lunes, 17 de agosto de 2026

Cómo la Tecnología está reemplazando a la Religión




Cómo la tecnología está reemplazando silenciosamente a la religión: algoritmos, rituales y la arquitectura de las creencias


En una era posreligiosa, los sistemas digitales han asumido roles que antes estaban reservados a lo sagrado. No pretenden salvarnos, pero nos guían, nos reconfortan y moldean nuestro comportamiento de maneras que merecen ser analizadas.


David W. Falls

12/05/2026


La tecnología ya no solo nos da respuestas; moldea incluso lo que pensamos preguntar. A medida que los algoritmos se integran más en nuestra vida cotidiana, la línea entre la intuición personal y la influencia artificial se vuelve más difusa. La creencia y la duda, antes asuntos privados, ahora son sutilmente influenciadas por los sistemas que construimos y en los que confiamos.


Marcos de significado cambiantes

La religión alguna vez ofreció un mapa compartido: propósito, comunidad, una brújula moral. Brindó a las personas marcos de referencia para la vida y rituales para afrontar las dificultades. Ahora, esos roles están cambiando silenciosamente. Las herramientas digitales monitorean nuestro estado de ánimo y dan forma a nuestras rutinas. La IA nos aconseja cuando nos sentimos perdidos. Las comunidades en línea ofrecen conexión sin teología. En una era cada vez más secular, el significado se encuentra en la función, no en la fe; en la indagación, no en la herencia.


Gravedad generacional

Para las generaciones más jóvenes, la tecnología no es una herramienta; es un hábitat. Criados en un ecosistema digital, recurren a aplicaciones, plataformas y algoritmos no solo para entretenerse, sino también para obtener apoyo emocional, construir su identidad y recibir orientación moral. Un análisis de 2025 reveló que los jóvenes pasan más tiempo frente a las pantallas que en la escuela,¹ y muchos afirman que su primer instinto al buscar orientación es consultar un dispositivo, no a una persona. Esto no es solo comodidad; es una nueva epistemología. El significado surge de la interacción, no de la herencia, y de los ciclos de retroalimentación, no de los textos sagrados. Este cambio epistemológico —de la creencia heredada a los sistemas interactivos— sienta las bases para un nuevo tipo de conexión, definida no por la doctrina, sino por la participación.


De la fe al compromiso

A diferencia de las religiones tradicionales, la tecnología no requiere fe ni creencia; requiere interacción. En lugar de rezar o confesarse, las personas usan dispositivos para buscar, hacer clic y responder. Estas rutinas digitales son más rápidas y ofrecen retroalimentación inmediata. Si bien las empresas tecnológicas no presentan sus productos como fuentes de salvación, sus plataformas influyen en cómo las personas afrontan las dificultades, construyen su identidad y reflexionan sobre el futuro. Hoy en día, el significado ya no se hereda de la doctrina, sino que se moldea a través de experiencias personalizadas, contenido descargado y algoritmos que guían el comportamiento.


Códigos invisibles, influencia visible.

La autoridad moral no ha desaparecido, sino que simplemente se ha redistribuido. Los algoritmos deciden lo que vemos, recomiendan lo que deberíamos desear e influyen sutilmente en nuestro comportamiento hacia lo que se considera «interesante» o «apropiado». Estos sistemas moldean los valores sin declararlos explícitamente. No nos reunimos para escuchar sermones, pero absorbemos sus equivalentes digitales: feeds seleccionados, hashtags de moda, el peso silencioso de lo que se promociona y lo que se oculta. El código puede ser secular, pero la influencia es omnipresente. Y, sin embargo, la influencia por sí sola no satisface la necesidad humana de pertenencia. Cada vez más, esa necesidad se satisface no a través de credos compartidos, sino a través de espacios compartidos.


Conexión sin credo

Incluso el sentido de comunidad —antes arraigado en creencias compartidas y reuniones físicas— se está transformando. Los espacios virtuales ofrecen conexión sin dogmas, empatía sin rituales. Las personas encuentran un sentido de pertenencia a través de foros, subreddits, transmisiones en vivo y chats grupales. Comparten el duelo, celebran y buscan orientación de personas a las que nunca conocerán en persona. No es que las comunidades religiosas hayan desaparecido por completo; es que la tecnología ahora ofrece espacios paralelos donde la intimidad florece sin teología.


El Evangelio según los datos

Para muchos, las religiones se han basado tradicionalmente en textos sagrados para ofrecer guía moral y un sentido a la vida. Hoy en día, cada vez más personas recurren a algo diferente: los datos. El número de pasos, la calidad del sueño y el tiempo frente a las pantallas se registran, miden y se utilizan como guía. En lugar de reflexión o rituales, recibimos recordatorios e informes. Estos números no solo nos informan; moldean nuestra forma de pensar sobre nuestra salud, nuestras decisiones y nuestros objetivos. No es un sermón, pero nos indica cómo estamos, qué debemos mejorar y en qué aspectos fallamos.

Poco a poco, el lenguaje de la fe está siendo reemplazado por la lógica de la optimización. Investigaciones psicológicas recientes² sugieren que las prácticas de autoevaluación cuantificadas —como el seguimiento de pasos y el monitoreo del sueño— pueden llegar a moldear nuestra identidad con el tiempo, sustituyendo la introspección por métricas de rendimiento. Pero las métricas no solo informan; también juzgan. Los ciclos de retroalimentación que guían nuestros hábitos ahora se extienden a nuestras intuiciones morales, redefiniendo nuestra forma de responsabilidad.


Responsabilidad sin trascendencia

En el pasado, los marcos religiosos ayudaban a definir lo correcto y lo incorrecto, a menudo vinculados a grandes ideas sobre propósito y fe. Hoy, la tecnología influye en el comportamiento mediante la retroalimentación instantánea: me gusta, comparticiones, comentarios y bloqueos. Lo que vemos en línea se ve moldeado por las infraestructuras digitales, y lo que decimos puede desaparecer en segundos si no encaja. Estos sistemas dirigen el comportamiento, pero no siempre explican el porqué.

Las opiniones populares cambian rápidamente, y es fácil confundir la atención con la claridad moral. Reaccionamos más que reflexionamos, guiados por lo que funciona ahora en lugar de lo que perdura. Investigaciones del Media Lab3 del MIT demuestran que los algoritmos influyen no solo en lo que la gente ve, sino también en cómo evalúa moralmente el contenido, lo que sugiere que los bucles de retroalimentación digital moldean sutilmente las normas éticas.


Rituales reinventados

Los rituales religiosos alguna vez dieron estructura al tiempo: servicios semanales, celebraciones estacionales, oraciones diarias. Hoy, muchas de nuestras rutinas están marcadas por la tecnología. Revisamos nuestros teléfonos nada más levantarnos. Registramos nuestros entrenamientos, pasos y ciclos de sueño. Algunas personas siguen las publicaciones de contenido como antes seguían los sermones: el mismo ritmo, diferente fuente. Estos hábitos no son espirituales en el sentido tradicional, pero aun así crean orden, repetición y una sensación de progreso. Con el tiempo, la diferencia entre ritual y rutina comienza a desdibujarse. De hecho, una encuesta de 2023 realizada por Reviews.org (4) reveló que el 89 % de los estadounidenses revisa sus teléfonos en los primeros diez minutos después de despertarse, lo que sugiere que los hábitos digitales ahora dan forma al comienzo de nuestros días con la misma fiabilidad con la que la oración lo hacía antes para muchos.

Este cambio no es solo conductual; es cognitivo.

El significado antes llegaba lentamente: a través de la reflexión, el ritual o el mito colectivo. Ahora se invoca a demanda. ¿Está la velocidad alterando no solo nuestra forma de vivir, sino también nuestra forma de comprender? Estos rituales reinventados pueden parecer novedosos, pero se hacen eco de una historia más larga, una en la que la tecnología ha transformado repetidamente la vida espiritual.


Ecos de otras épocas

La transformación de la vida espiritual a través de la tecnología no es algo nuevo; forma parte de una historia más larga. La imprenta abrió el acceso a las escrituras, antes reservadas para quienes no tenían acceso a ellas. La radio convirtió los sermones en programas de radio, llegando a hogares y aldeas rurales. La televisión añadió nuevas dimensiones de influencia y espectáculo.

Cada cambio de medio —desde la imprenta hasta la radio— transformó la forma en que las personas se conectaban con la fe, la autoridad y el significado. Los algoritmos y las plataformas digitales actuales son simplemente el siguiente paso: menos llamativos en apariencia, pero igual de transformadores. No predican, pero llegan a todos. Y la transformación, como antes, es silenciosa hasta que se extiende por todas partes.

Cada ola de innovación amplía el acceso a ideas que antes estaban protegidas por las élites religiosas. El librepensamiento a menudo ha seguido el camino que marca la tecnología.


El alma algorítmica

Pero algo sutil cambia cuando el significado se vuelve transaccional. La profundidad que antes provenía de la reflexión o el ritual puede diluirse en preferencias: lo que se siente bien, funciona rápido o se alinea con tu feed.

Cuando el significado se transmite mediante la eficiencia algorítmica en lugar de la indagación colectiva, corre el riesgo de volverse instrumental en vez de intrínseco: valorado por su utilidad, no por su sabiduría. Hay comodidad en la facilidad, pero también riesgo en la deriva.

La optimización se convierte en la nueva teología: medible, personalizable y gratificante al instante, pero desprovista de misterio o tradición. Sin narrativas compartidas ni marcos perdurables, resulta más difícil comprender qué nos une o por qué ciertos valores perduran.

El yo se moldea no mediante la contemplación pausada, sino mediante una serie de elecciones filtradas algorítmicamente. La tecnología ofrece inmediatez, pero no siempre durabilidad, coherencia ni la resonancia existencial que antes provenía de las historias, los mitos y el significado heredado.

Aun así, la gente no ha dejado de buscar. La necesidad humana de significado, conexión y trascendencia no ha desaparecido; simplemente se ha trasladado. Preguntamos a nuestros dispositivos sobre el duelo, la identidad y el propósito. Buscamos en los influencers consejos sobre estilo de vida y en los sistemas de recomendación alimento emocional. La tecnología no ha aniquilado nuestras preguntas; las ha redirigido. Y en un panorama posreligioso, estos sistemas ahora llenan el vacío que antes ocupaban el mito, el misterio y la autoridad divina.

Esto no es necesariamente una advertencia; es una observación. La tecnología satisface necesidades reales: apoyo emocional, conexión social y orientación personal. Pero cuando estas interacciones se producen fuera de historias compartidas o marcos más profundos, corremos el riesgo de perder algo más difícil de definir. No se trata exactamente de fe, sino de la sensación de pertenecer a algo más grande. En la prisa por personalizar el significado, podemos olvidar cómo se construía antes de forma colectiva, paciente y a lo largo del tiempo.

La tecnología no pretendía reemplazar la religión; simplemente respondía a muchas de las mismas preguntas de forma más rápida, discreta y a demanda. Pero a medida que estos sistemas se vuelven más centrales en nuestra vida, vale la pena preguntarse qué ganamos y qué podríamos estar dejando atrás. La construcción de significado ha migrado de los textos sagrados a los buscadores, de los rituales a las rutinas. No es una pérdida, exactamente, sino una transformación, impulsada no por la creencia, sino por la elección, la curiosidad y la razón.

Si el pasado nos enseña que cada medio remodela el significado, el futuro exige que nos preguntemos qué tipo de significado crearán nuestros sistemas más recientes.


Mirando hacia el futuro

A medida que la tecnología evoluciona, su influencia en las creencias personales, la toma de decisiones éticas y la identidad cultural se profundiza. Estos sistemas no son meras herramientas; ahora ayudan a moldear nuestra percepción de la realidad. La IA, en particular, refleja nuestro lenguaje, se adapta a nuestros miedos y responde con matices cada vez más humanos. Y su desarrollo se acelera, no solo en capacidad, sino también en fluidez emocional y sensibilidad cultural.

Cuanto más sensibles a las emociones se vuelven estos sistemas, más determinante es su influencia, no a través de la ideología, sino a través de la proximidad cotidiana. Si el significado ahora está mediado por algoritmos, debemos preguntarnos no solo qué permiten, sino también qué dirigen o suprimen silenciosamente.

Para los librepensadores, esto no es una amenaza; es una responsabilidad: comprender, cuestionar y guiar con la razón.

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Notas

1 Benjamin ZablotskyB, et al. “Associations between Screen Time Use and Health Outcomes Among US Teenagers.” Preventing Chronic Diseasevol 22 (July 10, 2025). Online en http://dx.doi.org/10.5888/pcd22.240537.

2, Jason Shimiaie, “The Neuroscience of Identity and Our Many Selves.” Psychology Today, July 17, 2025.

3 Edmond Adwad, et al., “The Moral Machine Experiment.” Nature563 (2018) pages 59–64.

4 Emily Forlini, “Americans Check Their Phones an Alarming Number of Times Per Day.” PCMag, May 19, 2023.

David W. Falls

David W. Falls es un profesional tecnológico jubilado que trabajó treinta y tres años en Microsoft. Ha escrito numerosos artículos sobre filosofía, religión, ciencia y tecnología. Su libro, “God’s AI Reckoning: The Final Revelation”, se publicó en octubre de 2025.


Fuente:

https://pensar.org/2026/05/como-la-tecnologia-esta-reemplazando-silenciosamente-a-la-religion-algoritmos-rituales-y-la-arquitectura-de-las-creencias/

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Cómo la tecnología está transformando la religión


Las aplicaciones para teléfonos inteligentes, las redes sociales y la inteligencia artificial están haciendo que la religión sea más accesible. ¿Será suficiente para frenar el reciente declive de las creencias religiosas?


Por Daniel S. Levy

Publicado 25 Abr 2025, 11:58 Gmt-3


Si se observan los datos demográficos, aparece una historia sencilla sobre la religión en Estados Unidos y otros países occidentales: está en declive.

Según Gallup, el 98 % de los estadounidenses creía en Dios en 1952, y solo el 81 % lo hacía en 2022. El 22 % de los estadounidenses en un estudio de 2023 del Pew Research Center se identificaron como espirituales pero no religiosos; el 28% en 2024 se describieron a sí mismos como ateos, agnósticos o nada en particular, a menudo llamados los “nones”. En Norteamérica y Europa, cifras similares reflejan el descenso de personas afiliadas a una religión organizada.

(Las cifras son bastante diferentes en Medio Oriente, el sur de Asia y América Latina, donde la religión está creciendo).

Pero los datos demográficos ocultan una historia más matizada sobre el futuro de la religión.

La hermana Ilia Delio, profesora de teología en Villanova (Estados Unidos), ha observado de cerca los cambios en la fe, las creencias y la percepción. Y aunque ha observado las tendencias, no cree que la fe en Dios se esté perdiendo. “No ha desaparecido, pero surge de una forma nueva”, señala. “Eso cambia realmente nuestra forma de pensar sobre estas cuestiones de Dios o la fe”.

La tecnología (teléfonos inteligentes, redes sociales e incluso inteligencia artificial) está impulsando gran parte de este cambio, alterando la forma en que la gente encuentra enseñanzas religiosas, cómo localiza personas afines y cómo reza.

Hay sacerdotes robot que guían a la gente en busca de respuestas a las grandes preguntas, y una iglesia suiza presentó recientemente a un Jesús de inteligencia artificial (IA) en uno de sus confesionarios. ¿Podrían estas nuevas formas tecnológicamente asistidas de llegar a las masas conducir a un renacimiento religioso? El futuro de la religión podría ser mucho más extraño de lo que sugieren los datos demográficos.


Internet permite acceder a ideas y prácticas religiosas de todo el mundo

Dios y la religión parecen estar por todas partes en el ciberespacio. En un ordenador o un teléfono, puedes encontrar una confesión o una religión que se ajuste a tus valores, o simplemente un conjunto de ideas que te parezcan más adecuadas.

Hace cincuenta años, si tenías alguna duda sobre tu fe, podías preguntar a tu líder religioso o a una persona destacada de tu comunidad. “Antes siempre se acudía al rabino local para hacerle una pregunta. Hoy no se acude al rabino local, sino que se pregunta en Google”, dice Pinchas Goldschmidt, Presidente de la Conferencia de Rabinos Europeos.

Por supuesto, la mezcla de tecnología y religión no es nada nuevo. La introducción de la imprenta en la Europa del siglo XV hizo posible la producción masiva de libros. Los grupos protestantes recién formados la utilizaron para difundir sus ideas revolucionarias sobre el cristianismo, mientras la Iglesia Católica trataba de prohibir las obras consideradas herejía.

En la actual era de la información, impulsada por Internet, la Hermana Ilia señala: “Tenemos todo a nuestra disposición. Así que es como elegir. Si no me gusta, no lo tomo. Si me gusta, lo tomo”.

Esta democratización del conocimiento está a la vista en Internet, con plataformas de redes sociales como Instagram, TikTok y Douyin repletas de vídeos cortos y hashtags como #diwali o #easter (Pascua). Aunque algunos contenidos son creados por personas con formación religiosa, muchos son producidos por otros con una ferviente vocación de publicar o encontrar personas con ideas afines.

Miles de aplicaciones para teléfonos inteligentes ofrecen ayuda para rendir culto de la manera correcta y mucho más. Hay aplicaciones que permiten a los musulmanes localizar espacios de oración y restaurantes halal. Hay una aplicación que muestra a monjes budistas haciendo giros, saltos y volteretas que desafían la gravedad.

Ahora tenemos acceso a ideas y prácticas religiosas de todo el mundo a las que antes no teníamos acceso”, afirma Robert Geraci, Catedrático Distinguido Knight para el Estudio de la Religión y la Cultura del Knox College. “Eso te da una nueva perspectiva sobre lo que percibes en particular”.

ShanDien Sonwai LaRance (hopi, tewa, navajo y assiniboine) creció en el oeste de Estados Unidos en la tradición de la danza del aro. La danza del aro hopi es una forma de rezar y de conectar con los espíritus, y LaRance se ha propuesto compartir y explicar la tradición en redes sociales.

Melinda Strauss empezó como bloguera de comida kosher y descubrió que a la gente le intrigaba que fuera una judía ortodoxa moderna. “Me di cuenta de que la gente realmente no sabe nada sobre los judíos, ni sobre nuestras costumbres y nuestras leyes. Así que empecé a responder preguntas con vídeos, y despegó de verdad”. Ahora tiene 1.3 millones de seguidores en TikTok y 156 000 en Instagram.

Monjas saltando de un armario o indicando si prefieren la oración de la tarde o de la mañana mientras suena It's Tricky, del grupo de hip-hop Run DMC, no es lo que cabría esperar encontrar entre una congregación profundamente religiosa. Pero las Daughters of St. Paul (Hijas de San Pablo) son una nueva generación de religiosas. Su orden se estableció para seguir el ejemplo del Apóstol, y utilizan los medios de comunicación para difundir la palabra sobre Cristo.

Con 157 000 seguidores en TikTok, se han ganado merecidamente el apodo de Monjas Mediáticas. Su misión se ve favorecida por su genuina calidez. Dice la hermana Orianne Pietra René: “No solo estamos compartiéndonos auténticamente a nosotras mismas, porque nos gusta divertirnos, sino que estamos llevando la totalidad de lo que es Cristo a la totalidad de la persona que anhela esa alegría y esa vitalidad, esa plenitud de vida”.

Allá por 2019, Sabah Ahmedi, el imán de la mezquita Baitul Futuh de Londres, estaba en una tienda de té con un amigo. Ambos discutían sobre ideas erróneas sobre el islam. Esa charla inspiró a Ahmedi a construir su marca de redes sociales Young Imam para “ayudar a la gente a entender mejor el Islam”. Publica casi todos los días. En sus páginas, habla con seriedad y humor de todo, desde rituales como la ablución (“Tenemos que lavarnos antes de ofrecer nuestra oración, porque es entrar en la mentalidad de la limpieza”) hasta sus cafés favoritos.


Cómo la inteligencia artificial ayuda a los líderes religiosos a innovar

Pero más allá de que personas como LaRance, Strauss o el imán Ahmedi recurran a las redes sociales para difundir su mensaje, la religión se está viendo afectada por el extraordinario crecimiento de la inteligencia artificial.

Entre estas complejas tecnologías se encuentran los grandes modelos lingüísticos, sistemas entrenados con grandes cantidades de datos que pueden analizar y procesar el lenguaje y generar respuestas creíbles similares a las humanas.

Algunos líderes religiosos han adoptado este desarrollo. Al sacerdote Caru Das Adhikary, del templo Sri Sri Radha Krishna de Utah (Estados Unidos), le encanta la interpretación: "Me interesa contar historias, hacer rap y componer canciones. Utilizo la IA para prácticamente todas las composiciones que hago". Confía en Google Gemini para convertir un verso del texto sánscrito Hare Krishna en rap. Caru Das admite que a veces lo que produce está trillado, por lo que dedica tiempo a corregir y pulir las palabras. "Me impulsa. Trabajo en ello, lo reivindico. Lo hago mío".

Ed Stetzer, decano de la Facultad de Teología Talbot de la Universidad de Biola, preparó hace poco un sermón sobre una doctrina de la Reforma llamada Solus Christus, o solo en Cristo. Pidió a ChatGPT citas de los padres de la Iglesia de los siglos II y III relacionadas con la doctrina. La IA ofreció algunos ejemplos, pero, como dice Stetzer, no siempre acierta: "Me pone sobre la pista. Eso tiene su fuerza".

Otros son más circunspectos. Dado que las tecnologías de IA se desarrollan al margen de las instituciones y comunidades religiosas establecidas, las personas que acceden a ellas no interactúan con alguien que las conozca a ellas, a su familia o el motivo por el que buscan algo. Por ejemplo, los que buscan respuestas desde una perspectiva judía pueden no estar interesados en una que ofrezca una interpretación bautista del sur.

"Estamos perdiendo el toque personal y también la emoción", dice el rabino Goldschmidt, que tiene un máster en informática por la Universidad Johns Hopkins. "¿Cuál es el contexto social? ¿Cuál es la situación espiritual y material del ser humano que hace esta pregunta? No hay una pregunta absoluta. No hay una respuesta absoluta".


Sacerdotes robot que guían a los fieles

Algunas religiones empiezan incluso a incorporar la tecnología a su culto en forma de sacerdotes robot. Gabriele Trovato creció en la ciudad portuaria italiana de Livorno. De joven daba por sentada la iconografía religiosa que impregna esa nación mayoritariamente católica.

"En mi ciudad hay mucho arte sacro. Las estatuas forman parte del paisaje. Incluso en medio de las calles se ven hornacinas con la Virgen María", dice. Basándose en esas estatuas, Trovato, profesor asociado del Instituto Tecnológico Shibaura de Tokio, creó SanTO (Sanctified Theomorphic Operator).

El pequeño robot tiene el aspecto de un santo neoclásico. Está diseñado para ser accesible a personas mayores, aisladas o con problemas de movilidad. Las personas pueden tocar las manos de SanTO con una vela eléctrica y hacerle una pregunta, accediendo así a una amplia base de datos que contiene conocimientos sobre la Biblia, oraciones y la vida de los santos.

En el templo Longquan de Pekín hay un robot llamado Xian'er. Con su túnica amarilla y su mirada algo perpleja, mientras entona mantras budistas y explica los principios básicos de la fe. Un elefante robótico de tamaño real sustituyó recientemente a uno vivo y encadenado, y participa en rituales libres de crueldad en el templo Irinjadappilly Sree Krishna de Thrissur (India).

Mientras tanto, en la tranquila serenidad del templo Kodaiji de Kioto, del siglo XVII, se alza Mindar, un robot de más de dos metros de altura con piel de color porcelana, cabeza, manos, brazos móviles y un esqueleto de aluminio expuesto. Un androide mecatrónico de mirada contemplativa que representa a Kannon, la bodhisattva de la compasión, y puede dialogar. El budismo zen era el objetivo de Tensho Goto, antiguo administrador jefe de Kodaiji. Quería algo con un rostro que proyectara una sensación afectuosa de cercanía, para que la gente se sintiera cómoda con él.

"Esta era la esperanza original de Mindar, algo que pudiera utilizar el aprendizaje automático basado en antiguos textos budistas", afirma Daniel White, investigador asociado de la Universidad de Cambridge que estudia las máquinas programadas con inteligencia emocional.

"¿Podrían crear una inteligencia artificial y una forma de vida artificial que respondiera a nuestras preguntas sobre la naturaleza de la realidad, sobre Buda, de un modo que tal vez se ajustara más a lo que Buda enseñaría en realidad?". Para sorpresa de White, muchos creyentes que se acercaron a Mindar parecían abiertos a lo que decía.

Un templo de Japón también ha ofrecido servicios funerarios para robots. A finales de 1990, Sony presentó un perro mecánico llamado aibo. El público japonés abrazó a sus robots vagabundos. Por desgracia, las máquinas acabaron estropeándose. Los fieles de esta nación mayoritariamente budista creen que todas las criaturas, así como los objetos inanimados, tienen alma y merecen funerales apropiados.

Como señala White, en lugar de deshacerse de ellos, los llevaron al templo Kofukuji de Isumi, donde se ofrecieron oraciones para desambiguar las almas de los aibos y enviarlos a la Tierra Pura. El sacerdote principal, Ōi Bungen, vio la ceremonia como una forma de enseñar a los participantes los aspectos más profundos de la filosofía budista.


Las redes sociales, las aplicaciones para teléfonos inteligentes y los robots con inteligencia artificial, ¿transformarán la forma en que la gente experimenta la fe?

A pesar de los mantras de Xian'er y la mirada tranquila de Mindar, los robots son máquinas impersonales programadas para imitar. ¿Cuánta fe pueden depositar los fieles en los algoritmos de IA? ¿Hasta qué punto se puede confiar en una aplicación de smartphone o en un robot que recita oraciones y pronuncia sermones?

Como muestra de que los líderes religiosos de todo el mundo se toman en serio estas cuestiones, llevan varios años debatiendo sobre ellas, y en julio de 2024 representantes de muchas de las principales confesiones del mundo se reunieron en Hiroshima para promover el desarrollo ético de la IA. En una ciudad destruida por la irrupción de una nueva tecnología devastadora, la bomba atómica, 16 nuevos signatarios se sumaron al Llamamiento de Roma por la Ética de la IA. En colaboración con empresas tecnológicas y grupos de reflexión universitarios, el acuerdo aboga por un uso responsable de la IA.

Como saben los líderes religiosos reunidos en Hiroshima, la tecnología puede y debe utilizarse para ayudar a la humanidad. Sin embargo, las tradiciones de sus religiones y de todas las demás del mundo son personales y sagradas.

El reto para los creyentes es ser como Miranda, la hija del hechicero Próspero en La Tempestad de Shakespeare, que se deja seducir por los signos de un mundo que nunca conoció mientras exclama: "¡Qué hermosa es la humanidad! Oh, valiente mundo nuevo, que tiene gente así en él".

Podemos acercarnos a estas ideas con una mente curiosa y, al mismo tiempo, contemplarlas con cautela. Sin embargo, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, una novela del siglo XX que toma su nombre del discurso de Miranda, es un cuento con moraleja, en el que la vida de los personajes está dictada por una eficiencia distópica en un mundo tecnológicamente avanzado, desprovisto de magia y religión.

"Se trata de cómo utilizamos la tecnología, no para desplazar a la religión, sino para potenciarla", dice la hermana Ilia sobre la fe en la era digital. "¿Cómo podemos ser más conscientes de que pertenecemos los unos a los otros? ¿Cómo podemos ser más conscientes del poder de la vida que llamamos Dios?”.


Partes de este relato aparecen en The Story of God (La historia de Dios), de Daniel S. Levy © 2025 National Geographic Partners, LLC.


Fuente:

https://www.nationalgeographicla.com/historia/2025/04/como-la-tecnologia-esta-transformando-la-religion


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