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Tuve la suerte de visitar la majestuosa basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, ubicada en el corazón de Roma.
Jamás había visto tanta ostentación de poder, dinero y religión en un solo sitio. Arquitectónica y artísticamente la Basílica de San Pedro es una delicia. Nada más al entrar te saluda la Pietá de Michelanggelo por el lado derecho. La verdad lo disfruté mucho. Pero sin duda lo más impresionante es la suntuosidad y el alarde que hay sobre la tumba de San Pedro, donde se encuentran (supuestamente) sus restos y que son el centro del magnífico edificio.
La Basílica fue construida ahí, precisamente sobre la tumba de la persona que fue la mano derecha de Jesús; y ha crecido alrededor de este sitio un andamiaje tanto estructural como de fe.
Pero… ¿Qué evidencias reales hay de que esa es la tumba de Simon-Pedro?, ¿Qué pasaría si se descubriera que allí no hay ningún cuerpo que corresponda al supuesto Pedro?
¿Se imagina usted amigo lector, una religión organizada alrededor de una mentira? Una larga sucesión de Sumos Pontífices basados en un ser que no era como lo siempre lo han pretendido mostrar: La mano derecha de Jesús y el heredero de su iglesia; e incluso, en el peor de los casos, es un personaje ficticio creado para dar inicio a una de las iglesias con mas influencia de todos los tiempos. En todo caso, cualquiera de estos dos Pedros, es un estorbo y un problema para la Santa Iglesia Católica.
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¿Viajó Pedro a Roma?, y lo más importante… ¿Murió en Roma crucificado cabeza abajo?
Sobre el problema de un viaje de Simón-Pedro a Roma y sobre su muerte en esa misma ciudad, no encontramos ninguna alusión en el Nuevo Testamento. Ni tampoco los cuatro Evangelios, ni las Epístolas de Pablo, de Santiago, de Juan o de Pedro dicen nada de ello ni hacen la más vaga alusión.
Es más, el Apocalipsis dice lo contrario, y confirma lo que nos cuenta la historia oficial. Y Pablo, en su Epístola a los romanos, en la que saludaba a los numerosos cristianos establecidos en la capital del Imperio, no hace ninguna alusión a Pedro, ni a una estancia de éste, tanto actual como precedente, en la Ciudad Eterna. (Ver artículo: Pablo.. Todas las mentiras conducen a Roma)
De modo que si Pedro fue allí, sería accidentalmente, y no quedó ninguna huella, ninguna tradición oral durante los tiempos apostólicos. Será mucho más tarde, a finales del siglo II y comienzos del III, cuando se establecerá la leyenda, con el texto de Tertuliano (muy erróneo, por cierto), contra el edicto del papa Calixto, la noticia de Gayo y la indicación de Macario de Magnesia, citando al neoplatónico Porfirio. Hubo doscientos años de silencio antes de que apareciera, lo cual resta mucho valor a una tradición, que por otra parte era puramente oral.
Por el contrario, la tesis de su muerte en Jerusalén está mucho mejor asentada, y usted amigo mismo lector podrá juzgarlo.
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Observaremos en primer lugar que Simón-Pedro desaparece de los textos del Nuevo Testamento inmediatamente después del Sínodo de Jerusalén. En los Hechos no se habla absolutamente más de él después del capítulo 15, que relata ese primer concilio bajo la presidencia de su hermano Santiago.
¿Cuándo tuvo lugar esa importante asamblea? La cronología del cristianismo en su primer siglo es muy imprecisa. No hay ninguna fecha que pueda afirmarse con seguridad. En efecto, los autores antiguos daban pocas fechas. Se utilizaban como punto de referencia o bien la era de la fundación de Roma, o la del reinado de tal o cual Cesar. Por lo tanto, la única manera que tenemos de observar los hechos es tomándolos en una perspectiva ordenada, aunque sin imponerles ninguna exactitud cronológica. Hasta el siglo IX, bajo Carlomagno, no se empezó a fechar los años a partir del supuesto nacimiento de Jesús. No obstante, podemos establecer el esquema cronológico siguiente:
La opinión general es que Pablo fue enviado a Chipre, con Marcos, alias Juan, y Bernabé, en el año 45. El viaje duró un año, y regresó, efectuando un largo periplo que analizaremos en su momento, a Antioquía, y de allí fue a Jerusalén, para el sínodo. Nos encontramos pues, por lo que parece, en el año 46.
El hambre causaba estragos, lo cual, teniendo en cuenta el bandolerismo generalizado y las incesantes guerras civiles, no es nada asombroso, pero confirma que la lucha por la independencia llevada a cabo por los zelotas simplemente se había extendido.
Ahora bien, Tiberio Alejandro, sobrino de Filón de Alejandría (llamado Filón el Judío), caballero romano, fue procurador en Judea en el año 46, hasta el 47, ya que Ventidius Cumanus le sucedió a finales del 47. El propio Tiberio Alejandro había sucedido en el año 46 a Cuspius Fadus.
Por otra parte, si tomamos las Antigüedades judaicas de Flavio Josefo, en el libro XX leemos lo siguiente:
“Fue bajo éste (Tiberio Alejandro) cuando sufrió Judea la enorme carestía de víveres que hizo que la reina Elena (reina de Abdiadena) comprara trigo a Egipto a elevado precio para distribuirlo a los indigentes, tal como he dicho antes. Fue también en aquel momento cuando apresaron a los hijos de Judas de Galilea, quien había incitado al pueblo a rebelarse contra los romanos cuando Quirino procedía al censo de Judea, como hemos contado precedentemente. Esos dos eran Jacobo y Simón. Alejandro ordenó crucificarlos...”
Flavio Josefo, Antigüedades judaicas, XX, V, 2.
Es evidente que Jacobo, nombre hebreo, es nuestro Santiago apóstol (latín: Jacobus; griego: Jacobos). Su compañero es nuestro Simón-Pedro.
Y por esta razón no encontramos ninguna huella de este último después del Sínodo de Jerusalén (Hechos 15), así como tampoco de su hermano Santiago, alias Jacobo, ya que fueron crucificados en Jerusalén.
Eusebio de Cesárea, en su Historia eclesiástica, III, VII, 8, sólo confirma que estuvo en Jerusalén “en los tiempos del hambre”, es decir, en los años 46-47.
Así pues. Santiago y Simón-Pedro fueron crucificados en los años 46-47, a la salida del sínodo, en Jerusalén.
Conclusión inevitable: Simón-Pedro, por lo tanto, no murió crucificado en Roma, cabeza abajo, en el año 67.

(La Crucifixión de San Pedro. Caravaggio)
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Faltaría todavía la explicación de dónde estuvo y qué hizo durante los diecisiete años que separan el año 47, en que desaparece de todos los textos del Nuevo Testamento, bajo Claudio, de su pretendida muerte en Roma en el 64, bajo Nerón. Los destinos de los apóstoles, sus leyendas por separado, son muy poco conocidos.
En su Historia eclesiástica Eusebio de Cesárea nos dice lo siguiente:
“Los asuntos de los judíos estaban en este punto. En cuanto a los santos apóstoles y discípulos de nuestro Salvador, éstos se habían dispersado por toda la tierra habitada. Tomás, según cuenta la tradición, obtuvo en reparto el país de los partos, Andrés la Escitia, Juan el Asia, donde vivió. Murió en Éfeso. Pedro parece ser que predicó a los judíos de la dispersión en el Puente, en Galacia, Bitinia, Capadocia y Asia; finalmente, como también fuera a Roma, fue crucificado allí, cabeza abajo.”
Eusebio de Cesárea, Historia eclesiástica., III, 1,1-2.
Pedro parece ser... Y Eusebio escribe esto en el siglo IV.
Con los siglos la suposición, hábilmente dirigida, se convertirá en certeza.
La Academia Pontifical Arqueológica, por su parte, hizo saber, con toda lealtad, el 27 de noviembre de 1969, que la “cátedra” llamada de san Pedro, cerrada desde la época de Urbano VIII (1666) en el monumento especialmente encargado a Benini, era en realidad el trono del emperador Carlos el Calvo, utilizado con ocasión de su coronación en Roma el 25 de diciembre del año 875, y regalado a continuación al papa Juan VIII. El control mediante el carbono 14 permitió confirmar lo que los documentos de archivo consultados acababan de revelar, o, más exactamente, de recordar. El último examen se remontaba a 1867, cuando tuvieron lugar las fiestas de conmemoración del decimoctavo centenario del pseudo martirio de Simón-Pedro en Roma, en el año 67. Pero en aquella época el papa Pío IX ignoraba sin duda la existencia de dichas piezas de archivo, y el carbono 14 era desconocido.
Pero, analicemos un poco. Tal como cuenta fielmente Flavio Josefo en sus Antigüedades judaicas, en el libro XX, Simón y su hermano Santiago fueron crucificados al concluir el Sínodo de Jerusalén, en Jerusalén mismo, por orden de Tiberio Alejandro, procurador de Roma, y este detalle nos permite precisar la época.
En el año 46, Cuspius Fadus es procurador.
En el 46, Tiberio Alejandro le sucede en este cargo.
A finales del 47, Ventidius Cumanus sucede a Tiberio Alejandro.
Por lo tanto, la crucifixión de Simón-Pedro y Santiago en Jerusalén hay que situarla a caballo de los años 46-47.

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La prueba del Apocalipsis.
Por otra parte, tenemos una confirmación de este hecho en el Apocalipsis. Recordemos amigos lectores, que el Apocalipsis no fue escrito en una fecha tan tardía como la que se le suele atribuir (finales de los 90s), es en realidad muy anterior, puede que incluso a muchas de las epístolas paulinas; Ya que entre sus líneas se expresan con claridad sucesos que ocurrieron en la historia de Judea poco tiempo después de la muerte de Jesús; los cuales los religiosos quieren hacerlos ver como profecías cumplidas (ver artículo: Pablo, responsable del gran incendio de Roma)
Apocalipsis 11, 3 y 6.
3 Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.
6 Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.
Traduzcamos: en el curso de un período de intensa sequía, los dos “testigos” desencadenarán una guerra civil tal que la sangre será tan abundante como el agua.
Veamos lo que sigue:
Apocalipsis 11,7-9
7 Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará.
8 Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado.
9 Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados.
Sigamos traduciendo: los dos testigos (Santiago y Simón-Pedro) serán ejecutados de tal forma que sus cadáveres serán expuestos (11,8) durante tres días (11,9), y luego echados a la fosa de infamia (11,9). Esa era la suerte de los cadáveres de los crucificados. Porque a un decapitado no lo dejaban en la plaza.
Por otra parte, la muerte en la cruz Jesús se la había predicho ya a Simón-Pedro de forma bastante ambigua:
Juan 21,18
18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.
Las manos extendidas evocan la crucifixión, y el hecho de estar ceñido, la flagelación previa, ya que el condenado era encadenado, por la cintura, a una columna o un poste.
La ciudad llamada “espiritualmente” Sodoma y Egipto es Jerusalén, a causa de sus adulterios espirituales y de la cautividad de los dos testigos. Además, es la ciudad “donde nuestro Señor fue crucificado...” (Apocalipsis 11,8).
¿Hay algo más preciso?
El resto procede de las mismas exageraciones que el comienzo en cuanto a los milagros que, a decir verdad, no tuvieron lugar. Para persuadirse, el lector no tendrá más que proseguir la lectura del capítulo 11, y se convencerá.
En resumen:
Los dos testigos crucificados en Jerusalén en los tiempos del hambre y de la guerra civil son, sin lugar a dudas, según la Apocalipsis, Simón-Pedro y Santiago. Y esto coincide con el relato histórico de Flavio Josefo. Todo concuerda.
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La manipulación y las mentiras de la Iglesia Católica han quedado en evidencia una vez más. Todo este teatro de la crucifixión y muerte de Pedro en Roma (casualmente el mismo día de la decapitación de Pablo) es solo un fiasco, quizá una manera de justificar su larga sucesión de Papas y gigantescas construcciones arquitectónicas. Realmente no sé cual es la opinión del cristiano Protestante con respecto a la muerte de Simón-Pedro, me imagino que no aceptará nada ya que el Nuevo Testamento no menciona en lo más mínimo el hecho.
Al final, y la amarga realidad para los Cristianos, es que Pedro muere como un delincuente más de los que proliferaban en Jerusalén en su época; y probablemente terminó arrojado en una fosa común sin digna sepultura… Τotalmente opuesto al increíble alarde de dinero y poder que nos muestra la basílica de San Pedro en el Vaticano.
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(Todas las fotografías aquí expuestas pertenecen a la colección privada del autor del Blog)
Fuentes:
- Flavio Josefo, Antigüedades judaicas
- Eusebio de Cesárea, Historia eclesiástica
- Homilías Clementinas
- M. Grant, Saint Peter (Weidenfeld & Nicolson,1994)
- R. Ambelain, Jésus ou le Mortel secret des Templiers, París, Robert Laffont, 1970
- Cullmann, Oscar (1962). Peter: Disciple, Apostle, Martyr
- Leslie Houlden (Ed.), Judaism & Christianity (Routledge, 1988)
Ver: Pedro: Problemas de Nombre y Parentesco
Ver: Jesús no Existió. Introducción.
Ver Artículos sobre: Jesús
Ver Sección: Análisis Bíblico.
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