lunes, 10 de agosto de 2026

Adolescente traduce versículos bíblicos y del Corán en ADN y se los inyectó

 


Este adolescente tradujo un versículo bíblico en ADN y se lo inyectó


Un estudiante de secundaria supuestamente desarrolló un ADN de biotecnología basado en versos de la Biblia y el Corán y se lo inyectó en la pierna.


Por Daniel Oberhaus

Enero 7, 2019, 10:00pm


Adrien Locatelli, de 16 años, de Grenoble, Francia, publicó un breve artículo en la prepublicación de Open Science Framework en el que afirmó que producía hebras de ADN que correspondían a versículos de la Biblia y el Corán. Según Locatelli, después se inyectó el ADN que contenía los versículos de la Biblia en el muslo izquierdo, y el ADN con los versos del Corán en el muslo derecho.

«Hice este experimento solo por el símbolo de la paz entre las religiones y la ciencia», me dijo Locatelli en un correo electrónico. «Es simplemente simbólico».

Las proteínas creadas por Locatelli son básicamente cadenas cortas de ADN, que están hechas de nucleótidos que solo se pueden combinar de maneras específicas.

Investigaciones anteriores han demostrado que los nucleótidos artificiales pueden usarse para almacenar datos, como la clave de una billetera de Bitcoin, pero hasta ahora no se han inyectado en una persona.

Locatelli dijo que relacionó varios caracteres del alfabeto hebreo con los nucleótidos para producir una hebra de ADN que correspondiera a los primeros versículos del Génesis en la Biblia. En su documento de preimpresión, dijo que utilizó una técnica similar para hacer coincidir letras individuales en árabe para traducir el Corán al código genético.

Locatelli dijo que usó una técnica conocida como virus adeno-asociados recombinantes (rAAV, por sus siglas en inglés) para escribir el código genético bíblico en el ADN de un virus. El ADN que contenía el verso coránico se lo inyectó como una proteína sin el vector viral.

Locatelli no dio detalles sobre cómo clonó el gen en un vector viral en el documento.

De acuerdo con los recibos que vio Motherboard, Locatelli compró más de 1,300 dólares en acciones de E. coli y virus AAV2 de Vector Builder. Locatelli dijo que no tenía experiencia previa en la bioingeniería.

«Acabo de hacer una pasantía de una semana en el Instituto de Biociencias Avanzadas en Grenoble», me dijo Locatelli. “Mi padre es panadero y mi madre es contadora. Mi papá está de acuerdo [con el experimento], pero a mi madre no se lo he contado”.

En el documento preimpreso, Locatelli escribió que la inyección viral causó una ligera inflamación en su muslo izquierdo que duró aproximadamente un día, mientras que la inyección de la proteína recta no produjo ningún efecto notable.

El experimento de Locatelli no le pareció a muchos investigadores de bioingeniería. Sri Kosuri, un bioquímico en la UCLA que fue pionero en la idea de utilizar el ADN para el almacenamiento de datos, escribió en un tuit que se le advirtió sobre el truco de Locatelli después de que Google Scholar le «avisara» que había sido citado en el artículo de Locatelli.

Ya que se acabe el 2018″, tuiteó Kosuri.

«Hacer cualquier experimento humano o animal tiene riesgos», me dijo Kosuri en un correo electrónico. «Existe una ética sobre hacer experimentos que también debe ser considerada».

Locatelli se mantuvo firme con su decisión.

«Creo que cuando la gente no entiende algo, le tiene miedo», dijo. “La bioingeniería es algo maravilloso. No hice nada peligroso. Si fuera tan peligroso, no podría haber comprado estos productos por internet. No prohibirían los cuchillos solo porque podríamos cortarnos».

Fuente:

https://www.vice.com/es/article/motherboard-adolescente-tradujo-versiculo-biblico-en-adn-y-se-lo-inyecto/

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Traduce varios versículos de la Biblia a ADN, se los inyecta en la pierna y sufre una infección


- Este experimento fue obra de un alumno de secundaria de un instituto francés.

- Hizo lo mismo con algunos versos del Corán.


08 ene 2019 - 16:19


Con tan solo 16 años y terminando sus estudios de secundaria, Adrien Locatelli, un estudiante francés ha desarrollado un ADN de bioingeniería basado en versos de la Biblia y el Corán y se los ha inyectado en la pierna.

El joven francés ha publicado un breve artículo en Open Science Framework donde afirma que ha producido hebras de ADN correspondientes a los primeros versículos de la Biblia y el Corán.

Locatelli inyectó el ADN extraído de los versículos de la Biblia en su muslo izquierdo y el sacado de los versos del Corán en su muslo derecho. "Hice este experimento solo por el símbolo de la paz entre las religiones y la ciencia", contó el estudiante a Motherboard.

El ADN que ha creado Locatelli está hecho de nucleótidos artificiales que además se pueden utilizar para almacenar datos, como contraseñas digitales, pero hasta ahora no se habían inyectado nunca en una persona.

El estudiante ha explicado que relacionó varios caracteres del alfabeto hebreo con los nucleótidos para producir una hebra de ADN que correspondiera con los primeros versículos del Libro del Génesis de la Biblia, una forma similar a la que usó para pasar las letras del árabe al código genético.

Locatelli también contó que utilizó una técnica conocida como virus recombinante adenoasociado (rAAV) para introducir el código genético de la Biblia en el ADN de un virus, aunque no ha dado detalle sobre cómo clonó el gen en un vector viral.

Mi padre es panadero y mi madre está en contabilidad. Mi padre está de acuerdo con el experimento, pero no se lo conté a mi madre”, confesó.

En el artículo, el estudiante también comentó que la inyección viral le causó una ligera inflamación e infección en el muslo, pero solo le duró un día.

Fuente:

https://www.20minutos.es/gonzoo/noticia/traduce-varios-versiculos-biblia-adn-inyecta-pierna-sufre-infeccion-3531906/0/

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En mi propia sangre he escrito las cosas importantes para mí”.


Adrien Locatelli, un adolescente francés, afirma haberse inyectado en los muslos hebras de ADN que codifican versículos de la Biblia y del Corán


Por Anders Sandberg

10 de enero de 2019


Realicé este experimento únicamente como símbolo de paz entre la religión y la ciencia… Es puramente simbólico”, declaró a Motherboard. Sri Kosuri, bioquímico de la UCLA que trabaja con ADN para el almacenamiento de datos y citado en el artículo, no se mostró nada complacido y tuiteó: “Que termine ya el 2018”.

¿El punto álgido de 2018, un proyecto científico inspirador o algo más? Me inclino por la tercera opción.

Desde un punto de vista ético, existen dos cuestiones principales evidentes: la autoexperimentación y el aspecto religioso. Sin embargo, la pregunta habitual sobre la autoexperimentación —«¿fue un autoexperimento apropiado?»— podría ser errónea, dado que el objetivo declarado era simbólico.

Es muy simbólico, aunque no despierte mucho interés.

El debate sobre la ética de la autoexperimentación suele plantearse en términos de riesgo-beneficio (¿superan los beneficios a los riesgos?), sesgo (¿existe riesgo de que los resultados estén sesgados?), ausencia de coacción (¿ningún profesor o institución lo obliga?), competencia (¿sabe el experimentador lo que hace?), calidad de los datos (N=1) y si se requiere la aprobación del comité de ética y si el derecho a realizar la autoexperimentación implica también el derecho a publicar. Los autoexperimentadores competentes pueden obtener claramente el consentimiento informado, pero también pueden estar engañados. También pueden existir costumbres culturales que animen a las personas a «sufrir por la ciencia» de una manera poco científica. Esta práctica es mucho más común de lo que muchos esperan .

Pero la autoexperimentación científica se realiza con un objetivo científico. El resultado pretende ser conocimiento útil. No existe tal cosa como un experimento científico simbólico.

De hecho, Adrien parece estar más cerca del arte que de la ciencia.

Como artista, llegó tarde a la escena. La obra Génesis de Eduardo Kac de 2001 consistió en codificar la frase bíblica «Que el hombre domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra» como ADN, insertándola en una bacteria y manteniendo la evolución de la bacteria en una instalación artística sometida a luz ultravioleta controlada por los visitantes. El proyecto Xenotext de Christian Bök tiene como objetivo insertar un poema en bacterias extremófilas, y por supuesto, el libro Regenesis: How Synthetic Biology will Reinvent Nature and Ourselves in DNA de George Church y Ed Regis tuvo una edición bacteriana.

Si bien Adrien puede tener razón al ser el primero en insertar texto codificado en su propio cuerpo, también existe una larga tradición de arte performativo donde el cuerpo del artista se somete a cambios como parte de la obra. Stelarc y Orlan son ejemplos claros, pero hay muchos más.

En estos casos, el aspecto biológico es simbólico y crucial. La materialización literal de una idea es importante.

Desde un punto de vista ético, también se sitúan en una esfera distinta a la de la ética de la investigación. El arte busca lograr algo, pero este algo es muy diferente del conocimiento estructurado de la ciencia. A menudo es puramente simbólico. Su utilidad suele ser extremadamente subjetiva. Argumentar que los artistas deben someter sus propuestas a un comité de revisión antes de poder crear atenta contra la libertad de expresión. Si bien es cierto que los artistas que infringen la ley o cometen actos inmorales pueden ser condenados, la práctica del arte requiere la libertad de realizar actos simbólicos nunca antes vistos, difíciles de juzgar antes de su ejecución y experiencia. No es raro que el arte transgreda deliberadamente los límites para identificarlos, provocar y cuestionar nuestras normas.

Los textos genéticos de Adrien parecen mucho más artísticos que científicos, a pesar de que utilizó herramientas científicas. Podría haber sido ligeramente arriesgado (el virus adenoasociado utilizado parece bastante benigno, pero en principio podría haber algún problema si el producto genético se comportara mal o el gen se insertara en la región incorrecta del genoma ), pero comparado con algunos de los riesgos asumidos por los artistas performativos mencionados anteriormente, las personas que realizan modificaciones corporales o incluso tatuajes, el riesgo no parece grave; el problema radica más bien en que es un riesgo incierto , lo que tiende a generar cautela en la mayoría de las personas. Pero como sociedad, permitimos el arte performativo y las modificaciones corporales (a las que obviamente pertenece este caso), y deberíamos reconocer que esto probablemente se encuentra dentro de su rango de riesgo. Estimar la relación riesgo/beneficio para acciones artísticas o existenciales siempre será una cuestión subjetiva en la que el artista debe asumir la responsabilidad.

De hecho, desde una perspectiva ética, el mayor problema aquí podría ser que Adrien es menor de edad. Se podría argumentar que es demasiado joven para dar un consentimiento informado adecuado o que ambos padres deberían haber dado su permiso (solo su padre lo sabía). Su informe puede demostrar suficiente habilidad académica como para implicar capacidad para llegar a un consentimiento informado científico (pero debería haber habido una sección que evaluara el riesgo). Sin embargo, un buen trabajo académico no es prueba de la madurez ética suficiente para ser plenamente responsable. Tal vez sea responsable, pero no se puede deducir del documento. Supongo que a estas alturas ya habrá habido algunas discusiones éticas interesantes en la cena en la familia Locatelli. La próxima vez debería hacer esta parte con más cuidado, o podría ser castigado.

¿Y qué hay del contenido religioso? Creo que se puede comparar con tatuarse textos religiosos en el cuerpo. Quienes quieran indignarse, se indignarán, pero a diario se cometen actos mucho peores, deliberados o accidentales. Hay otro aspecto a considerar: el islam es una religión bastante centrada en el texto, donde el Corán se considera sagrado en sí mismo, y se cree que el hombre es imagen de Dios. Los musulmanes contemporáneos suelen considerar los tatuajes pecaminosos (a menudo por el argumento de la imagen de Dios, o más bien por alterar la creación natural de Dios), pero históricamente se han utilizado en muchas culturas islámicas, e incluso hay informes de animales que se tatuaban versículos del Corán. Pero presumiblemente Adrien no es musulmán. De manera similar, las perspectivas cristianas varían ampliamente. Incorporar símbolos religiosos como parte pública o privada de uno mismo es una práctica muy extendida.

En cuanto supe del experimento, me vino a la mente el excelente relato corto de 1999, « Escrito en sangre », de Chris Lawson. En él, la protagonista y su padre realizan la peregrinación a La Meca y se ven envueltos en una disputa sobre la «escritura con sangre»: el uso de la terapia génica con adenovirus para insertar el Corán en la médula ósea y que este se exprese en los leucocitos. El relato aborda temas como la tolerancia religiosa, los límites de la tradición, qué tipo de traducción de un texto sagrado a un nuevo formato es la correcta, las maravillas de la biotecnología y los riesgos que conlleva su uso.

El concepto de añadir texto a uno mismo es rico y profundo. Puede hacerse de forma vulgar, pero también como una profunda devoción. Es una forma de expresión morfológica que, con suerte, trascenderá la mera moda adolescente, como bromea Motherboard, y se integrará en la conmovedora sección final de la historia de Lawson, donde la protagonista la utiliza para expresar su propia fe. Espero que Adrien ya la haya leído o la lea pronto.

Traducido del original:

https://blog.uehiro.ox.ac.uk/2019/01/in-my-own-blood-i-have-written-the-things-important-to-me/

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Artículo publicado en Open Science Framework


The first injection in a human being ofmacromolecules whose primary structure wasdeveloped from a religious text


Adrien Locatelli

Lycles Eaux Claires, 38000, Grenoble,

Franceadriloc38@gmail.com


ABSTRACT

This article relates the first injection in a human being of macromolecules whose primary structure was developed from areligious text.IntroductionDNA and proteins are macromolecules having a primary structure which can be written with letters. Recent studies havereported that it is possible to convert any type of information into DNA for the purpose of storage. Since it is possible toconvert digital information into DNA, I wondered whether it would be possible to convert a religious text into DNA and toinject it in a living being.


Methods

The Book of Genesis was downloaded from www.fourmilab.ch.

I replaced each of the Hebrew letters with the nucleotide corresponding to it in the Table 1. Punctuation and spaces are ignored.By applying this method to the first part of the Book of Genesis (Gn1,1 to Gn11,9 excluding Gn2,10 to 2,14, Gn5 and Gn7,1 to7,5 because these are controversial passages.), I obtained the sequence DNA11261.4The surah Ar-Ra’d was downloaded from holyquran.net. I deleted all the letters of the surah except Alif, Lam, Mim, Ra and Sad and I replaced each of these Arabic letters with the nucleotide corresponding to it in the Table 2. Punctuation and spaces are ignored. I obtained the sequence DNA1511.5I then used the Translate tool from expasy.org on DNA11261. I assembled all the Open reading frames highlighted in redfrom 5’3’ Frame 1 with more than 5 aminoacids and I obtained the protein MI518.6I then implanted this protein in a rAAV :VB180513-1026kbp. I then injected 5#108 genome copies ofthis viral vector in my left thigh by subcutaneous injection. I then used the Translate tool from expasy.org on DNA1511. Iassembled all the Open reading frames highlighted in red from 5’3’ Frame 1 with more than 5 amino acids and I obtained the protein :

>MT59 MSRERRVESEEEHDRYMRGRNENDRRDECVEKCSGTRTTTEERSATERRETRRMTREAT.

I noticed that this protein is very small compared to MI518 and that it contains 2 and only 2 cysteines. I synthesized the central part ofthis peptide with a disulfide bond connecting the 2 cysteines:

>RS27 12-16 RGRNENDRRDECVEKCSGTRTTTEERS.

I theninjected 7 mg of RS27 12-16 purity 55,17% raised by Proteogenix in my right thigh by subcutaneous injection.


Results

The subcutaneous injection of the vector VB180513-1026kbp in my left thigh only caused at the injection site a minorinflammation which persisted a few day and the subcutaneous injection of the peptide RS27 12-16 in my right thigh provoked nothing.


Discussion

It is the first time that someone injects himself macromolecules developed from a text. It is very symbolic even if it does nothave much interest.


References

1.Erlich, Y. & Zielinski, D. Dna fountain enables a robust and efficient storage architecture.Science355, 950–954, DOI:https://doi.org/10.1126/science.aaj2038 (2017).

2.Church, G. M., Gao, Y. & Kosuri, S. Next-generation digital information storage in dna.Science337, 1628, DOI:https://doi.org/10.1126/science.1226355 (2012).

3.Goldman, N.et al.Towards practical, high-capacity, low-maintenance information storage in synthesized dna.Nature494,77–80, DOI: https://doi.org/10.1038/nature11875 (2013).

4.Locatelli, A. Dna11261.figsharehttps://doi.org/10.6084/m9.figshare.7235174.v1 (2018).

5.Locatelli, A. Dna1511.figsharehttps://doi.org/10.6084/m9.figshare.7235189.v1 (2018).

6.Locatelli, A. Mi518.figsharehttps://doi.org/10.6084/m9.figshare.7235540.v1 (2018).AcknowledgementsI thank www.four


Original:

https://osf.io/preprints/osf/yj8xw_v1


lunes, 3 de agosto de 2026

Consecuencias Morales del Ateísmo




Consecuencias Morales del Ateísmo


Muchas personas quieren vincular los más nobles valores a alguna de las religiones, pero suelen olvidarse que gran parte de las acciones más terribles que se han realizado a lo largo de la historia se han hecho en nombre de la piedad”


2 Septiembre, 2015

Por: José Meslier


John Leslie Mackie (1917-1981) fue un brillante filósofo australiano, especializado en metaética y partidario del escepticismo moral, conocido ateo y participante en jugosas polémicas al respecto. En Dios no existe (peculiar traducción para The portable atheist, recopilación de textos realizada por Christopher Hitchens), se incluye un texto de Mackie sacado de su obra El milagro del teísmo: argumentos a favor y en contra de la existencia de Dios.

Entre las consideraciones a favor de la existencia de una dios personal, o casi personal, se enumeran al menos cinco:

1) los supuestos milagros;

2) las versiones inductivas del argumento del diseño y la conciencia, tomando como ‘signos del diseño’ tanto el hecho de que existen regularidades causales y el hecho de que las leyes naturales fundamentales y las constantes físicas son tales que hacen posible el desarrollo de la vida y la conciencia;

3) una versión inductiva del argumento cosmológico, buscando una respuesta a la pregunta ‘¿Por que hay algo en lugar de nada?’;

4) la idea de que hay valores morales objetivos cuya existencia demanda una explicación adicional;

5) y la idea de que algunos tipos de experiencia religiosa pueden comprenderse mejor si los entendemos como la percepción directa de algo sobrenatural».

Por supuesto, Mackie echa por tierra estos argumentos: el primero y el quinto son, de forma obvia, muy débiles, ya que pueden explicarse fácilmente en términos naturales. Por otra parte, el mundo natural explica, gracias a la evolución, la conciencia, la moralidad y el valor como actividad humana. Lo único dudoso, desde una explicación naturalista, serían las irregularidades causales,el hecho de que las leyes físicas sean las que son y de que haya algo en lugar de nada. El naturalista suspenderá siempre la cuestión de Leibniz, ¿por qué hay algo en lugar de nada?, mientras que el teísta se sentirá igualmente indefenso ante la pregunta de por qué hay un dios en lugar de nada. La hipótesis de Dios, al menos desde Laplace, resulta innecesaria desde este punto de vista sustentado en términos racionales; la reivindicación literal y fáctica de la existencia de un Dios personal no posee base racional alguna, pero los intentos posteriores de defender el pensamiento religioso, una vez liberado de sus creencias tradicionales, son señalados por Mackie como un rotundo fracaso.

Por supuesto, Mackie sitúa en primer lugar el debate desde un punto de vista estrictamente filosófico, lo cual hace que el asunto se relativice y no satisfaga a algunas personas reflexivas y ecuánimes. Más interesante y concluyente resulta el estudio que realiza de la consecuencias morales del ateísmo, ya que muchas personas insisten en la aceptación de la religión precisamente porque creen que sin ella desembocaríamos en un desastroso nihilismo. Mackie señala cuatro puntos de vista principales sobre la naturaleza y el estatus de la moralidad. El primero quiere observar reglas y principios morales desvinculados de la utilidad que puedan tener, originados en alguna suerte de divinidad y sustentados por la promesa de recompensa o la amenaza de castigo en esta vida o en la otra. La segunda, denominada kantiana, racionalista o intuicionista, ve los principios morales como una normativa objetivamente válida, formulada o descubierta por el intelecto humano y dotada de autoridad autónoma al margen de cualquier dios (si un creyente tiene este punto de vista, seguramente pensará que la bondad divina consiste en que él ejemplifique esos principios). Un tercer punto de vista sostiene también la existencia de principios objetivos válidos, pero considera que son creados y sustentados de algún modo por la existencia de dios. Una cuarta opinión, llamada humeana, sentimentalista, subjetivista o naturalista, piensa que la moralidad es fundamentalmente un producto humano y social; los conceptos, principios y prácticas morales se han desarrollado a través de un proceso de evolución biológica y social. Desde esta última perspectiva, se explica la existencia y persistencia de los principios y prácticas morales debido a que permiten de alguna manera a los seres humanos, en cuya condición natural conviven fuerzas tanto competitivas como cooperativas, sobrevivir y alimentarse mejor al limitar la competencia y facilitar la cooperación. Mackie señala que los que se adhieren a este punto de vista no lo explican necesariamente de esta forma y que sea posible que suscriban alguna de las tres opiniones anteriores; no obstante, la explicación naturalista explica muy bien su pensamiento y su conducta.

Mackie, obviamente, muestra la moralidad con su propio origen causal, como una cuestión de sentimientos y actitudes; sería parcialmente instintiva, desarrollada a través de la evolución biológica, y parcialmente adquirida, desarrollada gracia a la evolución sociohistórica y transmitida de una generación a otra, en forma de valores culturales, más de forma automática que consciente. No obstante, como librepensador que es, Mackie no se conforma con respuestas definitivas y reconoce la complejidad del asunto. Ni teístas ni ateos poseen el monopolio de la virtud, pero tampoco puede vincularse la moralidad fácilmente a ninguna ley causal establecida por algún estudio estadístico sobre creencia o no creencia. Ello es debido, precisamente, a que lo que se considera vicio o virtud es objeto de controversia y división entre creyentes y no creyentes, lo cual da la razón a un enfoque naturalista. Mackie sospecha que existe una correlación positiva entre ateísmo y virtud, pero posee la honestidad intelectual para no establecer una tendencia causal que conduzca a que la no creencia promueve la buena praxis moral. Se retoman entonces algunas consideraciones generales, ¿qué supondría para la moralidad que existiera o no existiera un dios e igualmente en el caso de que la gente asociara, o no, su moralidad a las creencias religiosas? En primer lugar, las revelaciones de la religión son ya obviamente condenables al contener normas restringidas, anticuadas o bárbaras (tal y como aparecen en la Biblia o el Corán). Desde un punto de vista más general, la vinculación entre creencia religiosa y moralidad supone la devaluación de esta última por dos motivos principales: debido a que la debilitación de la moralidad decaerá cuando no exista la creencia y también porque la subordina a otras preocupaciones mientras persista la creencia (mencionaremos el absurdo de aceptar el pecado en el cristianismo para lograr la salvación).

Muchas personas quieren vincular los más nobles valores a alguna de las religiones, pero suele olvidarse que gran parte de las acciones más terribles que se han realizado a lo largo de la historia se han hecho en nombre de la piedad. Aunque, por ejemplo en el cristianismo, hay valores éticos admirables (muchos, añadidos posteriormente y explicables desde puntos de vista sociohistóricos), pero a lo largo de la historia en las religiones, en general se ha primado la preocupación por la salvación y la vida después de la muerte, así como la opinión de que la falta de fe, la duda y la crítica a la creencia es pecado y actitudes heréticas dignas de ser perseguidas. En general, la religión se opone a la discusión, muestra deshonestidad intelectual e incluso a veces abierta hostilidad a verdades científicas confirmadas. En este contexto, con los precedentes históricos de un claro totalitarismo religioso (precedente del político y base de él en muchos aspectos), la moralidad promovida por la religión suele ser ambigua o directamente perniciosa, lo cual no supone lógicamente que todos los creyentes y teístas sean dogmáticos o moralmente cuestionables. Frente a la religiosa, existe toda una tradición humanista, preocupada por los problemas sociales e individuales, defensora de la honestidad intelectual y la tolerancia, así como propulsora de la libre investigación. No obstante, Mackie no cae en un fácil maniqueísmo. La ausencia de vinculación religiosa no garantiza obviamente que no existan conflictos. Como creaciones humanas que son, también existen preceptos morales absolutistas y objetivistas, con vínculos religiosos o no, que suponen enfrentamientos entre distintas concepciones. Desde un enfoque naturalista, puede entenderse mejor la moralidad, con sus concesiones y con sus ajustes, o incluso llegar a un consenso universal sobre lo que es correcto. Por supuesto, nos limitaremos demasiado si simplemente derivamos la moralidad de los hechos de la situación humana y no procuramos entender cómo el hecho moral puede desarrollarse y a qué funciones sirve, así como obviamos tener en cuenta la posibilidad de que se extienda. Como valor innegable del ateísmo está su poderoso realismo ante hechos fatales de la existencia humana como es la muerte; hay quien señaló como una de las mayores irracionalidades del pensamiento religioso su elección de la comodidad frente a la verdad.

Fuente:

http://acracia.org/consecuencias-morales-del-ateismo/

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Ateísmo, Moral y Conciencia


Desde la Antigua Grecia hasta Kant, hubo ya muchos intentos de derivar la moral de fuentes no religiosas”


4 Diciembre, 2023

Por: Capi Vidal


Hay una frase atribuida a Albert Einstein: «Si la gente es buena solo porque teme el castigo y espera una recompensa, somos efectivamente un grupo lamentable». Aunque temamos caer en la simplificación, puede que ésta sea una de las claves del pensamiento religioso en lo que atañe a la moral, un comportamiento correcto se realiza para obtener ciertos beneficios (en el caso que nos ocupa, sobrenaturales). Desde este punto de vista, el ser humano necesita la religión, o cree necesitarla, para comportarse correctamente, aunque la vigilancia al respecto suele ser muy terrenal para justificar la existencia del Estado. Richard Dawkins, de forma muy irónica, afirma que se suele decir que la gente necesita religión, cuando en realidad lo que necesita son policías. Por supuesto, en ambos casos se trata de una visión simplista y hay que observar los factores determinantes, todos muy humanos.

En lo que estamos de acuerdo es en que una moralidad, en ausencia de vigilancia, es más verdadera que aquella que desaparece al no estar presente el vigilante, sea Dios o el Estado. Aunque siempre hay que echar mano de las estadísticas, no resulta difícil creer que las personas ateas posean una moral más sólida, ya que alguna clase de humanismo habrá reemplazado el más bien frágil credo religioso. Aunque es habitual confundirlas, la moral y la ética no tienen el mismo significado. La primera alude a los hábitos y comportamientos de los seres humanos y es posible definirla como el conjunto de normas de conducta que se consideran válidas para gran parte de una población.

La ética puede describirse como la reflexión acerca de por qué es válida una moral. La visión atea, o naturalista, suele insistir en que la moral nació con la vida social, cuando los seres humanos buscaron unas normas uniformes para ajustar sus conductas y convertir la convivencia en más o menos previsible. En gran medida, la moralidad es producto de la sociedad y el individuo acaba interiorizando unos determinados valores, diferentes según el contexto social existente, que estimulan su conciencia acerca de lo que es bueno o malo. Desde este punto de vista, la moralidad posee una naturaleza muy humana y relativa, ya que según las circunstancias se favorece un comportamiento u otro; muy al contrario, las visiones absolutistas propias de la religión ocasionan muchos más conflictos, ya que las acciones más abyectas suelen justificarse en aras de un ideal trascendente.

Es posible que toda nuestra civilización esté impregnada de ese concepto de castigo y recompensa, basado en una concepción inmutable de la naturaleza humana, por lo que examinaremos el ateísmo desde la perspectiva de un horizonte moral todo lo sólido y amplio posible, trataremos de apartar definitivamente la práctica moral de toda afiliación, práctica o creencia religiosa e introduciremos el hecho de que existen factores biológicos y sociales que explican nuestro sentido de lo que es bueno o malo. Un gigante intelectual como Bertrand Russell consideró las dificultades de la consideración religiosa de que la conciencia humana estuviera originada en la divinidad. En primer lugar, parece que la conciencia dicta cosas muy diferentes a cada individuo; en segundo, la psicología ha ido dando respuestas a los distintos sentimientos de cada persona.

Son las leyes causales, base del método científico, las que pueden ayudarnos a comprender por qué existe tanta diversidad en lo que motiva a la conciencia. Es precisamente la introspección la que a veces conduce a olvidar el origen de los sentimientos y a convertirlos en misteriosos. Si se quiere liberar a la ética de unas reglas externas, habría que poner en duda la visión religiosa de la conciencia. En una línea similar, Carl Sagan consideró que el argumento de la conciencia como demostración de la existencia de Dios no posee demasiado recorrido; hace ya tiempo que los neurobiólogos mostraron una alternativa al explicar que la conciencia es una función que depende del número y la complejidad de las conexiones neuronales del cerebro. Respecto al argumento moral de los religiosos, según el cual si el ser humano es moral es porque Dios existe, Sagan está en la misma línea de Dawkins cuando señala que la selección natural puede explicar muchas cosas sobre nuestro comportamiento; la adquisición de conciencia sobre nuestro entorno hace posible que comprendamos muchas cosas y ver lo que es bueno para nuestra supervivencia.

Aunque la ciencia no tenga mucho que decir sobre la ética, sí es capaz de examinar las causas de los deseos y los medios para realizarlos. Al no existir argumentos para probar que determinada cosa tiene un valor intrínseco, habría que aceptar que las diferencias son cuestión de gusto y no existe una verdad objetiva. Este subjetivismo tiene diversas consecuencias, la más evidente es que conceptos religiosos como «pecado» o «virtud» se anulan al solo poder ser algo como bueno o malo según unas circunstancias concretas. Desde un punto de vista biológico, pueden comprenderse los valores también como producto de la evolución, entendidos como lo que resulta agradable o desagradable en función del ambiente.

No es posible deducir, desde estas concepciones éticas desprendidas de todo origen sobrenatural, otro concepto clave para el pensamiento religioso: la idea de un propósito, cósmico o divino, en la existencia humana. La objeción de los partidarios de valores objetivos, apoyada en las supuestas consecuencias inmorales derivadas de este aparente relativismo, puede ser refutada apelando al deseo y rechazando la creencia. Efectivamente, los deseos pueden ser personales o impersonales, pero difícilmente podrán ser estimulados por una creencia abstracta en lo que es correcto y sí, por ejemplo, por la educación y el conocimiento. La felicidad general no necesita una sanción por parte de un concepto absoluto del bien, y tampoco se convierte en algo irracional al basarse en deseos individuales. También habría que dudar de la racionalidad o irracionalidad de los deseos, ya que solo se ponen a prueba con la valoración de los demás conduciendo, o no, a la felicidad o a la satisfacción. Los deseos son, tantas veces, grandes y generosos en ciertas personas, apoyados además en las grandes teorías morales, por lo que adquieren una nueva dimensión al tener la ambición de elevarlos a categoría universal.

El filósofo John Leslie Mackie considera que el mundo natural explica, gracias a la evolución, la conciencia, la moralidad y el valor como actividades humanas. Este autor clarifica cuáles son las consecuencias morales del ateísmo, ya que tantas personas, creyentes o no, consideran que la religión sigue siendo necesaria para no desembocar en un desastroso nihilismo. Así, Mackie considera cuatro puntos de vista principales sobre la naturaleza y el estatus de la moralidad: el primero observa las reglas y los principios morales desvinculados de cualquier utilidad que pudieran tener, estarían originados en algún tipo de divinidad y sustentados por la promesa de recompensa o la amenaza de castigo en esta vida o en la otra; el segundo, llamado kantiano, racionalista o intuicionista, ve los principios morales como una normativa objetivamente válida, formulada o descubierta por el intelecto humano y dotada de autoridad autónoma al margen de cualquier dios; un tercer punto de vista sostiene igualmente la existencia de principios objetivos válidos, pero considera que son creados y sustentados, del modo que fuere, por la existencia de Dios; finalmente, una cuarta opinión, denominada humeana, sentimentalista, subjetivista o naturalista, piensa que la moralidad es fundamentalmente un producto humano y social y, así, los conceptos, principios y prácticas morales se han desarrollado a lo largo de un proceso de evolución biológica y social.

Es esta última perspectiva naturalista la que explicaría la existencia y persistencia de los principios y prácticas morales, debido a que permiten de alguna manera a los seres humanos sobrivivir y alimentarse mejor al limitar la competencia y favorecer la cooperación. Sin caer en respuestas definitivas, Mackie muestra la moralidad con su propio origen causal, parcialmente instintiva, desarrollada a través de la evolución biológica y transmitida de una generación a otra en forma de valores culturales. El enfoque naturalista adquiere una fuerza evidente cuando se observa que no hay un consenso definitivo en la humanidad sobre lo que es vicio o virtud. La perspectiva religiosa se viene abajo notablemente por dos motivos principales: la moralidad sufrirá una debilitación evidente cuando no exista la creencia, y también debido a que se subordinará siempre a otras preocupaciones más trascendentes cuando exista la creencia (como es el caso de la salvación personal).

Richard Dawkins, biólogo considerado neodarwinista, considera que nobles impulsos como la amabilidad, el altruismo o la empatía se originan en el cerebro y se dirigen en primer lugar hacia la familia cercana, pero pueden extenderse como regla general. No profundizaremos aquí en la visión genética de Dawkins, no uniforme en el mundo científico y denunciada en ocasiones como biológicamente determinista, pero insistiremos en este autor por su prestigio y conocido ateísmo combativo. Derivar nuestro sentido de lo correcto o lo incorrecto de nuestro pasado evolutivo, conlleva ciertas dificultades al ser difícil comprender sentimientos como la compasión desde el punto de vista de la selección natural.

Sean cuales fueren las reglas de la evolución, altruistas o competitivas, no es posible hablar simplemente de determinismo biológico, ya que se filtran a través de la influencia de lo que llamamos civilización, con sus tradiciones, leyes y costumbres. Como modo de mejorar la conciencia, Dawkins considera que la ciencia y la evolución, incluso con sus lagunas, resultan mucho más adecuadas para mejorarla que el pensamiento religioso y elude la posibilidad de fantasear con nuestros miedos y necesidades. Frente a los que asocian, necesariamente, el sentimiento religioso a la condición humana, ya que parece manifestarse de un modo u otro, habría que insistir en lo saludable de la independencia mental. Una comprensión adecuada del mundo real puede asumir el mismo rol inspirativo que, tradicionalmente y de manera distorsionadora, ha asumido la religión.

Desde la Antigua Grecia hasta Kant, hubo ya muchos intentos de derivar la moral de fuentes no religiosas. De hecho, tal como señala Dawkins, los imperativos categóricos de Kant se fundan en el deber, por el bien del deber, apartando a Dios, lo cual ha supuesto que se haya pensado que el filósofo alemán, aunque no pudiera admitirlo en la sociedad de su tiempo, era en realidad ateo. La universalidad de los principios morales, que es lo que está también detrás de los imperativos kantianos, es válida en algunos casos, pero plantea problemas en otros, ya que no todo el mundo estará de acuerdo en según qué comportamientos.

En el caso de la moral de tipo kantiano, no tiene que ser una visión plenamente identificable con el absolutismo moral, puede hablarse de «deontología» o «ciencia del deber», es decir «obediencia a reglas». Entre las visiones morales modernas, están además los llamados «consecuencialistas», más pragmáticos, según los cuales la moralidad de una acción debe juzgarse por sus consecuencias (los utilitaristas, a menudo mal entendidos también, pueden considerarse como un tipo de consecuencialistas). Como afirma Richard Dawkins, no todo absolutismo deriva de la religión, pero es muy difícil defenderlo en otros campos.

Si la moral originada en las religiones es siempre exclusivista y totalizante, exigiendo además obediencia a los creyentes, una moral capaz de mejorar la vida y de facilitar el desarrollo, incluso con aspiración de ser universal, no necesita de orígenes divinos y todo ser humano puede comprenderla en mayor o en menor medida sin acudir a ninguna «verdad revelada». Es más, desde el ateísmo se ha criticado la moral religiosa, siempre absolutista, entendida como una verdad con mayúsculas, cuando en su nombre se han producido los mayores crímenes a lo largo de la historia; el ateo siempre considerará la moral religiosa como sospechosa, ya que detrás se encuentra la imposición y las mayores aberraciones hacia los no creyentes, por lo que acaba convirtiéndose en un instrumento de poder.

Frente a los que consideran que una moral sin Dios no puede darse, la lógica hace pensar que la humanidad, en los albores de su existencia, empezó a dar contenido a las normas morales y potenció así los instintos constructivos del ser humano; en caso contrario, no habríamos llegado hasta aquí. Con el devenir de la historia, la idea de Dios se fue haciendo innecesaria, por lo que una ética puramente humana, basada en la convivencia social, la justicia y la fraternidad, enemiga de todo dogmatismo, puede exigir un mayor compromismo con lo real. La creencia religiosa surge de debilidades y angustias humanas, muy comprensibles, pero son infinitamente más aceptables una incredulidad fundada en el esfuerzo por buscar la verdad, sin engaño alguno, y una moral fraterna, sin excusas sobrenaturales ni trascendentes. En esta línea, hay que recordar a Bertrand Russell cuando habla igualmente de renunciar al dogmatismo y adoptar la duda racional en todo ámbito humano; desde su punto de vista, ello ayudaría a erradicar los grandes males del mundo, ya que sin posiciones absolutistas resulta francamente difícil no considerar la gran responsabilidad que tenemos con el prójimo.

Otro ateo que ha tenido gran popularidad en los últimos años, el recientemente fallecido Christopher Hitchens, considera que el desarrollo del pensamiento ha supuesto que la humanidad se vaya apartando de toda verdad revelada y toda fe dogmática; desde este punto de vista, la razón, la conciencia y la moral solo pueden ser innatas en el ser humano, susceptibles de ser perfeccionadas o deterioradas y no es necesario apoyarse en ninguna explicación espiritual o metafísica.

Desde su ateísmo combativo, Hitchens presenta varias e importantes objeciones al pensamiento religioso: distorsión cognitiva sobre el conocimiento y la razón, servilismo, solipsismo, represión sexual… recogiendo la herencia de Freud, considera que las creencias de los hombres estás sustentadas en última instancia en ilusiones, respuestas a sus necesidades y deseos más apremiantes. Tal vez la ciencia y la razón no resultan suficientes para establecer valores, pero sí son necesarias, por lo que hay que desconfiar de toda aquella doctrina que las reduzca; el intelecto y la moral se potencian gracias al conocimiento y la creatividad humanas, por lo que se identifica aquí ateísmo con una libertad plena para la indagación.

El filósofo André Comte-Sponville, en otra interesante obra sobre el ateísmo de reciente edición, nos propone un punto de vista diferente sobre los valores humanos. Su ateísmo lo funda en lo que denomina «fidelidad», usando una palabra con la misma etimología que la palabra «fe», a unos valores judeocristianos de larga tradición; su falta de creencia en Dios no le impide abrazar la moral fundada en la religión y considerar su importancia como elemento de cohesión en la sociedad. El temor de Comte-Sponville está en que la falta de creencia desemboque en el nihilismo, algo que él considera sinónimo de barbarie; su deseo parece ser fiel a dos polos: los valores religiosos tradicionales y el proyecto modernizador de la Ilustración.

En este sentido, el filósofo francés se aparta del nuevo ateísmo de Dawkins y Hitchens, y especialmente de la tendencia posmoderna de Michel Onfray, que parte de Nietzsche para considerar que es precisamente el ateísmo el que nos proporciona la salida del nihilismo radicalizando e innovando los postulados de la Ilustración. El ateísmo de Onfray apuesta por una razón decididamente antirreligiosa y antimetafísica, que impida a los seres humanos caer en la tranquilidad existencial y el infantilismo mental permanente; el estilo directo e incendiario de este autor le lleva a considerar que el ser humano tiene una inclinación hacia la credulidad y la ceguera, por lo que las dificultades de la vida le empujan a las fábulas y los mitos.

Fuente:

http://acracia.org/ateismo-moral-y-conciencia/


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 «Si la gente es buena solo porque teme el castigo y espera una recompensa, somos efectivamente un grupo lamentable»

Albert Einstein