en evidencias científicas, que son absurdas: una completa y absoluta bobada inventada. Por ejemplo, el Libro de Mormón explica con detalle que los americanos nativos descienden de los israelitas que migraron a Norteamérica alrededor del año 600 a. C. Como si no fuera obvio, las pruebas de ADN demuestran concluyentemente que esa afirmación es falsa. Una vez más, el lector podría pensar que eso bastaría para demostrarle a los mormones que Smith era un charlatán. Pero nada de nada.

La cosa empeora. Algunos años después de crear el Libro de Mormón, Smith afirmó que había traducido algunos antiguos documentos egipcios que había comprado un coleccionista después de que fueran descubiertos cerca de Tebas, en Egipto. En 1842, Smith publicó su «traducción» como el «Libro de Abraham», asegurando que era una descripción de la vida de Abraham y de su viaje a Egipto. Hay muchos detalles de la vida temprana de Abraham y de la historia y astronomía egipcias, páginas y páginas. En 1880, el Libro de Abraham de Smith fue «canonizado» oficialmente por la Iglesia mormona.

Expertos en jeroglíficos egipcios sospecharon que la «traducción» de Smith era un fraude. Según lo que escribió en una carta de 1912 un comisario del Museo Metropolitano de Nueva York, el Libro de Abraham era «una auténtica invención… un fárrago lleno de tonterías de principio a fin». Pero los devotos mormones seguían manteniendo su fe en él, porque los papiros originales se supone que se perdieron cuando, en 1871, el museo de Chicago que los albergaba se incendió. Por desgracia para Joseph Smith, no todos los papiros se destruyeron. Algunos de ellos fueron redescubiertos en 1966. En esa época, los expertos entendían la lengua en la que estaban escritos esos documentos. Cuando se tradujeron correctamente, tanto por expertos mormones como por no mormones que conocían esa lengua, resultó que trataban de algo completamente diferente. Nada que ver con Abraham. La «traducción» de Joseph Smith era un engaño elaborado y obviamente deliberado.

Así pues, ahora sabemos a ciencia cierta que el Libro de Abraham de Smith fue una traducción fraudulenta de manuscritos que sí que existieron. Así pues, ¿no es probable que su anterior «traducción» del Libro de Mormón, utilizando una piedra mágica dentro de un sombrero mágico, a partir de «planchas de oro» que «desaparecieron» misteriosamente por lo que nadie más pudo verlas, también sea un fraude? Puede que usted piense que los mormones deberían haberlo visto así. Pero ni siquiera la obvia falsedad deshonesta del «Libro de Abraham» de Smith fue suficiente para hacer tambalear la fe de los creyentes.

Diría que esto demuestra el increíble poder del adoctrinamiento durante la infancia. A la gente que es educada en una religión le cuesta mucho desprenderse de ella. Y luego la transmiten a la siguiente generación. Y así sucesivamente. Actualmente, la Iglesia de los Santos de los Últimos Días es una de las religiones de crecimiento más rápido del mundo. Piense en ello y puede que entienda cómo, en una época anterior en la que no existían ni periódicos, ni internet, ni libros, nada más que los chismes transmitidos boca a boca durante décadas después de la muerte de Jesús, pudo tomar impulso el culto a Cristo: nacimiento de una virgen, milagros, resurrección, ascensión a los cielos y todo lo demás.

A diferencia de los mitos de Mormón y John Frum, los del Antiguo Testamento, como el del Jardín del Edén, se inventaron hace demasiado tiempo para que podamos saber cómo se iniciaron. Todas las tribus tienen su mito sobre la creación; no resulta sorprendente, ya que las personas sienten curiosidad por naturaleza por saber de dónde proceden, tanto ellos como todos los animales, y por saber cómo surgieron el mundo, el sol, la luna y las estrellas. La historia de Jardín del Edén es el mito judío sobre la creación. De los miles de mitos sobre la creación que existen en todo el mundo, fue el judío el que se incluyó en la Biblia cristiana —debido simplemente a dos accidentes históricos combinados: el hecho de que Jesús fuese judío y la conversión al cristianismo del emperador Constantino—. A diferencia de la historia de Noé, el mito de Adán y Eva no procedía de una fuente babilónica. Resulta bastante divertido que se parezca al mito de la creación de los pigmeos, personas de corta estatura que viven en los bosques del África Central.

Recordará que, según el mito judío, Adán fue creado a partir del «polvo de la tierra». Dios «sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente». En parte como haría un jardinero, Dios luego creó a Eva como si fuera una especie de esqueje, a partir de una de las costillas de Adán. A propósito, se asombraría al ver cuánta gente cree seriamente, basándose en este mito, ¡que a los hombres les falta una costilla!

Adán y Eva fueron colocados en un jardín encantador, el Jardín del Edén. Dios les dijo que podían comer cualquier cosa que quisieran del jardín, con una importante excepción. Un árbol particular situado en el centro, el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, estaba estrictamente prohibido. Bajo ninguna circunstancia debían comer su fruto. Eso funcionó durante un tiempo. Pero entonces, una serpiente parlanchina se acercó furtivamente a Eva y la convenció de que comiera el fruto prohibido del Árbol del Conocimiento. Lo hizo y luego Eva convenció a Adán para que hiciera lo mismo. ¡Qué pena! Absorbieron de inmediato el conocimiento prohibido, incluyendo el hecho de que estaban desnudos. Avergonzados de su desnudez, se hicieron delantales con un par de hojas. Eso hizo sospechar a Dios, que «cuando el día comenzó a refrescar […] andaba recorriendo el jardín» (una frase preciosa). Se dio cuenta de que debían de haber comido el fruto prohibido. Estaba furioso. Los pobres Adán y Eva fueron expulsados eternamente del hermoso jardín. Adán y sus descendientes varones fueron condenados a trabajos agotadores durante toda la vida. Eva y sus descendientes hembras fueron condenadas a sufrir los dolores derivados de dar a luz. Y la serpiente y sus descendientes fueron condenados a arrastrarse por el suelo sin pata alguna (y seguramente también a perder la facultad de poder hablar).

Compare ahora el mito judío de la creación con el de los pigmeos. El parecido fue descubierto por un antropólogo belga que vivió con los pigmeos en el bosque Ituri, estudió su lengua y tradujo varias versiones parecidas de su mito sobre la creación. La siguiente es una de ellas.

Un buen día, en el cielo, Dios le dijo a su principal ayudante que creara al primer hombre. El ángel de la luna descendió. Modeló al primer hombre con tierra, lo envolvió con una piel, vertió sangre en su interior y perforó los agujeros de la nariz, ojos, orejas y boca. Hizo otro en la parte baja del primer hombre a través del cual introdujo en él todos los órganos. Luego sopló su propia fuerza vital dentro de la pequeña estatua terrosa. Entró en su cuerpo. Se movió… se sentó… se levantó… caminó. Era Efé, el primer hombre y padre de todos los que vinieron después.

Dios dijo a Efé: «Engendra hijos para poblar mi bosque. Les concederé todo aquello que necesiten para ser felices. Nunca tendrán que trabajar. Serán los amos de la tierra. Vivirán eternamente. Solo hay una cosa que les prohíbo. Ahora, escucha con atención, traslada mis palabras a tus hijos y diles que transmitan esta orden a todas las generaciones. El árbol tahu está absolutamente prohibido para el hombre. Nunca, sin excepción alguna, violes esta ley».

Efé obedeció estas instrucciones. Ni él ni sus hijos se acercaron al árbol. Pasaron muchos años. Entonces Dios llamó a Efé, «Sube al cielo. ¡Necesito tu ayuda!». Y Efé subió al cielo. Después de su marcha, nuestros antepasados vivieron acorde a sus leyes y enseñanzas durante mucho, mucho tiempo. Entonces, un fatídico día, una mujer embarazada le dijo a su marido: «Querido, quiero comer la fruta del árbol tahu». Él respondió: «Sabes que eso está mal». Y ella dijo: «¿Por qué?». Él dijo: «Va contra la ley». Ella dijo: «Es una estúpida ley antigua. ¿Quién te importa más, yo o una estúpida ley antigua?».

Discutieron y discutieron. Finalmente, él accedió. Su corazón palpitaba temerosamente mientras se adentraba en el profundo bosque. Cada vez se acercaba más y más. Y allí estaba, el árbol prohibido de Dios. El pecador cogió el fruto del tahu. Lo peló. Escondió la piel bajo un montón de hojas. A continuación, regresó al campamento y le dio la fruta a su esposa. Ella la probó.

Le insistió a él para que la probara. Y lo hizo. Todos los demás pigmeos dieron un mordisco. Todos comieron del fruto prohibido. Y todos pensaron que Dios nunca lo averiguaría.

Mientras tanto, el ángel de la luna observaba desde las alturas. Le transmitió inmediatamente un mensaje a su maestro: «¡El pueblo ha comido el fruto del árbol tahu!». Dios estaba enfurecido. «Habéis desobedecido mis órdenes —les dijo a nuestros antepasados—. ¡Moriréis por ello!».

Bien, ¿qué le parece? ¿Es una coincidencia? El parecido no es suficiente como para estar seguros. Puede que existan unos patrones enterrados en la mente inconsciente humana que surgen en forma de mitos. El famoso psicólogo suizo Carl Gustav Jung denominó a estos patrones inconscientes «arquetipos». Jung sugeriría que el fruto prohibido es un arquetipo humano universal que acechaba en las mentes de los pigmeos y los judíos, e inspiró de forma independiente sus dos orígenes sobre la creación. Puede que necesitemos añadir los arquetipos de Jung a nuestra lista de cómo se originan los mitos en todo el mundo. ¿Podría ser el mito tan extendido de una gran inundación mundial también un arquetipo junguiano?

Otra posibilidad, que puede que al lector ya se le haya ocurrido, es que la mitología pigmea no sea del todo original. ¿Podría haber sido contaminada en alguna fase por los misioneros cristianos? Los misioneros podrían haberles hablado de la historia de Adán y Eva, y luego, después de varias generaciones en las que el efecto del teléfono escacharrado en la profundidad del bosque produjo más de una confusión, la idea bíblica del fruto prohibido se incorporó al mito de la creación original de los pigmeos. Creo que es bastante probable. En contra de esto, Jean-Pierre Hallet, el antropólogo belga que tradujo el mito (por cierto, un personaje increíble; pruebe a buscar en Google su nombre más «badass»), estaba convencido de que la influencia funcionó en el otro sentido. Pensaba que la leyenda del fruto prohibido se originó en el pueblo pigmeo y se propagó a Oriente Medio a través de Egipto. Si alguna de estas historias es correcta, las diferencias entre los dos mitos demuestran una vez más el poder del efecto del teléfono escacharrado, ya que un mito se transformó en el otro.

Muchos mitos tribales, incluyendo el de Adán y Eva, poseen belleza poética. Pero hay un aspecto en el que, por desgracia, he de insistir, ya hay demasiadas personas que no caen en ello: no son verdaderos. No son historia. La mayoría ni siquiera están basados en algo que se puede definir como historia. Solemos pensar que Estados Unidos es un país avanzado e instruido. Y lo es, en parte. Sin embargo, es un hecho asombroso que casi la mitad de las personas de ese gran país creen que la historia de Adán y Eva es verdadera palabra por palabra. Por fortuna, la otra mitad también está presente, y ha hecho de Estados Unidos la potencia científica más grande de la historia del mundo. Nos podríamos preguntar cuánto más podrían haber avanzado si no se hubieran visto lastrados por la mitad científicamente ignorante que cree que todas y cada una de las palabras de la Biblia son ciertas.

Hoy en día, ninguna persona instruida cree que el mito de Adán y Eva o el del arca de Noé son literalmente verdaderos. Sin embargo, muchísima gente cree en los mitos relacionados con Jesús (como el de Jesús alzándose de la tumba), los mitos islámicos (como Mahoma cabalgando sobre un caballo alado) o los mitos mormones (como Joseph Smith traduciendo unas planchas doradas). ¿Cree usted que hacen bien? ¿Existen buenas razones que justifiquen que alguien se los crea? ¿Tanto como el mito del Jardín del Edén? ¿O el de Noé? ¿O el de John Frum y los cultos al cargamento? Y, si cree en los mitos propios de su religión, aquella en la que le criaron, ¿por qué esos mitos tienen más probabilidades de ser ciertos que los de las demás religiones, en los que también creen fervientemente otras personas?

Así pues, hemos analizado la Biblia como historia. Y en su mayor parte no lo es. Y luego la hemos considerado como mito. Una buena parte lo es, y no hay nada malo en ello. Los mitos son apreciados con razón. Pero no hay nada que indique que los mitos bíblicos tengan más valor que los de los vikingos, griegos, egipcios, isleños de la Polinesia, aborígenes australianos o de cualquiera de las innumerables tribus de África, Asia o las Américas.

Traducido del original:

Outgrowing God: A Beginner’s Guide to Atheism

Richard Dawkins

Ver:

11 comentarios:

  1. Está claro que Arthur Conan Doyle tenía una oponión claramente desfavorable sobre los mormones. Lo que se nota en la segunda parte de Un estudio en escarlata.
    Aunque también era créduclo en espiritismo, lo que lo llevó a romper su amistad con Houdini. Y creyó que era cierto lo de las hadas de Contingley.

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  2. Un ángel le entrega a un cierto Sr Joseph Smith unas planchas de oro, donde supuestamente está escrito el "Libro de Mormón". Estaba escrito en un idioma parecido al egipcio antiguo. Smith no lo conocía, pero hizo la traducción por "inspiración divina", y luego publicó el libro.

    (Uno se podría preguntar, ya que la Divinidad hizo todo, por qué el ángel no le dio a Smith el libro ya traducido, pero es mucho preguntar).

    Bueno, muy bien, ¿y dónde están las planchas de oro originales? ¿Podemos verlas, para que la estudien los arqueólogos o egiptólogos? Ah, no, el ángel las vino a buscar y se las llevó de vuelta...

    Y con eso armaron una religión que se expandió por todo el mundo...

    Qué mundo generoso...

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    1. No te planteas las mismas dudas acerca de los supuestos atributos de el tal "coloso espiritual", todo tan fantasioso como lo de don Smith.

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    2. PD: Yo tendría las condiciones para ser mormón, porque no me gusta el café. Mientras no me prohíban el mate, todo bien. Por suerte, ni Joseph Smith ni el ángel conocían dicho beberaje...

      Pero por otro lado, no andaría en bicicleta por la ciudad; es muy peligroso...

      Así que no; paso, gracias...

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    3. Para ser mormon hay que nacer en Utah, USA

      Y que papá tenga varias esposas

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    4. Eso yo también me he preguntado muchas veces

      Te falto una parte importante donde le pide a una persona que imprima su libro

      La esposa de este señor es la única persona con un poco de inteligencia para darse cuenta del engaño

      Y aun asi el resto de las personas le sigue el juego a este smith

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  3. Los mitos cristianos se originan en :

    LA REALIDAD ULTIMA*

    Y hay quien dice que son “extensiones” del SER planteado en las divagaciones de Parmenides

    *nota al margen: ultima es traduccion incorrecta del ingles “ultimate” que significa supremo.

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    1. Te equivocas, los mitos se originan en la necesidad humana de explicar la realidad

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    2. Eso creo yo..."La necesidad humana de explicar la realidad" o explicarlo todo.

      "Estupidiez"...Según el famoso diccionario "diez veces estúpido", pue eso considero la religión mormona.

      Como anécdota, hace muchos años estando en un parque con mi prole, me paró una guapa mormona,(me acuerdo del Sr.Casagrande) y aprovechando que no tenía otra cosa que hacer que vigilar, me endosó un libro mormón y me explicó que:

      "Buscando el Señor a alguien justo, entre los justos en la Tierra, dió con el Sr. Smith ¡Oh casualidad!

      Me contó la dichosa historia de las planchas, la piedra mágica y algún rollo mas que no me acuerdo, para que luego lo corroborara con el libro.

      Me tuve que reir, porque no recuerdo si en el prólogo o al final, afirmaban una serie de ancianos mormones, que daban fe que habían visto las planchas.-¡Claro, como no!

      La pena es que hoy en día ya bien enterado de todo, entonces no lo sabía, no se me ocurrió preguntarle a la muchacha que opinaba de que su "jefe" se hubiese casado con 24 mujeres mas las que no se conocen. ¿Donde estaba su dignidad?

      Si bien es verdad que después prohibieron la poligamia, esos "tìos" lo que eran unos aprovechados de tomo y lomo.

      Como dice el Sr. Franz. "Vaya hijos de Utah"

      Lo tengo bien claro, el ángel Moroni era un "extraterrestre" y lo de Smith un caso de abducción...ja,ja,ja.

      Saludos.

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    3. Es increíble como la gente está dispuesta a creer a diferencia de otra religión el mormonismo tiene toda la pinta de estafa

      Yo platique con un mormon sobre las civizaciones de américa

      Porque la evidencia arqueológica no corresponde al libro mormon?

      Al menos la biblia si tuene partes históricas

      Su respuesta fue de que los arqueologos escondían eso y solamente hay que excavar mas
      🤣🤣🤣🤣🤣

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